Aprendiendo de Dohabr

Mayo 2006

  Walden Bello in Doha

Aprendiendo de Dohabr>Walden Bello
Symposium Transactions 2001 of the Royal Society of Canada
Ottawa, 17 November 2001
English original


Artículo elaborado a partir de dos presentaciones del autor en el encuentro de la coalición "Nuestro mundo no está en venta" llevado a cabo en Bruselas, Bélgica, del 7 al 9 de diciembre del 2001

¿Cómo deberíamos describir los resultados de la reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio en Doha? No estoy seguro que nos lleve muy lejos un debate sobre si se lanzó o no una nueva ronda de negociaciones comerciales. Sin embargo, algo muy peligroso ocurrió en la ciudad qatarí que debe ser comunicado con urgencia al mundo, muy confundido por el momento acerca de sus consecuencias reales.

Los resultados clave

Tres efectos de la reunión deben ser enfatizados:

  1. Doha sacó a flote a la OMC después del desastre de Seattle. C. Fred Bergsten, un prominente partidario de esta organización, una vez dijo que la OMC es como una bicicleta: si no avanza, decae. Con una declaración que impulsa nuevas negociaciones a favor de la liberalización, el encuentro de Doha puso otra vez en pie y en movimiento a la bicicleta. Mike Moore, el director general de la institución, no exageraba cuando agradecía la reunión ministerial por "salvar a la OMC".
  2. Es posible que el resultado no sea una nueva ronda inmediata de negociaciones sobre una amplia gama de aspectos, pero Doha sí representó un gran paso adelante hacia una mayor liberalización. En primer lugar, la declaración de Doha apuntaló negociaciones previas sobre ciertos acuerdos, como el agrícola y el GATS (acuerdo sobre el comercio de servicios), y abrió otras conversaciones para revisar convenios existentes, como el "antidumping". En segundo lugar, lanzó negociaciones hacia nuevos acuerdos como el de aranceles industriales. Por último, y quizás esto sea lo más ominoso, al situar los nuevos temas como la pieza central de la declaración, Doha dio un impulso al futuro lanzamiento de negociaciones para incluir nuevas áreas no comerciales dentro de la jurisdicción de la OMC. Estos temas, calificados como "nuevos" o "de Singapur", son: inversión, políticas de competencia, contrataciones gubernamentales y la facilitación del comercio.
  3. Doha representa un claro retroceso para los países en desarrollo, la mayoría de los cuales quería enfocar la reunión a la resolución de problemas de implementación pendientes de la Ronda de Uruguay, que son por lo menos 104, según el Grupo de los 77. La declaración meramente reconoció estas preocupaciones y delineó un vago proceso para su resolución. De hecho, incluso en las áreas claves que se especificaron en el texto, como agricultura, textiles y ropa, estos países salieron perdiendo. Mientras la Unión Europea logró evacuar la demanda del Grupo de Cairns para que exista una rápida eliminación de los subsidios a la exportación, EE.UU. y otros países desarrollados tampoco se comprometieron a eliminar con rapidez las cuotas de importación sobre textiles y ropa, aspecto de una importancia crítica para los países del Tercer Mundo.

Es importante enfatizar que el Sur perdió en Doha porque mucha de la prensa influyente del Norte viene diciendo que esa reunión demostró que las naciones subdesarrolladas sí pueden ganar en las negociaciones de la OMC. La resolución de Doha sobre los derechos de propiedad intelectual relacionados al comercio (TRIPS) y el problema de la salud pública se muestran a menudo como pruebas de esto. La verdad es que éstos sí constituyeron un paso adelante, pero por otro lado, no se debe exagerar su importancia. La declaración de que "nada en el acuerdo TRIPS impedirá a los miembros tomar medidas para proteger la salud pública" es una afirmación política. No hay nada en el pacto de Doha que comprometa a los miembros a cambiar el texto del TRIPS, lo cual representa en realidad una victoria para la posición estadounidense. Incluso la revista The Economist, una promotora incansable de la idea de que la OMC es buena para el mundo en desarrollo, tuvo que admitir que "la declaración es política y no obliga legalmente". Esto es crucial, ya que a la larga, el texto legal es lo que importa; éste será la base sobre la cual empresas farmacéuticas podrán entablar demandas cuando el clima político les parezca más favorable.

Calificando la derrota

Aunque Doha fue una derrota para el Tercer Mundo, es importante comprender que estos países fueron allá mucho mejor preparados que para las reuniones anteriores, debido en parte al trabajo de fortalecimiento realizado por grupos de la sociedad civil asentados en Ginebra. El frente de un grupo grande de países en desarrollo que se oponía a los nuevos temas se mantuvo unido hasta que, al final, fue desmantelado por la presión tremenda del Quad y otros países ricos. Al final, la India se encontró sola en su oposición activa, aunque con el apoyo tácito -se debe anotar- de unos pocos países como Cuba, Jamaica y República Dominicana. No obstante, la conciencia de un interés compartido y la necesidad de contar con una estrategia común vis a vis contra los poderes comerciales dominantes es algo a lo que ahora se le da mayor importancia y proporciona una buena base para la acción en los duros meses venideros.

Contexto y tácticas

La reunión de Doha se realizó en condiciones que ya eran desfavorables desde el punto de vista de los países subdesarrollados. Los eventos del 11 de septiembre ofrecieron una oportunidad casi milagrosa al representante comercial de EE.UU., Robert Zoellick, y al comisionado comercial de la Unión Europea, Pascal Lamy. Estos sucesos aumentaron la presión sobre las naciones en desarrollo para que aceptasen el lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones comerciales; se argumentó que era necesario contrarrestar la recesión global profundizada por las acciones terroristas. El lugar de la reunión también fue desfavorable ya que Qatar es una monarquía en donde fácilmente se puede controlar el disentimiento. La autoridad de la secretaría de la OMC para conceder visas de ingreso a Qatar para asistir a la reunión ministerial le permitió limitar radicalmente el número de ONG legítimas que podían estar presentes. Así evitó la interacción explosiva entre el resentimiento de los países en desarrollo y la enorme protesta callejera que sucedió en Seattle.

De todas maneras, estos factores no fueron los únicos que provocaron un resultado desfavorable. Las tácticas sí importaron y aquí los países en desarrollo claramente perdieron la batalla en Doha. Debemos denunciar los métodos empleados por la Unión Europea y los Estados Unidos para sembrar cizaña entre los países del Sur y, como pidieron muchos participantes en el encuentro de la coalición "Nuestro mundo no está en venta" realizado en Bruselas del 7 al 9 de diciembre, debemos documentarlos cuidadosamente. Y más importante aún, debemos estudiar al detalle esas tácticas para la próxima vez preparar mejor al mundo en desarrollo. Entre estas tácticas, la reunión de Bélgica resaltó las siguientes:

  • Promover un borrador de la declaración muy desequilibrado y presentarlo como un "texto limpio" sobre el que supuestamente existía un consenso, restringiendo así el espacio para la discusión substantiva y haciendo difícil que los países del Tercer Mundo registren sus objeciones fundamentales sin parecer "obstruccionistas".
  • Enfrentar a los funcionarios de las capitales contra sus negociadores con base en Ginebra, haciendo que estos últimos sean calificados de "recalcitrantes" o "de visión estrecha".
  • Emplear amenazas directas, como lo hiciera Estados Unidos cuando advirtió a Haití y a la
    República Dominicana que pongan fin a la oposición a un acuerdo sobre contrataciones gubernamentales a riesgo de ver canceladas sus preferencias arancelarias.
  • Sobornar a países, como lo hizo la Unión Europea cuando, a cambio de su aceptación de la declaración final, aseguró a los países del Grupo ACP (África-Caribe-Pacífico) que la OMC respetaría la llamada "Renuncia de la ACP" que les permite exportar sus productos agrícolas a Europa con tasas preferenciales comparadas a las de los demás naciones en desarrollo. Pakistán, que en Ginebra se comporta con valentía, estuvo notablemente callado en Doha. Al parecer, esto tiene algo que ver con un gran paquete de ayuda (de concesiones, préstamos y reducción de deuda) entregado por EE.UU. debido a su rol especial en la guerra contra el terrorismo. Antes de Doha, Nigeria emitió un comunicado oficial que denunciaba el borrador de la declaración, pero el 14 de noviembre lo apoyó con bombos y platillos; resulta difícil separar este viraje de la promesa hecha por EE.UU. de entregar un gran paquete de ayuda económica y militar.
  • Reestablecer el infame "Salón Verde" los días 13 y 14 de noviembre cuando unos veinte países seleccionados a dedo fueron aislados del resto. La secretaría de la OMC y las naciones poderosas delegaron a este grupo la tarea de elaborar la declaración final. Estos países no fueron escogidos a través de un proceso democrático y los esfuerzos de algunos representantes de países en desarrollo por insertarse a este selecto grupo se rechazaron, algunos con suavidad, otros bastante explícitamente como en el caso del delegado de Uganda.
  • Por último, presionar al Tercer Mundo diciéndole que llevaría la carga de haber causado el derrumbamiento de otra reunión ministerial, el colapso de la OMC y la profundización de la recesión global que supuestamente sería la consecuencia de estos dos eventos.

Doha constituye un punto bajo en la triste historia de intimidación a puerta cerrada, amenazas, sobornos y falta de transparencia de la OMC. Pero tomemos las palabras de la boca del propio comisionado comercial de la UE, Pascal Lamy, quién describió el proceso en Qatar como algo "medieval". No existe ningún registro del mecanismo de toma de decisiones en Doha porque las sesiones formales, donde los dictámenes se tomarían en un sistema verdaderamente democrático, fueron reservadas para los discursos y las resoluciones verdaderas se tomaron entre grupos informales cuyos sitios de encuentro siempre cambiaban y no eran conocidos por todos. Al no contar con ningún registro, se dificulta la rendición de cuentas y las cabezas de cualquier negociación pueden negar haberse conducido de manera cuestionable.

La frágil recuperación

La bicicleta está en movimiento, pero todavía tambalea. Una de las razones es que aún no desaparece el resentimiento de los países en desarrollo sobre todo el proceso poco transparente para aceptar con engaños una declaración que va en contra de sus intereses. La crisis de legitimidad de la OMC todavía no termina y puede ser que la falta de transparencia y de democracia, tan evidentes en Doha, la profundicen.

También, la afirmación del comisionado agrícola de la UE, en la que decía que depurar, en la declaración, la eliminación paulatina de los subsidios a la exportación agrícola constituyó una "victoria" para la UE, ha aumentando el resentimiento. Esto para muchos significa que la UE luchará a brazo partido para salvaguardar los subsidios en las negociaciones agrícolas venideras. Existe también la reciente decisión de Washington de imponer aranceles de hasta el cuarenta por ciento sobre las importaciones de acero para contrarrestar el "dumping", según se alega; en realidad la medida busca salvar su ya muy protegida industria siderúrgica. Al llegar poco después de Doha, los otros países ven a esta decisión como una señal de que Washington no habla en serio sobre la renegociación del acuerdo "anti-dumping" que aceptó en Doha y que pretende continuar usando estos mecanismos para restringir el acceso no sólo a sus mercados de acero, sino también a los de textiles, ropa y productos agrícolas.

Por otro lado, existe una recesión global cada vez más profunda proveniente en gran medida de la indiscriminada integración e interconexión de las economías provocada por la
liberalización comercial. Tanto en el Norte como el Sur, surgen fuertes presiones domésticas para proteger y salvaguardar las industrias; esto crea un clima global cada vez más hostil hacia el incremento de la liberalización. Estos factores hacen que los resultados de Doha sean frágiles. Una parte clave de nuestra tarea es encontrar la manera de conjugarlos eficazmente para revertir la dinámica de Doha en los próximos meses.

La declaración del director, un punto de contención crucial

Luego de señalar estos factores mitigadores, debemos enfatizar que ellos solamente contrarrestan un poco nuestra posición estratégica perjudicial, de la que es necesario salir. Pero, como anotó Martin Khor, las ONG luchan mejor cuando están contra la pared. Al respecto, una de las armas más prometedoras es la declaración del director de la OMC relacionada con las negociaciones sobre los nuevos temas que serán el campo principal de la disputa. Esta declaración, que se emitió como un apéndice de la resolución final para que India deje de oponerse al documento, dice: "Debo decir que, en estos párrafos, en lo que respecta a un 'consenso explícito' necesario para tomar una decisión en la quinta sesión de la Conferencia Ministerial, a mi entender en esa sesión una decisión sí debería ser tomada mediante un consenso explícito antes que puedan iniciarse las negociaciones sobre comercio e inversión, comercio y políticas de competencia, transparencia en las contrataciones gubernamentales y sobre facilitación del comercio. "Desde mi punto de vista, esto también daría a cada miembro el derecho de tomar una posición sobre las modalidades, lo que evitaría que las negociaciones se inicien después de la quinta sesión de la Conferencia Ministerial hasta que ese miembro acuerde unirse a un consenso explícito".

Concuerdo con aquellos que dicen que el futuro de las nuevas temáticas dependerá de cuanto peso se dé a la declaración del director y de cual interpretación de la misma se impondrá. En una reunión realizada el 10 de diciembre con funcionarios de la Comisión Europea, inmediatamente después de nuestro encuentro en Bruselas, Philippe Meyer, el jefe de la unidad de inversiones del Directorio General de la Comisión para el Comercio, declaró estar contento de que los miembros de la OMC "se pusieran de acuerdo en lanzar negociaciones sobre inversiones". Esto es, en mi opinión, algo intencional y forma parte de la estrategia para disimular el hecho de que tanto la declaración del director como la propia resolución de Doha afirman que las negociaciones no se lanzarán hasta después de la quinta reunión ministerial en el 2003 y sólo después de un consenso explícito para que esto suceda.

A luz de esta ofensiva no tan sutil para definir el proceso, resulta importante que insistamos en voz alta en cada foro posible que: 1) no se pueden empezar las negociaciones hasta después de la quinta reunión ministerial; 2) que éstas pueden realizarse sólo si existe un consenso explícito por parte de cada país para emprenderlas; 3) que, como la declaración del director pone en evidencia, si un sólo país no se adhiere a un consenso explícito para iniciar las negociaciones será suficiente para impedir que comiencen, y 4) que la declaración del director tiene el mismo peso legal que la resolución de Doha.

El eslabón perdido

Quisiera añadir algunos comentarios sobre la sociedad civil y Doha. La sociedad civil estuvo presente en la capital de Qatar a través de unos sesenta representantes de ONG genuinas - para diferenciarlas de las controladas por empresarios y gobiernos. Sin embargo, su impacto fue mayor del que correspondía por su pequeño número; este fuerte grupo de gente organizó manifestaciones y acciones directas en el sitio mismo de la convención, desafiando así directamente a las autoridades qataríes y a las de la OMC.

Comparadas con Seattle, esta vez las protestas resultaron verdaderamente globales pues se llevaron a cabo en unos cuarenta países durante el 10 y 11 de noviembre y movilizaron a centenares de miles de personas. Esta muestra de solidaridad contra la globalización corporativa fue impresionante, pero desgraciadamente, como las protestas en el hotel Sheraton de la capital qatarí, ésta apenas influyó en el proceso de Doha.

Maude Barlow, del Consejo de Canadienses, dice que quizás las manifestaciones callejeras de masas en un solo sitio ya no funcionarán en el futuro ya que las multilaterales aprendieron las lecciones de Seattle y probablemente realizarán sus reuniones en sitios aislados y distantes. Doha demuestra claramente el éxito de esa estrategia.

No obstante, y estoy seguro de que Maude estaría de acuerdo, no podemos abandonar las calles. En efecto, mientras los gobiernos y la policía intentan restringir la libre circulación del movimiento anti globalización bajo la excusa de oponerse a los terroristas, en el próximo período debemos esforzarnos más para afirmar nuestro derecho de estar allí.

A pesar de los resultados de Doha, uno no puede enfatizar demasiado el impacto de los pacientes esfuerzos de muchos grupos de nuestra coalición que asistieron a delegaciones de países en desarrollo en Ginebra para que éstas logren un mejor entendimiento técnico y político de los temas y procesos de la OMC. Entre los frutos de esta cooperación estuvo la propuesta de añadir una "caja de desarrollo" al acuerdo sobre agricultura que los eximiría de emprender medidas de liberalización obligatorias de la OMC con el fin de lograr soberanía alimentaria y objetivos de desarrollo.

Pero el derrumbamiento de la mayoría de las naciones en desarrollo en Doha, debido a la intensa presión de los Quad y otros países poderosos, puso de manifiesto las limitaciones de la estrategia de protesta callejera combinada con el cabildeo en Ginebra. Como comentaron Rafael Alegría, Mariama Williams y otros participantes en Bruselas, falta un elemento: la presión consistente de los movimientos sociales sobre sus gobiernos. Simplemente no hay alternativa para los movimientos de base, país tras país, que someter a sus gobiernos a pruebas de fuego. A menos que este vacío se llene, la próxima reunión ministerial será una repetición de Doha.

Nuestro trabajo queda muy definido y tenemos sólo de quince a dieciocho meses antes de la quinta reunión ministerial para ponernos en pie de lucha, formulando y poniendo en movimiento una estrategia que reúna de manera innovadora las protestas callejeras, un intenso cabildeo delegación por delegación en Ginebra y una enorme presión sobre los gobiernos nacionales.

Resumen

En mi opinión, las siguientes son las lecciones principales del desastre en la capital qatarí:

  • Doha puso de pie y en movimiento a la bicicleta de la liberalización comercial global dirigida por la OMC.
  • Doha fue una derrota para los países en desarrollo, aunque éstos llegaron con una mayor conciencia acerca de sus intereses comunes y un mayor grado de unidad que antes.
  • El contexto del 11 de septiembre y el sitio de la reunión importaron, pero los principales actores del resultado fueron las sucias tácticas de presión desde EE.UU. y la UE que fueron parte de un proceso poco transparente y democrático.
  • La victoria de los países ricos en Doha es, sin embargo, frágil porque puede ser desmantelada por la combinación de: resentimientos continuos del Tercer Mundo respecto al proceso poco transparente, la negativa de la UE y EE.UU. de cumplir con los compromisos de la declaración y una resistencia creciente contra la liberalización tanto en el Norte como el Sur activada por una recesión global creciente y cada vez más profunda.
  • El frente principal de lucha en los próximos meses será el de los nuevos temas y el peso dado a la declaración del director anexada a la resolución general; su interpretación será un factor clave para determinar los resultados.
  • La intervención de la sociedad civil continuará siendo un factor sumamente crítico. El resultado de la próxima reunión ministerial y de la lucha contra la liberalización indiscriminada dependerá de la aparición de lo que ahora se mantiene como el eslabón perdido: los movimientos sociales que se levantan para impedir que sus gobiernos nacionales hagan concesiones destructivas. Lo que puede representar la diferencia es una estrategia innovadora que combine las protestas callejeras, el cabildeo en Ginebra y la presión coordinada de las bases sobre los gobiernos nacionales.

 

Analista del centro de estudios filipino Focus on the Global South, investigador asociado del TNI y representante de Akbayan en el Congreso de Filipinas

Autor de más de 14 libros, Bello fue galardonado en 2003 con el Right Livelihood Award (también conocido como el premio Nobel alternativo) por “sus destacados esfuerzos para educar a la sociedad civil sobre las repercusiones de la globalización encabezada por las grandes empresas y sobre cómo poner en práctica alternativas”. La revista The Economist aludió en una ocasión a Bello como el hombre “que popularizó un nuevo término: desglobalización”.

Walden predijo la crisis financiera muchos años antes del actual derrumbe del sistema y es una figura muy respetada del movimiento altermundialista. La escritora canadiense Naomi Klein dice de él que es “el más destacado revolucionario de la falta de insensatez”.