¿Diplomacia de béisbol o simplemente béisbol?

Agosto 2008

El béisbol también tiene su papel reservado en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

En marzo de 1998, los Orioles de Baltimore viajaron a Cuba para jugar contra su equipo nacional en La Habana. En un juego donde se lucieron los lanzadores, los Orioles ganaron 3 por 2 en la decimotercera entrada. Dos meses más tarde los cubanos apabullaron a los pájaros en Baltimore. Durante los juegos, los cazadores de talentos de varios equipos de ambas ligas tomaron notas detalladas acerca de los jugadores cubanos.

El béisbol también tiene su papel reservado en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

En marzo de 1998, los Orioles de Baltimore viajaron a Cuba para jugar contra su equipo nacional en La Habana. En un juego donde se lucieron los lanzadores, los Orioles ganaron 3 por 2 en la decimotercera entrada. Dos meses más tarde los cubanos apabullaron a los pájaros en Baltimore. Durante los juegos, los cazadores de talentos de varios equipos de ambas ligas tomaron notas detalladas acerca de los jugadores cubanos. Es más, si ese estudio cuidadoso fuera practicado por los diplomáticos cubanos en La Habana los que deciden la política en Washington pudieran aprender mucho acerca de la naturaleza de Cuba. Esto puede que suceda cuando los peces aprendan a cantar ópera.

Los juegos, como sabemos, no hicieron que Washington eliminar su embargo o su prohibición de viajar a Cuba. Sin embargo, la diplomacia del béisbol provocó la deserción en 2002 del lanzador estrella de Cuba, José Contreras, a quien los Orioles solo le batearon dos hits en nueve entradas. Firmó con los Yankees de Nueva York por millones de dólares. Hasta en el siglo 21 la diplomacia del dólar sigue funcionando.

El propietario de los Orioles, Peter Angelos, según un periodista deportivo que lo acompañó a Cuba, “estaba disgustado. Él quería a Contreras, pero no ofreció lo suficiente. ¿Por qué otra razón iba él a obligar a su equipo a viajar a Cuba por un día?”

Desafortunadamente la banal explicación tenía sentido. Angelos no había demostrado mucho interés por los temas sociales, a no ser los que afectaran su fortuna. Para el béisbol de Grandes Ligas, la visita significó la primera vez que un equipo profesional jugara en Cuba desde que La Habana fue eliminada de la Liga Internacional AAA en 1960. Hablemos claro, aficionados, el béisbol, al igual que la mayoría de las instituciones culturales de este país, es un negocio multimillonario. Los asuntos de estado están en un distante segundo lugar.

Sin embargo, antes de que la multitud llenara el estadio de La Habana, equipos de niños de Baltimore y del área de Washington jugaron con sus contrapartes de La Habana en varios terrenos de la capital. Padres y niños cubanos y norteamericanos se encontraron y hablaron. La excusa beisbolera para una visita --aprobada por la Administración Clinton--también permitió el diálogo entre los fanáticos beisboleros cubanos y norteamericanos. En su silla de palco, Fidel alentó a su equipo. El público cubano y el puñado de visitantes norteamericanos que tenían boletos se comportaron cortésmente. No vi a nadie bebiendo en exceso ni realizando hechizos de santería contra los Orioles --una práctica normal en los juegos de la liga cubana.

Cuatro años más tarde, en 2002, la administración Bush impuso límites draconianos a los viajes a la isla, amenazando con la cárcel y multas más altas a los viajeros sin licencia y limitando la cantidad de dinero que los cubanos en Estados Unidos pueden enviar a sus familiares en la isla.

Desde entonces, no ha habido indicios de diplomacia deportiva en la atmósfera viciada de Washington --es decir, hasta el 8 de julio. Cuando el Representante Lincoln Diaz-Balart (republicano por la Florida) supo de un proyecto de viaje de niños de 11 y 12 años de Vermont y Nueva Hampshire a La Habana, casi sufrió un ataque de pánico. Exigió entonces una reunión de emergencia con funcionarios del Departamento de Estado y de la Oficina de Control de Valores Extranjeros (OFAC) perteneciente al Departamento del Tesoro. La obediente agencia del poder ejecutivo, por supuesto, aceptó y programó una sesión.

Diaz-Balart y su hermano Mario, quien también representa a un distrito del Sur de la Florida repleto de exiliados cubanos, se ponen nerviosos cada vez que saben de cualquier asunto que pueda rozar con una pluma las estrictas reglas del embargo y de la prohibición de viajes que ellos, junto con los otros miembros de la industria del Odio a Castro (que todavía no está en el rango de los miles de millones de dólares) ayudan a preservar. Para los hermanos Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen, su homóloga femenina del Sur de la Florida, limitar los viajes a Cuba es una prioridad mucho mayor que los asuntos banales que sus electores enfrentan --desempleo, liquidación de hipotecas, deserción escolar y ausencia de cuidados de salud.

Ros-Lehtinen y los hermanos Diaz-Balart ayudan a guiar --junto con la familia Bush-- al pequeño pero influyente Caucus de Democracia en Cuba en el Capitolio. El 10 de julio, este bastión de enemigos de Castro invitaron a todos los Miembros a una reunión “importante” con Bisa Williams, Coordinadora de la Oficina de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado, y Barbara Hammerle, Vice Directora de OFAC.

En la reunión, según la invitación cursada, Díaz-Balart planeaba “discutir la misma preocupante concesión de una licencia de OFAC y el Tesoro a un equipo de la Pequeña Liga para viajar a Cuba en agosto. He incluido enlaces con dos artículos de periódico que brindan detalles acerca del asunto” (Al Kamen, Washington Post, 30 de julio).

Los Diaz-Balart y Ros-Lehtinen han presionado a la Administración Bush para que convierta a OFAC en una agencia de monitoreo a Cuba. Algunos congresistas ingenuos pueden haber pensado que OFAC realmente llegó a vigilar las transacciones monetarias de Al Qaeda, pero un despacho de AP reportó que OFAC, responsable supuestamente de “bloquear las fuentes financieras de los terroristas”, admitió en una carta al Congreso que solo cuatro de sus empleados de tiempo completo investigaban la fortuna de Osama bin Laden, pero 25 funcionarios de OFAC monitoreaban a ciudadanos norteamericanos que viajaban a Cuba y otras supuestas violaciones del embargo y la prohibición de viajar.

El senador demócrata por Montana Max Baucus señaló que en vez de desempeñar un papel clave en la lucha con el terrorismo, la agencia interfiere con los norteamericanos que viajan en bicicleta por Cuba.

Entre 1990 y 2003, monitores de OFAC realizaron 93 investigaciones de terrorismo, y desde 1994 han cobrado solo $9 425 dólares en multas relacionadas con violaciones de las regulaciones contra el financiamiento de tal actividad. Sin embargo, durante ese período abrieron 10 683 investigaciones relacionadas con Cuba y cobraron más de $8 millones en multas, pagadas principalmente por personas que viajaron a Cuba sin licencia o de cubanos que enviaron más remesas a sus familiares que las permitidas por las regulaciones (John Solomon, 29 de abril de 2004).

Para enfatizar la manera en que OFAC opera como brazo de la industria anti Castro, Ted Levin, un entrenador del equipo de Vermont, dijo que le llevó “20 meses y tres rechazos antes de que OFAC aprobara el viaje en abril”.

Lincoln Diaz-Balart ofrece el argumento de “castigar” a Castro negando dinero a Cuba. El vicegobernador republicano de Vermont Brian Dubie se burló de tales ideas, porque él cree que el viaje “inducirá un mundo mejor y más seguro y creo que es por medio de las relaciones básicas de persona a persona y de que equipos de béisbol jueguen entre sí que ampliamos nuestra comprensión, y que eso es coherente con los objetivos de nuestros viajes iniciales a Cuba”. (Rutland Herald, 31 de julio)

Dos senadores de Vermont, el demócrata Patrick Leahy y el independiente Bernard Sanders, también apoyaron el viaje informal de mini diplomacia beisbolera, así cono los senadores republicanos por Nueva Hampshire Judd Gregg y John Sununu y los representantes demócratas Paul Hodes (Nueva Hampshire) and Peter Welch (Vermont).

Expertos de las Grandes Ligas no parecieron estar interesados, ya que los buscadores de talentos no fueron invitados y por tanto no se podría hacer un reclutamiento serio. LA OFAC emitió licencias de viaje a solo 14 jugadores y a unos pocos entrenadores. Pero a Leahy no le gustó la idea de que el gobierno dijera a norteamericanos comunes y corrientes, mucho menos a jugadores de la Pequeña Liga, adónde y cuándo podían viajar. “Si el presidente puede ir a China a expensas de los contribuyentes, estos niños deben poder ir en un viaje a Cuba pagado con fondos privados para jugar a pelota.”

Los Diaz-Balart y Ros-Lehtinen parecen compartir mentes bicamerales, como dice el sociólogo Nelson Valdés. De una cámara mental provienen las declaraciones de que Cuba es un peligroso estado terrorista y por lo tanto se merece el aislamiento; de otra proviene el llamado al asesinato de Fidel. (Ros-Lehtinen, en “638 Maneras de Matar a Castro”.)

Los tres han apoyado la causa de terroristas autoconfesos como Luis Posada Carriles y Orlando Bosch --responsables del sabotaje de un avión de Cubana de Aviación en donde murieron 73 personas a bordo. Ahora, junto con el “Santo Joe” Lieberman (independiente por Connecticut) exigen la amnistía para Eduardo Arocena, quien fue condenado por asesinar a un dip0lomático cubano en Nueva York y de tratar de colocar una bomba en el auto del embajador cubano ante la ONU Raúl Roa en 1980, así como de otros nueve sabotajes con bombas. Él no es un terrorista, según los que solicitan a Bush que lo ponga en libertad, es un luchador por la libertad. No hay dudas de que ha luchado contra la libertad de manera muy dramática.

Que el poder de tales legisladores de moralidad bipolar haya capturado la política hacia Cuba de la administración Bush es en sí atemorizante. Imagine cuando los hermanos Díaz-Balart y Ros Lehtinen lean el despacho de AP del 5 de agosto de que la OFAC ha concedido la licencia al equipo de béisbol de la Universidad de Alabama. Más allá de las afecciones del humor, tal noticia podría provocar un grave ataque de hemorroides y dar un nuevo sentido al término Marea Roja.

Mientras tanto, estos bastiones de la industria anti Castro continúan presionando con fuerza para que se libere a los terroristas de la industria anti Castro. ¡Ah, los fanáticos!

Algunos funcionarios gubernamentales pudieran considerar que un juego de béisbol es una manera de redirigir su energía relacionada con Cuba hacia la competencia deportiva, en vez de hacia la venganza pueril. ¡A jugar!

Saul Landau es investigador sénior del Transnational Institute.

Realizador, periodista y escritor

Saul Landau, investigador sénior y ex director del TNI (1976), es un renombrado realizador, periodista y escritor. Landau escribe una columna semanal sobre política nacional y exterior de los Estados Unidos y ha producido más de cuarenta película sobre cuestiones sociales, políticas, históricas y de derechos humanos.

Sauld ha escrito 14 libros; el último, se titula A Bush and Botox World (Counterpunch, 2007). Obtuvo el premio Edgar Allen Poe Award por Assassination on Embassy Row, un informe sobre sobre el asesinato en 1976 del embajador chileno Orlando Letelier y su compañera, Ronni Moffitt.

Es catedrático honorario en la Universidad Estatal de California en Pomona. Gore Vidal afirma que "Saul Landau es un hombre del que encanta robar ideas".