Movimientos sociales y creatividad disidente

Gemma Galdon Clavell
Marzo 2006

En diciembre de 1999, miles de personas confluyeron en Seattle con un único objetivo: hacer fracasar la cumbre de la Organización Mundial del Comercio. Hasta ese día, prácticamente nadie sabíamos qué era la OMC, ni habíamos oído hablar de la globalización. Sin embargo, de repente, nuestras pantallas se llenaron de jóvenes y mayores, ecologistas, sindicalistas, precarios, madres, activistas uniendo sus fuerzas para, físicamente, impedir el éxito de la reunión. Trabajadores viejos y curtidos cruzaron sus brazos con los de estudiantes y precarios para crear barreras humanas que impidieran el acceso al lugar de la cumbre y protegerse de los ataques policiales.

Ese día no sólo fracasó la cumbre de la OMC, sinó que nació una nueva forma de hacer política. Una forma alejada del asceticismo de la posmodernidad, de los complejos post-soviéticos, del miedo ante el fin de la historia.

La globalización

Después de unos años 90 marcados por las campañas “temáticas”, por la asimilación de la supuesta victoria de las fuerzas del “Consenso de Washington”, el siglo XXI despertó con calles llenas de jóvenes de todos los colores, de “samba bands”, de performances, de disfraces... Llenas de una nueva fauna que, a diferencia de sus predecesores inmediatos, se atrevía a decir en voz alta que el emperador va desnudo, se atrevía a desafiar a los amos de mundo y a confrontar su pensamiento único con ideas de todos los colores.

El movimiento antiglobalización nació del reconocimiento de que ningún aspecto de nuestras vidas, ni de nuestras luchas, escapa a la influencia del capitalismo globalizado; por esta razón, la crítica a la globalización ha sido capaz de unir, por primera vez en mucho tiempo, a grupos y personas muy diferentes, todos y todas con ideas distintas pero con un objetivo común: devolver la cordura al mundo.

Los hijos del “nuevo orden mundial” de las promesas de paz y bienestar para todos, nos hemos encontrado en las calles con los hijos del 68 y de las derrotas de los 80, para ensayar nuevas formas de protesta. Frente al gris de Wall Street, hemos adoptado el rosa, el amarillo, el azul t todos los colores de la diversidad. Frente a los disfraces de poderoso, nos hemos vestido de hadas, tortugas, payasos y “monos blancos”. Frente al ruido de las cajas registradoras, hemos empezado a ensayar la banda sonora de un mundo al servicio de las personas y no de los beneficios. Miles de personas en todo el mundo celebramos volver a sentirnos capaces de hacer oír nuestras voces.

La creatividad disidente

Afortunadamente, el siglo XXI nos está permitiendo recuperar la lucha por la dignidad sin olvidarnos de pasárnoslo bien. Ya se acabaron los movimientos de protesta grises y moralistas. El cambio es una actitud cotidiana, y para sobrevivir hay que reírse.

Esto lo saben mejor que nadie The Yes Men (www.theyesmen.org). Un día, estos dos americanos con ganas de pasarlo bien y de sacudir algunas consciencias, decidieron crear una web de la OMC idéntica a la oficial pero con contenidos “reales” –es decir, descubriendo las cifras reales de hambre y pobreza en el mundo y las consecuencias de las políticas neoliberales. Para su sorpresa, pronto recibieron invitaciones para asistir a conferencias de expertos como si fueran verdaderos representantes de la OMC, así que pasaron dos años viajando por el mundo y hablando ante altos cargos, defendiendo un neoliberalismo extremo y barbaridades como la esclavitud y el reciclaje de excrementos de los ricos para alimentar a los pobres. Por increíble que parezca, jamás fueron expulsados de ningún foro, y todas sus intervenciones fueron largamente aplaudidas por las mismas personas que se dedican a elaborar las políticas antisociales que la OMC acaba imponiendo sobre todos los países del mundo.

También en Argentina los hijos de los desaparecidos de la dictadura decidieron organizar su rabia de una forma creativa e innovadora, así que desde hace años recurren al teatro y a las artes plásticas para organizar “escraches”: acciones en la calle de denúncia y visibilisación pública de las residencias de los militares que no han sido procesados por los crímenes cometidos durante el régimen en Videla.

Como uno de los rasgos más evidentes del capitalismo moderno es el consumismo y la voluntad de reducir toda actividad humana al intercambio de productos por dinero, este es un ámbito alrededor del cual han crecido muchísimos proyectos disidentes que pretenden desmontar la sociedad de consumo y recuperar el espacio público y mental para el pensamiento y la acción libre y no comercializada.

Entre estos, el más destacado es la Adbusters Media Foundation (www.adbusters.org), que desde hace más de diez años produce la revista Adbusters, pionera en la utilización de las nuevas tecnologías y el diseño gráfico para denunciar a las grandes multinacionales a través de la contrapublicidad. Su bandera de la América Empresarial y la imagen de cowboys muriendo de cáncer debido al abuso del tabaco que anuncian han dado la vuelta al mundo.

No obstante, la crítica al consumismo ha tomado miles de formas más, y es uno de los espacios en los que actualmente se concentra una mayor creatividad al servicio del cambio y la crítica social. En la República Checa, por ejemplo, el proyecto “Czech Dream” jugó durante semanas con la publicidad propia de la apertura de un gran centro comercial para posteriormente denunciar lo vacío que está el sueño del consumismo. Valoraciones morales aparte, “Czech Dream” obligó a despertar a más de uno.
Otro proyecto interesante, esta vez en la frontera entre la legalidad y la ilegalidad, es el de YoMango (www.yomango.org). YoMango se define como “franquicia que te montas donde tú quieras” y populariza el robo como forma de subvertir la lógica del capital y del dinero. En su página web recogen desde consejos para robar a centros comerciales al nuevo “Libro Rojo” del yomanguismo. Sus promotores están organizados alrededor de un colectivo que responde al revelador nombre de Sabotaje Contra el Capital Pasándoselo Pipa.

¿Alguien más se apunta a la fiesta para cambiar el mundo?