Repensar la política: Conclusiones

TNI
Colectivo Política en Red
February 2008

Al final del seminario de Barcelona, decidimos escribir los dos pensamientos más vívidos y las dos preguntas sin respuesta que nos habían quedado. Éste es un resumen de lo que comentaron los participantes y una primera pista de cómo esperamos desarrollar este proyecto como un recurso para discusiones parecidas que, sin duda, están teniendo lugar en todo el mundo. Las discusiones se caracterizaron por una intensidad muy poco habitual.

Al final del seminario de Barcelona, decidimos escribir los dos pensamientos más vívidos y las dos preguntas sin respuesta que nos habían quedado. Éste es un resumen de lo que comentaron los participantes y una primera pista de cómo esperamos desarrollar este proyecto como un recurso para discusiones parecidas que, sin duda, están teniendo lugar en todo el mundo. Las discusiones se caracterizaron por una intensidad muy poco habitual. Puede que en ello influyera la singular mezcla de valores comunes, y de historias y experiencias de activismo muy distintas, combinadas con un sentimiento compartido de los riesgos y las posibilidades de intentar avanzar por un terreno muy incierto. Para Branka Ćurčić, se trata de “una lucha por nuevas soluciones y modelos de organización política; modelos o formas que aún no existen ni existirán necesariamente en el futuro. Es una lucha que no dice cuáles son estos nuevos modelos, sino que intenta identificar soluciones intermedias y su potencial, y, para ello, tiene presente la herencia de lo que han alcanzado o esperado alcanzar los movimientos sociales y políticos del pasado”.

En cuanto al potencial, las reflexiones de varios participantes se centraron en los distintos aspectos de lo que Marco Berlinguer describía como “una mayor sensibilidad y una percepción más drástica de lo que yo llamaría el mundo de las relaciones desinstitucionalizadas, que están creciendo en todos sitios, al margen del mundo de las relaciones formales, institucionales, organizadas, lejos del mundo oficial de la política”. Ezequiel Adamovsky aludió específicamente a lo que entendía como “un claro patrón de comportamiento no capitalista espontáneo en las nuevas formas de interacción social que permiten las nuevas tecnologías. Los activistas no suelen prestar atención al comportamiento aparentemente ‘no político’. Yo creo que tenemos mucho que aprender de eso”. Las reflexiones de Joan Subirats en torno al seminario, influidas particularmente por el movimiento por una vivienda digna que está tomando fuerza en muchas zonas del Estado español, se centraron en un potencial más amplio. “La aparición de nuevas tensiones que podrían favorecer nuevas oleadas de movilización, aprovechando la ‘elasticidad’ que se observa en los diversos ‘nodos’ de la red; tensiones que se manifiestan en circunstancias de la vida cotidiana que cuestionan los fundamentos del sistema; por ejemplo, el movimiento por una vivienda digna y asequible en España y Francia.” Ángel Calle percibe un potencial en el modo en que “además de organizar protestas, los movimientos sociales construyen espacios autónomos para organizar la vida cotidiana con valores alternativos; a través de centros sociales, organizaciones comunitarias, iniciativas socio-económicas cooperativas”.

La mayoría de los asistentes señaló fuentes potenciales de acción transformadora en un contexto que Franco Berardi (‘Bifo’) caracterizó como “el fin del ciclo del movimiento que empezó en 1999”. Ha sido una experiencia fructífera porque destruyó el consenso sobre la ideología neoliberal. Sin embargo, según Bifo, también ha sido un “fracaso porque no ha sido capaz de actuar con eficacia en el campo de la producción de valor. Cientos de miles de personas se manifestaban cada sábado por la tarde para protestar contra la explotación y la guerra, pero el lunes por la mañana los manifestantes volvían a sus puestos de trabajo, incapaces de transferir la fuerza política de las manifestaciones de la esfera de la producción social. Esto ha creado una situación curiosa: un movimiento fuerte no ha sido capaz de alcanzar ninguno de sus objetivos… El inicio de la guerra permanente ha cambiado el escenario tan profundamente, que desde el 15 de febrero de 2003 el movimiento ha perdido su fuerza y esperanza”.

Muchas personas destacaron, como hicimos en la introducción, fuentes de resistencias y alternativas que siguen fluyendo en un terreno rocoso y muchas veces subterráneo; son movimenti carsici, según el término que emplean los italianos para describir el proceso, utilizando la metáfora de ríos de montaña que desaparecen durante largos tramos para reaparecer en otra zona.

La valoración de Bifo, sin embargo, fue en dirección opuesta. Aunque empezó reconociendo que “la fuerza más importante está en lo imprevisible”, considera que la actual situación de las relaciones sociales no ofrece motivos fundados de esperanza. Desarrollando los argumentos que presentó en el seminario (véase el apartado Desafíos) sobre la destrucción de la autonomía y de la vitalidad de la imaginación, comentó que “los efectos del hipercapitalismo son irreversibles en el ámbito del medio ambiente, en el ámbito de la proliferación nuclear, en el ámbito de la desagregación social del trabajo y –lo más descorazonador de todo– en el ámbito de la mente humana”.

Otros aludieron a la dispersión de las fuentes de esperanza y resistencia, y a la búsqueda de nuevas formas de conexión. Inês Pereira, de Lisboa, una joven activista en los movimientos del comercio justo y el software libre, miembro del partido Bloco Esquerda, hizo hincapié en la importancia de desarrollar herramientas de coordinación y creación de redes más eficaces entre los diversos grupos y organizaciones a escala internacional, evitando los enfoques verticales. Comentó asimismo que cuestiones como consenso y horizontalidad se deberían replantear porque no siempre son apropiadas para los grandes grupos. “Es necesario”, opina, “utilizar nodos centrales sin caer en la verticalidad”.

Adamovsky puso el acento en la importancia de conectar niveles de ‘radicalismo’ ahora desconectados. Una de sus preguntas sin respuesta es cómo conectar el comportamiento espontáneamente ‘radical’ de personas que construyen espacios autónomos que tienen relaciones no capitalistas; en los intercambios P2P o a través de Wikipedia, por ejemplo, con los ‘activistas’ y los movimientos sociales. En el seminario de Manchester se debatieron en profundidad las conexiones entre movimientos sociales y sectores del movimiento sindical. ¿Qué se puede aprender de grandes redes como Nuestro Mundo no está en Venta o la Alianza Social Continental? ¿O de redes más pequeñas, como las alianzas locales contra la privatización en el Reino Unido o aquellas en que participan algunas cámaras del trabajo en Italia, en que los sindicatos y los movimientos sociales parecen haber creado algo más que la suma de sus partes?

Jamie King, utilizando metáforas informáticas, propuso explorar cómo los numerosos nodos de internet se han convertido en una ‘inter-red’, y cómo esto puede traducirse en un ‘entramado’ y en la interacción dentro de las formaciones políticas y entre ellas. Mayo Fuster, en cambio, destaca la importancia de sistematizar el conocimiento de los movimientos sociales a través de un instrumento de conexión que genere una memoria compartida, una fuente de continuidad y de experiencia acumulada. Esto podría permitir una notable flexibilidad en la forma organizativa, ofreciendo, a la vez, una herramienta fundamental de conexión y una fuente de lenguaje común. La cuestión de un nuevo lenguaje político es un tema recurrente. Berlinguer, partiendo del desafío de Ćurčić (véase Desafíos) planteó la pregunta sin respuesta de cómo encontrar un lenguaje para articular una nueva política que trascienda la cultura política tradicional reflejada en las representaciones de los medios de comunicación de masas.

Otra cuestión, también relacionada con la comunicación y las conexiones, surgió cuando se plantearon las diferencias del impacto de la disidencia en distintas esferas sociales. Bifo comparó la fuerza que se vivió en las calles en los primeros días de la guerra de Iraq con la debilidad de la resistencia en la reproducción cotidiana del capitalismo. Otros subrayaron la brecha entre la fuerza de la disidencia cultural y la debilidad de dicha disidencia y de las alternativas en el seno de las instituciones políticas. Varias preguntas sin respuesta se referían a cómo relacionarse con las instituciones políticas. ¿Cómo trabajar a partir de los procesos transformadores que las personas desarrollan en su vida cotidiana? ¿Cómo mantener desafíos duraderos frente a los ‘poderes fuertes’, las instituciones permanentes del poder económico y político capitalista?

Tanto Adamovsky como Pereira plantearon este problema. Adamovsky señaló que uno de los mayores dilemas al que se enfrentan actualmente los movimientos es el de si participar o no en la política electoral; no participar deja el poder del Estado a la derecha (con las consecuencias catastróficas que eso acarrea), pero participar en ellas suele acabar socavando los propios principios de los movimientos (con consecuencias también catastróficas). ¿Cómo superar está situación que siempre termina en derrota? Pereira comentó que los partidos, las instituciones y los movimientos tienden a considerarse como entidades separadas con sus propios modelos, lenguajes, actores y campos de acción. Sin embargo, se preguntaba, “¿es esto realmente eficaz?”. Los partidos y las instituciones deben cambiar, aprender de las herramientas y las formas de organización comunes a los movimientos sociales. Por otro lado, señaló, los movimientos sociales deberían ser más explícitos y estar más seguros de su propio papel como actores e interlocutores políticos. Esto nos lleva del terreno de la acción transformadora en la micropolítica –en las relaciones sociales y culturales, las esferas en que las personas gozan de suficiente autonomía como para crear diariamente nuevos intercambios y conexiones sociales– al de las instituciones, el campo del poder duro, concentrado, integrado en las instituciones de dominación. Alex Foti ha sido candidato al consejo municipal de Milán por el partido de los Verdes, pero al mismo tiempo sus raíces se encuentran en movimientos firmemente independientes de instituciones políticas; en especial el de EuroMayday, una destacada red europea de trabajadores precarios. Por tanto, su visión de los partidos es importante: “Los principios que surgieron tras el fin de la Guerra Fría son horizontalidad y autogestión”. Esto quiere decir posleninismo, y está claro. Así pues, aunque hablemos de partidos, no se trata de partidos leninistas. Además, está surgiendo una conciencia ecológica –que supone un rechazo a la izquierda industrialista– y es interesante la forma en que muchos nuevos movimientos siguen manteniendo la convicción en las luchas por la igualdad social y la solidaridad global de los años sesenta y setenta, que aún siguen muy vivas especialmente en América Latina.

Durante todo el seminario, Berlinguer y otros participantes pusieron el acento en un proceso de fragmentación y desinstitucionalización que, tanto en lo bueno como en lo malo, está cambiando, más que destruyendo, el ‘poder duro’ de las instituciones. Hilary Wainwright comentó que una las reflexiones que le había despertado el seminario era “una sensación más poderosa de la fuerza de la desinstitucionalización y de la fragmentación de lo que había tenido hasta ahora. La micropolítica del Reino Unido en las luchas para defender los servicios públicos u otras instituciones aún progresistas de la última oleada de neoliberalismo a veces me vuelven un poco miope, y no puedo comprender plenamente la fuerza plena del océano y la velocidad con que está barriendo las instituciones tradicionales –tanto progresistas como reaccionarias– a medida que avanza en su camino”.

¿Qué implicaciones tiene este proceso en la forma en que los movimientos se relacionan con las instituciones? ¿Y qué implicaciones tiene en las estrategias que persiguen la independencia de los movimientos del gobierno planteada por Alessandra Mecozzi o Melissa Pomeroy? (véase Desafíos). Uno de los principales desafíos de una nueva política consiste en crear nuevos tipos de instituciones; instituciones que no se vuelvan ‘duras’. Éste fue uno de los temas fundamentales que se explicitó con el debate sobre Linux. ¿Es esta idea de instituciones transformadoras un contrasentido de por sí? ¿Qué conclusiones, pensando en futuras relaciones con instituciones políticas, se pueden extraer del experimento de los Verdes alemanes para refundar su partido con nuevos principios institucionales? Para comprender en profundidad el carácter de estas posibles instituciones, varios participantes plantearon ‘la madre de todas las preguntas’: ¿Por qué necesitamos instituciones? ¿Con qué fines necesitamos instituciones?

Joan Subirats abrió una posible vía para llegar a una respuesta proponiendo una pregunta sobre la propiedad y los ‘bienes comunes’ (commons). Una de sus últimas reflexiones se inspiraba en el debate sobre a metáfora de Linux de “construcción colectiva sin un jefe o líder, pero capaz de reunir a personas y entidades en sus funciones cotidianas y creativas”. En este contexto, habló de la recuperación del concepto de ‘comunalismo’, entendido como una propiedad que no es individual ni colectiva, sino ‘común’ a todos nosotros como grupo y a cada uno de nosotros como individuo. Se preguntó si es posible, partiendo de la tradición de los ‘bienes comunes’, configurar reglas institucionales de la propiedad que garanticen un acceso equitativo y libre y, al mismo tiempo, aseguren la sostenibilidad futura de estos principios.

Está claro, dado que se las preguntas se multiplican, que nuestro trabajo acaba de empezar. Quizá deberíamos explicar por qué estamos reproduciendo conversaciones en lugar de presentar conclusiones. Este cuaderno, en tal sentido, es distinto de la mayoría de informes. No hay conclusiones definitivas, no hay ‘resultados’ mensurables. Y esto se explica por un buen motivo que es intrínseco a la naturaleza de nuestra investigación. Al igual que muchos activistas e investigadores, nos encontramos en una momento de exploración, por lo que este cuaderno refleja ‘un trabajo en movimiento’. Pero también nos encontramos en un momento apremiante. Como dice Lluc Pelàez, “si el diagnóstico de los movimientos sociales es correcto, no tenemos tiempo que perder. ¿Cuál debe ser la estrategia de emergencia?”. Esa es una cuestión que todos debemos responder. Pero las estrategias eficaces necesitan momentos de reflexión y recursos creados por un trabajo colaborativo. Sin duda, esa es la lección que se desprende del análisis de Frieder Otto Wolf sobre la experiencia de los Verdes alemanes.

Esperamos que este proyecto, además de ofrecernos esos momentos de reflexión a nosotros, contribuya a una discusión más amplia en que participen muchos otros. Esperamos mantener este debate tanto a través de nuestro sitio web colaborativo () como a través de seminario ocasionales. Estamos trabajando sobre casos de estudio relacionados con varios de los aspectos surgidos durante estos seminarios: la influencia del feminismo en el replanteamiento de la política; los principios y métodos organizativos del movimiento del software libre; la naturaleza, las posibilidades y los problemas que afrontan las experiencias de ‘movimiento social sindical’; la gobernanza global de internet (en comparación con otras lógicas organizativas como la ONU y la OMC); la Alianza Social Continental como red transnacional, y muchos otros. Esperamos que os pongáis en contacto con nosotros, aunque sólo sea para mantener vivas las conexiones en la galaxia interconectada de la ‘activisión’ –reflexión y acción– en que todos estamos inmersos.