Chávez tenía razón

20 Enero 2011

Las recientes revelaciones hechas por la prensa holandesa de los cables de la embajada estadounidense en La Haya le dan la razón al presidente Chávez cuando dijo hace unos años que el entonces ministro de Defensa era un 'peón de Washington'.

Cuando en abril de 2006, el presidente Chávez calificó al ministro holandés de Defensa de ese entonces, Henk Kamp, como “un peón de Washington” tenía más razón de la que muchos estuvieron dispuestos a concederle. La prueba de ello la tenemos ahora en los recientes cables de la embajada estadounidense en La Haya revelados a través de WikiLeaks.

Muchas cosas han saltado a la luz en los últimos días en los Países Bajos con las revelaciones detalladas que ha hecho la prensa holandesa de los cables de la embajada estadounidense, y que han causado gran revuelo. Pero si hay algo particularmente notorio que se desprende de estas revelaciones es la verificación de cuán significativo es el peso de los Estados Unidos sobre importantes decisiones de política internacional de un pequeño país europeo como es Holanda.

Importantes decisiones que se tomaron en la última década en La Haya, relacionadas por ejemplo con Irak o Afganistán tuvieron un sello estadounidense. A cambio de ello Washington les garantizaba a los holandeses una presencia en el G-20 haciéndoles creer que el país merecía estar en el grupo de las veinte potencias económicas del mundo. Pero no había que razonar mucho para darse cuenta de que no era el poderío económico holandés sino su apoyo a la política estadounidense para Irak y Afganistán lo que les garantizaba un asiento en la mesa de los poderosos.

A diferencia de otros países europeos como Francia y Alemania que lideraron incluso una abierta oposición a la invasión a Irak en 2003, los Países Bajos le dieron su apoyo político al ataque de EE.UU. a ese país en busca de las supuestas armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. Un apoyo valioso teniendo en cuenta que fueron pocos los países del mundo que en ese momento se prestaron a respaldar manifiestamente las movidas de la administración de George W. Bush.

La misión militar holandesa en Afganistán estuvo igualmente rodeada de no poca controversia, particularmente cuando se comenzó a hablar de una prolongación de la misión tras la cual estaban naturalmente los intereses del Departamento de Estado. El asunto terminaría causando la caída del Gobierno el pasado verano.

En estos y en otros casos, altos funcionarios de La Haya no han dudado en optar por situarse del lado de los EE.UU. al punto de que muchas veces parecían comunicarse más con la embajada estadounidense que con el mismo Parlamento holandés, según se deduce de los cables.

Como también se sabe por los wikicables que, especialmente a partir de 2005, la DEA opera a sus anchas en los Países Bajos, sin ningún control de la Fiscalía o de las instancias de Justicia del país. Se sabe además que las agencias y sitios antinarcóticos de Estados Unidos en el mundo no se limitan a ejercer actividades contra el narcotráfico. La DEA se involucra en asuntos de seguridad y antiterrorismo – también a pedido de los Gobiernos de los países anfitriones – y no se necesita que se filtre ningún cable para deducir que lo mismo se hace desde los muy estratégicos puestos militares operacionales, como los FOL (Forward Operating Locations) del Comando Sur estadounidense en las Antillas Neerlandesas y en otros lugares del mundo.

De modo que si hay actividades militares en esa zona del Caribe no es de extrañar que un Gobierno conocido por su poca simpatía hacia los Estados Unidos, como es el de Venezuela, reaccione mostrando de algún modo los dientes. En 2005 un despliegue militar holando-estadounidense a pocos kilómetros de la costa venezolana – Holanda llegó a tener todos sus aviones caza F16 estacionados en Aruba – generó una crisis entre las dos naciones y un fuerte cruce verbal de lado y lado. Afortunadamente sólo verbal. Acusar al ministro de Defensa holandés de ser un ‘peón’ de los EE.UU. fue tomado como una anécdota más de la verborrea chavista. Pero ahora, con las evidencias que suministran los famosos cables, no podrán decir que Chávez estaba loco.

Sobre los autores

Amira Armenta

Amira Armenta (Colombia/Países Bajos) está licenciada en Historia de América Latina por la Universidad de Jussieu (París).

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