¿Hacia la guerra abierta en Colombia?

Julio 2005

  Mariano Aguirre

¿Hacia la guerra abierta en Colombia?
Mariano Aguirre
El correo digital, 24 February 2002

El fin de la tregua en Colombia y la ofensiva lanzada por el Gobierno contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ocasionarán un grave recrudecimiento del conflicto y pueden llevar a que EE UU incluya a ese país en su escalada de guerra global contra el terrorismo.

Hace pocas semanas, las negociaciones entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno de Colombia estuvieron a punto de romperse. El proceso continuó gracias a la mediación de Naciones Unidas y varios países, pero con extrema fragilidad. Ambas partes no cesaron en sus estrategias de hostigamiento y lanzamiento de propuestas, pero el secuestro del senador José E. Gueguen Turbay por parte de las FARC ha llevado al presidente Andrés Pastrana a lanzar este ataque. A la vez, los grupos paramilitares contrarios a la guerrilla continúan sus actuaciones terroristas matando a supuestos colaboracionistas y a jueces que pretendan investigar sus acciones.

Los paramilitares son considerados en Colombia la sexta división . El Ejército tiene cinco divisiones y los paras son, desde hace años, los que hacen los trabajos sucios. Human Rights Watch denunció en septiembre pasado las profundas colaboraciones que hay entre los paramilitares y las fuerzas de seguridad del Estado. Existen múltiples grupos de este tipo. Su peso económico, militar y político es muy grande y tienen capacidad para bloquear el proceso de paz.

Durante tres años el Gobierno de Andrés Pastrana y las FARC han estado negociando. El Gobierno cedió en 1999 una amplia zona a la guerrilla, apremiado por la fuerza de ésta y con la doble intención de hacer un gesto de buena voluntad y, a la vez, tenerla concentrada para el caso de que hubiese que hacer, como ahora ocurre, una ofensiva.

Las posiciones entre ambas partes nunca fueron coincidentes. Desde el Gobierno no hubo propuestas claras, mientras que las FARC plantearon exigencias de transformación del Estado, de la estructura de poder políico y de reforma económica que los sectores económicamente poderosos y las fuerzas armadas de Colombia no estaban dispuestos a aceptar.

Pero otra cuestión que limitó el proceso de paz fue que la violencia está diversificada y que es difícil llevar a cabo el proceso de negociación solamente entre el Gobierno y las FARC. Existen otras organizaciones guerrilleras, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y numerosos grupos paramilitares. A la vez, el Estado es débil frente a los diversos grupos económicos de interés y hay una profunda ruptura en el consenso y la cohesión de la sociedad civil. Colombia exporta el 80% de la cocaína que circula en el mundo. La economía está distorsionada por el narcotráfico, que controla una economía paralela e ilegal muy poderosa.

Estas limitaciones internas se han agudizado en los últimos dos años debido a la ayuda militar (material bélico y asesores) de 1.300 millones de dólares que el Gobierno de EE UU ha estado transfiriendo al Gobierno colombiano para combatir el narcotráfico y, de paso, a las FARC, tratando de destruir a través de acciones militares y fumigaciones los campos de cultivo de coca. Las FARC obtienen beneficios del narcotráfico dado que imponen un impuesto revolucionario a las transacciones en las zonas que controlan. Ricardo Vargas, investigador de Acción Andina y del Transnational Institute, considera que las fumigaciones y el Plan Colombia sirven, paradójicamente, para subir los precios de la coca al dificultar su producción, y para legitimar el escenario de guerra contra la intervención estadounidense que maneja la guerrilla.

Miles de personas han empezado a huir desde el jueves de la zona de conflicto. Esta guerra genera una crisis humanitaria continua. Más de dos millones de personas han sido expulsadas en los últimos años de sus tierras y obligadas a vender a precios muy bajos. Según un informe reciente de Médicos sin Fronteras (Mabel González, Desterrados. Desplazamientos en Colombia , Barcelona, 2002), en la última década se ha producido una «contrarreforma agraria»: los campesinos han abandonado 1,7 millones de hectáreas que fueron acaparadas por latifundistas y sectores empresariales para diversos proyectos agrarios, energéticos o vinculados al comercio de droga.

El fracaso del proceso de paz puede llevar a que Álvaro Uribe Vélez, candidato de ultraderecha y favorable a adoptar más medidas de fuerza contra la guerrilla, triunfe en las próximas elecciones. Por su parte, EE UU podría aumentar el número de asesores militares, entregar más equipo militar y, quizá, inducir al Gobierno de Bogotá a librar una guerra total
contra la guerrilla dentro del plan de lucha global contra el terrorismo. Esto sería un grave error; Colombia no necesita más armas, sino que se refuerce urgentemente la intervención diplomática exterior europea y latinoamericana, liderada por la ONU, que le ofrezca un nuevo marco de negociación.

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Director del Centro Noruego para la Construcción de la Paz (Noref)

Mariano Aguirre es un periodista y analista especializado en cuestiones como construcción de la paz, crisis del Estado, acción humanitaria, conflicto y desarrollo y recuperación posconflicto. 

Antes de trabajar en el Centro Noruego para la Construcción de la Paz, Mariano fue director del programa sobre paz, seguridad y derechos humanos de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE).

Mariano es autor, colaborador y editor de numerosos libros, entre los que cabría destacar La ideología neoimperial: la crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP, 2003), co-escrito con Phyllis Bennis y "Humanitarian intervention & us hegemony: a reconceptualization", en Achin Vanaik (Ed.), Selling US Wars, Interlink publishing / Transnational Institute (2007).