Palestina-Israel: Las cuestiones esenciales Mariano Aguirre Radio Nederland Wereldomroep, January 2001
La fórmula del proceso de paz que se inició hace casi 10 años en Madrid ha sido favorecer la negociación sobre la transferencia de tierra, dejando para el final las cuestiones centrales: la creación del Estado palestino, el regreso de los refugiados, la devolución de las tierras ocupadas por colonos israelíes, y la soberanía sobre Jerusalén.
Esta forma de negociar se mostró eficaz para vincular a las partes en conflicto, pero hasta hoy inútil para resolver la contradicción entre la fuerza con que negocia Israel -contando, además, con el apoyo de EEUU- y la debilidad interna y externa que tienen los palestinos. El presidente Bill Clinton ha convocado en estos días a Yaser Arafat, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, y a Ehud Barak, primer ministro israelí, en Camp David (EEUU), el mismo lugar en el que se firmó la paz entre Egipto e Israel en 1978. El objetivo es reanudar las conversaciones que están interrumpidas entre las dos partes desde hace meses.
Algunos analistas consideran que Clinton quiere alcanzar un éxito en política exterior antes de marcharse, y que tratará de extraer un acuerdo a Barak y Arafat.
Las cosas no son, sin embargo, sencillas. Las negociaciones entre las partes quedaron prácticamente detenidas durante el gobierno del conservador Benajamin Netanyahu (1995-1999). La victoria de una coalición liderada por el laborista moderado Ehud Barak abrió nuevas expectativas. Sin embargo, se está llegando al final del camino: los temas centrales siguen sin resolver y es muy difícil alcanzar un acuerdo sin que la Autoridad Nacional Palestina (ANP), entidad gubernamental creada en el marco de los acuerdos de Oslo, ceda en aspectos cruciales.
La primera cuestión es qué hacer con los alrededor de 4.5 millones de refugiados que viven en Jordania, Siria, Líbano y otros países. Entre la primera guerra árabe-israelí (1948-1949) y la segunda (1967) decenas de miles de palestinos fueron desplazados de sus tierras y se refugiaron en países vecinos o fueron alojados en campos de refugiados gestionados por Naciones Unidas en Gaza y Cisjordania.
Los supervivientes de esas primeras olas y sus descendientes configuran esos 4.5 millones. Israel se niega totalmente a su regreso, que aumentaría la población árabe, cada vez mayor por las tendencias demográficas. Tampoco la ANP tiene especial interés en su regreso, porque no tendrían medios económicos para darle trabajo y protección.
La segunda reivindicación palestina es que Israel devuelva las tierras que ocupó por la fuerza y que indemnice a los desplazados. Esas tierra están hoy en gran parte ocupadas por colonos israelíes - muchos de ellos de origen estadounidense y ruso- que han construido ciudades que no quieren abandonar.
La tercera cuestión se refiere a Jerusalén. La ANP quiere que Israel devuelva el control de esta ciudad y que se transforme en la
capital del nuevo Estado que podría declarar formalmente en septiembre próximo. Si Jerusalén se transforma en capital, sería de un Estado.
Según el calendario de las negociaciones de Oslo, el año pasado debería haberse creado ese Estado palestino. Arafat aceptó bajo presión de EEUU y la Unión Europea retrasar esa declaración. Pero ahora amenaza con declararlo el próximo 13 de septiembre. Barak ha respondido que si esto ocurre unilateralmente entonces Israel adoptará medidas de fuerza como bloqueo y ocupaciones de tierras. Esto podría conducir a un nuevo ciclo de violencia.
Desde la perspectiva de EEUU e Israel, la mejor salida para la negociación sería:
- Creación de un Estado palestino que controle entre el 50% el 90% de Gaza y Cisjordania, con atribuciones interiores pero sin ejército;
- Jerusalén bajo control de Israel, incluyendo la zonas árabes.
- Se amplían los límites de Jerusalén para que la ANP instale en ellos su capital;
- Los refugiados no vuelven. Israel no reconoce ninguna responsabilidad sobre ellos, pero Tel Aviv y Washington canalizarían fondos para miles de familias, facilitarían la reunificación y entregarían millones de dólares a los Estados que los acogen y a la comunidad internacional (quizá la ONU) para que gestionen su integración local.
EEUU e Israel, en definitiva, quieren que los palestinos abandonen sus demandas sobre el cumplimiento de las Resoluciones de la ONU 194 y 242 que apoyan el regreso de los refugiados y la devolución de las tierras ocupadas por Israel a través de la guerra. Pero si Arafat acepta estos términos podría encontrar una fuerte oposición interna, y esto daría lugar a un fortalecimiento de los grupos más extremos y violentos en Palestina. A la vez, la violencia impactaría sobre Israel.
De Camp David II probablemente saldrán algunas concesiones territoriales y una reafirmación de que el proceso continúa en marcha. Esto significa continuar la prórroga en las cuestiones esenciales y desgastar el proceso de paz desde su misma base.
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