Europa hoy

30 May 2005
TNI

En mayo de 2005, el debate constitucional de la Unión Europea marcó una importante coyuntura en la conformación de su futuro. ¿Seguirá la UE una trayectoria neoliberal o intentará reimpulsar un modelo social característicamente europeo? ¿Servirá el militarismo de la UE para complementar la actual hegemonía estadounidense o para frenarla? ¿Es posible democratizar las instituciones europeas? ¿Y en qué se basa la ciudadanía europea? La reunión anual de miembros asociados de TNI reunió a unos 35 investigadores-activistas de todo el mundo para debatir estas cuestiones, y para analizar las implicaciones globales de las prácticas europeas en una serie de frentes, como el comercio, la militarización y la integración regional, y la acción de sus movimientos sociales y partidos políticos.

Europa entre Oriente y Occidente. Relaciones con los Estados Unidos, Rusia y China
Dinamizadores: Boris Kagarlitsky, Tom Reifer

En esta sesión se discutieron las similitudes y diferencias entre los enfoques adoptados por la UE y los Estados Unidos frente a sus relaciones exteriores con China y Rusia. Actualmente, la UE es la mayor proveedora de tecnología e inversiones extranjeras de China, y algunos miembros de la UE también están participando en intercambios militares con la República Popular. Estos últimos acontecimientos se podrían interpretar como parte de un esfuerzo por mejorar las relaciones entre la UE y China, motivado por el interés común de restringir el poder estadounidense. Sin embargo, hay varios argumentos que no se corresponden con este punto de vista. Las iniciativas de China en pos del multilateralismo se caracterizan por su cautela a la hora de comprometerse políticamente con conflictos internacionales. Las posturas comerciales de la UE y los Estados Unidos comparten un mismo sesgo neoliberal y, con la apertura de los mercados chinos, los Estados Unidos son también una fuente importante de inversión extranjera. Y puede que cuando se alude a la política exterior de la UE no se esté utilizando el término más apropiado. Dado que los miembros de la UE no tienen un conjunto de intereses comunes, las relaciones externas de la UE son complejas y, a menudo, muy disputadas, lo cual es uno de los factores que determina su incapacidad para actuar como contrapeso de los Estados Unidos.

La UE y los Estados Unidos también compiten en sus relaciones políticas con Rusia, aunque promueven el mismo modelo económico neoliberal. Aunque se suele argüir que Rusia necesita inversión extranjera, el hecho es que este país es un exportador neto de capital. Las inversiones extranjeras se están realizando en los sectores inmobiliario, petrolero y productivo, y las empresas rusas, al mismo tiempo, están pasando a ser multinacionales. La verdadera dimensión de los flujos de capital que van desde Rusia a la UE es un misterio, ya que son muy significativas las cantidades que pasan a través de mercados grises y negros. Lo que Rusia necesita son inversiones sin fines de lucro en servicios y bienes públicos básicos, como vivienda, agua y educación. Pero la ofensiva del Banco Mundial para mercantilizar estos sectores no hace presagiar que esto suceda y exacerba los problemas del país.

Militarización europea
Dinamizador: Frank Slijper

La capacidad militar de la UE se ha desarrollado muy rápidamente desde 1997, cuando el Tratado de Amsterdam allanó por primera vez el camino hacia una política de seguridad de la UE. Desde entonces, la industria armamentística europea, consciente de la posibilidad de expandir su mercado, se ha embarcado en un cabildeo concertado. Los miembros de estos grupos de presión industriales no sólo tienen acceso a los responsables de formular políticas; en muchos casos, son ellos mismos los que están tomando las decisiones. Las tareas normativas se delegan con frecuencia en consejos de expertos y grupos asesores muy herméticos que proceden, en gran medida, de la industria. Las disposiciones en materia de defensa recogidas por la propuesta de Constitución Europea surgieron de este modo. La UE también está financiando tecnologías de uso dual muy lucrativas. Es necesario establecer una mayor transparencia con respecto a los grupos de presión que actúan en el ámbito de la UE para reequilibrar las políticas a favor de los intereses ciudadanos y no de las empresas armamentísticas.

Europa y el Sur: la ofensiva por la integración regional
Dinamizadoras: Dot Keet, Myriam van der Stichele, Claudia Torrelli

Aunque podría ser tentador ver a la UE como un contrapeso de los Estados Unidos, las acciones de ambas entidades en el plano económico mundial tienen mucho en común. El comercio funciona como un mecanismo de control. La apertura de los mercados se impone en el ámbito multilateral, entre otras cosas mediante las negociaciones de la OMC, pero la UE también emplea mecanismos plurilaterales como la OCDE y el Quad (Estados Unidos, UE, Japón y Canadá) con fines parecidos. La UE y los Estados Unidos compiten entre sí en la carrera por el acceso bilateral a los mercados, presentando ciertos acuerdos (Estados Unidos-Chile, UE-México) como modelos ideales, pues las condiciones de éstos siempre van más allá de las conseguidas en la OMC. Hay pocos mecanismo democráticos para frenar las políticas de la UE, ya que es la Comisión Europea –y nos los Estados miembro– la que tiene poder de iniciativa en las negociaciones comerciales.

Es necesario ejercer presión política para compensar este desequilibrio. Las organizaciones de la sociedad civil, incluido el movimiento por la paz e incluso algunos sindicatos, suelen dar respuestas ambiguas o no consiguen abordar la agresiva liberalización comercial de la UE en el Sur. Se necesitan otros modelos de integración regional. Los pasos emprendidos por Venezuela y Cuba para desarrollar una ‘Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe’ constituyen un experimento interesante, que contrarrestan la cooperación regional impulsada por el libre comercio con intercambios de bienes y servicios que se basan en necesidades mutuas. El debilitamiento del G-20 después de Cancún, donde Brasil y la India se vieron arrastrados al grupo de las “cinco partes interesadas”, pone de manifiesto la necesidad de que la sociedad civil ejerza una presión renovada dentro de estos Estados y de mejorar la cooperación entre Estados más pequeños. En este contexto, el Sistema Global de Preferencias Comerciales entre Países en Desarrollo del G-77, si se reorientara hacia un desarrollo centrado en las personas, podría brindar un mecanismo de gran utilidad.

Europa y el Islam
Dinamizador: Jochen Hippler

En esta sesión se analizaron cuestiones de identidad europea en relación con el Islam y la violencia. No hay pruebas de que el Islam genere más violencia que el secularismo, aunque en ocasiones se utilice como pretexto para justificar la violencia con motivaciones políticas. La principal fuente de violencia en los tiempos modernos es el Estado-nación y los intentos por fundar Estados-nación; incluso la mayoría de atentados suicidas en todo el mundo es por motivos seculares. Por lo tanto, es fundamental separar el Islam y la violencia de los debates actuales en torno a la identidad europea. La identidad europea no se debería ver como algo totalmente independiente de la identidad islámica, ni se debería esperar que los musulmanes se “integren” para lograr la ciudadanía. Las identidades europea y musulmana son complejas y, en cierto sentido, coincidentes. Toda discusión sobre Europa y el Islam debería partir de esa premisa, y los debates sobre la “guerra contra el terrorismo” deberían abarcar argumentos políticos y económicos más amplios para explicar la violencia, empezando por cuestiones relacionadas con las acciones estatales.

Políticas europeas de izquierda
Dinamizadores: Marco Consolo, Gábor Scheiring, Hilary Wainwright

El movimiento contra la guerra en Europa no consiguió detener la guerra de Irak, pero ha contribuido a consolidar la izquierda europea, que también es visible en el Foro Social Europeo. Los crecientes movimientos sociales europeos no eclipsan el papel de los partidos políticos, sino que intentan establecer una nueva relación con ellos y han desarrollado formas organizativas innovadoras de las que podrían aprender dichos partidos.

Sin embargo, estos movimientos sociales son principalmente de Europa Occidental. Por motivos históricos, la nueva izquierda sigue siendo débil en Europa Central y Oriental. En Hungría, por ejemplo, la mayoría de medidas privatizadoras son aprobadas por los socialistas, mientras que la oposición está encabezada por una derecha nacionalista y retrógrada. Esto limita el espacio de los movimientos sociales progresistas, aunque en estos momentos se están emprendiendo algunas iniciativas para ampliar la corriente de movimientos ecologistas y críticos con la globalización.

¿Qué medidas puede tomar la izquierda para asegurarse de no estar condenada a permanecer en una oposición permanente en Europa? Los movimientos sociales deberían tener en cuenta el riesgo que supone abusar de la autorreferencia y la falta de pragmatismo. Los partidos siguen desempeñando un papel importante a la hora de canalizar demandas políticas en el ámbito estatal. Aunque algunos caminos estén actualmente vallados, aún es posible seguir avanzando a escala europea y local.

El debate constitucional de la UE
Dinamizadores: Susan George, Erik Wesselius

Esta sesión tuvo lugar en vísperas del ‘no’ de los Países Bajos y Francia a la propuesta de Constitución Europea. Los dinamizadores abordaron el tema desde la perspectiva de las campañas progresistas por el ‘no’ en ambos países, en las que desempeñaron un papel prominente. La popularidad del ‘no’ descansaba en cierto resentimiento por las reformas neoliberales y en una falta de confianza en el Gobierno. También se afirmó que el texto de la constitución era antidemocrático. Las 480 páginas del tratado constitucional recogían unas políticas muy detalladas que, en la práctica, habrían sometido a las generaciones futuras a las elecciones políticas y económicas, totalmente favorables al mercado, del presente. La propia Convención que concibió el documento era, de hecho, un organismo que no había sido elegido democráticamente.

El texto del tratado constitucional era profundamente promercado, mientras que las cláusulas sobre los derechos básicos no hacían mención alguna a los derechos de los trabajadores. También despertaban gran inquietud las disposiciones sobre militarismo, por las que los Estados miembro se habrían comprometido a “mejorar progresivamente sus capacidades militares”, es decir, a aumentar el gasto en defensa. Incluso ciertas mejoras democráticas que se ofrecían en términos de transparencia del Consejo de Ministros eran poco más que simbólicas, dado que la mayor parte de las decisiones políticas se toman en comités que seguirían cerrados al escrutinio público.

El debate en Francia, concretamente, consiguió movilizar todo un movimiento político nacional, y en ambos países el debate abrió un espacio donde poner sobre la mesa la dirección política que está tomando Europa. Esto evitó que los defensores de la constitución calificaran a sus componentes de meramente xenófobos. Los dos Gobiernos insistieron en que no había ningún “plan B”. Pero con el debate constitucional que abre el actual funcionamiento de la UE al escrutinio público, los dinamizadores afirmaron que se trataba de una importante oportunidad política para empezar a conformar “otra Europa”.

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