Crimen y Globalización
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Crimen y Globalización Durante los últimos años, se ha advertido mucho sobre la existencia de “la virulenta sinergia entre mundialización y delincuencia organizada”", [1] como ya lo hizo el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo en su Informe sobre Desarrollo Humano Según el IDH, el crimen organizado representa una amenaza para el proceso de la globalización. "En la raíz de todo ello, se halla la influencia cada vez mayor de la delincuencia organizada, que se estima que recauda 1,5 billones de dólares por año, rivalizando con las empresas multinacionales en cuanto a poder económico. Grupos de delincuentes a escala mundial tienen poder para contagiar la política, las empresas y la policía, desarrollando redes eficientes, ampliando su alcance en profundidad y alcance." [...] "Todos cuentan con operaciones que van mucho más allá de sus fronteras nacionales, y están formando ahora alianzas estratégicas vinculadas en una red mundial, que cosechan los beneficios de la mundialización." name=2b>[2] Las organizaciones mafiosas acogen a la globalización con los brazos abiertos, ya que para ellos crea "oportunidades nuevas y excitantes, y entre los oportunistas más emprendedores e imaginativos se hallan los delincuentes del mundo." Según el IDH, los grupos criminales son capaces de generar grandes cantidades de dinero: "se ha estimado que en 1995 el comercio ilegal de drogas ascendió a 400 mil millones de dólares, alrededor del 8% del comercio mundial, más que el porcentaje que corresponde al hierro y al acero o a los vehículos motorizados, y aproximadamente el mismo que los productos textiles (7,5%) y el gas y el petróleo (8,6%)." No obstante, durante la última década esto ha dado pie a una serie de esfuerzos de la comunidad internacional para combatir la supuesta proliferación del blanqueo de dinero y de lo que se conoce ahora como ‘delincuencia transnacional organizada’. Más recientemente, y en especial después de los atentados terroristas del 11 de septiembre, los ‘grupos criminales clandestinos’ se asocian cada vez más con el terrorismo político y éstos han pasado a formar parte de un ‘eje del mal’ oculto que representa una grave amenaza para la seguridad. Esta cuestión no da sólo para realizar trabajos académicos; la elaboración de importantes políticas también depende de la concepción más bien imprecisa que se hace del ‘crimen organizado’ y el ‘terrorismo’. El proyecto Crimen y Globalización del TNI aspira a analizar las relaciones entre el proceso de la globalización Se ha instaurado un conjunto de acuerdos multilaterales con el objetivo de ‘combatir la plaga’ en todo el mundo. En cuanto a la ONU y el G8, se han aprobado convenciones de lucha contra la delincuencia transnacional organizada y regulaciones para impedir el lavado de dinero. El Consejo de Seguridad de la ONU también ha puesto en marcha un programa global de lucha contra el terrorismo internacional. Al parecer, se está alcanzando un nuevo consenso internacional sobre cómo luchar contra este ‘eje del mal clandestino’. La agenda está dominada por un concepto de seguridad nacional que, extendido al panorama mundial, está minando el proceso actual de globalización. Este paradigma básico está planteando cada vez más dudas. Mucha gente se pregunta si será eficaz y advierte sobre los efectos negativos que podría tener sobre las libertades civiles, los derechos humanos y la soberanía nacional en el campo de la justicia penal. Nadie duda de que la acción internacional es necesaria para contrarrestar los efectos negativos de la delincuencia organizada –cada vez más transnacional, al igual que cualquier otra actividad económica–, así como para combatir los riesgos del terrorismo político y los impactos perjudiciales del dinero negro sobre la economía. La cuestión es saber si las estrategias que se llevan a cabo actualmente son adecuadas, justas y eficaces, y si las prioridades se han definido correctamente. Como dijo un académico, según la Convención contra la delincuencia transnacional organizada, un grupo compuesto por tres ladrones y un negocio legal cualquiera encargado de transferir el dinero al extranjero puede ser considerado como una organización criminal transnacional. La cuestión relativa a los delitos corporativos o de ‘guante blanco’ y sus ramificaciones internacionales, que han ido creciendo gracias a la liberalización y la privatización que caracterizan al proceso actual de globalización, está siendo olvidada en los debates y en los acuerdos a pesar de los terribles efectos que ésta tienen sobre la economía nacional y mundial y el tejido social. Parece más fácil señalar con el dedo a un enemigo común de delincuentes y terroristas "externos" fuera de la sociedad civil que buscar al enemigo desde dentro, el que se esconde en los negocios corporativos. La diferencia entre un delincuente sin escrúpulos y un emprendedor nato no siempre está clara. Sin embargo, la cuestión reside saber hasta qué punto la delincuencia y la violencia que supuestamente amenazan al proceso actual de la globalización son fruto de ese mismo proceso, ya que no sólo genera claramente efectos secundarios sino que puede ser considerado también como un factor agravante de la pobreza y desigualdades ya existentes. La actual etapa de la globalización, impulsada por la competitividad de los mercados mundiales, avanza a un ritmo más elevado que las medidas de control de los mercados y las repercusiones sobre las personas. Como se recoge en el IDH de 1999: "la integración mundial sigue adelante a velocidad vertiginosa y con un alcance sorprendente. Pero el proceso es desigual y desequilibrado, con participación desigual de países y pueblos en las oportunidades de expansión de la mundialización, en la economía mundial, en la tecnología mundial, en la difusión mundial de culturas y en la estructura de gobierno mundial. Las nuevas normas de la mundialización –y los participantes que las redactan– se centran en la integración de los mercados mundiales, descuidando las necesidades de la gente que los mercados no pueden satisfacer. El proceso está concentrando el poder y marginando tanto a los países pobres como a las personas pobres." [5] O como apunta Susan George: "la globalización está creando una sociedad a tres bandas en la que se encontrarán los explotadores, los explotados y los marginados, gente a quien ni siquiera valdrá la pena explotar. [6] Se puede decir que la marginación obliga a las personas a ‘migrar hacia la ilegalidad’. No sólo en el sentido literal del término, cuando intentan atravesar las fronteras cerradas de los países ricos y desarrollados donde a menudo trabajan como inmigrantes ilegales mal pagados, sino también en el sentido figurado, cuando realizan actividades ilegales porque la economía legal no tiene nada que ofrecerles. La masa de pobres representa una mano de obra muy práctica y es víctima potencial de las organizaciones criminales: comunidades de campesinos agrícolas en los Andes y en el centro y sudeste asiáticos que dependen del cultivo de la coca y del opio sólo para sobrevivir; trata de personas y negocios de prostitución; barrios de chabolas en las grandes ciudades brasileñas dominados por bandas violentas que compiten entre ellas y que sustituyen al Estado; un ejército de “mulas” de la droga –transportadores– que llevan la droga a los mercados de consumo del Norte; pirateo de los derechos sobre la propiedad intelectual como patentes, marcas registradas y planos industriales, etc. El desarrollo de economías ‘sumergidas’ o ‘clandestinas’ representa un reto importante para la buena gobernanza. Los actores económicos legales e ilegales se dan cita en esas zonas grises de los mercados oficiosos irregulares. Debemos considerar en este sentido el papel de las empresas privadas a la hora de consentir o de involucrarse activamente en actividades ilegales como el contrabando de tabaco, el blanqueo de dinero, el comercio ilegal de diamantes y de maderas, los delitos medioambientales de las empresas mineras y petrolíferas, la contratación de mano de obra ilegal, el soborno de miembros de la administración pública para la adjudicación de contratos, etc. Las consecuencias del crecimiento desproporcionado de las economías ya mencionadas son la corrupción, el hundimiento del Estado y los conflictos sociales. Estos efectos negativos sobre las economías, las democracias y las sociedades son reales. Ése es a su vez el entorno en el que subsisten y sobreviven los marginados. Las economías sumergidas ofrecen a menudo medios de subsistencia a gente marginada que sufre los varapalos de un sistema económico mundial que no es capaz de cubrir las necesidades de todos. El proyecto del TNI Crimen y Globalización define sus líneas a partir de este complicado contexto. El proyecto analizará el impacto de las actividades de las redes criminales en el sistema económico mundial, en especial en el sistema financiero internacional, y estudiará las relaciones entre la ‘migración hacia la ilegalidad’ y sus consecuencias, la buena gobernanza, los Estados fallidos y los conflictos civiles. También se encargará de investigar la naturaleza y el impacto de las iniciativas políticas internacionales y multilaterales sobre estos temas, prestándo especial atención, entre otros, a la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y el Grupo de Acción Financiera contra el Blanqueo de Capitales iniciado por los gobiernos del G7. Para ello, el proyecto del TNI sobre Crimen y Globalización organizará seminarios en torno a las cuestiones que puedan sentar la base de un programa a largo plazo:
[1] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), [2] Informe sobre Desarrollo Humano 1999, pp. 60 y 59. [3] Informe sobre Desarrollo Humano 1999, p. 59. [4] La globalización es un concepto difuso. Lo que ahora se denomina globalización es en realidad un ciclo nuevo de un proceso que empezó varios cientos de años atrás, cuando el comercio se expandió a través de las fronteras y continentes. La idea de fronteras (y pasaportes para cruzarlas) es, por cierto, un fenómeno bastante reciente del proceso. Como bien señaló Susan George (véase: Corporate-led Globalisation) es preferible usar nunca la palabra “globalización” sin calificarla: el ciclo actual se caracteriza por una globalización 'dirigida y conducida por corporaciones' y basada en una ideología neoliberal que se ha ido construyendo cuidadosamente durante las últimas décadas. Esta globalización está dominada por doctrinas y políticas neoliberales, como el libre comercio, los flujos de inversión y capital, la privatización de los servicios públicos, la desregulación, etc. No se trata en sí de una catástrofe natural inevitable, sino de un proceso dinámico y flexible que tiene sus propias contradicciones y que puede ser alterado por otras doctrinas más aceptables socialmente. [5] Informe sobre Desarrollo Humano 1999, p. 47. [6] Susan George, The Corporate Utopian
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