"Gran parte del narcotráfico va por el pacífico" Conversation between Ricardo Vargas and Luis Astorga El Espectador, Bogota, 9 November 2003
Dos expertos investigadores del fenómeno del narcotráfico, el mexicano Luis Astorga y el colombiano Ricardo Vargas, se reunieron la semana pasada en el marco de la VIII Cátedra Anual de Historia "Ernesto Restrepo Tirado" desarrollada en las instalaciones del Museo Nacional, para analizar las repercusiones de este flagelo en medio de una política internacional en contra del tráfico de estupefacientes.
Ricardo Vargas: Siempre se ha hablado en un sólo sentido: que las drogas hacen daño y que hay que erradicarlas. Pero no se ha sido suficientemente autocrítico al respecto. En realidad las políticas empleadas para combatir las drogas acompañan también muchos de los daños que éstas ocasionan. En ese sentido creo que el debate hoy en día sobre legalizacionistas y prohibicionistas termina polarizándose. Creo que hay que buscar soluciones intermedias que incluso faciliten un diálogo con EE.UU. ya que hay que hacer replanteamientos de transición como separar el concepto de drogas duras y blandas, o el concepto de buscar una segmentación acerca de los daños de las mismas drogas, o el hecho de desarrollar una experiencia en el manejo de algunas de ellas. Es ahí donde veo la validez de las políticas de algunos países de Europa.
Luis Astorga: Tienes razón; pero en qué estado está la discusión entre prohibicionistas y legalizacionistas en Colombia. Es decir, cómo se desarrolla el debate público respecto a este tema tan espinoso, mucho más teniendo en cuenta la presión de EE.UU con los dineros del Plan Colombia y la política de seguridad del presidente Uribe.
R.V.: El tema de legalización ha tenido una gran prensa, pero cuando uno va a mirar exactamente cuáles son los soportes conceptuales de estas propuestas es realmente es muy poco lo que hay allí. Algunos políticos plantean la legalización sin dimensionar el carácter internacional de esta problemática, y hay muy poca elaboración en términos de fundamentación. Por el otro lado, en los planteamientos prohibicionistas hay muy poco debate público. Los defensores de las políticas de prohibición generalmente no dan la cara y repiten por inercia modelos que no son decididos ni siquiera en el país, sino que muchas veces vienen de afuera.
L.A.: Hay otra cosa que preocupa mucho en Colombia, y es la tendencia de los gobiernos de una aparentemente cada vez mayor dependencia de las políticas definidas por Washington en materia de lucha contra las drogas.
R.V.: Los Gobiernos han permitido la ‘narcotización' de las relaciones bilaterales con Estados Unidos. Hoy en día las políticas frente a cultivos ilícitos se reducen exclusivamente a medir el número de hectáreas erradicadas a través de la fumigación, lo cual me parece nefasto para el país. Con la caída de los grandes capos se abrió un proceso de segregación de estas organizaciones. Lo que llamó un analista norteamericano "una democratización del negocio", cuando la policía llegó a hablar de cerca de 150 organizaciones dedicadas a mercadear con estupefacientes. La fumigación hasta ahora ha sido una política que incide en un aspecto inicial del problema y que incluso lo agrava, ya que tiene efecto de metástasis. Es decir, lo que hace en realidad es correr los cultivos hacia zonas ambientalmente importantes. La fumigación en el país se queda corta en la medida en que las estructuras que están proliferando de organizaciones que intermedian el capital comprador o que directamente están exportando no han sido practicamente tocadas. Si uno hiciera un balance de lo que es el Plan Colombia en ese materia uno podría decir que es un fracaso.
L.A.: Y en lo referente al tema de abuso de drogas es clave decir que Colombia tiene una fabulosa sentencia de la Corte Constitucional que despenaliza el uso de la dosis personal, lo que suscitó un revuelo nacional y que terminó por ser aceptado a regañadientes por la sociedad colombiana.
R.V.: Sí. la sentencia de la Corte es una verdadera pieza liberal, reconocida internacionalmente. Sin embargo, los colombianos no sabemos qué tenemos en esa sentencia, y los políticos han sido inferiores a esta falencia c iudadana en la medida en que no han legislado tendientes a desarrollar la regulación. Hay una ausencia de información. Hay que volver a poner el debate público a nivel académico y de sociedad sobre el abuso de las drogas. Hay una excesiva focalización en el tema de fumigación, descuidando de otro lado los verdaderos efectos de las drogas en la sociedad.
L.A.: Eso se nota con las políticas que vienen implementando los últimos gobiernos en materia de lucha contra las drogas. Sólo parecen observar la primera parte de un complejo fenómeno social que ha tocado todas las esfer as políticas y económicas de Colombia.
R.V.: México también tiene una historia fuerte en relación con políticas de erradicación forzosa a través de la aspersión aérea. ¿Se sigue haciendo esto en México con tal agresividad?
L.A.: Sí. Precisamente en la Operación Cóndor, efectuada por 10 mil efectivos de las Fuerzas Armadas Mexicanas en 1975, se logró reducir los cultivos de marihuana en el país, lo que posibilitó que el ingreso de Colombia e n el mercado ilegal del cultivo de drogas alucinógenas fuera tan desproporcionado.
R.V.: Pero la pregunta que uno podría hacerse es cuál es el balance sobre la efectividad de estas políticas prohibicionistas. Porque de todas maneras llevamos 25 años aplicándolas y las cosas parecen ir de mal en peor.
L.A.: Las fumigaciones lo que han hecho ha sido desplazar los cultivos hacia otras regiones del país. Estados de la Federación mexicana donde antes no había cultivos ahora están llenos de ellos. Prácticamente en todo el t erritorio nacional se cultiva ahora marihuana, cuando antes estaba concentrada en determinados sectores. Esa política de tratar de erradicar es imposible. Los resultados han sido exactamente inversos.
R.V.: Y lo más grave es que nunca ha habido una posición regional sólida que agrupase a los países latinoamericanbios productores, y en las agendas de estos países pareciera ser que se sigue manejando el problema en térm inos puramente bilaterales. Por ello considero que están en mora de poner una agenda común regional, en términos de buscar un diálogo con EE.UU que permita redefinir los impactos de estas políticas.
L.A.: Esta ha sido una de las tragedias suramericanas. Los gobiernos han sido incapaces de llegar a este tipo de acuerdos sólidos regionales que permitan una cohesión de las naciones productoras para redefinir estrategias para combatir la lucha. La OEA, por ejemplo, no ha cumplido con las expectativas que se esperaban.
R.V.: En el caso de Colombia aparece un espacio político a través de las organizaciones que hacen presión a nivel de Congreso de los EE.UU. La problemática de drogas ha venido avanzando en la medida en que asesores de co ngresistas norteamericanos han fijado sus políticas en países como Colombia, del cual esperan colaboración incondicional en su lucha contra las drogas. ¿Qué pasa en México en relación con los grupos de la sociedad que tie nen un interés en un cambio de políticas en relación al Congreso de EE.UU, por ejemplo?
L.A.: Ahí creo que la sociedad civil colombiana ha sido mucho más activa. En el caso de México la ciudadanía ha sido muy apática frente a este tipo de fenómeno. Yo diría incluso que los principales partidos políticos no t ienen en los puntos principales de sus agendas políticas el asunto de las drogas. Por lo tanto es imposible que incidan como organización social legitimada en la discusión de nuevas políticas negociadas con EE.UU. Ahí, cr eo, hay mucho trabajo que hacer, tanto de la sociedad civil como de los mismos partidos políticos.
R.V.: La problemática de drogas en México es muy compleja y tiene sobre todo una trayectoria histórica muy grande. Y me parece que ni la academia ni los grupos sociales organizados están asumiendo este problema.
L.A.: Habiendo surgido el problema de tráfico de drogas en México 50 o 60 años antes de que surgiera en Colombia, lo que uno esperaría es que los académicos se interesasen más en explorar los antecedentes, el desarrollo, la situación actual del problema. Y no es el caso. Es una de esas cosas inexplicables. No entiendo por qué la academia se ha negado a esta discusión, cuando lo que debería hacer es propiciarla. Otro de los grandes problem as de la academia es que hay mitos que las propias autoridades se han encargado de reproducir de una manera espectacular. Y los medios de comunicación han servido de caja de resonancia a políticos norteamericanos, mexican os y colombianos para que le digan cualquier cosa a la sociedad civil. Estamos en un círculo vicioso.
R.V.: Conocí algunos textos tuyos sobre la dimensión sociocultural a propósito de la investigación académica de esta problemática. La incidencia que tiene la cultura de drogas en relación con las producciones culturales d e diferentes grupos musicales, de un ritmo que se afirma en esa ilegalidad, en el hecho de ser narcotraficante. Por ejemplo los famosos corridos prohibidos que suenan mucho en nuestras zonas cocaleras. ¿Cómo observas esa tendencia?
L.A.: Eso surge en México en los años 70, y casi tres décadas después parece ser que el crecimiento todavía sigue. Si antes las zonas de influencia de esta producción musical que narra las historias de los narcotraficante s era reducido, ahora su público es gigante dado el grado de desplazamiento de las zonas del cultivo de los estupefacientes. Hay grupos musicales que tocan este tipo de música y llenan lugares de 50 mil personas. Y ese es uno de los aspectos de la subcultura. Hay muchos más que aún no se han explorado, y eso nos da una idea de que la complejidad de este fenómeno lleno de variables que están influyendo para que se consolide un cierto tipo de ética y de estética de la percepción que tienen grandes organizaciones sociales en zonas productoras del narcótico.
R.V.: Esto hace parte del reconocimiento del problema, en el sentido de que las decisiones no sólo pueden obedecer simplemente a unos principios de decisión política tomados en esferas de alto nivel sin tener en cuenta q ué pasa exactamente. Y eso obliga a dimensionar este aspecto sociocultural que es un poco lo que ocurre en Colombia. Normalmente el problema de los cultivos ilícitos se reduce a un problema cuantitativo de áreas, y se hab la de pequeños y medianos cultivadores, pero esta dimensión cultural no aparece involucrada en las agendas de decisión de los gobiernos.
L.A.: Ni siquiera es discutida. Incluso este tipo de manifestaciones culturales en lugar de ser comprendidas por quienes toman las decisiones, lo que hacen es prohibirlas. Hay un proceso de censura para prohibir esos corr idos musicales.
R.V.: Hay otro tema que me inquieta y es el de la ampliación de las rutas para la salida del narcótico en Colombia. Ahora se hace mucho más importante la frontera de Ecuador, Brasil e incluso Venezuela, y lo que sabemos e s que gran parte del comercio de drogas se mueve por el pacífico. La guerra que se libra en departamentos como Nariño, Cauca, Putumayo, tiene que ver con el control de las rutas de acceso que conectan a la Amazonía con es tos puntos de salida hacia pacífico, y el conflicto armado en el país se relaciona cada vez más con este tipo de controles por parte de la guerrilla y los paramilitares.
L.A.: Caso opuesto se vive en México. EE.UU jamás ha señalado un vínculo entre grupos guerrilleros y el tráfico de drogas en México. Los dos o tres únicos intentos que ha habido se relacionaron con el Ejército Zapatista d e Liberación Nacional en sus inicios. La guerrilla Zapatista no es una guerrilla armada en el sentido tradicional, ya que sus armas son más bien morales. Mientras que en Colombia las armas de estas organizaciones rebeldes son las de controlar los cultivos y su comercio al tiempo que se lucran del negocio para financiar la guerra.
R.V.: Podemos decir entonces que en México se mantiene una autonomía de la temática de drogas en sí misma, a diferencia del caso Colombia que las políticas ya articulan la problemática del terrorismo vinculada al tema de drogas lo cual hace mucho más complejo el impacto que tienen ese tipo de políticas.
L.A.: Así es. La situación colombiana es muy distinta y es infinitamente más compleja que la del caso mexicano. En asociación con el terrorismo, ya lo veíamos desde la época de Reagan en 1986, cuando firma aquella famosa directiva de seguridad nacional donde asocia el tráfico de drogas como un asunto que puede desestabilizar el orden nacional. A partir de ese momento varios países del mundo, sobre todos los países productores de cocaína de América Latina aceptan para sí mismos esa tesis, aunque no necesariamente es verdadera.
|