Palestina: responsabilidades

Junio 2007
La negación de la realidad y no asumir las responsabilidades de cada uno no va a servir para contener los problemas, escribe Mariano Aguirre.

La fractura de la sociedad palestina
en dos zonas políticas
y geográficas es una de
las peores cosas que podían
pasar en Oriente Próximo. Para muchos
políticos, funcionarios y comentaristas
de Europa, Estados Unidos e
Israel es el resultado previsible de un
pueblo casi bárbaro que no ha sabido
administrarse y que en las elecciones
de enero del 2006 eligió mayoritariamente
a un grupo islamista radical.
Mientras hombres armados y encapuchados
se matan en las calles de
Gaza la buena conciencia occidental
está a salvo: esta gente no ha entendido
qué es la democracia, no sabe separar
la religión de la política.

Pero la negación de la realidad y
no asumir las responsabilidades de
cada uno no va a servir para contener
los problemas que se avecinan
en la región y, por extensión, en
otras partes del mundo. Gaza ha caído
en manos de Hamas porque los
actores externos debilitaron al gobierno
de la Autoridad Nacional Palestina
(ANP) durante años. El gobierno
de la ANP que emergió de los
acuerdos de paz de Oslo tenía dos
funciones: ir construyendo un Estado
en un territorio fragmentado e incierto
a la vez que oficiar como interlocutor
para negociar la existencia jurídica
de este Estado.

Pero Israel, con el apoyo de Estados Unidos
y la inhibición de la Unión Europea, bloqueó
acuerdo tras acuerdo, negociación tras
negociación, sin dar nada que estos gobiernos
pudieran mostrar ante su población como
un logro. A la vez, se exigió a la ANP que
garantizara el fin del terrorismo y los atentados
suicidas, mientras que el gobierno israelí
no garantizaba el fin de la expansión de los
asentamientos, ni las expropiaciones ilegales
de terrenos en Jerusalén Este ni los abusos en
los check-points, ni el muro o tratar a los árabes
israelíes como ciudadanos de segunda categoría.
No es cuestión de comparar formas
de violencia, y menos de justificarlas, pero a
40 años de represión y de no respetar normas
no se le pueden pedir sólo buenas maneras.

El presidente Mahmud Abas ha tenido sin
embargo muchas buenas maneras, hasta el
punto de que muchos palestinos le ven hoy
como un traidor. La ANP se transformó en
una entelequia percibida por la población como
un títere de los israelíes. El reciente memorando
de Álvaro de Soto, ex jefe de la misión
de la ONU en Jerusalén, filtrado a The
Guardian, deja en claro este papel de bloqueo
sistemático de Estados Unidos e Israel que ha
debilitado el poder palestino de Fatah.

Sin duda, la ANP y Fatah practicaban la
corrupción y muchos de sus líderes se enriquecieron,
pero ¿acaso Israel, Washington
y los miembros de la UE sólo negocian y tratan
con gobiernos moralmente impecables?
La lista de gobiernos corruptos, autoritarios
y represivos con los que hacemos negocios es
inmensa. Hace pocos días, por ejemplo, saltó,
una vez más, a la luz el escándalo de
la corrupción ya institucionalizada entre
el Gobierno británico, las empresas de armas
de ese país y un príncipe saudí.

Los palestinos conocían esta situación
y por eso votaron a Hamas en el
2006. Pero, como en los años 90,
cuando los islamistas iban a ganar
las elecciones en Argelia, la moral democrática
occidental dio lugar a la
histeria. Sin analizar las condiciones
locales, esa victoria fue puesta en el
marco de la “guerra contra el terrorismo”,
de la necesidad de respetar
unos principios inalterables (reconocer
al Estado de Israel, cesar la violencia,
respetar acuerdos anteriormente
firmados) y de la histeria antiislamista.
El resultado fue un boicot
económico que ha puesto en evidencia
que Europa siguió dócilmente a
Estados Unidos y que Washington
asumió la política de Israel de promover
el caos en Palestina para que
se cumpliera la profecía de no tener
con quién negociar con el fin de nunca
negociar. La principal víctima fue
la sociedad palestina. En un viaje reciente
a la región, todos los sectores
que entrevisté, desde organizaciones
de derechos humanos en Israel hasta
funcionarios de las Naciones Unidas
y analistas palestinos contrarios a
Hamas, consideraron que el boicot
ha sido un desastre y un fracaso.

Todos manifestaron, también, el
descrédito de Estados Unidos y un
profundo escepticismo hacia que Europa
haga otra cosa que financiar ayuda. “Europa
ha gastado más dinero humanitario haciendo
el boicot a Hamas que ayudando a
construir una economía productiva entre los
palestinos”, me indicó un funcionario de la
ONU. Un informe de hace un mes del Banco
Mundial dice que entre los bloqueos en la vida
diaria, las trabas para el comercio, la retención
de los impuestos que ha hecho Israel al
gobierno palestino, y el boicot, la situación se
hacía “insostenible”.

El resultado ya llegó: ahora hay dos Palestinas,
una radical, aislada con sus 1,5 millones
de habitantes asfixiados, en la que Hamas
construirá una ilusión de Estado islámico
desde la que sólo hará una política: atacar a
Israel y a la ANP en Cisjordania. La otra, débil,
y dependiente de Israel para que Hamas
no se apodere también de ella. En un gesto de
cinismo Estados Unidos ha anunciado que levantará
el boicot económico ymilitar (armas
le transfirió en los últimos meses) al gobierno
de Abas. Al parecer, la Unión Europea seguirá
sus pasos. Sería la máxima paradoja que
ahora Israel y sus amigos aceptaran que la
fragmentada, frágil y colonizada Cisjordania
fuera, por fin, el Estado palestino.

Director del Centro Noruego para la Construcción de la Paz (Noref)

Mariano Aguirre es un periodista y analista especializado en cuestiones como construcción de la paz, crisis del Estado, acción humanitaria, conflicto y desarrollo y recuperación posconflicto. 

Antes de trabajar en el Centro Noruego para la Construcción de la Paz, Mariano fue director del programa sobre paz, seguridad y derechos humanos de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE).

Mariano es autor, colaborador y editor de numerosos libros, entre los que cabría destacar La ideología neoimperial: la crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP, 2003), co-escrito con Phyllis Bennis y "Humanitarian intervention & us hegemony: a reconceptualization", en Achin Vanaik (Ed.), Selling US Wars, Interlink publishing / Transnational Institute (2007).