¿Qué más puede hacer España en Haití?

Amélie Gauthier
Julio 2008

Después de varias décadas de cooperación internacional que ha tenido resultados dudosos, la comunidad de donantes se plantea actualmente contar con proyectos concretos y efectivos en Haití.

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Pocos días después que Haití se rebelara contra el hambre, en abril pasado, en revueltas contra los precios del arroz que se repitieron en otros cuarenta países, el Ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, llegó a Puerto Príncipe y anunció la entrega de un millón y medio de euros para aliviar la crisis alimentaría. Además, prometió 100 millones de dólares (aproximadamente 64 millones de euros) no reembolsable en el período 2009-2012. Sin duda, cifras importantes. España, de hecho, es el cuarto donante bilateral para Haití. Pero, ¿es suficiente, y es útil, lo que hace en ese país?

El viaje del Ministro coincidía con la Conferencia de Donantes prevista en Puerto-Príncipe para el 25 de abril, pero los disturbios que acabaron con la vida de cinco personas y la destitución del primer ministro, Jacques Édouard Alexis, obligaron a cancelar y aplazar ese evento.

Haití, el país más pobre de las Américas, es un receptor prioritario de ayuda desde 2004 de la Agencia Española de Cooperación Internacional y de Desarrollo (AECID). España esta cada vez más comprometida con su desarrollo y consolidación de la paz: ha participado con fuerzas armadas, guardias civiles y policías en la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH), acogió en Madrid la conferencia de donantes de noviembre de 2006, y tiene programas de cooperación triangular con varios países de América Latina hacia ese país.

España ofrece ventajas frente a otros donantes: tiene una relación más estrecha con la región latinoamericana, y una larga experiencia en cooperación y en inversiones. Haití precisa ayuda pero también un proyecto de inserción económica en la región, de gestión y acuerdos medioambientales con la República Dominicana, e inversiones La cooperación española y las de las diferentes comunidades autónomas, puede actuar de forma clara en estos campos, y tomar un liderazgo o al menos proveer una orientación al gobierno de Haití, la sociedad civil y a otros donantes.

Primero, España debería promocionar acuerdos sobre movimientos de personas, bienes, seguridad y medioambiente entre Haití y la República Dominicana. ¿Difícil? Sin duda, pero sin abordar este problema, Haití seguirá siendo el lado más pobre de toda la isla. Complementario a los "programas país", la AECID podría iniciar un programa para la isla. Seguramente Canadá o Brasil, que tienen serio interés estratégico en la región, lo verían con interés.

Segundo, España puede convocar a su sector empresarial para impulsar el crecimiento económico de Haití en las numerosas áreas en las que se puede crear infraestructura, capital social, trabajo y obtener beneficios mutuos. Los empresarios deberán saber que es complicado y que no se trata de ir a ganar mucho a costa de mano de obra barata, sino que es un plan para invertir a largo plazo en una zona que hasta hace poco era dominio francés y de Estados Unidos.

España es uno de los líderes mundiales en dos sectores claves y de mucho interés para Haití: construcción de infraestructuras y energías renovables (energía eólica). Haití necesita este tipo de grandes inversiones para el desarrollo económico del país. El uso de la energía eólica en vez del carbono podría prevenir la degradación medioambiental y proveer electricidad a la población rural que vive en pobreza extrema. La degradación medioambiental, y la falta de infraestructuras impiden que Haití se pueda insertar en el sistema comercial internacional legal. Y los espacios en el que no se genere economía y comercio legal, lo ganarán las mafias para las cuales Haití es una perfecta plataforma.

La ayuda que enviará España para aliviar la crisis alimentaría, y los fondos no reembolsables para el desarrollo, son compromisos importantes. El Documento de la Estrategia Nacional para el Crecimiento y Reducción de la Pobreza requiere 3.900 millones de dólares. Una gran parte de los fondos (casi 40%) que se piden son para construcción de infraestructura que conecte el país, la capital con las regiones, y para que los cultivos de mangos, por ejemplo, no se desperdicien mientras llegan lentamente al puerto. En este marco general, España puede desempeñar un papel particular y relevante. Además de aportar fondos, puede contribuir su valiosa experiencia en construcción y energía que se ha ganado en América Latina,.

Después de varias décadas de cooperación internacional que ha tenido resultados dudosos, la comunidad de donantes se plantea actualmente contar con proyectos concretos y efectivos. España es un fuerte contribuyente en la construcción social, política y económica de la paz en Haití. La gente en la calle pidiendo que se marchase la ONU hace pocos días muestra que la cuestión no es sólo ayudar y mandar fondos, sino colaborar en generar infraestructura y medios propios con una visión estratégica, en este caso, para Haití y para España.

Director del Centro Noruego para la Construcción de la Paz (Noref)

Mariano Aguirre es un periodista y analista especializado en cuestiones como construcción de la paz, crisis del Estado, acción humanitaria, conflicto y desarrollo y recuperación posconflicto. 

Antes de trabajar en el Centro Noruego para la Construcción de la Paz, Mariano fue director del programa sobre paz, seguridad y derechos humanos de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE).

Mariano es autor, colaborador y editor de numerosos libros, entre los que cabría destacar La ideología neoimperial: la crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP, 2003), co-escrito con Phyllis Bennis y "Humanitarian intervention & us hegemony: a reconceptualization", en Achin Vanaik (Ed.), Selling US Wars, Interlink publishing / Transnational Institute (2007).