La imposibilidad ética de estudiar los efectos del hongo "Fusarium" en la Amazonia colombiana

TNI
November 2005

 

La imposibilidad ética de estudiar los efectos del hongo "Fusarium" en la Amazonia colombiana
Tomás León Sicard (1) 1999

La presión de la Oficina para el Control de Drogas de las Naciones Unidas (UNDCP) y de la empresa nortemericana AG/Bio para utilizar el hongo "Fusarium oxysporum" f.sp. "erithroxili" como un agente en la erradicación de los cultivos de coca y amapola, ha generado una amplia controversia en el país y un NO rotundo por parte de las organizaciones ambientales y la sociedad civil colombiana.

Las razones para oponerse a esta nueva y peligrosa idea, expuestas ampliamente por el autor en varios medios de comunicación, son simples pero poderosas:

  1. el hongo puede matar seres humanos que sufren de cáncer y por lo tanto que presentan bajas significativas de sus defensas
  2. el hongo puede ser eliminado con fungicidas, productos tóxicos que serían utilizados por los productores como una manera de defender sus cultivos, agravando aún más los actuales procesos de contaminación de suelos, aguas, flora y fauna y generando riesgos de intoxicación aguda o crónica con estas sustancias
  3. la solución al problema del consumo de narcóticos no es tecnológica. Esto quiere decir que la humanidad no debe romperse los sesos buscando cómo eliminar físicamente las plantas de coca, porque ello puede hacerse fácilmente a mano o simplemente abandonando los cultivos. Sólo que estos actos se revisten de una enorme complejidad porque están teñidos con condicionantes militares, políticos, económicos, sociales y morales en donde debe dirimirse el problema
  4. el hongo es considerado como un arma biológica en los tratados internacionales, especialmente porque puede generar toxinas capaces de producir enfermedades mortales en animales
  5. existe una enorme incertidumbre sobre sus probables efectos en los ecosistemas

Aunque se pueden argumentar muchas otras razones, es preciso detenerse en este último punto para examinarlo más a fondo, habida cuenta que muchas personas sostienen la hipótesis preventiva de que es necesario realizar investigaciones adicionales para respaldar, con datos científicos, el uso de este organismo patógeno. Y aquí hay varias falacias y mentiras que deben ser colocadas ante la opinión pública.

En primer lugar, se cree que es necesario adelantar investigaciones en campo y laboratorio para constatar si el hongo es o no capaz de mutar a corto plazo e infectar otras plantas y también se cree que es posible estudiar algunos de sus efectos sobre el ambiente físico. Así presentadas las cosas, los observadores imparciales estarían tentados a aceptar esta posición, porque le adjudican la responsabilidad de decidir si la aplicación del hongo es bueno o malo al estamento científico colombiano. Es decir, están dejando de lado el componente político, social, militar y económico que es en donde verdaderamente está el problema de la producción, comercialización y consumo de drogas. Que la ciencia decida. Que le diga al país si el hongo genera o no efectos sobre los ecosistemas.

Muchos colegas bien intencionados han caído en ese lazo, entre otras cosas porque el uso de Fusarium se ha revestido con la falsa idea de que se trata de un controlador biológico seguro y la escuela del control biológico es bien vista tanto por agrónomos, edafólogos, biólogos y ambientalistas en general. Pero lo que se olvida es que el uso del Fusarium para combatir los cultivos de coca no hace parte de este enfoque. No es un control biológico. Es un arma de guerra biológica, que es muy distinto, entre otras cosas porque los controles biológicos se han utilizado para combatir plagas, enfermedades o malezas y hasta donde se conoce, la coca no es una plaga, una enfermedad o una maleza. Es un cultivo.

Pero más allá de la falsedad con la que se pretende justificar el uso de este hongo, aparece un impedimento mayor: ninguna investigación de laboratorio podrá dar cuenta de lo que realmente pasará en el campo, que es, sencillamente, la aplicación masiva de esporas del hongo sobre poblaciones humanas con posibilidades de causar la muerte a quienes tengan bajas en sus defensas inmunológicas (pacientes con cáncer, leucemia, sida y otras enfermedades) o de producir afecciones a personas sanas.

Lo anterior quiere decir que los equipos de investigación probablemente puedan encerrarse en sus laboratorios a evaluar si el hongo muta o no muta, si es capaz o no de afectar otras plantas fuera de la coca, si se instala o no en los suelos oxisoles de la Amazonia, si ataca o no a las miles de especies amazónicas tanto vegetales como animales que todavía no conocemos o si se aplica de tal o cual manera en tal o cual época.....en fin.

Lo que no es lícito para los hombres de ciencia, es hacer un modelo experimental para discernir sobre los verdaderos efectos de este hongo sobre los seres humanos. ¿Porque cuál sería ese experimento a realizar? En el lenguaje de los científicos...¿se podría experimentar con seres humanos, para ver si una aplicación masiva del hongo puede afectar, por ejemplo:

  1. una familia de colonos desnutridos
  2. una familia de colonos con niños desnutridos y madre embarazada
  3. una familia de colonos con un paciente inmunodeprimido no detectado
  4. una familia de indígenas

A estas personas les regaríamos masivamente el hongo y luego qué evaluarían nuestros investigadores? ¿aumento en los índices de mortalidad? ¿incremento en infecciones respiratorias? ¿diferencias en los patrones psicológicos de comportamiento?. Tal vez, de la única manera que una tal investigación podría llevarse a cabo sería colocando bajo las parcelas de estudio a las familias de los propios investigadores o de quienes impulsan esta idea desde el confort de sus oficinas en las Naciones Unidas.

Lícitamente, entonces, se pueden estudiar todos los procesos biológicos relacionados con el hongo y el ecosistema biofísico, en una tarea que probablemente ocuparía por lo menos de cinco a diez años continuos de trabajo de un equipo de investigadores compuesto por biólogos, agrólogos, agrónomos, veterinarios, forestales, microbiólogos y limnólogos, entre otros profesionales, con alta calificación personal, experiencia en trabajos en la Amazonia y con un excelente apoyo de equipos e infraestructura.

Pero no se puede estudiar, sin traspasar los límites de la ética, si la forma especial erithroxili de este hongo Fusarium, genera o no los mismos efectos que las especies "Fusarium solani" o "Fusarium oxysporum" en los seres humanos. No hay manera de hacerlo y de ello deben estar concientes los colegas que caigan en la tentación de aceptar las prebendas económicas y profesionales que ofrecen los instigadores de esta desafortunada idea. La guerra biológica contra los cultivos de coca no es una trampa que se le ha tendido a la comunidad científica nacional. Es una trampa que se le ha tendido al país, pero desde hace muchos años. Solo que parece que no nos habíamos dado cuenta.


1. Director Maestría Medio Ambiente y Desarrollo - Instituto de Estudios Ambientales. Universidad Nacional de Colombia.