Los crecientes enfrentamientos entre grupos armados en la franja de Gaza muestran que las posibilidades de una guerra civil entre palestinos es una grave posibilidad, escribe Mariano Aguirre.
Los crecientes enfrentamientos entre grupos armados en la franja de Gaza muestran que las posibilidades de una guerra civil entre palestinos es una grave posibilidad. La división entre las fuerzas de Al-Fatah, movimiento que controla la presidencia y parte de las fuerzas de seguridad, y de Hamás, la organización que ganó hace un año las elecciones legislativas y que cuenta con sus propias milicias, es cada vez más fuerte.
Gaza y Cisjordania, partes separadas de los mismos territorios ocupados por Israel, se encuentran frágilmente gobernadas por estos dos poderes. Al-Fatah tiene cierta legitimidad y Estados Unidos y la Unión Europea, con el acuerdo de Israel, están dispuestos a transferirles armas para controlar la situación. Hamás es considerado por Fatah y por esos actores externos como el obstáculo para reiniciar conversaciones de paz debido a que no reconoce al Estado de Israel y no quiere renunciar a la lucha armada.
El argumento de Hamás es que mientras Israel no acepte las líneas fronterizas anteriores a 1967 no le reconocerá como un interlocutor, e implícitamente como un Estado legítimo, con el que negociar.
Por otro lado, la situación económica de Gaza y parte de Cisjordania es muy grave. Inmenso desempleo y los fondos internacionales de ayuda de la UE y de Estados Unidos bloqueados, con la consiguiente lucha entre facciones por los escasos recursos.
Mientras los palestinos se sumergen en esta guerra civil, Tel Aviv continúa construyendo el Muro que va marcando lo que unilateralmente será el Estado de Israel y con su política de asentamientos.
En los últimos meses ha aumentado la presión desde gobiernos árabes, en Palestina e Israel, y sectores en Europa y Estados Unidos para abrir negociaciones sobre la creación de un Estado palestino. De otro modo, continúa el análisis, la situación empeorará y no habrá vuelta atrás en la violencia y la desestabilización. A la vez, los otros conflictos en la región se verán afectados por ello.
Existen los instrumentos para negociar, entre otros, las Resoluciones de Naciones Unidas de las últimas cuatro décadas, los denominados Parámetros de (Bill) Clinton, las ideas de la iniciativa de Ginebra, y el Plan Saudí de paz por territorios. A la vez, el Cuarteto (EE.UU., E.U., Rusia y la ONU) podría facilitar una reapertura del proceso.
En este marco, es preciso que se llegue a un gobierno de unidad en Palestina. Para ello la U.E. puede desempeñar un importante papel, ayudando a la negociación entre las partes en conflicto y reiniciado la ayuda para pagar salarios de funcionarios públicos. La UE podría trabajar en conjunto con los países árabes que están muy alarmados por la situación, con el nuevo Secretario General de la ONU y tratar que Estados Unidos entre en un nuevo esquema negociador.