Las fumigaciones en el marco del Plan Colombia. Un fracaso anunciado

TNI
Nov 17 2005

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En el marco de las diversas operaciones antinarcóticos puestas en marcha bajo el Plan Colombia se incribe el programa de fumigaciones masivas de cultivos ilícitos en Colombia con el químico Roundup Ultra. Este enérgico programa representa la columna vertebral de la alianza bilateral contra las drogas. El notorio incremento de las fumigaciones que ha conducido a una reducción de las áreas sembradas en Colombia, es un éxito local aparente que enmascara el profundo fracaso de esta estrategia vista en su conjunto.

Presentado inicialmente por parte de los gobiernos estadounidense y colombiano como una estrategia integrada para el fortalecimiento del estado de derecho, el desarrollo económico y la construcción de la paz en Colombia, el Plan Colombia muy pronto se revelaría como lo que realmente era: un plan antidrogas y contrainsurgente que hacía hincapié en una solución militar al complejo conflicto colombiano, narcotizando definitivamente la agenda colombiana, y de paso la de la región andina en general. Lanzado por el gobierno del ex presidente Bill Clinton en 2000, el Plan pasaría a ser el eje de la política antidrogas del gobierno de Bush en la región andina. Hasta le fecha, EEUU ha destinado 2.225 millones de dólares al Plan Colombia, sin contar los 574, 6 millones aprobados para el año fiscal 2004. En la actualidad, la región recibe unos 700 millones de dólares al año, buena parte de los cuales se destina a asistencia militar para las fuerzas armadas colombianas.

Desde antes de su implementación, el Plan Colombia ha venido suscitando en el hemisferio y en el mundo la más aguda controversia, con críticas provenientes de los sectores más variados, desde académicos, analistas independientes, reconocidas figuras políticas, organizaciones no gubernamentales, hasta los gobiernos de los países vecinos de Colombia, y de algunos países de la Unión Europea. Una controversia que ha seguido expresándose a lo largo de estos años en que el Plan ha estado operando, y que confirman lo advertido desde el comienzo por las críticas: que un plan que desconoce la realidad socioeconómica colombiana y que enfatiza en sus aspectos represivos para lograr sus objetivos, no obstante las multimillonarias cifras con las que cuenta, es un plan destinado a fracasar.

Al parecer, todo el mundo ha sabido esto desde el principio. Incluso la CIA lo ha sabido. El investigador estadounidense Jeremy Bigwood [NB Not working] ha sacado recientemente a la luz un documento, hasta hace poco confidencial, elaborado por la Agencia Central de Inteligencia para medir el impacto real del Plan Colombia. Dicho documento, para sorpresa de todos, pone al descubierto el escepticismo de la CIA con respecto a la efectividad del Plan Colombia. El documento en cuestión fue producido en el año 2000, antes de que se pusiera en marcha la primera fase del Plan. Recientemente también, el Consejo de Relaciones Exteriores (CRE) - un importante centro de estudios en Washington - ha publicado un extenso informe sobre la política de Estados Unidos para América Latina, titulado "Andes 2020" [PDF document], en el que se anuncia el fracaso del Plan Colombia - que oficialmente deberá llegar a su término a finales de 2005 - en donde se afirma que la política estadounidense en ese marco, otorga excesiva importancia a los aspectos militares descuidando los socioeconómicos.

Los programas de fumigación

El Plan Colombia puso en marcha dos grandes ejes de acción operativa: uno contrainsurgente y el otro antinarcótico. Dentro del primero están las operaciones militares selectivas, mediante ofensivas sustentadas en el uso de inteligencia en tiempo real, más tecnología de punta y batallones élite entrenados por Estados Unidos; y dentro del segundo, las diversas operaciones antinarcóticos, entre las cuales, la más importante son las fumigaciones masivas de cultivos ilícitos en Colombia, por medio de la utilización intensiva del químico Roundup Ultra. El enérgico programa de erradicación de cultivos mediante la fumigación aérea representa así la columna vertebral de la alianza bilateral contra las drogas.

La erradicación forzosa de cultivos ilícitos a través de la fumigación no es nueva en Colombia. La aplicación de herbicidas químicos se ha venido implementando por más de veinticinco años, tiempo durante el cual ha evidenciado su fracaso no sólo en términos de reducción de la oferta sino también, en relación a la incidencia negativa para la legitimidad del estado, el orden social, el conflicto armado y el daño al medio ambiente que estas fumigaciones han causado. El hecho de que cada vez se erradique más - pues en 2003, por ejemplose, fumigó mucho más que en 2002 - no debe ser interpretado como el éxito de una política sino al contrario, como la ejemplificación de su fracaso, pues es señal de que cada vez hay más hectáreas sembradas.

Un vistazo a las últimas cifras suministradas por el gobierno estadounidense (con base en datos de la CIA) de las hectáreas de coca cultivadas y de las hectáreas fumigadas, revela que a finales de 2002 había en Colombia 144.450 hectáreas cultivadas. Durante 2003 se fumigaron 139.000 hectáreas, no obstante lo cual, a finales de 2003 quedaban 113.850 hectáreas. Es decir, que no obstante la gran inversión financiera y el enorme costo de las operaciones de fumigación durante 2003, esto sólo representó en la práctica la erradicación de unas 30 mil hectáreas. Un resultado que ha producido diversas reacciones de euforia de parte de funcionarios de gobierno estadounidenses y colombianos, que han aprovechado la oportunidad para reforzar su confianza en la eficacia de las fumigaciones.

Pero este 'éxito' de 30 mil hectáreas de hecho erradicadas es bastante más precario de lo que las autoridades lo pretenden presentar. No sólo si se tiene en cuenta la inversión de fondos que ha representado - cientos de millones de dólares - y sus graves consecuencias - miles de campesinos marginados y crminalizados nada más en la cuenca amazónica - sino porque una vez más ha quedado claro que la fumigación no desestimula la resiembra. Por otro lado, del mismo modo a como ha sucedido en otros años y en otras regiones del mundo, se sabe que en materia de cultivos ilícitos, las reducciones vistas a corto plazo enmascaran las tendencias de largo plazo. Si bien Colombia, visto en su conjunto, presenta efectivamente una reducción del área cultivada, este no es el caso cuando se observa el comportamiento de las diferentes regiones por separado. Mientras en el Putumayo se redujo el área sembrada, en la región del Catatumbo o en el departamento del Guaviare, entre otros, se detectaron nuevos cultivos. También el Perú y Bolivia registraron un incremento en el año 2003.

Es decir, la vieja teoría del 'efecto balón' sigue siendo cierta. Es interesante anotar que tanto el documento de la CIA como el del CRE mencionados arriba, sustentan el fracaso del Plan Colombia en el efecto balón, el argumento más esgrimido durante décadas por todos los críticos de la política de drogas estadounidense. Y no sólo en términos de la producción global el Plan Colombia ha resultado un fracaso. El señor William Wood, embajador de Estados Unidos en Colombia debió reconocer en una entrevista reciente que las fumigaciones de cultivos ilícitos no han tenido ningún impacto en el mercado de la cocaína. No obstante haber vertido más de dos mil millones de dólares en la política antinarcótica para la región andina en los últimos cuatro años, la cocaína sigue fluyendo como de costumbre por las calles de las ciudades estadounidenses.

Pero el fracaso anunciado del Plan Colombia no obedece solamente a factores regionales como el desplazamiento de cultivos a otras áreas, o a las complejidades del multimillonario mercado de las drogas, sino también al enfoque miope e incoherente de la política antinarcótica misma aplicada. La fórmula combinada de 'fumigación-desarrollo alternativo' contenida en el Plan, simplemente no funciona, porque la fumigación y el desarrollo alternativo no son, como lo pretende Estados Unidos, las dos caras de una misma moneda, sino dos propuestas incompatibles, mutuamente excluyentes. El efecto masivo que tienen las fumigaciones mediante aspersión aérea resulta también en la destrucción de cultivos lícitos, y no en pocos casos, de cultivos que hacen parte de proyectos de desarrollo alternativo. Además, mientras las fumigaciones avanzan a paso acelerado - en un día un campesino puede ver destruido su principal medio de subsistencia - los programas de sustitución de cultivos pueden tomar años antes de que comiencen a dar sus primeros frutos. De ahí que la erradicación de los cultivos ilícitos para que sea efectiva debe hacerse de manera voluntaria y gradual, al paso que los cultivos alternativos vayan generando una nueva estructura económica que sustituya efectivamente la economía de la coca.

Consecuencias para la salud y el medio ambiente

Un aspecto que impresiona cuando se habla de las fumigaciones de cultivos ilícitos en Colombia es la magnitud de las áreas fumigadas. Se habla por ejemplo de 40 mil hectáreas fumigadas, nada más en un departamento como el Putumayo. En el año 2003 se rociaron con químicos 139 mil hectáreas en todo el país. No es fácil representarse la visión de un paisaje tan extenso cubierto por las nubes grises del glifosato asperjado desde los aviones, y luego la imagen desoladora de la destrucción que dejan. Porque no se necesita ser muy crítico a las fumigaciones para reconocer que algún impacto debe tener la aspersión de un área tan extensa con ese químico. Es la realidad que padecen desde hace años habitantes, fauna y flora de las extensas regiones colombianas afectadas.

Uno de los aspectos quizás más controversiales de las fumigaciones es el de sus consecuencias para la salud humana y el medio ambiente. La fumigación aérea produce contaminación que, a su vez, afecta a humanos, animales y plantas y destruye el medio de vida de los campesinos y las comunidades indígenas, forzándolos a migrar al interior de la selva. Este desplazamiento acelera el ritmo de la deforestación, con la siembra de nuevas parcelas con cultivos ilícitos de coca o adormidera para reemplazar a las previamente fumigadas. Con el tiempo, los nuevos terrenos también son fumigados y el ciclo vuelve a comenzar, poniéndose en marcha un círculo vicioso de destrucción.

Estudios realizados por la Defensoría del Pueblo colombiana en 2001 y 2002 [PDF documents] indican que las fumigaciones han afectado las siembras de productos legales en las zonas en las que éstas se efectúan, y que han causado problemas de salud asociados con la inhalación del herbicida o su contacto con la piel humana. El carácter potencialmente nocivo de la fumigación ha quedado reconocido también en diversos estudios científicos en EEUU, Colombia y Ecuador.

y ha sido motivo de varias acciones judiciales, como la del Tribunal Administrativo de Cundinamarca:

en junio de 2003, que ordenó la suspensión de la fumigación aérea hasta que sus efectos se estudiasen más a fondo. (1)

Una nueva fase

En junio de 2003, el gobierno colombiano puso en marcha una nueva fase del Plan Colombia, lo que ahora se conoce como el 'Plan Patriota', cuyo objetivo es una intensificación de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, haciendo énfasis en las actividades contrainsurgentes. Esta nueva fase ha puesto en operación fuerzas especiales tipo comando entrenadas y equipadas para hacer penetraciones profundas en territorio insurgente durante largos períodos de tiempo. En el diseño de esta estrategia participaron funcionarios del gobierno de Alvaro Uribe y miembros de la cúpula militar colombiana con los jefes del Comando Sur y con altos representantes del gobierno de Estados Unidos. En los últimos meses de 2003 se produjeron varias visitas a Colombia de los más altos representantes de la administración de Bush: el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, el secretario de Estado, Colin Powell, Richard Myers, de la Casa Blanca, y John Walters, zar antidrogas. Y en lo que va corrido de 2004, se han producido varias visitas de James T. Hill, jefe del Comando Sur al Ecuador. El gobierno de Bush le ha pedido al Congreso aumentar el número tope de militares y contratistas permitidos en Colombia.

En lo que a la estrategia de las fumigaciones concierne, también se observa una 'nueva fase', que ha representado una ampliación de los territorios susceptibles de ser fumigados. En junio de 2003, el Consejo Nacional de Estupefacientes aprobó una Resolución por medio de la cual se permite la fumigación en parques y áreas de reservas naturales del territorio colombiano. Dicha Resolución debía contar con la aprobación del Congreso estadounidense, la cual se produjo en diciembre de 2003, luego de que el Senado - después de una amplia controversia - diera finalmente su autorización a la fumigación en parques y reservas naturales. Aunque, recientemente el ministerio colombiano del Medio Ambiente, debido a las crecientes presiones en Colombia, se vio obligado a suspender provisionalmente la medida de fumigar en los parques, las autoridades antinarcóticos no tienen ahora límites para las aspersiones.

El Plan Colombia deberá concluir oficialmente a finales de 2005, lo que significará que a partir de ese momento toda la responsabilidad del programa de aspersiones deberá recaer sobre las autoridades colombianas. Una perspectiva que no deja de inquietar al gobierno colombiano debido a los costos de estos programas que el país no estará en condiciones de solventar. Razón por la cual, Colombia comienza a dar los primeros pasos para gestionar una prolongación de los programas probablemente hasta 2009. De acuerdo a la GAO (cuerpo investigador del Congreso estadounidense), si EEUU no quiere ver un resurgimiento de los cultivos de coca y pretende que Colombia siga manteniendo la estrategia, deberá seguir subvencionando los vuelos y el mantenimiento del equipo fumigador (personal, aviones y helicópteros de combate), lo que representaría - también según cálculos de la GAO - unos 230 millones de dólares anuales.


References

Memo from four non-governmental organizations. Compliance with Fumigation Conditions in the Andean Counterdrug Initiative, 10 April 2002

Letter from World Wildlife Fund regarding herbicide spraying in Colombia, 21 November 2001

1. Tribunal ordena suspender fumigación aérea con Glifosato por Felipe Gómez Maldonado Thursday, 26 Junio 2003

Acción Popular promovida por los señores Claudia Sampedro Torres y Héctor Alfredo Suárez Mejía contra el Ministerio del Medio Ambiente y Otros, 13 Junio de 2003, Bogota, DC. [PDF document]

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