Otra globalización sólo será posible con una nueva economía

16 Febrero 2004
TNI

  Marcos Arruda

Otra globalización sólo será posible con una nueva economía
Silvia Torralba
Canal Solidario Catalunya, 16 February 2004

Fundador de la Red Global de Socioeconomía Solidaria, Marcos Arruda advierte que el primer paso para avanzar hacia un mundo mejor es cambiar el actual modelo económico y conseguir que los países del sur lideren el cambio.

Sin prisas y de manera muy pedagógica, el brasileño Marcos Arruda explica que con el esfuerzo de todas las personas, sin delegar en partidos políticos ni gobiernos, es posible poner en marcha un modelo de desarrollo que beneficie a las comunidades. Para lograrlo, hay que empezar por la base de la sociedad - la economía -, dejar de lado las ambiciones económicas y poner esta herramienta al servicio de la sociedad.

Especialista en macroeconomía y miembro fundador del Partido de los Trabajadores de Brasil, Arruda explica que la economía solidaria tiene su origen hace más de siglo y medio, con el impulso del cooperativismo. A lo largo del tiempo, sin embargo, esta visión de desarrollo se perdió y tomó fuerza el capitalismo y la globalización neoliberal, que también “ha globalizado los sistemas de opresión y alienación”. En los años 90 la economía solidaria renació y en el año 2001, en el marco del primer Foro Social Mundial de Porto Alegre, se creó la Red Global de Socioeconomía Solidaria. Invitado por la Xarxa d' Economia Solidaria, Marcos Arruda ha conversado con Canal Solidario sobre el presente y el futuro de la economía solidaria.

¿Qué se entiende por economía solidaria?

M.A.: La economía solidaria apuesta por el cambio en el interior de cada
empresa, deshecha la lógica vertical, patriarcal y autoritaria de las empresas actuales y cree que es posible la relación entre las personas, entre los trabajadores, una relación horizontal donde el valor principal no es el capital sino la cooperación y la solidaridad. Nuestro mensaje es que otra globalización es posible, pero para ello hay que empezar por transformar la economía.

¿Podría decir entonces que la economía solidaria es el punto de partido para avanzar hacia una nueva globalización?

M.A.: Sí. La economía se encuentra en la base de las relaciones sociales,
políticas y culturales. Intentar cambiar los valores con nuevos proyectos políticos y culturales es algo insuficiente si la economía de guerra y de la competencia no se modifican. Pero este cambio no lo deben llevar a cabo ni el Estado ni los partidos de izquierda, sino la sociedad civil, que ha convertirse en el actor principal del desarrollo.

Para que el modelo que propone avance, ¿no deberían también implicarse los Estados y las empresas multinacionales?

M.A.: La economía solidaria es una propuesta muy abierta y gira alrededor de algunos principios comunes como la no explotación de los trabajadores, el respeto al medio ambiente y el empoderamiento de los sujetos para que sean responsables de su propio desarrollo. Los movimientos, empresas y entidades que apuestan por este modelo económico tienen abierto un debate sobre si el único camino es recuperar las empresas pequeñas y promover la descentralización de los procesos o si, por el contrario, también debe haber grandes cooperativas y empresas solidaria trasnacionales. De momento, la opción que toma más fuerza es la de crear pequeñas cooperativas y servicios para la comunidad que, con los ingresos que generen, ayuden a poner en marcha nuevas empresas de este tipo.

En este modelo de economía solidaria que usted propone, ¿qué papel juegan organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial?

M.A.: Pues hay un gran debate entre nosotros sobre este tema. Unos dicen que este tipo de organismos son el enemigo y deben desaparecer. Durante años, trabajé en diálogo con el Banco Mundial y le aseguro que es muy difícil cambiar esta institución y casi imposible destruirla. Se han dado casos incluso de Gobiernos progresistas, como el de Brasil, que de repente se ven dentro del monstruo contra el que combatían, de organismos como el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. ¿Qué hacer entonces? Los sectores más combativos apuestan por reemplazar estas instituciones, pero hasta que podamos hacerlos debemos trabajar con la correlación de fuerzas actuales.

En el caso del Gobierno de Lula creo que debe encontrar la manera de formular una política viable de hacer política en el interior del Banco Mundial, el FMI y la OMC, para defender los intereses de los países más pobres y conseguir, poco a poco, que las estructuras de estas
instituciones vayan modificándose.

En los últimos meses parece que países como India, Brasil y Sudáfrica se han puesto de acuerdo para trabajar juntos y exigir a los países del G-8 políticas más igualitarias. ¿Cree que los países del sur pueden liderar una nueva economía?

M.A>: Sí, creo que pueden liderar una nueva forma de comercio internacional. El problema es que estos países participan en el juego del libre mercado de los Estados del norte. En estos momentos no existe un sólo producto en el mundo que se pueda comercializar libremente.

Y luego están los acuerdos de libre comercio como el ALCA, que son sólo espacios de desigualdad entre países, donde los más pobres logran que los ricos cedan en temas como la agricultura pero no en temas como la propiedad intelectual, de gran importancia. Estados Unidos, la Unión Europea y Japón pueden hacer concesiones en el ámbito de la agricultura, pero continuarán financiando a los trabajadores agrícolas por otros medios. Por suerte, en los últimos encuentros en Miami y Puebla (México) no se llegó a acuerdos por las reticencias de países como Brasil y Venezuela. Un sólo país puede parecer una pulguita frente a Estados Unidos, pero será fuerte si crea una red con el resto de países. Y ahora es el momento, por eso la sociedad civil debe presionar para que esto suceda.

Trabajo en Red

Una forma de presión es trabajar a nivel micro desde la economía solidaria, que desde hace tres años cuenta con un punto de referencia: la Red Global de Socioeconomía Solidaria. ¿Cómo funciona esta entidad?

M.A.: La Red Global nació en 2001, en el marco del primer Foro Social Mundial. Es el resultado de una conciencia y una práctica de economía solidaria que se desarrolla en diferentes lugares del mundo; cooperativas, forums y redes de economía solidaria y empresas medianas forman parte de ella. Comparado con el universo de los consumidores y de los trabajadores, somos pocas personas, pero estamos en proceso de crecer.

En países como Brasil, de hecho, estamos creciendo a un buen ritmo, sobre todo después de que el Gobierno aceptara crear la Secretaría Nacional de Economía Solidaria. Una buena manera de extender el modelo de economía solidaria es que los propios gobiernos nos apoyen, pero sin
intentar controlarnos y dejando que el actor principal sea la propia sociedad civil.

A pesar de todo, estas empresas solidarias han de competir en el mercado actual para sostenerse. ¿Están preparadas para subsistir aunque no tengan como objetivo principal conseguir beneficios?

M.A.: Nuestro propósito es utilizar la economía y las tecnologías como
herramientas para el desarrollo social. El mercado capitalista es el dominante, por eso nos capacitamos técnicamente para poder competir, pero al mismo tiempo llevamos a cabo intercambios entre cooperativas y asociaciones, para avanzar hacia un mercado social, donde los precios se
formen según el coste de fabricación del producto.

Para que las empresas de economía solidarida se mantengan también es necesario el apoyo del sector de las finanzas, es decir, de las cooperativas de crédito y ahorro, los bancos éticos y solidarios, los fondos de inversión ética... el apoyo del dinero de la sociedad civil, que debe poder decidir donde invertirlo.

Copyright 2004 Canal Solidario