Esta línea de investigación se sostiene sobre cinco temas; temas que proceden de los movimientos sociales de izquierda de aproximadamente las últimas tres décadas.
1. Una crítica a la idea predominante de política, que refleja la menguante legitimidad de las instituciones políticas tradicionales y la definición de política que las apuntalan, y la creciente desconfianza que inspiran los partidos políticos.
Según la definición clásica, los partidos políticos son organizaciones que tienen el objetivo de entrar en el Gobierno o de situarse en una relación estratégica con éste. Desde fines de los años sesenta –aunque con una larga serie de antecedentes–, se ha desarrollado una concepción de la política que supera las cuestiones de estado, de gobierno y de poder legislativo.
Esta idea acaba con el monopolio de los partidos políticos sobre la política; también genera una situación en que muchas de las funciones tradicionalmente realizadas por los partidos políticos, y realizadas de una determinada forma, son desarrolladas por una multitud de actores con métodos innovadores e independientes. Incluso la actividad electoral deja de ser territorio exclusivo de los partidos. Los partidos políticos no son una condición necesaria para la actividad electoral, y la actividad electoral no es la única actividad de un partido político.
La definición más miope de la política, entendida exclusivamente en términos de gobierno, estado y legislaturas, está asociada con una degeneración del significado de representación. Ésta ha pasado del objetivo de ‘hacer presentes’ en el seno del cuerpo legislativo las demandas, las ideas y los conocimientos de los ciudadanos activos a simplemente ‘simbolizar’ a las personas como un electorado que se limita a escoger entre símbolos rivales. En la visión de las primeras campañas radicales por la democracia –como, por ejemplo, antes del fin del siglo XIX–, representación quería decir ‘hacer presente’.
Esto implicaba una relación causal entre la presencia en las instituciones políticas y la fuerza autónoma que ésta representaba, basada fuera de estas instituciones; una fuerza o fuerzas autónomas que expresaban los sentimientos, las opiniones, la actividad, la organización y las deliberaciones populares. En la mayoría de ‘democracias representativas’ actuales, la representación tiene una función fundamentalmente simbólica, es decir, de simbolizar a las personas o a determinados grupos de personas, dando por sentado que los representados son generalmente sujetos pasivos en el proceso de organización de la sociedad, y que se limitan a aprobar o desaprobar periódicamente la forma en que son representados. La política electoral es la competición por este papel simbólico. Desde el momento en que los partidos se ven absorbidos por este proceso, pierden toda conexión con las personas como protagonistas de un cambio social que consideran un derecho propio. La idea de representación se asocia así a alienación, separación y, a menudo, a una presunción de superioridad.
Si representación quiere decir ‘hacer presente’, éste es sólo uno de tantos momentos de la política, entendida como una transformación decidida de la sociedad. Precisamente esta acepción más amplia de la política nos lleva al segundo tema.
2. La importancia de distinguir entre dos significados del poder:
Poder 1: como capacidad de transformación
Poder 2: como dominación que comporta una asimetría entre aquellos que detentan el poder y aquellos sobre los que se ejerce dicho poder.
La reciente reafirmación del poder como capacidad de transformación, reivindicada en un primer momento por el feminismo y por los movimientos radicales de sindicatos estudiantiles y comunitarios de fines de los años sesenta y setenta, y últimamente por el movimiento por la justicia global de fines de los años noventa, puntualiza y sostiene una interpretación mucho más amplia del objetivo de la política, que va más allá de la atención que tradicionalmente se ha centrado en el Estado, el gobierno y la legislación.
Este reconocimiento de la importancia del poder como capacidad de transformación y la ampliación de la definición de política que lo acompaña también asienta las bases para replantear el concepto de representación. Sugiere una dirección para el pensamiento estratégico sobre la transformación social que supera la contraposición de formas de democracia de movimiento, por un lado, y la representación –en el sentido de ‘hacer presente’–, por el otro. Implica asimismo la necesidad de investigar las formas, las condiciones y los límites de la representación entendida como manera de ‘hacer presente’, dentro del sistema político, los movimientos, las luchas y sus fuentes de capacidad transformadora.
El replanteamiento de la organización política, por tanto, conlleva analizar y comprender las actuales fuentes de capacidad transformadora, y esto, a su vez, exige que se reconozca:
3. La multiplicidad de los niveles de la actividad creativa humana, todos ellos lugares potenciales de capacidades transformadoras.
Esto entraña una interpretación de la realidad social como entidad formada por al menos cuatro niveles:
- interacciones/relaciones entre personas;
- estructuras sociales duraderas que preexisten a determinados individuos y relaciones;
- la formación y el carácter de la personalidad y la conciencia humanas;
- transacciones y relaciones con la naturaleza.
Los movimientos y las luchas sociales conllevan todos estos niveles del ser social, aunque su importancia relativa dependerá de cada caso concreto, así como de las formas apropiadas de organización política.
Esta simple enumeración refleja la importante ampliación de la política, que se deriva de un reconocimiento del poder como capacidad de transformación y subraya la importancia de una multiplicidad de niveles autónomos en la política. También apunta a la complejidad de dar realidad organizativa a la idea de la representación en el sentido de ‘hacer presentes’ las fuerzas autónomas para la transformación democrática.
La otra cara de esta ampliación de la política y de este reconocimiento de los diversos niveles en que se desarrolla la actividad transformadora es:
4. Un desarrollo radical de nuestra interpretación del mecanismo del cambio social.
El supuesto dominante entre la izquierda tradicional era que la dirigencia o la acción política –el Estado, el Gobierno o el partido–, el sujeto social, actuaba sobre el resto de la sociedad, el objeto social. Se trataba de un modelo que no tenía en cuenta la forma en que el cambio social emana del seno de la sociedad, la forma en que aquellos que eran considerados como objetos del cambio son en sí mismos actores del cambio, y la forma en que los supuestos sujetos externos del cambio se ven arrastrados a los procesos de cambio, y no necesariamente de forma voluntaria (por ejemplo, partidos políticos como el Partido Laborista británico se han visto completamente transformados, ‘vaciados’, por un proceso de imposición de un cambio a favor del mercado sobre unas bases que esperaban una reconstrucción de lo público).
Entre los mecanismos del cambio progresista se encuentra el esfuerzo consciente de las personas al elegir vivir sus vidas, por ejemplo, de acuerdo a valores basados en la cooperación, la sostenibilidad ecológica o la igualdad. Estas personas no tienen necesariamente una visión global de las causas estructurales de los obstáculos que se oponen a estos valores o una visión global del cambio social, pero actúan de una manera que crea las condiciones para estos cambios estructurales.
En el pasado, era el partido el que reivindicaba concentrar y coordinar esta actividad deliberada y planificar su carácter. Ahora, los esfuerzos dirigidos hacia el cambio son muy difusos. La manera de fortalecer su impacto consiste en concentrarlo y coordinarlo menos, y en estimular y apoyar su interconexión y autocoordinación.
Esto implica una concepción del conocimiento muy distinta de la que ha dominado tradicionalmente en la organización política.
5. Estamos trabajando con un conocimiento de los sistemas abiertos, un conocimiento incompleto; cada vez somos más conscientes de la existencia de un conocimiento tácito, práctico y empírico, además de científico.
Estas interpretaciones del conocimiento están estrechamente relacionadas con la concepción del poder como una capacidad de transformación y con la difusión de las iniciativas para el cambio social. Las implicaciones para la organización política apuntan hacia un énfasis en el intercambio horizontal del conocimiento; intentos cooperativos de construir una memoria común; la autoconciencia de las acciones y las luchas como un experimento y, por tanto, la importancia de asegurar espacios para la reflexión, el debate y la síntesis.
6. Implicaciones/cuestiones.
Estos temas conceptuales pretenden resumir la dirección de las innovaciones y los avances en la práctica del cambio social, con sus implicaciones para los partidos políticos y la representación en el transcurso de los últimos treinta años. Estos avances dan la vuelta al papel de los partidos políticos en el cambio social, desafiando su monopolio, transformando la naturaleza de su relación con los movimientos sociales, cuestionando la propia naturaleza y necesidad de un liderazgo político, radicalizando la idea de la representación y ampliando tremendamente la noción de política.
La primera fase de esta línea de investigación ha consistido en analizar desde una perspectiva crítica la experiencia hasta la fecha de los intentos por cambiar la naturaleza de los partidos políticos en la dirección indicada por estos virajes conceptuales y prácticos.