Amira Armenta (Colombia/Países Bajos) está licenciada en Historia de América Latina por la Universidad de Jussieu (París).
El hongo de nuevo en perspectiva
En diciembre de 2006, el Congreso estadounidense autorizó la realización de pruebas con micoherbicidas destinados a la erradicación de cultivos ilícitos. El tema de una posible utilización de agentes biológicos contra los campos de marihuana, coca y amapola para opio es algo que se viene barajando desde hace décadas en Estados Unidos como una solución radical al problema de los cultivos considerados ilícitos. El notorio aumento de la superficie sembrada de amapola en Afghanistan pudo haber sido ahora el detonante que motivara a la oficina antinarcóticos estadounidense (ONDCP) a pedir un nuevo estudio ante el Congreso.
A pesar de que desde hace años las autoridades antinarcóticos de muchos países, incluido Estados Unidos, vienen rechazando la posibilidad de usar un hongo en el marco de la guerra a las drogas, cada cierto tiempo un grupo de congresistas estadounidenses insiste en revivir este proyecto. Es lo que ha sucedido de nuevo recientemente cuando varios representantes republicanos mandaron una solicitud al Departamento de Estado pidiendo que se aceleren las investigaciones sobre micoherbicidas de modo que se pueda usar pronto en Afganistán. Por alguna razón, este sector de republicanos ultraconservadores en el Congreso estadounidense prefieren desconocer no sólo la bibliografía científica existente ya sobre los altos riesgos de cepas tóxicas como el fusarium oxisporum y la pleospora papaveracea, sino también los argumentos hostiles al uso de estos hongos expresados por diferentes entidades gubernamentales y multilaterales en todo el mundo.
Con motivo de la petición de los republicanos y de la autorización parlamentaria, un grupo de organizaciones de Washington y de expertos que siguen desde hace años el tema de la inclusión de micoherbicidas en la guerra a las drogas, publicó un informe en el que, partiendo de la gravedad de la medida, hacen una serie de recomendaciones al Congreso para tener en cuenta a la hora de evaluar los resultados del estudio sobre micoherbicidas. Una investigación de características tan complejas como sería ésta, no puede ni debe ser realizada por una única agencia. En consecuencia recomiendan que se hagan investigaciones separadas de tres importantes agencias estadounidenses. Si estas agencias llegaren a coincidir en que, de acuerdo a las conclusiones obtenidas, es factible hacer pruebas de campo, entonces éstas deberán realizarse por la Agencia estadounidense de Protección del Medio Ambiente (EPA), dentro de territorio de los Estados Unidos. E insisten en este último punto: las pruebas de campos no se pueden realizar en un país extranjero.
Además, cualquier decisión de aplicar un micoherbicida con fines antinarcóticos debe estar precedida de un estudio que evalúe las potenciales repercusiones políticas de tal medida, considerando el riesgo que hay de que esto se interprete como el inicio de una guerra biológica. Finalmente, recomiendan que la revisión científica (peer-review) incluya la opinión de un determinado e internacionalmente reconocido especialista en biología molecular.
Mientras se espera que el Congreso estadounidense no haga oídos sordos a estas recomendaciones, no deja de llamar la atención el hecho de la autorización misma a la investigación. Existen precedentes en el pasado por los cuales el Congreso de EEUU prefirió no insistir en el uso de agentes biológicos con fines antinarcóticos. En 2000, cuando se iban a iniciar las actividades del Plan Colombia, el Congreso de EEUU recomendó el uso del hongo fusarium para erradicar los cultivos de coca en Colombia. Esta propuesta generó una enorme oposición en Colombia y un profundo debate en todo el mundo, no sólo porque el uso de un agente biológico de esta naturaleza violaría la prohibición mundial de armas biológicas, sino por las imprevisibles consecuencias de su uso para la agricultura, los ecosistemas y la salud humana.
Una fuerte campaña internacional entre 2000 y 2001 para impedir el uso del fusarium en Colombia –de la cual hizo parte activa el Transnational Institute– influyó para que los gobiernos de los países andinos, Colombia, Ecuador y Perú, se opusieran al hongo prohibiendo su utilizacion en sus territorios. Otro logro importante fue el pronunciamiento de las Naciones Unidas en contra del uso del hongo en Colombia. Todo lo cual contribuyó a que finalmente, el Congreso estadounidense retirara la condición que le había puesto a Colombia para la entrega de la ayuda militar solamente si se aplicaba el micoherbicida contra los cultivos de coca.
Una vez más la comunidad internacional deberá permanecer vigilante ante los nuevos desarrollos de las investigaciones sobre los hongos para atacar los cultivos ilícitos. En este sentido es importante este pimer paso dado por las mencionadas organizaciones en Washington. El desespero por los nulos resultados que están produciendo las actuales políticas antinarcóticos, de nuevo vuelve a propiciar el impulso de medidas extremas como la del hongo. El gobierno del presidente afgano Karzai supo oponerse hace unos meses a los intentos de Washington de fumigar con glifosato los cultivos de amapola. La próxima vez el desafío puede ser más serio.
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