Guerra contra Serbia

July 2005

  Mariano Aguirre

Guerra contra Serbia
Represion en Kosovo
Mariano Aguirre
CIP, 31 March 1999

Los ataques de la OTAN, que son el resultado de una década de errores diplomáticos de EEUU y Europa, no solucionarán la crisis de Kosovo, están agudizando la situación humanitaria y sientan un peligroso precedente para el Derecho Internacional Público. El Presidente Slobodan Milosevic tiene una gran experiencia en sobrevivir en situaciones bélicas y si bien la OTAN podría obligarlo a capitular, el dirigente serbio puede provocar antes una ampliación regional del conflicto, matar y expulsar del territorio de Kosovo a miles de albaneses kosovares, y hacer sufrir a su propia población el impacto de los bombardeos. Por otra parte, la OTAN está actuando militarmente sin un mandato político que debería emanar del Consejo de Seguridad de la ONU. Si en el Consejo de Seguridad no se ha llegado a ningún consenso se debe a que el derecho de veto que China y Rusia pueden usar es un arma que esta vez se ha vuelto en contra de Occidente.

Mientras el presidente serbio gana tiempo y los estados miembros de la OTAN tratan de deteriorar su poder militar, la situación humanitaria y política de Kosovo se torna muy grave. El primer ministro británico Tony Blair afirma que el objetivo de la misión de la OTAN es "disminuir la capacidad del presidente Milosevic para librar la guerra contra población civil inocente". También un portavoz del Departamento de Estado de EEUU considera que uno de los objetivos es "evitar una ofensiva todavía más sangrienta contra los civiles en Kosovo". Esta ofensiva, sin embargo, ya está ocurriendo: mientras se bombardea a los centros militares del ejército serbio, la represión se ejerce con armas ligeras.

Era evidente que una vez que rechazó el acuerdo de Rambouillet el gobierno serbio estaba decidido tanto a aguantar los ataques aéreos como a tomar represalias sobre la población kosovar (2 millones de personas; la minoría serbia suma alrededor de 200.000). Esta última tarea le resulta especialmente sencilla dado que los 1.400 observadores internacionales de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) salieron masivamente antes del primer ataque con el fin de no ser usados como rehenes. Pero ni Macedonia ni Albania ni Montenegro están preparados para recibir un flujo masivo de refugiados, y la mayor parte de ellos se están
convirtiendo en desplazados internos sometidos a la represión serbia. Tampoco parece haberse ocupado la OTAN de poner en marcha un operativo humanitario preventivo para recibir a esos refugiados. Este supuesto debería haberse calculado con más cuidado, porque mientras la OTAN afirma que no quiere causar víctimas inocentes en Serbia está indirectamente dejando más desastidos a los kosovares. Es cierto que la represión ya se ejercía, como declaró el 29 de marzo el secretario general de la OTAN, Javier Solana, pero se ha agudizado en los últimos días.

Milosevic comprende que los ataques de la OTAN le pueden infligir pérdidas muy grandes, pero calcula que serán graduales y juega con una carta definitiva: Serbia tiene tropas en Kosovo mientras que los países de la OTAN no quieren mandar ahí ni un soldado. Así, mientras le llueven las bombas expulsa a ciudadanos de Kosovo, crea más caos en Macedonia y Albania, espera a que se produzcan contradicciones entre los aliados, y guarda expectativas sobre los resultados de la presión que puedan ejercer Francia y especialmente Rusia (levantar el embargo de armas, no ratificar en el parlamento ruso los acuerdos de control de armas nucleares con EEUU, restringir o cortar su cooperación con la OTAN, entre otras medidas). Particularmente, el presidente serbio sabe que la OTAN y los Estados que la integran no tienen una política clara para cuando reinicien las negociaciones.

Los antecedentes

Desde el comienzo de la desintegración de la ex federación yugoslava hace una década, las potencias europeas, EEUU y Rusia coincidieron en ignorar la cuestión kosovar. Debido a que Kosovo y Vojvodina eran provincias autónomas de Serbia no fueron tenidas en cuenta. Pero Kosovo ha sido una pieza esencial en la estrategia de ruptura y captura de territorios de Milosevic: en 1989 Serbia abolió la autonomía de esta provincia y comenzó la ruptura de la federación.

Kosovo es la parte más pobre de la antigua Yugoslavia pero tiene un fuerte componente histórico y simbólico para los serbios. Entre 1389 y 1912 este territorio estuvo controlado por los turcos. En 1912 Serbia y otros estados balcánicos expulsaron a los turcos de Kosovo. Desde entonces perteneció al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, más tarde a la Gran Albania y, por último, a la federación yugoslava en la que alcanzó la situación de provincia autónoma en 1974 contando con gobierno, un parlamento, sistema judicial y educativo propio. Un referéndum en 1991 demostró que la mayor parte de los kosovares estaban a favor de tener un estado independiente. En las elecciones parlamentarias de 1992 fue elegido presidente Ibrahim Rugova, líder
moderado. Serbia no reconoció las elecciones. En 1993 se creó al ELK.

En 1991 la Unión Europea negoció con las repúblicas que se sececionaron de la antigua Yugoslavia una
convención en la que se preveía la protección de las minorías étnicas. Serbia y Macedonia amenazaron con no
firmarla, y los negociadores europeos eliminaron las referencias a las minorías y su derecho a poseer dos nacionalidades. En abril de 1996 la Comunidad Europea reconoció a la República Federal de Yugoslavia, pero puso poco énfasis en la cuestión kosovar. Igualmente, en el acuerdo de Dayton tampoco se incluyo a Kosovo para no irritar a Milosevic.

Ante el desinterés occidental, la opción negociadora y favorable al reestablecimiento del estatuto de
autonomía liderada por Ibrahim Rugova empezó a perder credibilidad. Serbia continuó en los últimos años con
una dura represión política y económica sobre los ciudadanos. Poco a poco la opción violenta fue emergiendo
como la mejor posible tanto para resistir a las fuerzas serbias como para llamar la atención internacional.

EEUU y Europa desestimaron al principio al ELK calificándolo de grupo terrorista, lo que otorgó más
legitimidad a Milosevic para preparar una nueva campaña de represión desde principios de 1998. Desde entonces la comunidad internacional a través del Grupo de Contacto (que actuó en las negociaciones durante la guerra de Bosnia) realizó varias amenazas de sanciones que nunca cumplió.

Como indica el investigador Richard Caplan, del Jesus College, Oxford, el problema es que Occidente y Serbia han coincidido en un objetivo fundamental: que Kosovo no se convirtiese en una república independiente y, por lo tanto, que el ELK no ganase más poder. Para Serbia la provincia de Kosovo pertenece a su territorio soberano y puede discutir un aumento de la autonomía pero no quiere aceptar el despliegue de tropas de la OTAN. Esta argumentación basada en la soberanía está mermada por los crímenes de guerra y violaciones masivas de los derechos humanos y es lo que abre la puerta a que la comunidad internacional encuentre legitimidad para intervenir de alguna forma.

El escenario de pesadilla de Washington y los aliados europeos es que Kosovo se independiza y luego la cuarta parte de la población de Macedonia (que son de origen albano) piden la secesión para unirse a la nueva república. Otra variable es que Kosovo se quiere integrar con Albania. Por otro lado, se teme que el ejemplo de Kosovo quiera ser seguido por otras minorías en Europa Central y la ex URSS.

Los argumentos esgrimidos por medios occidentales en el sentido de que no quedaba más remedio que atacar porque, primero, Milosevic no ha cedido en las negociaciones y, segundo, la ONU no puede tomar la decisión en la medida que el Consejo de Seguridad está bloqueado por China y Rusia, son débiles.

La presencia de más de 1400 observadores de la OSCE en Kosovo era un antecedente muy importante que ha sido desechado. No es fácil que un Estado deje entrar a una cifra tan importante. Pero a partir de los ataques de la OTAN será muy difícil que puedan volver.

En este punto, la acción de la OTAN y su impacto sobre la política de observadores se asemeja a la destrucción de la credibilidad de la Misión Especial de Naciones Unidas para Irak (UNSCOM), a principios de 1999. Con los observadores en el terreno se tendría que haber luchado diplomáticamente por mantenerlos, darles más mandato, y protegerlos.

Acerca del papel del Consejo de Seguridad existe una línea desde Dayton en adelante de sustituirlo por el de la OTAN, con el liderazgo de EEUU. En efecto Rusia y China han bloqueado una resolución pero el precedente de atacar sin acuerdo del Consejo de Seguridad es grave. Aunque no hubiese solución diplomática, los países miembros de la OTAN deberían haberse mantenido (especialmente Francia y Alemania que sostuvieron esa posición durante meses) en reivindicar el papel de la ONU, aunque fuese de manera testimonial.

Después del ataque

Ni Belgrado ni Occidente parecen tener una política de negociación para el momento en que paren los ataques. Si Milosevic no se rinde, aumentan las víctimas civiles en Serbia, se intensifica la crisis humanitaria en la región, y hubiese algunas víctimas occidentales la política de la OTAN quedaría estancada. Como preguntó un corresponsal al portavoz de la OTAN el 28 de marzo: "¿Si el presidente de Serbia no se rinde, piensan bombardear hasta destruir Yugoslavia?"

Una salida posible sería que Milosevic pidiese una tregua (habiendo presentado primero a los serbios la situación como una victoria por haber resistido, siguiendo el modelo de Sadam Husein) y ofreciese restablecer el marco de Ramboulliet con alguna alternativa a las fuerzas de la OTAN. El plan que elaboró el embajador de EEUU para Macedonia, Christopher Hill, contemplaba, entre otros aspectos, un papel relevante a la OSCE, y la creación de una misión de policía civil de verificación. Entre verificadores desarmados y la OTAN podría encontrarse un punto intermedio que salve la cara de Milosevic, y la credibilidad de la Alianza Atlántica.

El problema es que nadie confía en que Milosevic vaya a cumplir mientras no haya una fuerza internacional garantizándo un eventual acuerdo, como en Bosnia desde Dayton. Y la OTAN ya ha preparado las contingencias para K-For (Kosovo Implementation Force) en Macedonia. Sería difícil para la Alianza ceder el papel de verificadores en tierra a otra combinación de fuerzas, pero no imposible. La opción de la autonomía, de todos modos, está muy desgastada dentro de Kosovo.

Una segunda salida sería negociar el status de República dentro de Yugoslavia junto con Serbia y Montenegro. Pero una vez que fuese república entonces los kosovares podrían plantearse ser independientes. Ante esta posibilidad, difícilmente Milosevic acepte.

La tercera opción es partir Kosovo en dos, dejando de un lado a la minoría serbia y el resto del territorio para los albanos. Milosevic no aceptaría por el momento, y sería una grave fuente de desestabilización.

La cuarta ha sido planteada por el exnegociador y enviado especial de la UE para la guerra de Bosnia, David Owen, en estos días. Para este diplomático la salida es que la población albana de Kosovo abandone Serbia y se integre en Bosnia, y que los bosnios serbios de la parte oriental de la República Srpska se integren Serbia. Este plan implica la aceptación de la geografía étnica y difícilmente sería aceptado por las partes que no querrían abandonar sus tierras ahora sobrevaloradas simbólicamente.

Si ninguna de estas opciones se produce la OTAN se verá en un aprieto ya que no querrá detener la ofensiva
por una cuestión de credibilidad. Esto podría conducir a continuar con los ataques esporádicos como se está
haciendo en Irak para mantener la legitimidad. Entre tanto, continuaría la catástrofe humanitaria. La última opción es intervenir por tierra para defender en el terreno a los kosovares. Pero esta posibilidad no es contemplada por el momento por los Estados de la OTAN porque supondría arriesgar la vida de sus soldados.

Como marco más general y de largo plazo Kosovo debe formar parte y ser beneficiaria de un plan integral de desarrollo económico e institucional y de cooperación regional con la asistencia de la UE, EEUU y organismos internacionales de crédito. La pobreza, la competición por recursos escasos y la falta de instituciones están en la base de la retórica étnico nacionalista que termina conduciendo a la guerra.

Copyright 1999 CIP

 

Director of the Norwegian Peacebuilding Centre (Noref)

Mariano Aguirre is a journalist and analyst with considerable expertise on peacebuilding, crisis of the state, humanitarian action, conflict and development, and post-conflict rehabilitation. 

Prior to his work for the Norwegian Peacebuilding Center, he was director of the peace, security and human rights area at the Spanish think-tank FRIDE.

Aguirre is the author, contributor and editor of several books, among them:  La ideología neimperial: La crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP 2003), co-authored with Phyllis Bennis and  "Humanitarian intervention & us hegemony: a reconceptualization" in Achin Vanaik (Ed.), Selling US Wars, Interlink publishing / Transnational Institute (2007).