Victoria geopolítica para Rusia

Agosto 2008

La breve guerra entre Rusia y Georgia ha supuesto una fuerte victoria geopolítica para Moscú y un profundo fracaso para el presidente georgiano, Mijail Saakashvili, y para la diplomacia occidental.

Como representante de la Unión Europea, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, declaró al final de su ronda de negociaciones entre Georgia y Rusia que "no tenemos aún un acuerdo de paz, tenemos un cese provisional de las hostilidades, pero este es un progreso significativo". En efecto, los puntos pactados entre los dos gobiernos tienen que transformarse en un acuerdo que tendrá que ser ratificado por Naciones Unidas, y no será un camino sencillo. Entre tanto, esta breve guerra ha supuesto una fuerte victoria geopolítica para Rusia y un profundo fracaso para el presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, y para la diplomacia occidental.

El acuerdo alcanzado establece que las fuerzas rusas y georgianas volverán a las posiciones que se encontraban el 6 de agosto, que habrá un fin de las acciones armadas y el uso de la fuerza y que se facilitará el libre acceso a la ayuda humanitaria. Las cuestiones complicadas están en los detalles.

En primer lugar, se deja fuera del acuerdo, como quería Francia, que se pueda discutir internacionalmente el status futuro de Osetia del Sur y de Abjasia. Paralelamente, Rusia ha declarado ayer que las dos zonas en cuestión tienen derecho "a la autodeterminación" y que en el futuro sus ciudadanos deberían votar sobre si quieren permanecer en Georgia o unirse a Rusia.

En segundo término, Rusia ha impuesto que Georgia firme un compromiso de no usar la fuerza para resolver sus problemas territoriales y que retire sus fuerzas de la operación conjunta de mantenimiento de la paz que desde hace 15 años se mantiene en Osetia del Sur. De este modo, Moscú se guarda el derecho de mantener sus fuerzas en la zona, aunque retire las tropas que movilizó en los últimos días.

Tercero, Rusia ha manifestado que se guarda el derecho de intervenir otra vez si el acuerdo pactado no funciona o se producen nuevos hechos violentos.

Rusia ha mostrado que puede y está dispuesta a usar la fuerza para controlar sus vecinos si lo considera necesario. En este caso lo ha hecho en la rica zona del Cáucaso y el Mar Negro. En pocos días ha retomado el control de dos zonas que estratégicamente alega que le pertenecen, ha deslegitimado al Gobierno pro occidental de Saakashvili, y le ha marcado una línea roja a Estados Unidos, la OTAN y a los países europeos que quieren que la Alianza Atlántica se extienda a Georgia. Y de paso, ha mostrado las contradicciones entre Alemania y Francia, de un lado, y Estados Unidos, del otro, ya que los dos primeros se niegan a que Georgia ingrese en la OTAN.

Desde Occidente hay quejas sobre la forma de actuar de Rusia, indicando que invadir países y usar la fuerza son "políticas de otra época", pero Moscú considera que tiene fuerza militar y control de recursos energéticos suficientes como para imponer su regreso a la esfera internacional. Ya no se trata de la Rusia débil de la época de Boris Yeltsin. A la vez, Washington no tiene credibilidad para oponerse dadas sus aventuras bélicas en Iraq y Afganistán, mientras que Europa se mueve entre la falta de capacidad diplomática unida y dependencia energética de Moscú.

Voluntad independentista

El conflicto de Osetia del Sur se agravó en marzo pasado, cuando el Gobierno de esta región pidió a la comunidad internacional ser reconocido al igual que Kosovo. La exigencia tiene una base sólida: la mayor parte de los 82.000 habitantes se consideran rusos, pese a su identidad caucásica (y el uso de una lengua iraní oriental). Otros 20.000 son georgianos.

En 1922 la ex URSS reconoció a este territorio una semi-autonomía. En 1989, con motivo de la desintegración de la Unión Soviética, Osetia del Sur se declaró independiente, pero no fue reconocida ni por Moscú ni por Tbilisi. En los años noventa hubo negociaciones y tensiones violentas entre los representantes de la región, Georgia y Rusia. En 1992 se acordó que una fuerza conjunta rusa-georgiana-osetia patrullara la frontera de esta región con Rusia. Con ese antecedente, Moscú denomina ahora de forma premeditadamente confusa a su ofensiva militar como de peacekeeping (mantenimiento de la paz).

En noviembre de 1993 Osetia del Sur se dotó de una Constitución propia y en 2002 pidió la anexión a Rusia junto con la república autónoma de Osetia del Norte. Moscú, por su parte, otorgó pasaporte ruso a una parte de los ciudadanos osetios del sur. La entidad está liderada por Eduard Kokoiti, elegido en comicios presidenciales no reconocidos, en el 2006. Por su parte, Abjasia declaró en 1993 su independencia de Georgia, aunque no ha sido reconocida.

Una oportunidad para Moscú

En los primeros días de agosto, Georgia aumentó la presencia militar en Osetia del Sur. A una serie de enfrentamientos le siguió un ataque aéreo georgiano sobre posiciones osetias y una ofensiva el 8 de agosto contra la capital de la entidad, Tskhinvali. Al parecer, el Presidente de Georgia calculó que podría incrementar el control sobre Osetia del Sur y Abjasia contando con apoyo occidental, a la vez que reiniciaba la solicitud de ingreso en la OTAN. Pero no tuvo en cuenta que Moscú decidiría dar una lección ejemplar y reafirmar su autoridad.

El Gobierno de Putin ha aprovechado la disputa interna entre Georgia y los separatistas para promover una operación que debilite o haga caer al presidente de Georgia, un fiel aliado de Estados Unidos, y la fuerza militar georgiana. El ex asesor de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski, actual asesor del candidato Barack Obama, considera que Putin quiere recrear el antiguo espacio soviético bajo hegemonía de Moscú, y controlar el acceso del petróleo hacia Occidente

Putin y el presidente ruso, Dimitri Medvédev, han castigado al Presidente georgiano por esa alianza con Washington, por haber enviado tropas a Iraq, y por solicitar el ingreso en la OTAN y en la Unión Europea. Asimismo, Rusia quiere controlar el oleoducto que parte de Baku, atraviesa Georgia y pasa por Tbilisi para llegar a Ceyhan (Turquía). Europa recibe 1,2 millones de barriles de petróleo diarios a través de esa vía que fue construida con aportaciones económicas de diversas compañías petroleras. El control de recursos energéticos se ha convertido en la principal carta de negociación de Rusia con Estados Unidos y Europa.

El otro factor en juego es la comparación con la independencia de Kosovo. Moscú considera que Osetia del Sur y Abjasia tienen el mismo derecho que Kosovo tuvo para separarse de Georgia y unirse a Rusia. Kosovo fue ayudada por la OTAN en 1999. El reconocimiento de este nuevo Estado en febrero pasado por parte de diversos países occidentales es considerado desde Moscú como una provocación occidental.

Salidas negociadas

Estados Unidos, la UE, la OSCE y la ONU han sido incapaces de frenar la ofensiva rusa. El precedente de la campaña de Putin contra los independentistas chechenos se ha repetido al usar la fuerza con determinación. A la vez, ha sido un mensaje de Moscú para Ucrania. En efecto, Moscú considera que Occidente quiera exportar el modelo de revoluciones pacíficas con amplias demostraciones en la calle apoyando a la oposición, como la que se produjo en Ucrania entre 2004 y 2005.

La UE se encuentra en una grave situación dado que depende de Rusia y de Georgia para su abastecimiento de petróleo, a la vez que todo conflicto armado que se prolongue en el tiempo puede producir refugiados y la necesidad de ofrecer fuerzas para una operación de paz, algo costoso y difícil de organizar entre los 27 miembros de la Unión.

Algunos miembros de la UE, como Alemania, argumentaron hace pocos meses en contra de la integración en el corto plazo de Georgia y Ucrania en la OTAN, debido a la inestabilidad regional, pero la Alianza ha manifestado que en el largo plazo ambos países son bienvenidos. Moscú critica esta decisión mientras que Estados Unidos favorece la pronta integración de estos dos países en la Alianza Atlántica.

Para Estados Unidos, se trata de un problema muy complejo. Por un lado, Washington apoya al presidente Saakashvili, un pilar pro occidental que puede ayudar a balancear la política exterior de Putin. Por otro, no quiere ver estropeadas sus relaciones con Rusia, aliado potencial frente al ascenso de China, y potencia necesaria para presionar a Irán para que no desarrolle su programa nuclear, además de pilar geopolítico con creciente peso internacional.

Moscú ha violado el Derecho Internacional al intervenir usando la fuerza en otro Estado. Aunque Moscú se niega, la cuestión Abjasia y Osetia debería ser puesta en el contexto de una negociación internacional. A la vez, tendría que disolverse la fuerza de paz ruso-georgiana-osetia, y sustituirse por una de la UE y la OSCE. Esta fuerza de observación podría transformarse en una de mantenimiento de la paz bajo mandato de la ONU. Paralelamente, tendría que cesar todo flujo de armas hacia las regiones secesionistas, e iniciarse negociaciones entre todas las partes con ayuda desinteresada de la comunidad internacional.

Director del Centro Noruego para la Construcción de la Paz (Noref)

Mariano Aguirre es un periodista y analista especializado en cuestiones como construcción de la paz, crisis del Estado, acción humanitaria, conflicto y desarrollo y recuperación posconflicto. 

Antes de trabajar en el Centro Noruego para la Construcción de la Paz, Mariano fue director del programa sobre paz, seguridad y derechos humanos de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE).

Mariano es autor, colaborador y editor de numerosos libros, entre los que cabría destacar La ideología neoimperial: la crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP, 2003), co-escrito con Phyllis Bennis y "Humanitarian intervention & us hegemony: a reconceptualization", en Achin Vanaik (Ed.), Selling US Wars, Interlink publishing / Transnational Institute (2007).