Un futuro temiible para Sierra Leone Mariano Aguirre TNI Website, 15 June 2000
A mitad de junio la mayor parte de las tropas británicas que fueron desplegadas varias semanas antes en Sierra Leona abandonaron ese país. Esta retirada puede producir un aumento de la violencia al tiempo que continúa sin abordarse el problema de fondo: ¿cómo se puede reconstruir el Estado en Sierra Leona?
Las fuerzas británicas entraron en mayo en este país de Africa occidental cuando las fuerzas de Naciones Unidas no lograron controlar la situación y ante el peligro que corrían decenas de ciudadanos británicos y europeos. Las tropas de la ONU habían sido desplegadas para garantizar el acuerdo de paz firmado en Lomé en 1999 entre el débil gobierno y la guerrilla del Frente Revolucionario Unido (RUF).
Ante la llamada que realizó entonces el secretario general de la ONU, Kofi Annan, diversos países enviaron tropas poco preparadas al tiempo que las potencias mundiales con fuerzas más capacitadas tecnológica y militarmente se inhibieron de hacerlo. El resultado fue que el RUF aprovechó la tregua dada por el acuerdo de Lomé para reagruparse, fortalecer el control que posee sobre los ricos yacimientos de diamantes del país, y lanzar otra terrible ofensiva que incluyó el secuestro de alrededor de 500 cascos azules de la ONU. La excusa que utilizó fue que las tropas de la ONU pretendían desarmarlos sin darles protección.
El acuerdo de Lomé, en efecto, preveía el desarme de las partes en guerra y el ingreso del RUF en el gobierno. Sin embargo, para los líderes de esta guerrilla resultaba más rentable proseguir la guerra, fraccionar Sierra Leona, ahuyentar a la ONU y exportar los diamantes a través de la vecina Liberia, que formar parte de un gobierno casi inexistente de un país desintegrado.
Gran Bretaña llegó en mayo a Sierra Leona para fortalecer la misión de la ONU y salvar a los europeos. La presión pública en el Reino Unido para no retirarse de inmediato y las demandas de miles de ciudadanos de ese país aterrorizados de quedar a merced del RUF -que ha cometido terribles violaciones de los derechos humanos- llevó al gobierno de Tony Blair a extender el mandato. Las fuerzas británicas entraron, inclusive, en combate con la guerrilla y lograron mantener el control de Freetown. Sin embargo, Blair teme que permanecer más tiempo lleve a Gran Bretaña a entramparse en una guerra de larga duración.
Londres ha decidido retirar la mayor parte de las fuerzas excepto 300 instructores que van a proseguir adiestrando al nuevo, débil y precario ejército oficial de Sierra Leona. Esta decisión puede ser acertada si la comunidad internacional se vuelca en darle un contexto mayor. O sea, si además de fortalecer el sector de la seguridad, se instaura urgentemente un sistema judicial, se colabora en reconstruir la economía legal y se combate la ilegal (especialmente la que vincula violencia con explotación ilegal de los diamantes). Pero todo esto lleva tiempo. Entre tanto, ¿quién va a proteger a Sierra Leona? ¿Con qué recursos va a vivir la población si se limita la economía ilegal?
Gran Bretaña va a presentar en julio próximo a los países más poderosos (el G8) y al Consejo de Seguridad de la ONU una propuesta para controlar el origen y destino de los diamantes, con el fin de evitar que las guerra de Angola y Sierra Leona, entre otras, sean financiadas con el comercio ilícito de diamantes. Este control no es fácil de realizar debido a cuestiones técnicas pero, especialmente, porque los grandes monopolios del diamante, en particular la empresa sudafricana De Beers, y los intermediatios y los centros talladores (por ejemplo, Israel), no quieren que exista.
La población de Sierra Leona se encuentra atrapada entre las limitaciones del sistema institucional internacional para gestionar conflictos, el crecimiento del comercio ilícito de bienes, la falta de Estado y la privatización de la violencia.
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