Dos cosas seguras en la vida: la muerte y los impuestos
Irónicamente, los que más se quejan por pagar impuestos son los mayores defensores del aumento de los gastos en los militares.
Ese cliché en Estados Unidos de hoy debiera ser reformulado: “Los impuestos son igual a la muerte”. El presupuesto militar de EE.UU. en 2010 es el único en el mundo que absorbe la parte del león del presupuesto federal, con la justificación de la seguridad, pero en realidad para realizar una guerra en apariencia permanente. La cantidad gastada en los militares es aproximadamente lo que todas las demás naciones en conjunto sitúan para la “defensa”.
Cada año, encabezado por los que odian el déficit, el Congreso entrega al Pentágono su dinero anual para gastos (cerca de un billón de dólares, incluyendo la inteligencia y las armas nucleares). Durante los últimos nueve años, la mención de “11/9” suministra la única frase necesaria para conseguir que la indignante suma se apruebe en ambas cámaras.
Pero la destrucción de las torres gemelas y los daños al Pentágono provinieron de 19 malvados que llevaban cuchillas para cartón y una compulsión de muerte. Entonces, ¿por qué se combate esta “amenaza” financiando al Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea y sus equipos de campaña de alta tecnología? Bueno, hay “combatientes militantes” e “insurgentes” en Afganistán e Irak –lugares donde no estaban los secuestradores de los aviones del 11/9.
Irónicamente, los que más se quejan por pagar impuestos se convierten en los mayores defensores del aumento de los gastos en los militares –los principales republicanos y sus seguidores Palin-escos, morones dementes.
Pudiera argumentarse que estos halcones del déficit y de la guerra pertenecen a una sociedad secreta de demonios que intimidan al resto del Congreso y al público para que financien la devastación. Después de nueve años en Afganistán y más de siete en Irak, los resultados más evidentes de este esfuerzo de más de un billón de dólares son la cantidad de muertos y mutilados, muchos de ellos civiles; decenas de miles de casas convertidas en escombros, y daños varios a la infraestructura y otras propiedades públicas. Los contribuyentes norteamericanos bien pueden exigir un papel no solo en matar, sino para algunos también en el enterramiento (ataúdes y banderas).
Los muertos de allá, por supuesto, tienen familiares, algunos de los cuales se complotarán para vengarse de nosotros –con tecnología atrasada. (Recuerden a los idiotas que afortunadamente fueron atrapados antes de que detonaran sus zapatos y su ropa interior.) Podría decirse que el gasto militar ha incrementado no solo el número de enemigos de EE.UU. en todo el mundo, sino igualmente el déficit federal. Y para decenas de millones –no para los ricos— la vida ha empeorado. Recuerden que Bin Laden el Malvado juró que arruinaría a este país.
Bueno, pagamos impuestos federales, estatales, locales, de venta, de propiedad, de lujo, de sucesión, lo que se les ocurra. Pero vemos beneficios. El país ha decaído significativamente en sus niveles de educación pública, salud y transporte. Los derechos que una vez ganaron los sindicatos, como pago por enfermedad y licencias de maternidad, vacaciones decentes y pensiones seguras, se han marchitado. Los costos debido a edad avanzada y cuidados para los niños han subido en flecha. ¿Viviendas a precios razonables garantizadas por el gobierno? Olvídenlo. Algunos flojos aún creen que estos servicios satisfacen necesidades básicas.
Claro, que la mayoría de los europeos obtienen estos beneficios por medio del pago de impuestos. Pero los europeos y la mayor parte de otros países desarrollados tienen pequeños (y realistas) presupuestos de defensa –deben sentirse tan inseguros--, lo que les permite financiar las necesidades básicas de los ciudadanos.
Gente como Glenn Beck, Rush Limbaugh y Sarah Palin acusan de traidores a los que defiendan tales modelos “europeos”, para lo que hay que abandonar al sagrado “mercado libre” y vender la valiosa “libertad individual” a cambio de unas pocas comodidades. (¿Alguien habrá visto fotos de los mencionados anteriormente de otra manera que no sea en una elegante comodidad?) ¿Deben recibir los norteamericanos tales servicios de manos de su gobierno? Vamos, perderíamos nuestras cualidades “especiales” y nos inclinaríamos al socialismo.
Los embaucadores republicanos en el Congreso y algunos demócratas derechistas –entre los pocos que reciben beneficios al estilo europeo gracias a su empleo—creen que el resto del país debe pagar exageradamente por las HMO y las instalaciones de vida asistida de alto precio. Los ricos tienen acciones en ambas cosas.
¿Altos pagos por hipotecas y el temor a la ejecución de ellas (300 000 en julio), preocupación por enfermarse, no tener dinero para los estudios de los hijos? Todas estas ansiedades fortalecen el carácter.
Los casi 50 millones de norteamericanos que aún carecen de cobertura de salud y a los que las HMO niegan cobertura puede que mueran antes de tiempo, pero demuestran sus agallas, como el millonario John Wayne (en las películas).
Los norteamericanos gastan tres veces más per cápita que los europeos para la atención a la vejez. Sesenta millones de obreros norteamericanos no reciben licencia por enfermedad, la licencia a los padres es mínima después del alumbramiento. Los europeos reciben esos beneficios –y más— por el pago de sus impuestos. “Los norteamericanos”, dice Steven Hill en The Guardian, “pagan tanto como los europeos –pero recibimos mucho menos a cambio”.
Los ricos no quieren pagar impuestos. No utilizan las escuelas, instalaciones de salud o transporte públicos. ¿Para qué pagar por ellos? La policía y los bomberos, por supuesto, mantienen alejados a los ladrones y protegen cosas caras. Vale la pena pagar por eso.
Tradicionalmente, los demócratas representaban a los pobres y a las clases medias que no se quejaban de pagar por una buena educación pública, servicios básicos de salud y transporte público eficiente. Los buenos tiempos pasados –antes de que los impuestos se tradujeran fundamentalmente en la muerte.
Sobre los autores
Saul Landau
Saul Landau, investigador sénior y ex director del TNI (1976), es un renombrado realizador, periodista y escritor. Landau escribe una columna semanal sobre política nacional y exterior de los Estados Unidos y ha producido más de cuarenta película sobre cuestiones sociales, políticas, históricas y de derechos humanos.
Sauld ha escrito 14 libros; el último, se titula A Bush and Botox World (Counterpunch, 2007). Obtuvo el premio Edgar Allen Poe Award por Assassination on Embassy Row, un informe sobre sobre el asesinato en 1976 del embajador chileno Orlando Letelier y su compañera, Ronni Moffitt.
Es catedrático honorario en la Universidad Estatal de California en Pomona. Gore Vidal afirma que "Saul Landau es un hombre del que encanta robar ideas".
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