Las elecciones de Bolivia merecen una lección de historia

August 2006

  Saul Landau

Las elecciones de Bolivia merecen una lección de historia
Saul Landau
Progreso semanal, 15 diciembre de 2005

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La perspectiva de que el líder campesino socialista Evo Morales sea el próximo presidente de Bolivia molestó al Subsecretario Adjunto de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Charles Shapiro. "No sería buena noticia para Washington ver que la beligerante combinación Cuba-Venezuela se convierta en trío", dijo en un correo electrónico a Andrés Oppenheimer de The Miami Herald (4 de diciembre de 2005).

Shapiro combinó palabras clave con clichés. "La naturaleza y alcance de nuestra cooperación con el próximo gobierno boliviano dependerá de nuestros intereses comunes: fortalecimiento de la democracia, promoción del desarrollo económico y lucha contra los narcóticos ilegales, conjuntamente con el compromiso de ese gobierno con sus obligaciones internacionales".

Estas frases manidas, pero codificadas, dicen al próximo gobierno boliviano: cumplan los deseos de Washington, o aténganse a las consecuencias. Puede que Shapiro piense que frases como "intereses comunes" y "democracia" lo convierten en un mago literario: "Abracadabra, la moneda (historia) ha desaparecido."

Tales pronunciamientos de rutina acerca de la política de EEUU hacia Latinoamérica hacen suponer que existe una política, algo que va más allá de la exigencia latinoamericana a los dictados de Washington, de manera que las compañías norteamericanas puedan continuar con su saqueo. A través del último siglo Estados Unidos ha colocado distintas etiquetas a su dominación. A principios del siglo 20, la Doctrina Monroe tuvo el aspecto de "Diplomacia de Cañoneras". La Marina intervenía constantemente para proteger las inversiones norteamericanas y garantizar gobiernos "estables" (léase obedientes).

Un poco más tarde, Theodore Roosevelt inventó la "Diplomacia del Dólar", hermana gemela de la de las Cañoneras. La "Diplomacia" se convirtió en un eufemismo para alentar la inversión corporativa en Latinoamérica y luego definir esos préstamos en inversiones en bananos y minerales para definir los intereses de EEUU en la región.

Para garantizar que los dólares fluyeran hacia las cuentas corporativas, la Marina intervino cuando surgía la agitación política local (independencia y movimientos revolucionarios. Las fuerzas norteamericanas cobraban los ingresos de aduana y los enviaban a bancos en EEUU. Así que cuando los estudiantes lean un documento del Departamento de Estado que declara que las fuerzas norteamericanas ocuparon Panamá de 1903 a 1914 "para salvaguardar los intereses norteamericanos", comprenderán el contexto.

En 1904 las fuerzas de EEUU protegieron los "intereses norteamericanos… durante la lucha revolucionaria" en la República Dominicana, como hicieron en Cuba de 1906 a 1909, en Honduras en 1907, 1910, 1911 y 1912, Nicaragua en 1910 y Cuba nuevamente en 1912.

En 1913 Woodrow Wilson rebautizó la intervención como "Política del Buen Vecino". Entre 1913 y 1920, mientras defendía con fuerza la no intervención como un principio inviolable del derecho internacional, Wilson ordenó a las fuerzas de EEUU ocupar Haití y Nicaragua e intervenir en Cuba, República Dominicana, Honduras y México. En la década de 1930, Franklin Roosevelt extendió la alfombra roja para el dictador nicaragüense Anastasio Somoza porque era "nuestro hijo de puta".

La buena vecindad dio paso al anticomunismo de la Guerra Fría, la cual Eisenhower utilizó como pretexto para hacer que la CIA expulsara de Guatemala al libremente elegido Jacobo Árbenz (1954) ante la insistencia de la United Fruit Company, cuyas tierras no productivas Árbenz había nacionalizado de forma desobediente.

La revolución cubana de 1959 obligó a los funcionarios norteamericanos a ofrecer una política que reconocía la brecha de desarrollo entre Estados Unidos y sus vecinos del sur. En 1961 John Kennedy anunció una "Alianza para el Progreso" a fin de desarrollar una infraestructura latinoamericana, construir la democracia y de esa manera alejar los corazones y las mentes de la atracción del castrismo. Irónicamente, en una reunión de la OEA en 1959 en Argentina, el propio Castro había sugerido que si a EEUU le importaba Latinoamérica, invertiría en su infraestructura. El Secretario de Estado Christian Herter pensó que él podría aprovechar esa idea en contra de Castro, pero Eisenhower carecía de la energía para hacerlo.

Sin embargo, a pesar de que Kennedy poseía mucho estilo verbal, los militares norteamericanos no estaban convencidos y presentaron su propia propuesta progresiva con su opuesto: un programa de contrainsurgencia. La policía y los militares latinoamericanos recibieron mucho más dinero del que se dedicó a la Alianza.

Para mediados de la década del 70, las fuerzas represivas apoyadas por EEUU habían arrasado con la Alianza. Los dictadores y los escuadrones de la muerte dominaban en Argentina, Brasil, Bolivia (alternadamente), Chile, Paraguay, Uruguay, Perú (alternadamente), Ecuador (alternadamente), Colombia (alternadamente), y en casi toda Centroamérica.

¿Se olvidó Shapiro de estos hechos? ¿Habrá creído en sus frases benignas y habrá pensado que puede engañar a los latinoamericanos que están familiarizados con su historia? Es más, los latinoamericanos saben bien que las revoluciones o la desobediencia provoca la invasión o la acción encubierta de la CIA.

Para fines de los 70 y principio de los 80, a fin de hacer más eficaz la propaganda antisoviética, los funcionarios norteamericanos agregaron la democracia y los derechos humanos a la beligerante retórica de la Guerra Fría. Aunque Estados Unidos había ayudado recientemente a derrocar a gobiernos elegidos democráticamente en Brasil (1964) y Chile (1973), quisieron hacer creer que había llegado una nueva era. Reagan gastó cientos de millones en apoyar a los militares asesinos de El Salvador mientras apoyaban simultáneamente elecciones constantes, lo cual Washington igualaba con la democracia –como si una votación pudiera neutralizar a los escuadrones de la muerte.

Las palabras de Washington no se equiparan con sus acciones. La "promoción del desarrollo económico" de Shapiro hará recordar a los bolivianos la compra en 1999 por Bechtel del suministro de agua de Cochabamba. Escandalosamente Bechtel incrementó el precio del agua hasta que los bolivianos obligaron a su gobierno a recuperar su propia agua y reducir el precio.

Shapiro también insiste en continuar con la guerra contra las drogas. ¿Espera él que las drogas se rindan? La guerra contra las drogas ha significado la destrucción ecológica de regiones enteras y la militarización de grandes zonas de Colombia –y la insistencia de EEUU de que los países vecinos sigan el mismo camino destructivo.

Finalmente, exigir que Bolivia se comprometa a cumplir sus obligaciones internacionales, después de que Bush ha lanzado una guerra agresiva en contra de Irak violando todo el derecho internacional, suena como si un don de la mafia insistiera en que sus rivales menores denunciaran el crimen.

Los tópicos de Shapiro ilustran la difícil situación de Washington –o su ceguera. Washington no comprende, o le es indiferente. En noviembre Bush se humilló a sí mismo en la reunión hemisférica de Mar del Plata, Argentina, al insistir en la fracasada fórmula de libre comercio que destruyó la economía argentina. En vez de analizar su fracaso, la Casa Blanca acusó al presidente venezolano Hugo Chávez, el cual denunció el comercio libre e hizo un llamamiento a favor de un plan cooperativo de desarrollo.

Atrapados por su propio lenguaje de elecciones libres (Chávez ha ganado tres elecciones libres e imparciales desde 1998) los funcionarios del Departamento de Estado filtraron a sus compinches de la prensa rumores de que Chávez iba a manipular las elecciones para el Congreso venezolano en diciembre, que Chávez había censurado a la prensa de su país y que se negaba a respetar los derechos humanos. Después de que The Miami Herald, The New York Times y otros importantes medios publicaran esas acusaciones como noticias –usando como fuentes a "analistas independientes" anti-Chávez– el Washington oficial las confirmó con mayor énfasis. (Justin Delacour, Counterpunch, 1 de junio de 2005.)

En cuanto a los derechos humanos, Chávez ha expandido la educación y el cuidado de salud para los pobres de Venezuela, reformas que le han ganado elogios casi universales. Calificar a Chávez de dictador va en contra de los hechos y de su atracción popular.

Sin embargo, Thomas A. Shannon, Secretario Asistente de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, aún define a Chávez como "una amenaza para la estabilidad regional, "porque presenta argumentos coherentes en contra del libre comercio, ofrece una visión socialista y por su estrecha asociación con Fidel Castro. Ellos ven a Chávez como otra figura desobediente, que incluso se atreve hasta a comprar armas a España -¿un desafío a la Doctrina Monroe?– y alienta a los movimientos socialistas, como el que dirige en Bolivia Evo Morales.

En los viejos tiempos, las cañoneras y los marines, o la CIA, hubieran intervenido. El resto de los presidentes títeres no hubieran dicho nada. Sin embargo, hoy Chávez goza de apoyo, no sólo por parte de la mayoría de los venezolanos, sino de los presidentes de Argentina y Brasil.

Washington apoya a los ricos y revoltosos oponentes de Chávez y usa al Fondo Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracia –NED) para financiar a ONGs anti-Chávez como Súmate, cuyos líderes trabajaron con Washington para apoyar al fracasado golpe militar de 2002 y boicotear las elecciones de diciembre, lo cual les hizo lucir como malos y ridículos perdedores. Los monitores de la OEA dijeron que las elecciones fueron limpias. Esto hace descender aún más la reputación ya en descenso de Bush.

Chávez se burla de los líderes de EEUU mientras entrega combustible barato a los pobres de EEUU, lo cual Bush no ha hecho. Mientras que Bush rebobina su propia cinta acerca de Irak y repite frases gastadas acerca del libre comercio para los latinoamericanos, Chávez gana terreno. Presidentes pro-EEUU, como el peruano Alejandro Toledo, muestran reducidas tasas en las encuestas.

El ex presidente de Bolivia que apoyaba a Estados Unidos, Gonzalo Sánchez de Lozada, tuvo que huir y abandonar el cargo debido a su desastrosa política de libre comercio. Evo Morales, por otra parte, goza de altas tasas de popularidad.

Morales llamó al Área de Libre Comercio para las Américas de Bush "un acuerdo para legalizar la colonización de las Américas". También condenó la guerra de Bush contra las drogas como un pretexto para apoderarse de las grandes reservas de gas de Bolivia. Una victoria de Morales aumentaría las crecientes filas de líderes latinoamericanas a la izquierda del centro que consideran que sus prioridades son la solución de las necesidades sociales: educación, cuidado de salud y reforma agraria.

Frente a la extrema pobreza latinoamericana y políticas norteamericanas cada vez peores, Shapiro y Shannon simplemente repiten banalidades imperiales. Es como si la historia atrapara sus mentes en una trampa idiota y condenara a Estados Unidos a continuar desempeñando un papel imperial desgastado en un escenario del nuevo mundo.

 

Film-maker, journalist and author

TNI Senior Fellow and former Director of TNI (1976), Landau is an award-winning filmmaker, journalist and author. Landau writes weekly on US politics and foreign policy and has produced more than forty films on social, political and historical issues, and worldwide human rights.

Landau has written fourteen books - his most recent book is A Bush and Botox World (Counterpunch, 2007). He received an Edgar Allen Poe Award for Assassination on Embassy Row, a report on the 1976 murders of Chilean Ambassador Orlando Letelier and his colleague, Ronni Moffitt.

He is Professor Emeritus at California State University, Pomona. Gore Vidal says, "Saul Landau is a man I love to steal ideas from"