La ONU y las tensiones del poder

1 Octubre 2006
As United Nations Secretary General, Kofi Annan has presided over the organisation during the hard times of the Iraq war, and brought the UN to the fore during Israel’s recent war on Lebanon. Aguirre analyses Annan’s UN legacy.

A fin de año el secretario general de las
Naciones Unidas, Kofi Annan, dejará
su cargo. Cada vez que cambia este
puesto se reaviva el debate sobre el
futuro y la reforma de la organización. En los
últimos meses, Annan ha logrado fortalecer la
posición de la ONU, especialmente por su trabajo
en la crisis israelí-libanesa.

Después de varios años de tener las manos
atadas en casi todas las crisis, el
secretario general ha podido
promover un acuerdo viable para
Líbano a la vez que el Organismo
Internacional de la Energía
Atómica, cuerpo de la
ONU, está en el centro de la negociación
con Irán.

Varios factores le han favorecido.
Por un lado, la deslegitimación
de Estados Unidos y su fracaso
en Iraq, que le impiden lanzar
una guerra contra Teherán.
Por otro, haber hecho propuestas
claras cuando Israel verificó
que su poderoso ejército no podía
derrotar a Hezbollah. La
propuesta de Annan sobre la necesidad
de negociar con todos
los actores, incluyendo a Irán y
a Siria, es ahora implícitamente
aceptada por todos. ¿Más poder
para la ONU o un momento de
gloria?

Las Naciones Unidas existen
y no existen más allá de sus
miembros. Esta afirmación es
válida según desde dónde se
analice esta organización creada en 1945. Si se
trata de lo que ha hecho y hace en campos como
la promoción y consolidación del derecho
internacional público, la defensa de la universalidad
de los derechos humanos, la difusión de
nuevas ideas sobre la paz y la seguridad, proveer
un plan contra la pobreza o la protección
del medio ambiente, entonces la organización
tiene un alto grado de madurez y autonomía.

Pero si se analiza la relación entre los estados
que la configuran y las propuestas y políticas
generales y particulares que han intentado implementar
los sucesivos secretarios generales,
entonces es manifiesta su dependencia de la voluntad
de los estados más poderosos. Éstos son,
a la vez, miembros de un Consejo de Seguridad
que no está adaptado a las nuevas tendencias
multipolares internacionales y potencias en ascenso
como China, Brasil, Sudáfrica o India.

Esta doble condición de abordar temas cruciales
de la sociedad internacional y no tener el
poder político para decidir sobre ellos es una de
las paradojas de la ONU, y en particular de la
oficina del secretario general, que tiene "grandes
responsabilidades y expectativas pero muy
poco poder", como indica el prestigioso ex subsecretario
de la ONU Brian Urqhuart.

La tensión entre el interés general de la comunidad
internacional y el interés particular de
los estados se encuentra muy bien explicada en
el nuevo libro de Paul Kennedy, The Parliament
of man. The past, present, and future of
the United Nations (2006). Este historiador británico
tiene amplio conocimiento de la institución:
entre 1993 y 1995 realizó con un equipo
de la Universidad de Yale un estudio fundamental
-por encargo de la Fundación Ford- sobre
el futuro de la ONU.

Kennedy explica la forma en que se modeló
la organización y cómo la Carta Fundacional
alberga esa tensión entre lo que cada Estado poderoso
quiere y lo que la comunidad internacional
puede hacer. El secretario general tiene la
difícil misión de conciliar los intereses de múltiples
actores a la vez que definir y defender el
interés de las víctimas o desposeídos, exigir que
se respete el derecho internacional, y medir su
poder con un Consejo de Seguridad que se guía
por los intereses particulares de sus miembros.

Kofi Annan ha estado en el cargo durante
una etapa en la que las Naciones
Unidas quedaron desplazadas
por Washington y Londres
para invadir Iraq, se acentuó la
ofensiva de Estados Unidos
contra la organización, la corrupción
impactó en el seno de
la organización y se polarizaron
las relaciones entre el Norte
y el Sur por la gestión del presupuesto.
A la vez, se agravó el
conflicto palestino-israelí y se
internacionalizó el terrorismo
islamista radical.

La ONU tuvo que responder
en campos como definir el terrorismo
y los límites a la seguridad
sin atacar las libertades,
o realizar misiones de paz en
Haití, Timor Oriental y la República
Democrática de Congo.
También se crearon la comisión
para la Consolidación de
la Paz y el Consejo de Derechos
Humanos, únicos resultados
de la reforma que Kofi Annan
propuso en septiembre del
año 2005.

Desde diversos sectores se admite que, al final,
la ONU es el único organismo que puede
gestionar crisis complejas, especialmente cuando
las grandes potencias se equivocan, como
Estados Unidos y Gran Bretaña, o se inhiben,
como la Unión Europea. Kennedy identifica el
ascenso de las nuevas potencias regionales, la
crisis medioambiental y la debilidad institucional
de una serie de estados como cuestiones
esenciales para la ONU.

Frente a ellos, considera que no será posible
hacer grandes reformas, pero se pueden instrumentar
cambios graduales, como incorporar a
otros estados en las responsabilidades del Consejo
de Seguridad, crear un sistema de inteligencia
y alerta temprana para crisis, contar
con fuerzas de intervención al servicio del secretario
general y fortalecer el Consejo Económico
y Social (Ecosoc) para influir progresivamente
sobre el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional. Cambios prácticos que
deberían ser adoptados por los países europeos
como formas concretas de apoyo al sistema
multilateral.

Copyright 2006 la Vanguardia

Sobre los autores

Mariano Aguirre

Mariano Aguirre es director ejecutivo del Centro Noruego para la Construcción de la Paz (Noref). Periodista y analista especializado en Oriente Medio, política exterior estadounidense, conflictos internacionales, y consolidación y mantenimiento de la paz, ha escrito y editado numerosos volúmenes y artículos, entre los cuales cabría destacar La ideología neoimperial: La crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP 2003), co-escrito con Phyllis Bennis, e ‘Intervención humanitaria y hegemonía estadounidense: una nueva conceptualización’, en Casus belli: cómo los Estados Unidos venden la guerra (Transnational Institute, 2011).

Mariano tiene un máster en Estudios sobre Paz y Conflictos del Trinity College, Dublín, y trabajó como coordinador de programas en la Fundación Ford de Nueva York. También es profesor de posgrado en la Universidad Autónoma de Lisboa, el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Deusto en Bilbao, y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.