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Guerra contra Irak Mariano Aguirre Papeles de Cuestiones Internacionales, CIP/FUHEM, Nº 79., Autumn 2002
El Gobierno de EEUU está decidido a atacar Irak y derrocar al Gobierno de Sadam Husein. Para este proyecto quiere contar con el apoyo y consenso de los aliados europeos, de los Estados árabes y del Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque testimonios autorizados consideran que Irak no tiene armas de destrucción masiva, que no hay evidencias de que Bagdad haya tenido relaciones con el grupo Al Quaeda y que Sadam Husein no tiene intenciones de atacar EEUU ni a sus vecinos, Washington ha definido al régimen iraquí como su próximo objetivo en la guerra global contra el terrorismo.
En agosto y septiembre pasado se abrió un debate en la elite política de EEUU sobre si sería conveniente o no atacar a Irak, y, en caso de que se decidiese ir a la guerra, en qué condiciones. La mayor parte del debate quedó situado entre los que estaban a favor del ataque, aunque Washington tuviese que hacerlo en solitario, apoyando al presidente George Bush Jr. y a los miembros más belicistas de su gabinete, y los que optaban por esperar o lograr el apoyo de los aliados europeos y Naciones Unidas. El dilema se proyectó también entre EEUU y los aliados europeos, que han adoptado diferentes posiciones. Y alcanzó, por último, a Naciones Unidas.
El segundo paso para fijar el debate lo dio el Ejecutivo estadounidense al definir como objetivo destruir el supuesto arsenal de armas de destrucción masiva que posee Irak, dar un golpe preventivo al terrorismo y acabar con el régimen dictatorial de Sadam Husein. Dos de estos tres objetivos suponen un serio y peligroso cambio en la política de la sociedad internacional hacia Irak y son amenazas a principios jurídicos del Derecho Internacional.
Podría discutirse si cuando un país no cumple resoluciones de la ONU puede ser objeto de represalias por parte de la comunidad internacional. Ningún Estado se encuentra autorizado para usar la fuerza contra otro que no cumple resoluciones. Solamente el Consejo de Seguridad, según lo establece la Carta de la ONU, puede autorizar que se utilice la coerción en caso de que todos los medios no militares se hayan agotado. Esto no ha ocurrido. La acción armada, además, debería ir unida al convencimiento de que el Estado en cuestión amenaza a la paz internacional. Pero de ser así, se abriría una lista de países muy amplia, empezando por Israel. Cambiar un Gobierno mediante la fuerza y dar golpes preventivos son cuestiones muy serias que reavivan pasados coloniales y sientan precedentes muy graves, respectivamente.
En definitiva, el debate promovido por EEUU y seguido por otros Estados y medios periodísticos no giró acerca de la legalidad o ilegalidad de atacar a Irak, sino cuándo, cómo y con qué consecuencias.
Arsenales destruidos
Desde el final de la guerra del Golfo, en 1991, Naciones Unidas impuso a Irak una serie de sanciones relacionadas con prohibirle la exportación masiva de petróleo y le obligó a desmantelar sus armas de destrucción masiva, los depósitos que tuviese y la infraestructura para fabricarlas. Durante una década ha habido una tensa relación entre los inspectores de la misión de la ONU encargados de imponer y verificar el cumplimiento de las resoluciones, el Gobierno iraquí, y los Ejecutivos de EEUU y Gran Bretaña.
Sadam Husein ha tratado de intercambiar las inspecciones por el progresivo levantamiento de las sanciones que no le permiten vender suficiente petróleo. Por otra parte, EEUU y Gran Bretaña han estado durante años bombardeando cada semana algunas áreas de este país. Naciones Unidas también impuso, después de la guerra del Golfo, dos zonas de exclusión aérea a Irak en su territorio.
La ONU encontró grandes dificultades para realizar su trabajo, pero los inspectores han concluido que Irak no tiene armas nucleares y hay pocas posibilidades de que cuente con otro tipo de armamento de destrucción masiva. El International Institute of Strategic Studies (IISS) considera que no posee armas nucleares y que tardaría años en desarrollarlas. Quizá, afirma, tenga almacenados componentes de armas químicas y biológicas que poseía con anterioridad a la guerra del Golfo. Sus misiles para lanzar estas armas, sin embargo, no tienen un alcance superior a 400 kilómetros. (1) Por su parte, la Agencia Internacional para la Energía Atómica considera que Irak ya no cuenta con un programa nuclear.
Algunos países europeos y árabes, además de Naciones Unidas y funcionarios internacionales, consideran que Irak ha cumplido con el programa de desmantelamiento de armas de destrucción masiva y de infraestructura que se le impuso. Además, las restricciones para exportar petróleo le han limitado los recursos para comprar armas y tecnología. Por otra parte, no existen datos de ninguna conexión del Gobierno iraquí con los ataques de septiembre de 2001, ni con la red Al Qaeda, ni con planes terroristas futuros.
El Gobierno de Sadam Husein invitó en agosto a la ONU a regresar y hacer inspecciones de verificación de sus infraestructuras militares. La condición que Irak exigía era que los funcionarios de la ONU fuesen acompañados de observadores europeos neutrales. En los últimos años Bagdad puso serias dificultades a Naciones Unidas alegando que oficiaba de espía para EEUU o que alguno de los jefes de la misión no era neutral. Pero, esencialmente, quiere que se levanten las sanciones.
En septiembre, Irak aceptó que volviesen los inspectores. EEUU manifestó de inmediato su escepticismo. El Gobierno de Bush y comentaristas creadores de opinión argumentan que tantos las armas como la infraestructura. pueden ser ocultadas y que las verificaciones no sirven para mucho. Hans von Sponeck, el coordinador de ayuda humanitaria de Naciones Unidas para Irak entre 1998 y el 2000, afirma que "el Departamento de Defensa de EEUU y la CIA saben perfectamente que actualmente Irak no es ninguna amenaza para la seguridad en la región, y menos para EEUU". (2)
Este funcionario, al igual que Denis Halliday que tuvo el mismo cargo hasta que renunció en protesta por la política de EEUU, considera que toda la infraestructura de armas de destrucción masiva iraquí es inoperante y que en realidad lo que el Gobierno de Bush quiere es que no vaya ninguna misión de observación a Irak porque estropearía sus planes de ataque. El polémico ex jefe de la misión de UNSCOM (United Nations Special Commission), Scott Ritter, declaró en 2001 ante la pregunta de qué peligro representa Irak: "En términos de amenaza militar, absolutamente nada". Asimismo, explicó que la misión había verificado la destrucción de alrededor del 90 al 95% del material. Y añadió: "Lo que deberíamos tratar es que entren los inspectores en Irak, así podremos saber exactamente qué es lo que pasa ahora en ese país en vez de estar adivinando". (3)
La negativa de EEUU a la verificación es un disparo por elevación hacia el sistema multilateral de Naciones Unidas. En el último año y medio, la Casa Blanca se ha negado a firmar los acuerdos de Kyoto sobre medioambiente; ha debilitado el régimen contra la proliferación de armas nucleares y químicas; se negó a firmar un protocolo contra la tortura; atacó a Mary Robinson -la Alta Comisaria de la ONU para los Derechos Humanos- hasta que ésta ha decidido marcharse (no sin antes denunciar la política de obstrucción a su trabajo de Washington); y no sólo no ha ratificado la firma en el Tribunal Penal Internacional sino que está chantajeando a otros países para que se retiren o serán castigados por Washington. (4) "Se trata de una visión peligrosamente corta", escribe Kenneth Roth, director de Human Rights Watch. "Es imposible para la superpotencia global rechazar las reglas internacionales para sí misma sin deteriorar esas normas para todos". (5)
Ataque preventivo
El presidente Bush Jr. identificó en junio de 2002 a una serie de países en un "eje del mal", entre ellos Irak. A la vez, el Pentágono y el Presidente han definido que la forma de luchar contra el terrorismo será preventiva, es decir, se atacará antes de que éste pueda actuar. En la medida que Washington considera que el régimen de Bagdad tiene armas de destrucción masiva y se especula con que podría atacar a EEUU o a Israel, entonces concluye que conviene aplicarle la estrategia preventiva.
Un ataque denominado "preventivo" violaría las normas internacionales en la medida que no hay una amenaza a la paz internacional como prevé la Carta de la ONU; no sería en respuesta a otro ataque en legítima defensa; ni se trata de una intervención humanitaria. Desde Bagdad no hay ningún indicio, ni posibilidad técnica ni racional (dado que Sadam Husein ha demostrado que su interés principal es mantenerse en el poder), de agredir a EEUU.
El 20 de septiembre, Washington dio a conocer su estrategia de guerra preventiva, inclusive en caso de duda. La nueva estrategia propone que EEUU sea la mayor potencia militar del mundo, y que no se someta a acuerdos internacionales. (6) El Gobierno de Bush aceptó, sorpresivamente, en la segunda semana de septiembre canalizar la presión sobre Irak a través de la ONU. Esto se debió, en parte, a las opiniones de diplomáticos y ex funcionarios y políticos conservadores estadounidenses que se pronunciaron en esa dirección. Igualmente, a informes de algunos altos mandos militares, incluyendo a miembros del Comando Mayor Conjunto, que consideran que es mejor seguir con una política de contención que de guerra hacia Irak. (7) Por último, el primer ministro británico Tony Blair habría influido sobre Bush dado que necesita pasar primero por Naciones Unidas antes de alinear a su país en un ataque a Irak. Pero también ha influido lo que indican las encuestas: el 81% de los estadounidenses están a favor de que se cuente con la ONU y el 86% que se tenga en cuenta a los aliados europeos. (8)
Jugar con todas las cartas
En el papel de la ONU, el Gobierno de EEUU también ha impuesto los términos del debate. Bush pasó de amenazar a Sadam a amenazar a la ONU. Ésta debe, según su versión, lograr que Irak abra las puertas a los inspectores, caso contrario está fracasando en su misión y, entonces, Washington hará el trabajo.
A mitad de septiembre, y en medio de las conmemoraciones por el 11 de septiembre de 2001, Bush habló en Naciones Unidas y dio un ultimátum a la organización para que logre que Irak cumpla las Resoluciones y permita la entrada de los inspectores. Pero, en las últimas semanas había planteado que la idea era, no solamente destruir la capacidad militar de Irak, sino "cambiar el régimen".
Por lo tanto, Bush ha jugado todas las cartas: hacia la ONU adjudicándole un papel que depende, en realidad, de la voluntad de los miembros del Consejo de Seguridad, en particular Washington y Londres. Si el secretario general Kofi Annan logra un acuerdo con Sadam Husein para que entren los inspectores a cambio de ir eliminando las sanciones, puede ocurrir que EEUU y Gran Bretaña se nieguen. Si, además, mientras Annan negocia, el presidente Bush afirma que quiere "cambiar el régimen", entonces Irak no aceptará ninguna negociación porque carecería de sentido.
Hacia los europeos, por otro lado, Bush les presiona para actuar más allá de la ONU si fuese preciso. Los Gobiernos británico y español han aceptado estos términos amenazantes. El presidente José María Aznar fue más allá y declaró el 10 de septiembre que le parecía "deseable" que se lograse el apoyo de la ONU hacia Irak, pero no "imprescindible". (9)
La presión hacia Europa está siendo ejercida también por intelectuales estadounidenses que acusan al viejo continente de debilidad, de falta de compromiso y de dejar solo a EEUU en un momento en el que ha cambiado el orden internacional y la lucha contra el "eje del mal" es lo imprescindible. (10) Estos intelectuales le acusan de no ver los cambios que se han producido después del 11 de septiembre y de querer vivir bajo la protección militar de Washington, o sencillamente de ser un continente cobarde. Ante esta falta de colaboración, EEUU se guarda la opción de actuar en solitario.
La resolución que tome el Consejo de Seguridad de la ONU es importante porque reconoce que las decisiones sobre el uso de la fuerza entre Estados son de su competencia, pero puede ser fuertemente condicionada por Washington. Por un lado, Rusia podría aceptar una resolución que abra la vía para atacar Irak si EEUU le garantiza que puede actuar con mano libre en Chechenia, algo que el presidente Vladimir Putin ya ha avisado en una carta a la ONU indicando que podría dar golpes preventivos a los grupos chechenos. (11) Igualmente, China obtendría garantías similares para tratar con sus minorías y eventuales movimientos secesionistas. Francia se aferraría a que si hay una resolución de la ONU y una falta de cumplimiento, entonces, desgraciadamente, habrá que atacar. Gran Bretaña ya está con Bush. En definitiva, EEUU podría seguir con su línea, reafirmada en el último año, de debilitar el derecho internacional y el sistema multilateral y, a la vez, utilizarlo y manipularlo cuando le resulte conveniente.
Una guerra, con mayor o menor implicación de fuerzas de EEUU y Gran Bretaña, puede costar vidas estadounidenses e iraquíes, quizá provocar la ruptura de Irak en tres (entre la parte suní, la shií y la kurda), un gran flujo de refugiados y una respuesta terrorista imprevisible. Y si los kurdos en el sur de Irak aprovechan para secesionarse y declaran su Estado, entonces Turquía quizá reaccionase militarmente.
Una duda es si el afán por la guerra no responde a la necesidad de acceder al petróleo. Irak tiene grandes reservas y una teoría es que Washington teme que las relaciones con Arabia Saudí se deterioren en el futuro y que sea mejor contar con un régimen amistoso en Bagdad. Pero es una cadena de hipótesis que deja sin resolver quién podría sustituir a Sadam Husein y evita lo más evidente: la necesidad que este último tiene de exportar todo el petróleo posible pero que ahora no puede hacerlo por las sanciones. (12)
Por otra parte, no resulta evidente que la guerra vaya a traer ventajas económicas para la economía estadounidense. La industria armamentista está en un buen momento gracias al gran aumento del presupuesto militar que realizó el Gobierno hace pocos meses. Pero otros sectores no se verían reactivados. Una guerra contra Irak no es sinónimo de inversiones estatales y más empleo sino que, por el contrario, crearía un clima de incertidumbre igual o mayor al del 11 de septiembre de 2001.
Ante al belicismo de una parte del Gobierno de Bush, algunos conservadores consideran que Sadam Husein no es una amenaza inmediata para EEUU, que una guerra contra Irak aislaría a Washington de sus aliados europeos y que desestabilizaría más Oriente Medio. Entre las voces críticas se encuentra el ex-consejero de Seguridad Henry Kissinger y el ex asesor de seguridad nacional del ex presidente George Bush (padre) y artífice de la coalición contra Irak en 1991, Brent Scowcroft. Éste piensa que atacar Irak destruirá la coalición antiterrorista post 11 de septiembre. Y el senador republicano Chuck Hagel cree que dar un golpe preventivo en Irak alentará a otros actores a seguir la misma línea: India podría atacar Pakistán e Israel expulsar a la población palestina de Gaza y Cisjordania.
El Gobierno alemán lidera la posición europea de rechazo a la guerra. El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Jochka Fischer, considera que una guerra contra Irak supone un compromiso posterior de décadas con Oriente Medio y duda que Washington lo tenga. En ese caso, Europa pagaría la factura y las consecuencias. Pese a estar en desacuerdo con Fischer, el senador estadounidense Joseph Biden, líder del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso, declaró luego de escuchar los testimonios de expertos en favor y en contra de la guerra: "Sería una tragedia si quitáramos de Irak a un tirano, pero dejásemos a toda la región en el caos".
References
1. "Iraq's arsenal. Perhaps", The Economist, 14 de septiembre de 2002, p.42. 2. Hans von Sponeck, "Go on, Call Bush's Bluff", The Guardian Weekly, 25 de julio de 2002, p.13. 3. Stephen Zunes, "Seven Reasons to Oppose a USInvasion of Iraq", en Foreign Policy in Focus Policy Report, agosto 2002. 4. Pierre Cones y Ilivier Lepick, "Desmntelmiento de la arquitetura interncional de seguridad", Le monde diplomatique, ediciones en Francia, España y América Latina. 5. Ver artículo de Kenneth Roth, "El rechazo de EEUU al Tribunal Penal Internacional", Papeles de Cuestiones Internacionales, CIP/FUHEM, otoño 2002, Nº 79. 6. El País, 21 de septiembre de 2002. 7. "Some Top Miitary Brass Argue for Status Quo in Irak", The Guardian Weekly, 1 de agosto de 2002, p. 27. 8. The Guardian Weekly, 5 de septiembre de 2002, p. 2.
9. El Pais, 11 de septiembre de 2002, p. 3. 10. Ver, por ejemplo, Francis Fukuyama, "Occidente puede resquebrajarse", El Pais, 17 de agosto de 2002; Robert Kagan, "Power and Weakness", Policy Review, junio 2002; Michael Ignatieff, "The Golden Section: Terror, Rights and Treason", Index on Censorship, febrero de 2002. 11. "Putin Sees a Parallel in Warning to Georgia", International Herald Tribune, 13 de septiembre de 2002, p. 1 12. Anthony Sampson, "Irak War Fever is Being Fuelled by West's Craving for Oil", The Guardian Weekly, 15 de agosto de 2002, p. 6.
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