En el prólogo al informe del Panel de Expertos sobre amenazas, desafíos y cambio,
preparado para el secretario general de la ONU, Kofi Annan, en 2004, se establece que
“el desarrollo y la seguridad están profundamente relacionados”. “Un mundo más
seguro”, dice el texto, “solamente es posible si a los países pobres se les da la
oportunidad real de desarrollarse. La pobreza extrema y las enfermedades infecciosas
amenazan a muchas personas de forma directa, y también provén un terreno fértil para
otras amenazas, como los conflictos civiles”.(1) Por otro lado, en su informe In larger
freedom, el Secretario General estableció que “(no) solamente son el desarrollo, la
seguridad y los derechos humanos factores imperativos, sino que se refuerzan entre
ellos”.(2)
Una de las pocas medidas que fueron aprobadas en la cumbre de alrededor de 150
Estados del sistema internacional de Naciones Unidas en septiembre pasado (the World
Summit) para discutir el futuro y reforma de esta organización fue crear una Comisión
para la Consolidación de la Paz, que se ocupará de la reconstrucción posbélica de
numerosos países y ayudará a edificar y mantener sistemas estables de seguridad,
justicia y viabilidad económica.(3)
La medida, sin duda importante y actualmente en vías de ser constituida como una
herramienta institucional dentro de la ONU, no es, sin embargo, suficiente para enfrentar
el serio problema de la pobreza, el desarrollo y la desigualdad, que están en las raíces
directas e indirectas de muchos conflictos armados intra estatales y en manifestaciones
de violencia social. Una medida limitada que no fue acompañada, además, por ningún
avance sustancial en el terreno del desarrollo y la cooperación internacional.(4)
La relación entre la paz y el desarrollo económico y social se ha establecido, estudiado y
debatido en las últimas cuatro décadas. La pobreza es uno de los factores centrales que
influyen para que una sociedad carezca de un equilibrio pacífico entre sus diferentes
actores. La pobreza unida a estructuras de Estado débiles o ineficientes forma una mala
combinación: para diversos sectores de la población las necesidades humanas básicas no
son satisfechas por vías legales y pacíficas y, por otro lado, las instituciones estatales no
actúan como mediadoras en los conflictos entre actores con intereses enfrentados. Si
además de la pobreza se trata de sociedades con altos niveles de desigualdad, estos
problemas se agudizan.
La falta de desarrollo económico no conduce, necesariamente, a conflictos armados o
guerras abiertas, pero en todas las sociedades en las que hay fuertes niveles de pobreza
y desigualdad existen graves problemas de violencia social que se manifiesta de diversas
formas: criminalidad, integración de franjas de la sociedades (especialmente los jóvenes)
en prácticas ilícitas y redes mafiosas, enfrentamientos de grupos de identidades
adquiridas (las maras de América Central), entre otras. Dice el Secretario General de la
ONU: “Si bien la pobreza y la negación de los derechos humanos pueden no ser la
“causa” de guerras civiles, el terrorismo o el crimen organizado, favorecen
inmensamente el riesgo de inestabilidad y violencia”.(5)
En la medida en que la pobreza continúa siendo un grave problema y la desigualdad
aumenta, es probable que la violencia, en sus distintas vertientes, continúe
manifestándose. Sus formas se hacen, a la vez, más complejas. Los prácticas de rechazo
al orden (o a la falta de orden) establecido y la frustración de ciertas comunidades por
verse marginadas y limitadas para acceder a bienes y derechos, como está sucediendo
en diversos países europeos con las revueltas en sus calles, obligan a análisis más sutiles
sobre la marginación y la integración social.
Por otra parte, las relaciones entre grupos armados e intereses económicos están
desarrollando una difícil relación, por ejemplo en Colombia o en la República Democrática
de Congo. Esto ha generado un debate sobre si algunos grupos armados luchan por
beneficios económicos o por razones políticas.
Necesidad de acción
Basándose en documentos de Naciones Unidas, en 1986 se publicó un libro que resumía
la cuestión del desarme y el desarrollo. Como luego se avanzaría conceptualmente en la
próxima década, Clyde Sanger explicó entonces que “la seguridad de los individuos, de
las naciones y del planeta se ven amenazadas en la actualidad, no sólo por las fuerzas
militares, sino también por la carrera de armamentos y la pobreza, la escasez y la
contaminación”. Así mismo, indicó que “el desarrollo no se define simplemente como un
crecimiento económico continuado, sino como un conjunto de cambios sociales y
económicos profundos que mejorarán la calidad de vida en todo el planeta”.(6)
Ese libro y los informes de expertos que sintetizaba estaban centrados en la carrera de
armamento nuclear entre los bloques del Este y el Oeste. Pero dejaba establecida una
relación, con plena vigencia en la actualidad, entre Desarrollo, Seguridad y Desarme,
como fórmula alternativa al Subdesarrollo, la Inseguridad y el Rearme.
Diecinueve años después, el informe del prestigioso instituto World Watch indica que las
cuestiones de desarrollo y seguridad se han agravado, al tiempo que persisten problemas
graves de proliferación nuclear y aumento del gasto militar en algunos países del Norte y
el Sur. Es más, la tendencia global a centrar el debate y la práctica sobre la seguridad en
medios coercitivos a partir de septiembre de 2001, y a prestar más atención a la guerra
contra el terrorismo, han llevado a una marginación y descuido de los análisis y las
políticas sobre las razones de la violencia y los problemas sociales, sanitarios,
educacionales, urbanos, y de violaciones de derechos humanos, entre otros.
Michael Renner, del WorldWatch Institute, dice: “Es probable que las políticas que
persiguen la seguridad por medio de las armas principalmente, sin abordar los factores
subyacentes al problema, desencadenen una espiral de violencia e inestabilidad y, hasta
muy posiblemente, un colapso de las normas y reglas internacionales. Unas políticas
derivadas de una nueva forma de entender la seguridad mundial pueden evitar estos
peligros y promover alternativas constructivas”.(7)
El Informe de Desarrollo Humano 2005 indica que “las grandes disparidades basadas en
riqueza, regiones, género y etnicidad son malas para el crecimiento, para la democracia y
para la cohesión social”.(8) Por su parte, el último informe sobre seguridad humana afirma que
diversas circunstancias relacionadas con los conflictos armados y la guerra han mejorado en
la última década, por ejemplo, su cantidad, pero que, a largo plazo, “la evidencia sugiere que
el riesgo de conflicto civil se reduce con un crecimiento económico equitativo, buen gobierno
y democracia inclusiva. El desarrollo, en otras palabras, emerge como una condición
necesaria para la seguridad, así como la seguridad es una condición necesaria para el
desarrollo”.(9)
Las manifestaciones en las calles de Francia, la incorporación de jóvenes a las filas de
grupos radicales terroristas, la violencia criminal en países como Brasil o Nigeria, y el
peso de las redes internacionales del crimen organizado (drogas, armas, diamantes y
otros minerales, y tráfico de individuos) son algunas de las manifestaciones de la
violencia que encuentran una de sus bases en la falta de integración de las personas en
redes sociales, económicas y estatales que satisfagan sus expectativas y necesidades. La
falta de apoyo a las medidas mínimas que planteaba el Secretario General en su informe
In larger freedom, no auguran un tiempo mejor, a la vez que indican la necesidad de que
cada gobierno del sistema internacional asuma estos problemas y ponga en marcha y
empuje medidas concretas en su espacio de acción.
1. A more secure world: our shared responsability, Report of the Secretary-General´s High-Level Panel on
Threats, Challenges and Change, United Nations, 2004, p.viii.
2. Kofi Annan, In larger freedom. Towards development, security and human rights for all, United Nations, 2005,
p.6.
3. Sobre la Comisión para la Consolidación de la Paz ver Jessica Almqvist y Carlos Espósito, “Building a new role
for the United Nations: the responsability to protect”, www.fride.org/publicaciones.
4. Sobre los resultados de la Cumbre de la ONU ver Tarun Chhabra, The UN World Summit: A Necessary Wager [PDF]
5. In larger freedom, p.6.
6. Clyde Sanger, Desarme y desarrollo en los años 80, Debate, Madrid, 1987, p. 19.
7. The WorldWatch Institute, La situación del mundo 2005. Redefiniendo la seguridad mundial, Icaria editorial y
Fuhem, Barcelona, 2005, p.35.
8. http://hhr.undp.org/reports/global/2005/español
9. Ver Human Security Report 2005, Liu Institute for Global Issues, University of British Columbia, 2005, p.