Las ondas expansivas de las pruebas nucleares en Asia

18 July 2005

  Mariano Aguirre

Las ondas expansivas de las pruebas nucleares en Asia
Mariano Aguirre
Temas para el Debate, July 1998

Las explosiones nucleares en India y Pakistán en las últimas semanas demuestran que la proliferación de armas de destrucción masiva es un grave problema del sistema internacional. Las pruebas han desencadenado un proceso de acción y reacción regional. India aumenta el presupuesto militar mientras China acusa a Nueva Delhi de dirigir hacia ella sus misiles. Entre tanto, el Consejo de Seguridad de la ONU especuló con inponer sanciones pero se ha quedado sin respuesta efectiva porque la racionalidad del equilibrio de poder nuclear que guía a Pakistán e India es compartida por sus miembros.

Las cinco potencias nucleares reconocidas (EEUU, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China) se han lamentado por las explosiones nucleares, pero ellas han realizado pruebas durante años -incluyendo a China y Francia hasta muy recientemente. El Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares (NPT, de Nuclear non Proliferation Treaty) establece que a cambio de limitar el acceso de tecnología bélica nuclear a los países firmantes los estados nucleares reconocidos se comprometen a alcanzar en un momento indefinido el desarme nuclear. Una continuación del TNP ha sido la firma del Tratado Amplio de Prohibición de Pruebas Nucleares (CTBT, de Comprehensive Test Ban Treaty) de 1996. India estableció que no firmaría el CTBT en la medida que este tratado no incluye un compromiso de las potencias nucleares para eliminar sus armas en una fecha determinada. Pakistán tampoco lo firmó.

Pese a los avances desde el fin de la Guerra Fría en los procesos de control de armas entre EEUU y Rusia, las potencias nucleares cuentan con arsenales de este tipo y han proseguido con planes de modernización y pruebas en laboratorios, o realizándolas antes de firmar el CTBT, como hizo Francia en 1995.

Peligrosa disuasión

El problema en la cuestión de las armas nucleares es quién posee el derecho a tenerlas. Durante la Guerra Fría hubo intensos debates sobre esta cuestión. Para una línea de análisis, las armas nucleares proveen una garantía última de seguridad a quien las tiene. A la vez, se considera que si una serie de países cuentan con estos dispositivos es una forma eficaz de mantener la paz a través del temor a la denominada Destrucción Mutua Asegurada en caso de que se iniciase una guerra.

Para otros analistas, las armas nucleares son una herramienta autoritaria ya que los estados que las tienen pueden imponer el chantaje nuclear sobre otros. A la vez, son peligrosas porque generan dinámicas de acción y reacción entre los poseedores (como ocurrió entre EEUU, Rusia y China durante la Guerra Fría, y como sucede entre India, Pakistán y China), y en caso de ser usadas producirían efectos que traspasarían los daños circunstanciales, por terribles que sean, de una guerra convencional. Desde la primera escuela, las armas nucleares mantienen la paz; desde la segunda, son inmorales porque provocarían un desastre como el de Hiroshima a nivel mundial.

Las potencias nucleares reconocidas se consideran con derecho a tener estas armas pero que otros estados no deben contar con ellas. Los países del llamado Tercer Mundo cuestionan este argumento. Desde un punto de vista de igualdad de todos los estados del sistema mundial el criterio no se sostiene. La cuestión es más grave porque algunas potencias nuclares supuestamente responsables han colaborado a activar las carreras regionales de las armas nucleares.

Colaboraciones peligrosas

La ayuda de EEUU y China fue esencial para el desarrollo del programa nuclear de Islamabad. Para contrarrestar la influencia india en la región, China proveyó a Pakistán de uranio enriquecido y componentes claves para la fabricación de sus armas. EEUU transfirió desde los años 50 tecnología nuclear civil a este país. En 1972 Pakistán inició su programa nuclear como respuesta a la derrota que había sufrido en la guerra con India. En 1974 India realizó su primera prueba nuclear. Pakistán aceleró entonces sus proyectos en ese campo.

En los años 80 Pakistán dio apoyó y retaguardia a la guerrilla musulmana afgana que luchaba contra la presencia soviética en Afganistán. A cambio, EEUU le dio una poderosa ayuda militar a la dictadura pakistaní y no hizo ninguna presión para evitar el desarrollo de los planes nucleares de ese país pese a la evidencia de que compraba ilegalmente material e información nuclear en el mercado internacional. En 1988 India experimentó misiles con capacidad nuclear para alcanzar Pakistán.

Los presidentes Ronald Regan y George Bush, según la información que han revelado diplomáticos de EEUU que estaban entonces en Islamabad, no quisieron ejercer ninguna presión sobre el gobierno pakistaní por considerarlo un aliado. Pero la Guerra Fría acabó, la URSS se retiró de Afganistán, y Washington cambió de política. En 1990 EEUU cortó su programa militar a Pakistán alegando que realizaba programa nuclear bélico y canceló la venta de 28 aviones de combate. De inmediato Pakistán aceleró la construcción de sus armas nucleares con la ayuda de China.

El gobierno de EEUU decidió en 1997 transferir tecnología nuclear a China para planes civiles y eso irritó profundamente a India. En este país el nuevo gobierno de coalición liderado por el Partido Bharatiya Janata (PBJ) respondió a los grupos de presión nacionalistas y decidió realizar en mayo las pruebas nucleares. El PBJ se opone a la concepción secular de la sociedad del Partido del Congreso I, liderado por Sonia Gandhi, y apuesta por un resurgimiento del nacionalismo hindú. Esta tendencia puede agudizar el conflicto territorial de India con Pakistán.

India y Pakistán se disputan el territorio de Cachemira, del que India controla los dos tercios que constituyen el estado de Jammu y Cachemira, y Pakistán la otra parte, a la que denomina Azad Cachemira. A la vez, China controla una parte de la región. La soberanía sobre este territorio quedó mal definida en el momento de la decolonización. India siempre se ha resistido a que se celebre un referéndum por temor a que la mayoría musulmana de la población vote en favor de Pakistán. Cachemira tiene el 1% de la población de la India pero es el único estado con dos tercios de mayoría musulmana. En 1962 se libró una guerra entre India y China, y como resultado este país anexionó la región de Ladakh (Cachemira oriental). En 1965 y 1971 se enfrentaron India y Pakistán. Desde entonces rige la "línea de control" fronteriza entre los dos estados.

Impactos regionales

Las repercuciones internacionales de las pruebas nucleares serán muy graves. El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares se ve seriamente deteriorado en su universalidad al igual que el Tratado Amplio de Prohibición de Pruebas. A partir de este momento la diferencia entre estados reconocidos con armas nucleares y estados en el límite de tener estas armas se ha terminado. Ahora el que tenga armas nucleares puede admitirlo públicamente y le puede convenir hacerlo para no ser un "Estado paria", como califica EEUU a Corea del Norte, Irán o Libia.

Israel, en concreto, posee alrededor de 200 armas nucleares aunque nunca lo ha admitido oficialmente. El proceso de paz que se inició en 1991 suscitó esperanzas de que Israel no necesitase más esas armas contra un supuesto ataque árabe y aceptase destruirlas o frenar su produccción, como hizo Sudáfrica, y ponerlas bajo verificación internacional.

Al final del Apartheid, el gobierno de Pretoria declaró que había tenido un plan nuclear pero lo canceló. Los países árabes esperaban que EEUU presionase a Israel en esa dirección. Egipto ha propuesto durante años la creación de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio. Pero el polémico programa de armas de destrucción masiva de Irak, las acusaciones de EEUU a Irán sobre sus intenciones nucleares, y las dificultades del proceso de paz árabe-israelí han frustrado esta propuesta.

Israel tampoco ha firmado el CTBT ni permite inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) y las pruebas recientes pueden otorgarle legitimidad al gobierno de Benjamin Netanyahu para hacer oficial la posesión de armas nucleares, o para chantajear a EEUU y amenazar a Washington con hacer público oficialmente su arsenal si Clinton no cesa de presionar para que ceda más tierras a los palestinos.

Si Israel da este paso podría provocar que Egipto siguiese el mismo camino. El ministro de Asuntos Exteriores egipcio insistió en mayo en la creación de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio. El gobierno libanés apoyó la idea pero avisó que los sucesos en Asia septentrional podrían conducir a que otros países "llevarán a cabo pruebas similares". Si Israel se declara "nuclear" algunos estados árabes podrían abandonar el régimen del TNP. Los países árabes consideran que la política nuclear de las grandes potencias, en particular EEUU, ha sido injusta ya que ha penalizado a Irak, acusa a Irán y Libia, y trató de presionar a Pakistán, pero nunca se impusieron sanciones ni exigencias a Israel para que frenase su programa nuclear.

La cuestión nuclear en Oriente Medio tiene antecedentes graves. En 1981 Israel lanzó un ataque sobre un reactor nuclear iraquí. Por otra parte, los inspectores de la ONU continúan sin dar una certificación final de que el gobierno de Sadam Husein ha desmantelado totalmente su programa químico y nuclear. El problema se agrava por el bloqueo del proceso de paz por parte del gobierno de Israel y por las informaciones, no confirmadas, de que el gobierno Netanyahu habría ayudado al gobierno de la India con tecnología para realizar las pruebas nucleares.

Mientras los cinco estados nucleares reconocidos no se comprometan al desarme nuclear total, aunque sea a muy largo plazo, todos los estados del mundo considerarán que tienen derecho a contar con armas nucleares para defender real o subjetivamente su seguridad nacional.

Copyright 1998 Temas para el Debate

 

About the authors

Mariano Aguirre

Mariano Aguirre is managing director of the Norwegian Peacebuilding Resource Centre (NOREF). A journalist and analyst on the Middle East, US foreign policy, international conflicts, peacebuilding and peacekeeping, he has written, co-authored and edited several books, among them: La ideología neoimperial: La crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP 2003), co-authored with Phyllis Bennis and "Humanitarian intervention & us hegemony: a reconceptualization" in Achin Vanaik (Ed.), Selling US Wars, Interlink publishing / Transnational Institute (2007). His most recent contribution is a chapter in Megacities. The Politics of Urban Exclusion and Violence in the Global South , eds, Kees Koonings and Dirk Kruijt, Zed Books, 2009.

He is a regular contributor to La Vanguardia, El País, Radio France International, OpenDemocracy, The Broker, Le Monde diplomatique, and other international media.

Aguirre holds an MPhil in Peace and Conflict Studies from Trinity College, Dublin, and was a programme officer for the Ford Foundation in New York. He is a fellow of the Transnational Institute, Amsterdam. He is professor in postgraduate studies at the Autonomous University of Lisbon, The Human Rights Institute at the Deusto University in Bilbao, and the Ortega y Gasset Institute in Madrid.