Repensar la política: estado/instituciones públicas

TNI
Colectivo Política en Red
Febrero 2008

Elementos de crisis y transformación institucional

En el ámbito institucional tenemos diversos y graves problemas. Una clara desproporción entre competencias y poderes formales de las instituciones y capacidades reales de transformación y cambio, en momentos en que la economía y el mercado han logrado ‘escapar’ del control político-institucional, manteniendo e incluso aumentando su capacidad de chantaje y condicionamiento de la acción pública.

Elementos de crisis y transformación institucional

En el ámbito institucional tenemos diversos y graves problemas. Una clara desproporción entre competencias y poderes formales de las instituciones y capacidades reales de transformación y cambio, en momentos en que la economía y el mercado han logrado ‘escapar’ del control político-institucional, manteniendo e incluso aumentando su capacidad de chantaje y condicionamiento de la acción pública. En este sentido, destaca la obsolescencia de los fundamentos políticos del estado-nación, que vinculaba poder a territorio, población y soberanía, cuando los tres elementos presentan hoy perfiles muy distintos a los tradicionales. Destaca asimismo la contradicción entre una legitimidad política fundamentada en el plebiscito popular cada x años, cuando la dinámica política y mediática somete a referéndum diario la acción institucional. Desde las instituciones se insiste en que la única vía de acción política democrática es la democracia representativa, mientas cada vez hay más gente que se aparta de esa política representativa por incapacidad legal (inmigrantes), por indiferencia, por constatar que no cambia para nada sus vidas. El propio debilitamiento político conduce a las instituciones a refugiarse en la legalidad, confundiendo crecientemente legitimidad y legalidad. En ese contexto, las instituciones tienden a una utilización sesgada (unidireccional, jerárquica, controladora) de las tecnologías para mantener su hegemonía, en una deriva cada vez más autoritaria y autista.

¿Cómo abordar la transformación de las instituciones? No se trata de mejorar lo que ya existe. Ése no puede ser el objetivo, aunque las reformas sean necesarias instrumentalmente. Hoy los objetivos que predominan son la mejora del sistema institucional que sustenta a la democracia representativa: sistema electoral, leyes de partidos políticos, descentralización, papel del parlamento, etc. Y, por otro lado, se habla y se publicita una política de transparencia y buen gobierno en ámbitos como el acceso a la información, la gestión de las ayudas gubernamentales, la ética en las actuaciones administrativas, el comportamiento de los altos cargos, etc. Mientras que, a escala operativa, se busca en la llamada New Public Management (nueva gestión pública) la fuente inspiradora de cambios en las administraciones públicas, desde lógicas inspiradas en el modo de funcionar de las organizaciones no públicas.

Las instituciones y administraciones deberían ser otra cosa. Ser una pieza esencial para implementar la política, desde una lógica no exclusivista ni jerárquica. Su labor no puede ser ‘monopolista’. Sin protagonismo popular, no habrá transformación sólo ‘desde arriba’. Las instituciones y las administraciones tienes su legitimación en su capacidad de dar respuesta a las necesidades y expectativas populares, sin que ello implique lógicas de dependencia, clientelismo y sumisión. Esto significa que, en una sociedad compleja como la actual, nuestras instituciones y administraciones deberían ser capaces de incidir en la transformación de nuestras sociedades, incorporando la diversidad y capacidad transformadora de las personas y colectivos. Inclusión y creatividad deberían ser pues dos factores centrales. ¿Cómo deberían funcionar? Las respuestas del New Public Management no nos sirven. Podemos proponer algunas líneas de trabajo. Avanzar hacia una administración deliberativa, en la cuál el diálogo sustituya a la especialización. Y ello puede concretarse en hacer efectiva la transversalidad, rompiendo los mitos de la especialización y la segmentación, así como incorporar conceptos nuevos de gestión como la confianza o la colaboración. Operativamente, esto da lugar a la necesidad de articular mecanismos de participación ciudadana y nuevas formas de relaciones intergubernamentales. Para ello creemos imprescindible generar confianza en que otra administración es posible (recuperando el valor de lo público y el prestigio de sus instituciones) y disponiendo de nuevos referentes en relación al tiempo (más paciencia), a los sentimientos (más afectividad) y a la colaboración (menos competitividad).

Joan Subirats y Quim Brugué

“Los dirigentes políticos de toda Europa se enfrentan actualmente a una verdadera paradoja. Por una parte, los europeos esperan de ellos que encuentren soluciones a los grandes problemas que acucian a la sociedad. Pero, al mismo tiempo, esos mismos ciudadanos tienen cada vez menos confianza en las instituciones y en los políticos, o simplemente no están interesados en ellos.”

La gobernanza europea: un libro blanco, Comisión de las Comunidades Europeas, Bruselas, 2001

[DIAGRAMA P. 38]

¿Cómo construir nuevas instituciones (sociales) desde una perspectiva de democracia radical?

Las redes vitales o de vida (barrios, consumidores, entornos laborales, personas afectadas por algún conflicto, etc.) son el terreno del que se alimentan las redes sociales que desarrollan instituciones de base como asociaciones de ayuda mutua o de defensa de sus propios derechos, asambleas formales para presionar a las autoridades, centros sociales, mercados informales, etc. Estas instituciones cohabitan, desde la cooperación al conflicto, con otras instituciones más integradas en los marcos públicos representativos (poderes locales o nacionales) legitimados por organizaciones como partidos y sindicatos.

La globalización tiende a debilitar cada vez más estas instituciones públicas en la medida en que las fuerzas del mercado (multinacionales, grupos financieros) parecen disponer de pleno control sobre los acuerdos internacionales (desde la OMC a la UE). Los ciudadanos perciben también que estas fuerzas colonizan parte de su vida, dónde y cómo pueden sobrevivir (si pueden). Una democracia radical se podría imaginar como un contrapoder que persigue promover experiencias horizontales, que llegan desde abajo, para la satisfacción de necesidades humanas: materiales, expresivas y ambientales.

¿Podrían estos dos tipos de instituciones (el Estado, las organizaciones de base) desarrollar herramientas comunes, estrategias para implicar a los ciudadanos u ofrecer alternativas a su ‘enemigo’ común desde esta perspectiva de la democracia radical? En este gráfico, planteamos algunas sugerencias. Cuando las redes públicas y sociales interactúan con el fin de construir un mundo social y horizontal contra la globalización neoliberal, los posibles resultados podrían conducir (o no) hacia un mejor entendimiento mutuo.