El voto del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la ocupación estadounidense

Octubre 2003

La resolución de la ONU impulsada por EE.UU. que está a punto de ser aprobada por el Consejo de Seguridad no es más que un tupido velo sobre la ocupación de Irak desde el ámbito internacional.

La resolución de Naciones Unidas impulsada por EE.UU. que está a punto de ser aprobada por el Consejo de Seguridad, no es más que un tupido velo sobre la ocupación de Irak desde el ámbito internacional. La ocupación sigue siendo ilegal y viola la Carta de Naciones Unidas. La nueva resolución no aporta ninguna solución a los problemas fundamentales de la ocupación estadounidense de Irak: su ilegitimidad, su unilateralismo, y su responsabilidad por tanta destrucción y por la violencia constante que asola el país. La nueva resolución, diseñada tanto en beneficio de la política doméstica de Bush como con propósitos internacionales, no concibe nada que haga aceptable la ocupación, por lo que seguimos rotundamente en contra de ella.

La resolución sólo establece una nueva fecha límite para que el Consejo de Gobierno iraquí, escogido por EE.UU., anuncie su proyecto de borrador para una constitución y celebre elecciones. No establece un plazo de devolución de la soberanía a los iraquíes. No contempla ningún papel central, ni siquiera significativo, para la ONU, a pesar de hacer una referencia de pasada al Secretario General. La oposición dentro del Consejo, encabezada por Francia, Alemania y Rusia, se ha desmoronado ante la incesante presión de EE.UU. Pero la "victoria" de EE.UU. será una victoria pírrica. La nueva resolución puede proporcionar suficiente cobertura política para gobiernos como el turco, ansiosos por probar su lealtad a Washington, pero desde luego no va a resultar en el envío de un mayor número de tropas para su despliegue por parte de otros países, o de fondos para financiar la ocupación.

Aún no sabemos qué sobornos o amenazas ha ejercido EE.UU. para ganar el voto unánime. Pero la historia y los precedentes indican que tales presiones son prácticamente ciertas un hecho. En la crisis iraquí de1990-1991, se sobornó a China con la rehabilitación diplomática tras la matanza de Tiananmen y la reanudación de la ayuda al desarrollo a largo plazo, con el fin de evitar un posible veto a la resolución de Washington de autorizar la guerra. Al embajador de Yemen, después de votar en contra, le dijeron que "sería el voto en contra más caro que jamás daría". Yemen perdió todo su presupuesto de ayuda estadounidense.

Mientras que la ocupación estadounidense continúe, será inevitable que continúen las muertes de jóvenes soldados estadounidenses, innumerables civiles iraquíes, voluntarios internacionales y otras personas. La única forma de evitar los violentos ataques contra las tropas de EEUU es poner fin a la ocupación. La mejor forma de proteger a las tropas es traerlas a casa. La Administración de Bush debe terminar por completo con la ocupación. Considerando que la invasión y la ocupación han destruido prácticamente la infraestructura de gobierno y autoridad estatal en Irak, EE.UU. debería transferir la responsabilidad a una autoridad temporal de Naciones Unidades que supervisara una vuelta rápida a la soberanía iraquí.

No cabe duda de que EE.UU. va a utilizar la resolución para revindicar que su ocupación de Irak ha sido autorizada por Naciones Unidas. La percepción de que la ONU está de acuerdo con la ocupación estadounidense debilitará de hecho a Naciones Unidas. Muchos no reconocerán la intensidad de la presión y las amenazas estadounidenses que provocaron tal decisión. Esa postura aumentará la hostilidad hacia una organización global en Irak y otros países, lo que dificultará más tarde (cuando la ocupación se reconozca como un error) el trabajo de la ONU en Irak. Además, la decisión del Consejo fue un desaire hacia el Secretario General, Kofi Annan, quien, tras el horrendo bombardeo del cuartel general de la ONU en Bagdad, había mostrado una mayor voluntad de enfrentarse a EE.UU.

De acuerdo al derecho internacional y las convenciones de Ginebra, EE.UU. debería reconocer públicamente su obligación de financiar las necesidades humanitarias del pueblo iraquí. Los millones de dólares que debe Washington actualmente deberían volverse hacia un fondo de desarrollo para la rehabilitación del país dirigido por Irak y supervisado internacionalmente.

La Asamblea General de la ONU, al igual que otros gobiernos, tanto individual como colectivamente, deberían ser presionados para que se ocupen de la cuestión iraquí, y no dependa sólo del control del Consejo de Seguridad. La Asamblea debería apresurarse a condenar la guerra preventiva y hacer un llamamiento para poner un inmediato fin a la ocupación angloamericana.

Directora del proyecto Nuevo Internacionalismo del Institute for Policy Studies.

Phyllis Bennis es investigadora asociada del TNI y del Institute for Policy Studies de Washington DC, donde dirige el proyecto Nuevo Internacionalismo. Phyllis está especializada en política exterior estadounidense, especialmente con respecto a Oriente Medio y las Naciones Unidas, organización donde trabajó como corresponsal de prensa durante diez años. Actualmente, colabora también como asesora especializada de varios cargos de alto nivel de la ONU sobre cuestiones relacionadas con Oriente Medio y la democratización de la ONU.

Columnista habitual en varios medios, Phyllis es también autora de muchos artículos y libros, sobre todo centrados en Palestina, Iraq, la ONU y la política exterior de los Estados Unidos. Entre sus últimos libros, cabe destacar: Understanding the U.S.-Iran Crisis: A Primer (Interlink, 2008), Ending the Iraq War: A Primer (Interlink, 2008), Understanding the Palestinian-Israeli Conflict: A Primer (Interlink, 2007), Challenging Empire: How People, Governments and the UN Defy U.S. Power (Interlink, 2005).