Las fumigaciones de los cultivos ilícitos en Colombia. Un fracaso disfrazado de éxito
Con el inicio del Plan Colombia en 2000, el programa de erradicación de cultivos ilícitos mediante una intensiva fumigación aérea con glifosato pasó a ser la columna vertebral de las operaciones antinarcóticos en el marco de la alianza bilateral colombo-estadounidense contra las drogas.
La fumigación de herbicidas químicos contra los cultivos ilícitos no era nueva en Colombia. Esta práctica se ha venido implementando por más de veinticinco años, tiempo durante el cual ha evidenciado su fracaso no sólo en términos de reducción de la oferta, sino también con relación a la incidencia negativa para la legitimidad del estado, el orden social, el conflicto armado y el daño al medio ambiente. El hecho de que cada vez se erradique más - en 2003, por ejemplo, se fumigó mucho más que en 2002 - no debe ser interpretado como el éxito de una política sino al contrario, como la ejemplificación de su fracaso, pues es señal de que cada vez hay más y nuevas hectáreas sembradas.
Un vistazo a las últimas cifras suministradas por el gobierno estadounidense (con base en datos de la CIA) de las hectáreas de coca cultivadas y de las hectáreas fumigadas, revela que a fines de 2002 había en Colombia 144.450 hectáreas cultivadas. Durante 2003 se fumigaron 139.000 hectáreas, no obstante lo cual, a finales de 2003 quedaban 113.850 hectáreas. Es decir, no obstante la gran inversión financiera y el enorme costo de las operaciones de fumigación durante 2003, esto sólo representó en la práctica la erradicación de unas 30.000 hectáreas. Un resultado que ha producido diversas reacciones de euforia por parte de funcionarios del gobierno estadounidense y colombiano, que han aprovechado la oportunidad para reforzar su confianza en la eficacia de las fumigaciones.
Pero este 'éxito' de 30.000 hectáreas de hecho erradicadas es bastante más precario de lo que las autoridades pretenden. No sólo si se tiene en cuenta la inversión de fondos que ha representado - cientos de millones de dólares - y sus graves consecuencias - miles de campesinos marginados y criminalizados nada más en la cuenca amazónica - sino porque una vez más ha quedado claro que la fumigación no desestimula la resiembra. Por otro lado, del mismo modo a como ha sucedido en otros años y en otras regiones del mundo, se sabe que en materia de cultivos ilícitos, las reducciones vistas a corto plazo enmascaran las tendencias de largo plazo. Si bien Colombia, visto en su conjunto, presenta efectivamente una reducción del área cultivada, éste no es el caso cuando se observa el comportamiento de las diferentes regiones por separado. Mientras en el departamento del Putumayo se redujo el área sembrada, en la región del Catatumbo o en el departamento del Guaviare, entre otros, se detectaron nuevos cultivos. También el Perú y Bolivia registraron un incremento en el año 2003.
Y no sólo en términos de la producción global el plan de fumigaciones ha resultado un fiasco. El señor William Wood, embajador de Estados Unidos en Colombia, debió reconocer en una entrevista reciente que las fumigaciones de cultivos ilícitos no han tenido ningún impacto en el mercado de la cocaína. No obstante haberse vertido más de dos mil millones de dólares en la política antinarcóticos para la región andina en los últimos cuatro años, la cocaína sigue fluyendo como de costumbre por las calles de las ciudades estadounidenses.
Fumigaciones y Desarrollo Alternativo
El fracaso de los programas de fumigación no se explica solamente por el fenómeno del desplazamiento de cultivos a otras áreas, o por las complejidades del multimillonario mercado de las drogas, sino también por el enfoque miope e incoherente de la misma política antinarcóticos aplicada. La fórmula combinada de 'fumigación-desarrollo alternativo' que establecen los programas de erradicación, simplemente no funciona, porque la fumigación y el desarrollo alternativo no son, como lo pretende Estados Unidos, las dos caras de una misma moneda, sino dos propuestas incompatibles, mutuamente excluyentes. El efecto masivo que tienen las fumigaciones mediante aspersión aérea se traduce también en la destrucción de cultivos lícitos, y no en pocos casos, de cultivos que hacen parte de proyectos de desarrollo alternativo. Además, mientras las fumigaciones avanzan a paso acelerado - en un día un campesino puede ver destruido su principal medio de subsistencia - los programas de sustitución de cultivos pueden tomar años antes de que comiencen a dar sus primeros frutos. La erradicación de los cultivos ilícitos, para que sea efectiva, debe hacerse de manera voluntaria y gradual, al paso que los cultivos alternativos vayan generando una nueva estructura económica que sustituya efectivamente la economía de la coca.
Con la conclusión oficial del Plan Colombia en 2005, toda la responsabilidad del programa de aspersiones va a recaer sobre las autoridades colombianas. Una perspectiva que no deja de inquietar al gobierno colombiano debido a los costos de estos programas que este país no estará en condiciones de solventar. Esta podría ser una buena oportunidad para que el gobierno colombiano reconsidere esta estrategia, implementando programas concertados de erradicación manual, más económicos y menos perjudiciales para el medio ambiente.
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