La reunion del milenio ¿Cuanto valen las palabras?

July 2005

  Mariano Aguirre

La reunion del milenio ¿Cuanto valen las palabras?
Mariano Aguirre
Recol, 11 September 2000

La reciente cumbre del Milenio de las Naciones Unidas ha servido para que cada Estado contase a la prensa su historia, pero los resultados reales han sido escasos. Ni avanzó el acuerdo palestino-israelí, ni habrá más compromiso de los países poderosos en prevenir crisis humanitarias.

Casi nadie ratificó acuerdos sobre desarme o niños soldados. Todos se han comprometido de palabra a hacer las cosas un poco mejor. Y las palabras son importantes. Pero el peso de las políticas económicas y financieras y los intereses particulares de los Estados, tanto los fuertes como los débiles, no se pueden modificar con deseos de buena voluntad. Se precisan acuerdos, normas y mecanismos para que se cumplan. La Cumbre del Milenio fue un evento importante para recordar cuestiones importantes. Pero una reunión con peso relativo en el balance entre las relaciones públicas y las necesidades de tres cuartas partes de la población mundial.

Más de 150 jefes de Estado se reunieron en Nueva York convocados por Naciones Unidas para discutir algunos de los grandes problemas de las globalización: los efectos de la economía financiera, el alcance del derecho internacional en casos de violaciones masivas de derechos humanos, la crisis medioambiental y las operaciones de mantenimiento de la paz. El secretario general de la ONU trabaja desde hace tres años en un ambicioso programa de comunicación entre los Estados, el sector privado y las ONG para alcanzar un pacto global sobre cuestiones mínimas del sistema internacional. En caso contrario, considera que "seremos vistos como culpables e irresponsables ante los ojos de nuestros nietos si les dejamos un planeta en gran parte inhabitable o inútil para una vida humana sostenible".

La reunión ha causado una gran expectativa, especialmente por la atención que le prestan los medios y por el uso que hacen de ellas los mandatarios para promocionar su imagen. Pero, ¿cuántos acuerdos reales hay entre el evento mediático y los problemas globales?

El secretario general de la ONU, Kofi Annan, indicó el mapa de ruta del debate para la cumbre del Milenio.
Primero, el efecto dominó sobre las sociedades pobres que causan las crisis financieras, como ocurrió con la de Asia hace dos años y que impactó en Brasil y México. Segundo, el peso real que pueda tener el derecho internacional en sus vertientes penales y humanitarias (incluyendo un debate sobre el mandato de las operaciones de mantenimiento de la paz). Tercero, la preservación de los recursos naturales. A la vez, pidió a los Estados un compromiso para reducir hacia el año 2015 a la mitad la cantidad de personas que viven hoy en extrema pobreza, empezar a revertir el alarmante crecimiento del SIDA, y proveer educación básica a niños y niñas por igual.

Esta reunión del Milenio es el paso final de un proceso que comenzó en 1997. Cuando Annan, que se ocupaba del polémico departamento de operaciones de paz durante el mandato de Boutros Ghali, llegó a la secretaría general de la ONU, sabía que se había acabado el sueño de darle más poder a la organización que se tuvo en el final de la Guerra Fría.

Su antecesor intentó que la ONU fuese independiente de las grandes potencias, especialmente de EEUU. El resultado, como lo cuenta en sus memorias, fue el Departamento de Estado liderado por la señora Madelaine Albright haciéndole la guerra.

Annan tenía que ganarse el apoyo de cuatro sectores: los Estados en general, y los más fuertes en particular; las empresas multinacionales; las ONG; y los medios periodísticos. A los Estados los necesita, y especialmente los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, porque Naciones Unidas es una organización multilateral de Estados; sin ellos, sencillamente no existe. Pero los Estados siguen sus fines particulares y tienden a usarla como red y autopista de comunicación y no como un sistema de vinculación jurídico institucional. Además, la tendencia de algunos de los Estados más fuertes es a no pagar o pagar poco a la ONU y a la vez exigirle que se reforme y administre con menos gasto.

La felicidad no es una estadística

Las empresas multinacionales han vivido hasta ahora de espaldas a esta organización. Se dedicaban a hacer negocios y dinero mientras que la ONU se preocupaba por causas nobles que no son de la incumbencia del sector privado. Pero Annan les convocó en el último año para que se comprometieran a ciertas normas mínimas sobre derechos humanos y derechos laborales y no contratar trabajo infantil. El plan del Secretario General es comprometerlas en aportes económicos o técnicos, por ejemplo, en apoyo de telecomunicaciones o donaciones en situaciones de crisis humanitarias.

Una forma de buscar su apoyo es a través de una alianza con los centros de poder financiero internacionales: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). En el documento 2000. Un mundo mejor para todos que ha distribuido Naciones Unidas, los directores de estos tres organismos y Kofi Annan plantean siete objetivos para el 2015: reducir la pobreza a la mitad, educación para todos, igualdad de género, reducción de la tasa de mortalidad infantil en dos terceras partes, reducir la mortalidad materna en tres cuartas partes, dar acceso a servicios de salud reproductiva, y poner en práctica estrategias de desarrollo sostenible contra la crisis ecológica.

En el texto introductorio, los directores de estas organizaciones dicen que estos objetivos deben estar cuantificados, pero que "las personas no son números; la felicidad no es una estadística". Sin embargo, en los Estados se debe gastar "de forma eficiente, evitando el despilfarro y velando por que siempre haya mecanismos que garanticen la rendición de cuentas". A la vez, hacen un vago llamado a la "colaboración" de todos para salvar los obstáculos que se presentan, desde la corrupción y la debilidad de los Estados hasta la crisis de la deuda.

Un evento de relaciones públicas

El tercer sector al que Annan quiere vincular en su campaña de relaciones públicas es el no gubernamental. Desde la conferencia de la Organización del Comercio Mundial en Seattle hasta la de Naciones Unidas ahora en Nueva York la red internacional de centenares de ONG´S protestando contra la globalización y sus efectos considerados negativos ha cobrado fuerza. Desde sectores disidentes dentro del Banco Mundial se ha reconocido que parte de estas críticas son justas y consistentes. La renuncia en mayo de Ravi Kanbur, uno de los redactores del informe anual del BM, fue uno de los ejemplos.

Para la preparación de la cumbre del Milenio Naciones Unidas convocó a 1350 representantes de más de cien países a una reunión en mayo pasado de la que salieron unas recomendaciones, entre otras crear un Fondo para la Erradicación de la Pobreza. Pero esta iniciativa no ha sido suficiente para calmar a las ONG´S que han ido a las calles de Nueva York con múltiples demandas contra decenas de gobiernos y, especialmente, críticas hacia los más poderosos. Nueva York es un ensayo para otro gran evento de comunicación crítica que se desarrollará en Praga los próximos días 19 al 28 de septiembre, cuando en Praga se reúnan las directivas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Por otra parte, ochenta ONG´S han protestado por la colaboración de la ONU con el Banco Mundial y el FMI en el documento Un mundo mejor para todos. En un comunicado consideran que el documento refleja las posiciones de los países ricos, muestra que los pobre solamente viven en países del Sur, hace responsable a los países pobres de su situación y no se reconocen las políticas de liberalización promovidas desde el Norte. A la vez, las ONG´S piden que se analicen las causas de la pobreza y la creación de un Impuesto de Transferencias de Capitales para contrarrestar la inestabilidad de los movimientos financieros y contar con más recursos para desarrollo social.

Como suele ocurrir en estos eventos, primero la prensa le prestó al Milenio una atención quizá excesiva dados los resultados previsibles, para que posteriormente se indicase que poco y nada iba a salir de él. Una duda es si este gigantesco y caro ejercicio de relaciones públicas y comunicación entre sectores dará algún resultado positivo. En todo caso el mayor interrogante que sobrevuela sobre las calles de Mahattan y más allá después del Milenio es si resulta necesario pedir buena voluntad cuando en realidad se trata de exigir que se cumplan los pactos, acuerdos y leyes internacionales sobre los temas importantes que se han tratado.

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Director of the Norwegian Peacebuilding Centre (Noref)

Mariano Aguirre is a journalist and analyst with considerable expertise on peacebuilding, crisis of the state, humanitarian action, conflict and development, and post-conflict rehabilitation. 

Prior to his work for the Norwegian Peacebuilding Center, he was director of the peace, security and human rights area at the Spanish think-tank FRIDE.

Aguirre is the author, contributor and editor of several books, among them:  La ideología neimperial: La crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP 2003), co-authored with Phyllis Bennis and  "Humanitarian intervention & us hegemony: a reconceptualization" in Achin Vanaik (Ed.), Selling US Wars, Interlink publishing / Transnational Institute (2007).