Asia, de la intolerancia total a la reducción del daño

Diciembre 2005

El Congreso de EE UU ha prohibido el uso de fondos federales para intercambio de jeringuillas, poniendo con esto en peligro la continuidad de este tipo de programas en Asia.

El año 2005 podría pasar a la historia como el año en que Asia abandona su tradicional actitud de total intolerancia frente a las drogas a favor de una posición más pragmática. En todo el continente se han introducido programas de intercambio de jeringuillas y tratamientos de metadona. En lugar de la represión y el castigo al usuario, las nuevas políticas de drogas hacen hincapié en la prevención del VIH/SIDA y en el cuidado de la salud. La actitud de la cero tolerancia está siendo reemplazada por un discurso de reducción del daño. Diversos gobiernos asiáticos han reconocido finalmente que el continente está al borde de una pandemia. Asia tiene la mayor población de usuarios de drogas inyectadas, que en esta región es el modo predominante de transmisión del virus del Sida. La tasa de infección entre estos usuarios de drogas se ha disparado por fuera de todo control y a menos que se implementen medidas preventivas de amplia escala, la epidemia arriesga extenderse a la población en general, lo que convertiría al Asia en una Segunda África subsahariana.

Ya desde 2000 China había iniciado proyectos pilotos de intercambio de jeringuillas y metadona, pero ahora está incrementando los servicios a gran velocidad, abriendo, a lo largo de 2005, un centenar de centros de tratamiento, con la perspectiva de contar con unas mil clínicas dentro de cinco años. En junio de 2005, el ministerio chino de la salud emitió nuevas normas favorables al enfoque de la reducción del daño, e hizo un llamado a las comunidades para que promovieran programas de intercambio de jeringuillas y la libre distribución de condones.

En países como Irán, Pakistán, Malasia e Indonesia, que hasta hace poco proponían medidas antidrogas fuertemente represivas, también parecen estar imponiéndose los enfoques pragmáticos. Irán ha abierto más de 20 clínicas de metadona en los últimos tres años y ha establecido un Comité Nacional de Reducción del Daño para coordinar la implementación rápida en todo el país de centros de acogida, y tratamiento de substitución y distribución de equipo higiénico de inyección, que incluye las cárceles. Se está redactando una nueva ley de drogas que usa el lenguaje de la reducción del daño y hace una redefinición del usuario como paciente en vez de delincuente. La nueva normativa para condenar a los usuarios de drogas ha logrado reducir la población carcelaria en 40 mil personas. En Indonesia se está llevando a cabo un proceso de revisión de las muy represivas leyes de drogas de ese país, y el pasado mes de octubre, Malasia abrió su primer centro de tratamiento de metadona y ha anunciado para enero de 2006 el intercambio de jeringuillas y la distribución gratuita de condones entre usuarios de drogas.

La nueva actitud de los países asiáticos hace parte de una tendencia global hacia la comprensión y ayuda al usuario de drogas. Esta tendencia se expresó claramente en la última reunión de la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas en Viena (marzo de 2005) cuando la Unión Europea presentó una posición común al respecto, a la cual se sumaron casi de manera unánime los países de América Latina, África y Asia.

La guerra a las drogas

Esta situación no ha pasado desapercibida para el gobierno de Bush y para la bancada republicana antidrogas del Congreso estadounidense, quienes se oponen a las prácticas de reducción del daño proponiendo la abstinencia total, "just say no". El Congreso de EEUU ha prohibido el uso de fondos federales para intercambio de jeringuillas, poniendo con esto en peligro la continuación de este tipo de programas en Asia, los cuales venían siendo apoyados por la agencia estadounidense de ayuda internacional al desarrollo (USAID).

Por otra parte, también es cierto que los avances en reducción del daño en Asia son sólo una cara de la moneda. La guerra a las drogas está en todo su apogeo en la mayoría de los países del continente, con medidas inaceptables como la pena de muerte o los asesinatos extra judiciales de distribuidores, las encarcelaciones masivas, o las largas condenas por la simple posesión de una dosis personal, etc. Las continuas violaciones a los derechos humanos en nombre de la lucha contra las drogas están en contradicción con la visión más humana de las políticas de la reducción del daño.

Según el pakistaní Tariq Zafar, presidente de la Red Asiática de Reducción del Daño, aunque se han hecho avances importantes en el continente, en la práctica estos programas representan todavía demasiado poco con relación a lo que se necesita para confrontar verdaderamente la epidemia.