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Cuando Davos Encontró a Porto Alegre: Un Apunte Walden Bello Business World, 1 February 2001
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(PORTO ALEGRE) "Hemingway dijo que los ricos son diferentes de usted y de mí. ¿Cómo puede alguien esperar que la gente en Davos comprenda la crisis que ha causado la globalización en las vidas de gente como nosotros, aquí en Porto Alegre?" Éstas son las palabras con las que iba a comenzar mi intervención. Cuando llegué al estudio de la universidad desde donde se iba a televisar la discusión transatlántica con George Soros, el financiero, y otros representantes de la elite global reunida en Davos, Suiza, Florian Rochat de la delegación suiza me estaba esperando. Los suizos son conocidos por ser impasibles, pero Florian estaba visiblemente conmovido. "Están arrestando manifestantes en Davos y en otros lugares de Suiza," me dijo. "Están asesinando a la democracia en nuestro país. Nuestros amigos allá están pidiendo que los apoye solicitando la clausura del Foro Económico Mundial."
Su petición excluyó cualquier deseo que pudiera haber existido anteriormente de ser "simpático" en el intercambio subsiguiente, presentado por sus productores como un "Diálogo entre Davos y Porto Alegre." La ambiciosa producción, millonaria en dólares, involucrando cuatro conexiones vía satélite, debía explorar si existe una base común entre la elite anual reunida en Davos y el recién lanzado Foro Social Mundial (FSM) en la ciudad del sur brasileño. Millones en todo el globo estaban esperando la transmisión.
Ya que había estado en Davos el año pasado, los productores me pidieron que hiciera la declaración inaugural por parte de Porto Alegre. Cumplí diciendo lo siguiente: "Quisiéramos comenzar condenando los arrestos de pacíficos manifestantes para proteger a la elite global en Davos contra las protestas. También quisiéramos expresar nuestra consternación por el hecho de que mientras en Porto Alegre nos hemos esforzado por presentar un panel diversificado de oradores, ustedes en Davos han presentado a cuatro varones blancos para que nos enfrenten. Pero tal vez ustedes están tratando de hacer de esa manera una declaración política.
"Estuve en Davos el año pasado, y créanme, Davos no vale una segunda visita. Este año estoy aquí en Porto Alegre, y permítanme que diga que Porto Alegre es el futuro, mientras que Davos es el pasado. Hemingway escribió que los ricos son diferentes de ustedes y de mí, y ciertamente vivimos en dos planetas diferentes: Davos, el planeta de los súper ricos, Porto Alegre, el planeta de los pobres, los marginalizados, los preocupados. Aquí en Porto Alegre, estamos discutiendo el cómo salvar el planeta. Allá en Davos, la elite global está discutiendo el cómo mantener su hegemonía sobre los demás. En realidad, el mejor regalo que los dos mil ejecutivos corporativos en Davos pueden hacerle al mundo es que se suban a una nave espacial y partan hacia los espacios extraterrestres. Los demás viviremos mucho mejor sin ellos."
La prensa calificó la hora y media siguiente no como un debate, sino como un intercambio emotivo, que como comentó el Financial Times, "a veces degeneró en insultos personales." Pero yo y los otros ponentes - entre ellos Oded Grajew del Instituto Ethos de Brasil, Bernard Cassen de Le Monde Diplomatique, Diane Matte de Women´s Global Watch, Njoki Njehu de "50 Años Bastan," Rafael Alegría de Vía Campesina, Aminata Traole, ex Ministro de Cultura de Mali, Fred Azcárate de Jobs with Justice, Trevor Ngbane de África del Sur, François Houtart de Bélgica, y Hebe de Bonafini de las Madres de la Plaza de Mayo- estábamos reflejando simplemente el ambiente poco conciliatorio hacia la gente de Davos, sentido por la mayor parte de los doce mil que habían concurrido a Porto Alegre.
Para este público, gran parte de los cuales presenciaban el debate en un inmenso auditorio de la Universidad Católica, la globalización era un asunto de vida o muerte, y muchos compartían sin duda los sentimientos de Hebe de Bonafini cuando le increpó a Soros a través del Atlántico, "Señor Soros, usted es un hipócrita. ¿Cuántos niños han muerto por su culpa?" Que Soros pronunciara algunas palabras durante el debate sobre la necesidad de controlar los impactos negativos de la globalización no hizo gran cosa por mejorar su imagen hacia esa multitud, que lo veían fundamentalmente como un especulador financiero que había ganado miles de millones de dólares a costa de las economías del tercer mundo.
La realización del Foro Social Mundial, de una semana de duración, fue prácticamente un milagro. Propuesto por el Partido de los Trabajadores de Brasil (PT) y una coalición de organizaciones de la sociedad civil brasileña, apoyado con fondos importantes de patrocinadores como Novib, la agencia holandesa, y provisto del fuerte apoyo internacional del periódico mensual Le Monde Diplomatique y Attac, la alianza antiglobalización europea, el evento se organizó en menos de ocho meses. La idea de realizar una alternativa al retiro anual de la elite corporativa mundial en Davos, simplemente tuvo lugar. Aunque hubo algunas fallas aquí y allá, el evento tuvo un éxito resonante, a pesar del inmenso desafío de coordinar 16 sesiones plenarias, más de 400 talleres, y numerosos eventos externos.
Una razón fundamental para el éxito del FSM es que tuvo el apoyo organizativo del gobierno de la ciudad de Porto Alegre y del gobierno del estado de Rio Grande do Sul, ambos controlados por el PT. Porto Alegre ha logrado, de hecho, la reputación de ser una ciudad que es gobernada eficientemente y al mismo tiempo con sensibilidad hacia cuestiones sociales y ambientales. Se considera que la ciudad lidera el índice de calidad de la vida en Brasil.
Los temas en Porto Alegre se centraban no sólo en la confección o diseño de estrategias de resistencia contra la globalización, sino también en la elaboración de paradigmas alternativos para el desarrollo económico, ecológico y social. No estuvo ausente la acción militante, con Jose Bove, el celebrado activista francés contra McDonald's, y el MST brasileño (Movimiento de los Sin Tierra), dirigiendo la destrucción de dos hectáreas plantadas con soja transgénica por la compañía biotecnológica Monsanto.
Porto Alegre logró su objetivo de crear un contrapunto a Davos. La combinación de celebración, discusión seria, y solidaridad militante, contrastaba con las imágenes negativas que provenían de Davos. La ciudad suiza fue el centro de la mayor operación de seguridad en Suiza desde la Segunda Guerra Mundial. La policía suiza hizo lo imposible por impedir que los manifestantes llegaran al centro turístico alpino, y arremetió contra los manifestantes en Zurich con cañones de agua y gases lacrimógenos, arrestando a muchos de ellos. Hasta los periódicos conservadores suizos condenaron la operación policial como una amenaza a las libertades políticas en Suiza.
Tal vez el resultado del duelo entre Davos y Porto Alegre fue mejor resumido por George Soros: "Las excesivas precauciones fueron una victoria para aquellos que querían perturbar Davos. Fue una sobre-reacción. Ayudó a radicalizar la situación."
Sobre su actuación en el debate televisado con Porto Alegre, Soros comentó: "Mostró que no es fácil dialogar... No me gusta particularmente que me ofendan. Mi masoquismo tiene sus límites." El Financial Times anotó: "Tales experiencias poco agradables parecen haber perturbado momentáneamente su capacidad de suministrar lemas sucintos y expresivos."
Pero Soros no fue el único que pifió sus líneas. Después de mi declaración de apertura, Bernard Cassen de Le Monde Diplomatique se inclinó hacia mí y me dijo: "Walden, no fue Hemingway el que dijo que los ricos son diferentes de usted y de mí. Fue Scott Fitzgerald."
Traducción: Beatriz Martinez
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