Las joyas de la familia son falsas, pero revelan claves del imperio

Julio 2007
Los documentos desclasificados de la CIA revelan un imperio informal que opera en el marco formal de una república.

“La CIA desclasificará… registros secretos de hace mucho que detallan algunos de los peores abusos ilegales de la agencia de inteligencia --las llamadas ‘joyas de la familia’ que prueban intentos de asesinato en el exterior, espionaje dentro del país, secuestros e infiltración de grupos izquierdistas desde la década de 1950 hasta la del 1970”, informo el director de la CIA Michael V. Hayden. (The Washington Post, 22 de junio de 2007.)

Cuando las “joyas” aparecieron el 25 de junio, descubrí que eran de imitación. Es más, casi todos los documentos desclasificados fueron publicados anteriormente, pero una vez más el público pudo lamer una punta babosa del repulsivo iceberg de asesinato y destrucción. Extrañamente, la muestra de actividades de la CIA durante dos décadas le permite a uno comprender la naturaleza contradictoria de un imperio mundial que depende de la fuerza militar para someter y subyugar, tratando de operar bajo las reglas de una república nacional. Por ejemplo, una sucesión de presidentes autorizó el asesinato de líderes de otros países, algunos democráticamente elegidos; sancionaron el derrocamiento de gobiernos “desobedientes”; y se involucraron en enormes conspiraciones para dirigir los hechos políticos en direcciones favorables a las de intereses norteamericanos --de negocio y de gobierno. Presidentes desde Truman hasta George W. Bush sabían que autorizar el asesinato es ilegal, que la conspiración para derrocar gobiernos --“cambios de régimen”-- viola la Ley de Neutralidad, que la tortura, la escucha subrepticia a los ciudadanos, y la apertura del correo de otras personas viola la Constitución de EEUU.

Por desclasificaciones previas de documentos de la CIA, el FBI y la NSA, descubrimos que tales hechos ocurrieron de manera rutinaria desde 1948 hasta la actualidad. El axioma que aprendimos en la escuela primaria se ha convertido en una broma. “Somos un gobierno de leyes, no de hombres”.

Los hombres --y las mujeres-- hicieron la ley; otros la violaron de forma sistemática. Irónicamente, los que hicieron la ley sabían de los trucos sucios de la CIA desde el principio, y bien fingieron ignorancia o se retorcieron las manos.

Los documentos ofrecen la sacudida del reconocimiento --ya sufrimos la sacudida de la sorpresa cuando hace décadas los reporteros revelaron lo que los documentos validan ahora. Bobby Kennedy, mientras era el Fiscal General bajo su hermano, de 1961 a 1963, conspiró con la CIA, la Mafia y el representante de Howard Hughes para asesinar a Fidel Castro. Kennedy y la CIA querían venganza por la derrota de Bahía de Cochinos, jefes de la Mafia como Santos Traficante y Salvatore "Momo" Giancana esperaban asesinar a Castro para que les devolvieran sus casinos y sus hoteles; Hughes probablemente esperaba ofrecer sus servicios a cambio de que no lo procesaran por evasión de impuestos.

Giancana estaba en la lista de los diez fugitivos más buscados por el fiscal general de EEUU en el preciso momento en que el Fiscal General Robert Kennedy colaboraba con ellos.

A fines de 1960 capos de la Mafia entraron de contrabando a Cuba --oculto en un envase de cold cream-- “un tipo de píldora potente que podría colocarse en la comida o bebida de Castro”.

En 1974 Castro me dijo que era un “veneno pernicioso que se metabolizaría en mi sangre, de manera que una autopsia no revelaría su presencia”. Sonrió. “Por esos días me gustaba mucho el batido de chocolate. El mejor lo hacían en el (hotel) Habana Libre. Así que yo iba allí con frecuencia. La píldora venenosa se la entregaron al hombre que hacía los batidos y él la ocultó en el congelador, junto a los envases de helado. Por suerte para mí, en la noche fatal la píldora se quedó pegada a la pared del congelador y él no quiso llamar la atención tratando de despegarla. Mis guardaespaldas lo estaban observando. Poco después fue atrapado y confesó. Nuestros laboratorios analizaron la píldora. ¡Muy sofisticada! Esa fue la oportunidad que la CIA estuvo más cerca de atraparme. Aparentemente, después de la noticia de mi muerte la CIA planeaba lanzar la invasión de Bahía de Cochinos.”

Con tales chanchullos, los Kennedy llevaron la violencia patrocinada por el estado a nuevas alturas. Bajo Truman y Eisenhower la CIA había manipulado elecciones europeas, matado a “enemigos” y realizado golpes de estado en Irán y Guatemala. Pero para derrocar a la Revolución cubana, la CIA construyó en Miami su más grande estación (JMWAVE) en 1960-1961 para reclutar y entrenar a los exiliados anticastristas para que cometieran asesinato y sabotaje contra Cuba y los cubanos. La CIA conspiró con los gobiernos de Guatemala y Nicaragua para lanzar la invasión de Cuba con su fuerza de alquiler en abril de 1961. La CIA entrenó a las tropas en Guatemala y las embarcó desde Puerto Cabezas, Nicaragua, donde el dictador Somoza ofreció una recompensa al hombre que le trajera de vuelta un vello púbico de Fidel Castro --algunos aseguran que Somoza dijo primero “un pelo de la barba”. ¡Qué sentido del humor!

Aún más gracioso, la CIA ofreció $150 000 a asesinos de la Mafia para que liquidaran a Castro, uno de los incontables planes de asesinato de la CIA contra líderes extranjeros que los nuevos documentos públicos revelan.

La CIA también seleccionó como blancos al líder independista congolés Patricio Lumumba y al dictador Rafael Trujillo, de República Dominicana. Este seguía exigiendo sobornos --¡qué desobediencia a los deseos del imperio, no a la ley escrita!

La CIA ignoró las leyes, tanto norteamericanas como extranjeras. En las décadas de 1960 y de 1970, la CIA espió a ciudadanos y periodistas que estaban en contra de la guerra de Viet Nam, y administró medicamentos experimentales a sujetos sin su consentimiento. Como resultado, algunos murieron.

La CIA aceptó su culpa por burlar la ley. Los medios adoran culpar a la Agencia. Pero los presidentes autorizaron los actos encubiertos: asesinatos, golpes, pruebas de medicamentos en civiles, fisgoneo y revisión del correo, manipulación de la prensa y otras magias negras relacionadas.

En 1983, gracias a una solicitud bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA), recibí seis de mis cartas personales --enviadas y recibidas-- que la CIA había abierto. Eran cartas enviadas a amigos o enviadas a mí por ellos, e impuestas al correo en la URSS y Cuba. Jane Fonda y miles de otros ciudadanos sufrieron similar invasión de su privacidad. La CIA entró subrepticiamente en las propiedades de ex empleados e intervino los teléfonos de periodistas --actividades realizadas en territorio norteamericano y prohibidas por la ley. Nadie fue procesado.

Durante la Guerra de Viet Nam la CIA inventó el programa Phoenix, según escribió Seymour Hersh, un “nombre en clave para un programa de contrainsurgencia que EEUU adoptó durante la guerra de Viet Nam, mediante el cual se enviaba a equipos de Fuerzas Especiales a capturar y asesinar a vietnamitas que se creyera que trabajaban o simpatizaban con el Viet Cong”.

“La operación se descontroló”, continuó Hersh. “Según estadísticas oficiales sudvietnamitas, Phoenix anunció casi cuarenta mil víctimas entre 1968 y 1972; EEUU contó más de veinte mil en el mismo período. Algunos de estos asesinatos no tenían nada que ver con la guerra contra Estados Unidos, sino que eran el resultado de agravios personales.

William E. Colby, el oficial de la CIA que se hizo cargo del Programa Phoenix en 1968 (posteriormente fue nombrado director de la CIA), reconoció más tarde ante el Congreso que “muchas de las cosas que se hicieron nunca debieron haberse hecho”. (The New Yorker, 15 de diciembre de 2003.)

El Secretario de Estado Colin Powell reconoció una operación similar cuando se refirió a la desestabilización de Chile en 1970 a 1973 como “una parte de la historia norteamericana de la que no estamos orgullosos”. (Entrevista en el programa “Youth Town Hall”, de la Televisión Negra de Entretenimiento, 20 de febrero de 2003.)

Powell se refería al material revelado por las audiencias en 1975 del Comité Frank Church (demócrata por Idaho), cuyo nombre oficial era Comité Senatorial Selecto parta Estudiar Operaciones Gubernamentales Relacionadas con Actividades de Inteligencia, y en el cual el director de la CIA Richard Helms contó la manera en que el Presidente Nixon y el Asesor de Seguridad Nacional Henry Kissinger le habían entregado dinero y “el bastón de mando de mariscal” para que “desestabilizara” al gobierno de Allende. Esto incluyó el intento de asesinato en octubre de 1970 al jefe del ejército chileno General René Schneider, realizado por un grupo pagado por la CIA, así como sobornos ofrecidos a miembros del Congreso de Chile y a los oficiales. La CIA también pagó a trabajadores de sectores claves para que declararan huelgas que “hicieran gritar a la economía”. El Presidente Jimmy Carter designó al Almirante Stansfield Turner para que limpiara a la CIA y la hiciera trabajar de conformidad con la ley. No funcionó.

Su sucesor Ronald Reagan puso a William Casey al frente de la Agencia. Casey abandonó todo respeto por la ley y eludió las resoluciones del Congreso a fin de apoyar a los contras en Nicaragua. La CIA minó los puertos nicaragüenses, distribuyó un manual de asesinato, y finalmente vendió ilegalmente misiles a Irán (el escándalo Irán-Contras) para poder financiar a los contras.

Los presidentes usaron el contexto de la Guerra Fría como excusa para la criminalidad. Los medios y el público aceptaron este pretexto. Habituados por medio de incontables filmes de Hollywood, programas de TV y novelitas de acción, aceptaron la “desagradable realidad” como necesaria para luchar contra el comunismo.

Entonces la Guerra Fría terminó, así como las excusas para seguir con las actividades sucias de la CIA. Surgieron escándalos acerca de altos funcionarios de seguridad --como Robert Phillip Hanssen y Aldrich Ames-- que vendían “secretos de alta seguridad” a la URSS, cuyos líderes obviamente hicieron poco uso de ellos para la supervivencia soviética.

Sin embargo, después del 11/9 Bush reemplazó la guerra contra el comunismo por la interminable guerra al terrorismo y llevó las actividades criminales previas a niveles que pocos pudieron haber previsto. Hace diez años pocos norteamericanos hubieran concebido que un presidente autorizara las intervenciones telefónicas masivas, la caracterización de musulmanes norteamericanos, una Ley Patriota de dudosa constitucionalidad, la destrucción de Irak, el establecimiento de prisiones secretas de tortura o una escandalosa cárcel de detención en Guantánamo, donde el habeas corpus había dejado de existir.

Después de que se aplaque la indignación, puede que un sabio pregunte: “¿Cómo es posible que en el siglo 21 un imperio informal haya podido operar en el marco formal de una república --excepto violando la propia esencia de lo que cada ciudadano aprende como valores republicanos, las verdaderas joyas de la familia de una república?”

Realizador, periodista y escritor

Saul Landau, investigador sénior y ex director del TNI (1976), es un renombrado realizador, periodista y escritor. Landau escribe una columna semanal sobre política nacional y exterior de los Estados Unidos y ha producido más de cuarenta película sobre cuestiones sociales, políticas, históricas y de derechos humanos.

Sauld ha escrito 14 libros; el último, se titula A Bush and Botox World (Counterpunch, 2007). Obtuvo el premio Edgar Allen Poe Award por Assassination on Embassy Row, un informe sobre sobre el asesinato en 1976 del embajador chileno Orlando Letelier y su compañera, Ronni Moffitt.

Es catedrático honorario en la Universidad Estatal de California en Pomona. Gore Vidal afirma que "Saul Landau es un hombre del que encanta robar ideas".