Israel-Palestina ¿Y si negociar no fuese la solución?

La entrevista que hoy mantendrá el presidente de Estados Unidos con el primer ministro israelí genera una gran expectativa, pero se corren fuertes riesgos si sólo se acuerda continuar dialogando.

La entrevista que hoy mantendrá el presidente de Estados Unidos con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, genera una gran expectativa acerca del conflicto palestino-israelí. En las últimas semanas, el gobierno del presidente estadounidense, Barack Obama, ha dado una serie de pasos novedosos. Sin embargo, se corren fuertes riesgos si sólo se acuerda continuar dialogando, como se ha hecho durante la última década.

Cuando Obama asumió la presidencia el pasado mes de enero, todos los analistas consideraron que la cuestión palestino-israelí, pese al ataque de Israel a Gaza, no estaría en primera línea. La idea era que Washington empezaría por buscar una vía hacia Irán y promover un acuerdo Israel-Siria por los Altos del Golán.

Obama nombró enviado especial para este conflicto al senador George Mitchell, quien durante la presidencia de Bill Clinton desempeñó un papel importante liderando comisiones para facilitar las negociaciones en Irlanda del Norte y Palestina-Israel. Mitchell es recordado en Israel porque en el año 2000 propuso que se congelara la construcción de asentamientos judíos en los territorios palestinos.

El segundo paso fue el compromiso de la secretaria de Estado Hillary Clinton a apoyar la reconstrucción de Gaza, cuestión que ha generado tensiones. Israel no permite la entrada de materiales para la rehabilitación de las viviendas e infraestructura en esa zona. El argumento es que la ayuda beneficiaría al gobierno de Hamás.
A estos pasos le siguieron que Estados Unidos votó la semana pasada en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas una resolución en la que pide "una acción urgente" para la creación de dos Estados con el fin de solucionar el conflicto palestino-israelí. Durante las últimas décadas, Washington siempre vetó o se abstuvo ante resoluciones que afectaran a Israel.

A la vez, Susan Rice, embajadora de Obama ante las Naciones Unidas, indicó que Washington quiere impulsar el Cuarteto (Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas) y seguir las líneas del Plan de Arabia Saudí para Oriente Medio. Este giro reaviva el principio de intercambiar paz, seguridad y reconocimiento para Israel a cambio de la creación de un Estado palestino en Gaza y parte de Cisjordania.

En un discurso reciente ante el poderoso American Israel Public Affairs Committe (AIPAC), el vicepresidente Joseph Biden dijo que la amenaza iraní no debe relacionarse con la cuestión palestina, y que darle solución a la cuestión palestina ayudará a que haya menos radicalización. Biden indicó también que Israel debe detener la construcción de asentamientos en Cisjordania y permitir mayor libertad de movimiento a los palestinos.

Por su parte, Tony Blair, el enviado especial del Cuarteto, declaró la semana pasada ante el Senado estadounidense que un proceso de paz entre Israel y los palestinos se construirá contando con las dos partes, y rechazó el argumento de Netanyahu sobre que los palestinos carecen de capacidad de auto-gobierno debido a sus divisiones internas y que, por lo tanto, no es posible negociar.

La posición israelí

El primer ministro Netanyahu y su ministro de exteriores Avigdor Lieberman sostuvieron durante la reciente campaña electoral su oposición a crear un Estado palestino. Su propuesta es poner en marcha una serie de medidas para mejorar la situación de los territorios ocupados a través de una "economía de paz".

Para Israel las cuestiones claves son Hamás e Irán. Netanyahu mantiene que Irán es un doble peligro por su programa nuclear y porque apoya a esta organización. A la vez, considera que Obama se equivoca al abrir negociaciones con Siria e Irán, ya que aislaría a Israel y daría estímulos a los radicales en la región. Por último, para el primer ministro israelí, negociar con los palestinos es imposible dada la debilidad de la Autoridad Nacional Palestina. Una debilidad que el propio Israel ha fomentado sin cesar con apoyo del anterior gobierno de Estados Unidos.

Netanyahu tendrá problemas si Estados Unidos realmente quiere negociaciones serias. En ese caso, o bien cede ante Washington, o bien se enfrenta a su propia coalición de gobierno, lo que puede llevarle a perder el poder.
Algunos analistas especulan que Obama ve el mundo de forma compleja y práctica al mismo tiempo, y que buscará que Netanyahu acepte el objetivo de que existan dos Estados. Para Washington, desactivar este conflicto sería una cuestión de seguridad nacional para restar argumentos a los islamistas radicales.

Una comisión de ex funcionarios del gobierno y otras figuras relevantes agrupadas por el instituto US/Middle East Project presentaron recientemente un informe a Obama indicando que esta vez no es cuestión de negociar para definir el objetivo final (como se hizo en los Acuerdos de Oslo), sino mostrar a las partes en conflicto el objetivo -contar con un Estado palestino junto al israelí-y luego abrir un camino claro usando todas las negociaciones generadas durante décadas para alcanzarlo. De otro modo, negociar no servirá para mucho.

Los riesgos

Pero hay otros riesgos, aparte de que no haya ningún tipo de entendimiento entre los dos mandatarios. El primero es que el primer ministro israelí acepte "dialogar" y que esto resulte suficiente para el presidente de Estados Unidos. Inclusive Netanyahu podría aceptar "dialogar" sobre los dos Estados y que congele los asentamientos "de avanzada" (o sea, los que están empezando a desarrollarse). Otros gobiernos de Israel, incluyendo al de Netanyahu en su gestión anterior, usaron estas maniobras dilatorias ante presiones de Washington, y luego se ocuparon de boicotear toda posibilidad de un acuerdo.

Phyllis Bennis, del Institute for Policy Studies en Washington, indica que Israel ha supuestamente "dialogado" durante las últimas dos décadas, sin que ello condujera a ninguna parte. Entre tanto, proseguiría la política de hechos consumados: el muro, más asentamientos en territorios palestinos, más demoliciones de casas, menos movilidad para la población palestina, apropiación indebida de fuentes acuíferas, y más agresiones desproporcionadas como el ataque a Gaza y mantener encerrados a sus habitantes.

El segundo riesgo, de más largo plazo, es que los débiles gobiernos de Mahmud Abbas (Abu Mazen) y Netanyahu acepten la fórmula de contar con dos Estados en, por ejemplo, una década, pero que las complejas sociedades israelí y palestina (incluyendo a Hamás, los ortodoxos judíos, los colonos, los refugiados, la diáspora y el lobby pro israelí en Estados Unidos) se opongan. Los analistas Robert Malley y Hussein Agha plantean esta semana en The New York Review of Books que cabe la posibilidad de que la creación de un Estado palestino, que no haya sido debatida entre todos estos actores y que no se ocupe de remediar las injusticias cometidas desde 1948, no condujese a ninguna parte.

Sobre los autores

Mariano Aguirre

Mariano Aguirre es director ejecutivo del Centro Noruego para la Construcción de la Paz (Noref). Periodista y analista especializado en Oriente Medio, política exterior estadounidense, conflictos internacionales, y consolidación y mantenimiento de la paz, ha escrito y editado numerosos volúmenes y artículos, entre los cuales cabría destacar La ideología neoimperial: La crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP 2003), co-escrito con Phyllis Bennis, e ‘Intervención humanitaria y hegemonía estadounidense: una nueva conceptualización’, en Casus belli: cómo los Estados Unidos venden la guerra (Transnational Institute, 2011).

Mariano tiene un máster en Estudios sobre Paz y Conflictos del Trinity College, Dublín, y trabajó como coordinador de programas en la Fundación Ford de Nueva York. También es profesor de posgrado en la Universidad Autónoma de Lisboa, el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Deusto en Bilbao, y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.

 

 

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