Contexto
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Contexto En abril de 2003 se celebrará el examen de mitad de período de los resultados de la Sesión Especial de la Asamblea General de Naciones Unidas (UNGASS, siglas en inglés) sobre el problema mundial de las drogas de 1998. La UNGASS se organizó en un principio para evaluar la eficacia A mitad de camino del plazo fijado, no queda más remedio que llegar a la conclusión de que las poco realistas fechas límite fijadas en la UNGASS de 1998 fracasarán por enésima vez. La revisión de mitad de período de abril de 2003 ofrece una oportunidad más para la reflexión objetiva y una verdadera evaluación, una oportunidad que la comunidad internacional no debería dejar escapar de nuevo. Según se concluyó a raíz de un estudio realizado por el parlamento británico, "Las tentativas de combatir las drogas ilícitas por medio de la imposición de la ley se han revelado tan ineficaces que es difícil argumentar a favor de su continuidad". Las dinámicas del control de drogas Durante la última década, han tomado forma dos tendencias opuestas en materia de políticas de control de drogas: una de ellas se decanta por la tolerancia y el pragmatismo mientras que la otra se inclina por la represión y la tolerancia cero. Estas dinámicas divergentes parten del reconocimiento común de que todos los esfuerzos realizados hasta el momento (erradicación, desarrollo alternativo, confiscación de partidas de drogas, desarticulación de grupos de traficantes, reducción de la demanda) no han conseguido ejercer un impacto global. Puede que abunden las buenas prácticas en el ámbito local, pero una reducción de la oferta o la demanda de drogas ilícitas es apenas detectable. En Europa y en algunos otros países con mentalidades afines, como Canadá, Australia y Nueva Zelanda, está ganando terreno un enfoque pragmático con respecto a la legislación nacional sobre drogas que implica un distanciamiento de la represión indiscriminada y de la tolerancia cero. En Resulta evidente que, tarde o temprano, la tendencia hacia la tolerancia, acompañada por la filosofía de la reducción del daño, se impondrá a las limitaciones de las convenciones sobre drogas de la ONU. De hecho, esta concepción se asoma ya en la esencia de algunos artículos. Aunque todos los pasos tomados hasta el momento son más o menos defendibles por cuanto se adhieren a la Convención Única de 1961, así como a los compromisos más estrictos acordados en la Convención de Viena de 1998, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) aprovecha puntualmente su La tendencia europea es sólo una de las piezas que componen la escena global. Otra de las piezas revela la existencia de una tendencia diametralmente opuesta: un aumento de la guerra contra las drogas impulsada por los Estados Unidos que conlleva el encarcelamiento masivo por delitos relacionados con las drogas y una mayor erradicación forzada de cultivos relacionados con drogas en muchos países. Aproximadamente en el mismo momento en que se celebraba la UNGASS en 1998, volvió La fecha límite de 2008 fijada por la UNGASS como tope para eliminar o reducir de manera considerable el cultivo ilícito de drogas se mezcló con la naturaleza brutal de la Ley para la Eliminación de las Drogas en el Hemisferio Occidental (aprobada por el Congreso estadounidense en octubre de 1998) en los planes generales para la región andina. La ofensiva se centró en Bolivia y Colombia e incluyó operaciones masivas de fumigación aérea organizadas al amparo del Plan Colombia y de la Iniciativa Regional Andina. Tras los atentados perpetrados en Nueva York y en Washington el 11 de septiembre, la industria de las drogas ilícitas se convirtió en uno de los principales objetivos de la guerra internacional contra el terrorismo. El motivo hay que hallarlo en la suposición de que los ingresos obtenidos a través del comercio de estupefacientes se utilizan para financiar a los denominados 'narcoterroristas' en Afganistán y en Colombia. El recién encontrado vínculo entre las drogas y el terrorismo se empleará para justificar el aumento de la guerra contra las drogas y, por extensión, de la guerra contra el terrorismo. El hecho de que la naturaleza ilegal del comercio de estupefacientes está empeorando la situación casi no se menciona en la actual fiebre contra el terrorismo. La asociación de drogas y terrorismo podría desembocar en situaciones espantosas y dificultará sin duda cualquier intento por hallar soluciones Polarización y parálisis Estas dinámicas divergentes en el ámbito del control internacional de drogas han experimentado una creciente polarización a lo largo de la última década. En el ámbito de la ONU, esta polarización se ha traducido en una completa parálisis. El PNUFID ha fomentado activamente un discurso cuyo objetivo consiste en reafirmar el compromiso político, oponerse a cualquier postura indulgente, cerrar filas frente a enfoques serios y fijar fechas límite. Todo ello, bajo la consigna "Un mundo libre de drogas - ¡Podemos hacerlo!". Durante el mandato del Sr. Pino Arlacchi como director ejecutivo de la agencia, ésta sufrió una profunda crisis, particularmente en los últimos años. Se acallaron los intentos de abrir el , se censuraron los párrafos críticos en sus propias publicaciones, se anunció a bombo y platillo acciones de dudoso éxito y se castigó a las voces disidentes entre su personal. La Oficina de Servicios de Supervisión Interna (OSSI) de Naciones Unidas fue designada para que investigara las acusaciones de mala administración, los donantes perdieron su confianza y el Sr. Arlacchi se vio obligado a dimitir en diciembre de 2001. La mezcla resultante de una fuerte postura a favor de la tolerancia cero y de una pésima gestión ha impedido que el PNUFID actuara como moderador frente a la creciente La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) ha mantenido siempre una interpretación muy estricta de las convenciones de la ONU y, a menudo, parece exceder su limitado poder al comunicarle su opinión a los estados soberanos cuyas políticas estén tomando una dirección Cada vez se cuestiona más la validez de las convenciones sobre drogas de la ONU. En mayo de 2002, la Comisión de Investigación sobre Asuntos Internos de la Cámara de los Comunes del Reino Unido publicó un informe muy interesante titulado
target="_blank">La política de drogas del gobierno, ¿está funcionando?. En el informe se llegó a la conclusión de que "si se puede sacar alguna lección de la experiencia de los últimos 30 años, es que las políticas que se basan completamente o en buena parte en la aplicación represiva de la ley están destinadas al fracaso. Está de presente el hecho lamentable de que los mejores esfuerzos de la policía y de las Aduanas han tenido poco o casi ningún impacto en la disponibilidad de drogas Un abierto sobre las convenciones Hasta estos momentos, las convenciones sobre drogas de Naciones Unidas han sido sacrosantas y ello ha impedido todo intento de abrirse camino hacia soluciones pragmáticas. La Comisión de Investigación sobre Asuntos Internos expresó que los cambios en la política de drogas del Reino Unido para acomodarla a una visión más indulgente "... podían ser implementados sin infringir los tratados ni requerir su renegociación. A largo plazo, sin embargo, creemos que ya es hora de que se reconsideren los tratados internacionales. Recomendamos que el gobierno inicie una discusión dentro de la Comisión de Estupefacientes sobre las vías alternativas, incluyendo la posibilidad de legalización y regulación, para tratar de resolver el dilema global de las drogas". Sin duda, este informe de la Comisión de Investigación se convertirá en la diana del fuego cruzado por ambos bandos: los defensores de la prohibición y los de la legalización, los dos grupos enfrentados en el sobre las drogas. La Comisión rechazó el concepto de la legalización y la regulación de las drogas. El informe reconocía que había buenos argumentos a favor de ésta pero definía el hipotético proceso como "un paso a lo desconocido... pisar en donde ninguna otra sociedad ha pisado todavía... poner en juego las indudables ganancias potenciales contra la inevitabilidad de un incremento significativo del número de consumidores". Aunque hay que reconocer que las conclusiones y las recomendaciones propuestas por el informe son discutibles, no cabe duda de que aporta muy buenos motivos para desarrollar el y superar la polarización existente entre las dos corrientes principales. Este enfrentamiento se está alargando demasiado y es el responsable de que el se haya convertido en una discusión bizantina. El punto muerto alcanzado entre la prohibición y la legalización no hace más que confundir a la opinión pública y paraliza las negociaciones políticas. Según el grupo prohibicionista, las convenciones de la ONU son inamovibles y representan la última línea de defensa contra la invasión de las malvadas drogas. Por otra parte, muchos de los partidarios de la legalización se engañan pensando que bastaría con desechar las convenciones para solucionar todos los problemas. (Véase Hora de avanzar - Polarización y parálisis en la política global de drogas.) Es cierto que las convenciones siguen siendo un obstáculo difícil de sortear para poder introducir políticas pragmáticas en el ámbito nacional. La única manera de avanzar hacia posturas más tolerantes implica efectuar cambios al régimen global o abandonarlo. Cualquiera de ambas posibilidades se toparía, de buen seguro, con una abierta hostilidad. Los Estados Unidos mantienen el marco disciplinar de este tipo de régimen como sus defensores más acérrimos. La presión ejercida por Washington ha complementado durante mucho tiempo la legitimidad moral conferida a la doctrina de la prohibición por parte de la ONU. Esta situación ha originado una increíble inercia. (Véase Hábitos de un hegémona: Estados Unidos y el futuro del régimen global de prohibición de las drogas.) Una estrategia viable para la reforma de la política sobre drogas no puede olvidarse de las muchas y complejas realidades creadas por un régimen prohibicionista, y debe plantearse de manera pragmática y realista. Por lo tanto, debe tener en cuenta cómo influirían los cambios de la política sobre el conjunto de la cadena productiva de las drogas, desde el productor hasta el consumidor, y centrarse en ofrecer más oportunidades a la diversidad de las políticas nacionales. El resultado final que se obtendrá tras este proceso sólo podrá descubrirse por la vía de la experimentación, de la evaluación y del intercambio de experiencias con miras a identificar cuáles son las mejores prácticas. El poder cuestionar la validez de las convenciones tal y como están redactadas hoy día debería constituir una parte aceptable y lógica del . Hay que abrigar la esperanza de que la comunidad internacional y la ONU sigan el ejemplo de la Comisión de Investigación sobre Asuntos Internos del Reino Unido y emprendan una auténtica valoración con el fin de desarrollar una política sobre drogas más humana, equitativa y eficaz. Reducción del daño en la producción La Comisión de Investigación sobre Asuntos Internos también concluyó que "... la reducción del daño, y no el castigo, debe ser el principal enfoque de las políticas hacia los consumidores de Existe, efectivamente, una contradicción entre la liberalización del consumo y el mantenimiento - o incluso el aumento - de la presión internacional para erradicar cultivos de drogas en regiones tradicionalmente productoras del Sur, donde la supervivencia de miles de campesinos depende de estos cultivos ilícitos. A estos países meridionales se les permite mucho menos margen político para reexaminar sus propias políticas nacionales y tomar medidas pragmáticas. Las convenciones sobre drogas de la ONU otorgan un limitado margen político con respecto a los cultivos relacionados con drogas. El estatus legal del cultivo de drogas naturales plantea graves problemas en las convenciones, mientras que ninguna de las tres convenciones sobre drogas insiste en la necesidad de penalizar como delito su consumo. Sólo la Convención de 1998 solicita expresamente a las partes que tipifiquen como delito penal en sus legislaciones la posesión, la Los eslabones más frágiles de la cadena de las drogas ilícitas (los consumidores y las poblaciones rurales dedicadas al cultivo de estas drogas) han sufrido consecuencias tremendamente negativas derivadas de las políticas de control de drogas. Las medidas de control tomadas en los países productores de drogas han perjudicado a gran parte de la sociedad, han avivado los conflictos internos y han extendido la corrupción, la violación de los derechos humanos y la degradación medioambiental. Así pues, urge establecer una política común de reducción del daño tanto en materia de consumo como de cultivo. De lo contrario, cualquier coalición con ánimo de reformar las convenciones de la ONU perderá toda su fuerza. Ello podría llevar a un desequilibrio aún más El proceso de reforma del PNUFID Como el principal organismo multilateral encargado de controlar los problemas relacionados con las drogas, el funcionamiento del PNUFID es crucial. El organismo no sólo ejecuta proyectos y actúa como consejero de muchos países sobre asuntos de política de drogas, sino que también funciona como secretaría de la Comisión de Estupefacientes de la ONU. Las recomendaciones resultantes de la investigación de la OSSI desencadenaron un proceso de reforma La sofocante política cultural del PNUFID - dejando de lado lo peculiar del sistema de administración de Arlacchi - se encuentra también en una difícil situación a causa de su dependencia de las convenciones, de las directivas establecidas por consenso en la Comisión de Estupefacientes como su órgano rector, y de la enorme influencia de los países donantes. Dada El informe de la OSSI concluyó que el anterior director ejecutivo, el Sr. Arlacchi, que había estado al frente del PNUFID de 1997 al 2001, se había apuntado victorias en el terreno de las drogas "más allá de los límites de la credibilidad". Asimismo, arrastró a la agencia hacia proyectos más que cuestionables que perjudicaron considerablemente la credibilidad política de la organización. El problema no radicaba únicamente en su estilo administrativo o en la falta de transparencia de los proyectos, sino también en la dirección política que tomó la agencia. Un claro ejemplo de este hecho lo ilustra el muy criticado Informe Mundial sobre Drogas 2000, en el que se hace patente el distanciamiento de la agencia con respecto al cambio de mentalidad sobre el control internacional de drogas. Todo ello contribuyó a minar la confianza de los donantes y, más aún, de las ONG y de la comunidad académica que trabaja en cuestiones relacionadas con drogas. En mayo de 2002, Antonio Maria Costa llegó a Viena para ocupar el cargo de nuevo director ejecutivo de la OFDPD, un acrónimo que se apresuró a simplificar en octubre de 2002 para convertirlo en OCD, Oficina contra la Droga y el Delito. Durante el primer discurso que pronunció ante el resto El examen de mitad de período de la UNGASS en abril de 2003 brindará al Sr. Costa una excelente oportunidad política para convencer al mundo de su intención de conducir el PNUFID siguiendo una dirección más racional, despedirse de los años de crisis, recuperar la confianza de los donantes y abrir el . La principal tarea del nuevo director ejecutivo consistirá en guiar el proceso de reforma interna que debe realizarse en el PNUFID y abrir las puertas a nuevos enfoques externos a la agencia. Así pues, hay que esperar que un grupo de países con mentalidades afines tengan ahora el valor de proponer un racional en el ámbito de la ONU basado en los análisis de Información del TNI Diverging Trends in International Drug Policy Making: The Polarisation Between Dogmatic and Pragmatic Approaches, por Martin Jelsma (TNI), 26 Septiembre 2002 [en inglés] Superando el impasse - Polarización y parálisis en la ONU, Drogas y Conflicto, n° 5 Julio 2002 Ataque a la política europea para el cannabis Informe del TNI, Abril 2002 Revising and Integrating Drug Policies at National and International Level: How Can Reform Be Achieved? Martin Jelsma (TNI), 27 Marzo 2002 [en inglés] Comunicado de prensa del TNI: Asuntos importantes se n en la Comisión de Estupefacientes de la ONU, 8 Marzo 2002 Posibilidades de cambio en el control internacional de drogas, Informe sobre políticas de drogas del TNI, n° 1, Diciembre 2001 |
