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El mundo en 2006 Mariano Aguirre Radio Nederland Wereldomroep, 2 January 2006
Predecir que harán las sociedades es imposible. Sin embargo, es posible identificar ciertas tendencias, como acaba de escribir el historiador Eric Hobsbawm. Por ejemplo, más síntomas de deterioro medio ambiental, y tirantez entre Estados y organizaciones que defienden la protección del planeta.
Es previsible, también, que ocurran más catástrofes naturales como las que sucedieron en los últimos 13 meses en la zona del Caribe, en parte de EEUU y Asia. La respuesta social a estas catástrofes será irregular: se prestará más atención a unas que a otras, y algunas quedarán olvidadas, especialmente después del primer momento de atención, como es actualmente el caso en Pakistán. A la vez, la respuesta social ocultará que los fondos estatales y multilaterales para la prevención de catástrofes y crisis humanitarias seguirán siendo escasos. Tal como declaró recientemente Jan Egeland, director de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH), "es poco civilizado tener un sistema en el que hay que salir a pasar la gorra para recoger dinero cada vez que hay una amenaza de muertes y sufrimientos masivos".
Proseguirá la tendencia a reducirse las guerras entre Estados y dentro de Estados, pero seguirán activos algunos conflictos de mayor o menor intensidad como en la República Democrática de Congo, Sudán (Darfur), Uganda, Costa de Marfil, Chechenia y Sri Lanka. Así mismo, permanecerá la tensión entre aquellos Estados y organizaciones que quieren reforzar el régimen de tratados para proteger el planeta (por ejemplo, el acuerdo de Kyoto) y los gobiernos que se resisten a ello.
Poder Ejecutivo frente al Judicial
Una predicción importante es que se acentuará en algunos países el fortalecimiento del poder Ejecutivo sobre el Legislativo. La política que ha seguido la Administración de George W. Bush para consolidar el presidencialismo frente al Congreso se ha manifestado en terrenos como el espionaje contra ciudadanos sin autorización legislativa. O, como lo propone el vicepresidente, Richard Cheney, tener el derecho a ordenar el uso de la tortura en interrogatorios. Los intentos del Gobierno de Tony Blair de restringir determinados derechos de los detenidos van en la misma dirección.. La complicidad de Gobiernos europeos y de otros países en el traslado ilegal de prisioneros por parte de EEUU forma parte de esta tendencia antidemocrática.
La libertad de acción presidencial con fuerte apoyo popular la tiene Álvaro Uribe en Colombia, y es la que ejerce en Venezuela el presidente Hugo Chávez. La investigadora Saskia Sassen ve en este fortalecimiento del presidencialismo un ataque y una crisis al Estado liberal democrático.
Estados en equilibrio de fuerzas
El fortalecimiento del Estado autoritario bajo formas democráticas está en relación con otra tendencia importante: el regreso a un sistema mundial que funcione en torno a una serie de Estados fuertes. Esto no es novedoso porque los Estados siempre han defendido sus intereses nacionales. Pero en los últimos diez años, tanto los que ven grandes ventajas en las interacciones económicas de la globalización como los críticos de la misma, han diagnosticado que avanzamos hacia un mundo en el que el Estado tendría menos poder, ya que serían otros actores -las transnacionales, la diversidad de organizaciones multilaterales, o la sociedad civil-los que definirán la política nacional e internacional.
Sin duda, el Estado, y especialmente algunos Estados débiles, han perdido mucho poder de decisión, y es innegable que la globalización financiera, el libre comercio, las comunicaciones rápidas y la deslocalización de la producción han alterado el concepto del Estado-nación soberano. A la vez, los acuerdos multilaterales en materia de derechos humanos, medio ambiente, comercio global y lucha contra la pobreza, se ven atacados o son difíciles de alcanzar.
Esta tendencia debilitará más a Naciones Unidas, espacio principal de acuerdos multilaterales. Pero también hay un regreso al Estado fuerte, a la soberanía y al orgullo de identidad nacional.
El regreso al nacionalismo se verifica, por ejemplo, en el auge industrial, comercial y militar de China. Sus dirigentes conducen al país hacia el liderazgo regional en buena parte de Asia, con una influencia creciente a través de inversiones, demanda de su mercado interno, y acuerdos militares. Igualmente, mediante diversos mecanismos, Beijing está ganando una poderosa influencia, y desplaza a EEUU y a Japón en la zona de Asia-Pacífico, integrada por Myanmar, Corea del Sur, Japón, Vietnam, Australia, Singapur, Indonesia, Malasia, e India, entre otros.
Asia del Sur y del Este, con una población de 3.300 millones entre todos los países de la región, incorporarán una masiva mano de obra barata que hará bajar los salarios y los beneficios de los trabajadores en otros países del mundo. A la vez, aumentará la demanda de recursos energéticos y eso mantendrá altos los precios del petróleo.
El declive de EEUU
También India está ganando mercado, con lo que se convierte en un polo de atracción de capitales, y crece su peso diplomático en razón de sus vínculos con Rusia, EEUU e Irán, y un delicado equilibrio con China. La misma tendencia siguen Sudáfrica y Brasil. A la vez, junto con India y China, estos dos países están forjando alianzas en el terreno comercial. En Rusia, el Gobierno autoritario de Vladimir Putin aprovecha el alza del precio del petróleo para reforzar su política de presidencialismo interno y unilateralismo externo. Con ello, advierte a Occidente que es mejor apoyarle que arriesgarse a una imprevisible inestabilidad democrática.
Paradójicamente, Estados Unidos, país que ha liderado esta tendencia al unilateralismo desde el final de la Guerra Fría, se encuentra en una situación muy complicada. Los gastos militares, que equivalen a los de todos los países del mundo juntos, la inversión bélica en Iraq, y el déficit externo que tiene con China y otros países asiáticos, le producen una debilidad estructural que algunos analistas no consideran circunstancial sino la expresión de una decadencia larga y peligrosa.
Unidos a la corrupción presidencial, el fracaso en Iraq, la pasividad y la ineficacia oficial ante el huracán Katrina serían, más que errores del Gobierno, síntomas de este declive. La debilidad generaría intentos de reafirmación del 'excepcionalismo americano', como lo demostrarían la religiosidad nacionalista que representa el Gobierno de Bush y las justificaciones neoimperiales sobre la necesidad de que Washington asuma ser un imperio republicano promocionadas por algunos intelectuales (Neil Fergusson, Michael Ignatieff, Robrt Kaplan, entre otros).
Nacionalismo de identidad
El regreso al nacionalismo con fuertes signos de identidad se percibe también en la coalición de grupos indigenistas, sindicatos y movimientos sociales que han llevado al poder a Evo Morales en Bolivia. El indigenismo, la negativa a seguir las pautas económicas neoliberales, y la reivindicación a utilizar los propios recursos energéticos, son factores que cruzan América Latina, aparecen y desaparecen en movimientos y discursos populistas en Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela. A la vez, la resistencia contra el neoliberalismo, identificado con las élites locales y con EEUU, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, conceden base social a los Gobiernos moderados de Argentina, Uruguay y Brasil.
Otro caso de identidad nacional es el iraní. El Gobierno de Mahamoud Ahmadi-Nejad va a continuar con el programa nuclear por tres razones: ser potencia regional y disuadir a otros Estados de que puedan atacarle y sufrir una guerra como la que tuvo con Iraq; contener a EEUU de un posible ataque, y reafirmar desde una perspectiva nacionalista que nadie le impone políticas desde fuera. Sus afirmaciones contra Israel es populismo adaptado al mundo árabe.
En el vecino Iraq, la lenta salida de EEUU y Gran Bretaña a partir de este momento no servirá para detener el auge de tres nacionalismos de identidad: suníes, chiíes y kurdos tenderán a construir sus propios Estados, oficial o no oficialmente. Dentro de esta tendencia a nuevos quasi-Estados nacionalistas y eventualmente religiosos, emergerá la pobre y conflictiva franja de Gaza, en constante tensión entre el movimiento Fatah y sus facciones, y el emergente islamismo de Hamas. Este movimiento muestra el pragmatismo de movimientos armados religiosos que cuentan con fuerte legitimidad social y están obteniendo buenos resultados electorales en Turquía, Arabia Saudita, Marruecos, Líbano, Palestina y Egipto. "Los islamistas, reza un editorial del Financial Times, son parte del futuro de Oriente Medio y su participación en los procesos políticos es la mejor opción para moderar sus visiones radicales".
La identidad política islamista es la que une también de forma mítica a diversos grupos, movimientos, ideólogos y gobiernos, desde los jóvenes británicos que llevaron a cabo la matanza terrorista de Londres, en julio del 2005, hasta grupos armados que actúan en Afganistán o Iraq.
La fuerza global de China, la tendencia al presidencialismo autoritario en democracias occidentales y el auge de las identidades particulares frente a la ciudadanía configuran un fuerte desafío a la idea, según la cual, la democracia es un horizonte hacia el cual, indefectiblemente, tienden todos los Estados del sistema internacional. Igualmente, plantea serios problemas para la unidad europea post-estatal. Los votos negativos a la Constitución y los levantamientos en las calles de algunos de los hijos de la inmigración excluida son signos preocupantes. En el futuro previsible, la globalización cosmopolita, la democracia y las integraciones post-estatales están en situación de riesgo.
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