El movimiento ecologista en el sur global

17 Noviembre 2007

A menudo se ha equiparado la posición del mundo en desarrollo respecto de la cuestión del
medio ambiente con las belicosas opiniones del ex Primer Ministro de Malasia Mamad Mahathir,
por ejemplo su famosa declaración en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente
y Desarrollo celebrada en junio de 1992 en Río de Janeiro:

“Cuando los ricos talaron sus bosques, construyeron fábricas que vomitan veneno y recorrieron el
mundo en una búsqueda insaciable de recursos baratos, los pobres no dijeron nada. En realidad
pagaron el desarrollo de los ricos. Ahora los ricos reclaman tener derecho a regular el desarrollo
de los países pobres… Como colonias fuimos explotados. Ahora, como países independientes
debemos ser igualmente explotados”. (1)

A Mahathir se lo ha interpretado en el Norte como el vocero de un Sur cuyo meta es salir del
subdesarrollo a cualquier costo, y donde no hay movimiento ecologista o si lo hay es muy débil.
Hoy, China es percibida como el principal ejemplo de esta obsesión mahathiriana de lograr una
industrialización rápida con mínima consideración por el medio ambiente.

Esta interpretación de la visión del Sur sobre el medio ambiente es una caricatura. En realidad,
los costos ambientales de una industrialización rápida preocupan seriamente a importantes
sectores de la población de los países en desarrollo, y en muchos de ellos, el movimiento
ecologista ha sido un actor de peso. Más aún, en muchos países hay actualmente en curso una
activa discusión sobre las alternativas al modelo de alto crecimiento desestabilizador.

Emergencia del movimiento ecologista en los “nuevos países industriales”

Entre los movimientos ecologistas más avanzados están los de Corea y Taiwán, países que en
algún momento se les llamó los “nuevos países industriales” (NICs por sus siglas en inglés). Esto
no debería ser sorpresa, ya que el proceso de industrialización acelerada de estas dos
sociedades entre 1965 y 1990 tuvo lugar con muy pocos controles ambientales, si es que hubo
alguno. En Corea, el río Han que corre a través de Seúl, y el río Nakdong que corre a través de
Pusan fueron tan contaminados por el vertido incontrolado de desechos industriales que
estuvieron muy cerca de ser clasificados como biológicamente muertos. El vertido de desechos
tóxicos llegó a proporciones críticas. En 1978, Seúl tuvo la distinción de ser considerada la
ciudad con mayor contenido de dióxido sulfúrico en el aire, y también presentaron niveles muy
altos Ichon, Pusan, Ulsan, Msan, Anyang y Changweon. (2)

En Taiwán, la industrialización acelerada tuvo sus propias características infernales. La fórmula
para un crecimiento equilibrado en ese país fue impedir la concentración industrial y alentar a los
fabricantes a establecer sus fábricas en el campo. Como resultado, un número significativo de las
90.000 fábricas de la isla fueron levantadas en campos de arroz, sobre las márgenes de cursos
de aguas y al lado de zonas residenciales. Con tres fábricas por milla cuadrada, la tasa de
densidad industrial de Taiwán llegó a ser 75 veces más alta que la de EE.UU. Una de las
consecuencias de esto fue que el 20 por ciento de la tierra de cultivo resultó contaminada por las
aguas con desechos industriales, y el 30 por ciento del arroz cultivado en la isla se contaminó
con metales pesados, entre ellos mercurio, arsénico y cadmio. (3)

En ambas sociedades los agricultores, trabajadores y el medio ambiente son los que pagaron los
costos de la industrialización acelerada. No es de sorprender que ambos países vieran surgir un
movimiento ecologista espontáneo, que atrajo la participación de distintas clases sociales, y que
reunió las demandas ambientales con los temas del empleo, la salud ocupacional y la crisis
agrícola. Este movimiento tuvo una militancia muy importante. La acción directa se convirtió en la herramienta preferida, porque, al decir de Michael Hsiao:

“La gente aprendió que protestar puede dar resultado; en la mayoría de las acciones en que
pudimos averiguar los resultados, se cumplieron los objetivos. Las fábricas contaminantes fueron
obligadas a introducir mejoras en forma inmediata o a pagar indemnizaciones a las víctimas.
Incluso, algunas fábricas fueron obligadas a cerrar o a trasladarse a una nueva ubicación. Unas
pocas acciones preventivas lograron incluso que nuevas plantas que estaban por instalarse
abandonaran sus planes de construcción”. (4)

Los movimientos ecologistas de ambas sociedades fueron capaces de obligar al gobierno a
poner en práctica nuevas reglamentaciones restrictivas en materia de tóxicos, desechos
industriales y contaminación del aire. Irónicamente, sin embargo, estos casos exitosos de acción
ciudadana crearon un nuevo problema: la migración de las industrias contaminantes desde
Taiwán y Corea hacia China y el sureste asiático. Conjuntamente con las firmas japonesas, las
empresas coreanas y taiwanesas se trasladaron al sureste asiático y a China fundamentalmente
por dos razones: en busca de mano de obra barata y de leyes ambientales laxas.

Luchas ambientales en el sureste asiático

A diferencia de Corea y Taiwán, en varios países del sureste asiático ya había movimientos
ecologistas antes de iniciarse la industrialización acelerada, que en el caso de estos países
comenzó entre mediados de los ochenta y mediados de los noventa. Estos movimientos habían
surgido en las décadas del setenta y ochenta en las luchas contra la energía atómica en Filipinas,
contra las grandes represas hidroeléctricas en Tailandia, Indonesia, Malasia y Filipinas, y contra
la deforestación y la contaminación marítima en Tailandia, Malasia y Filipinas. Éstas fueron
batallas épicas, como la lucha contra la represa Mun en el noreste de Tailandia, que obligó al
Banco Mundial a retirar su apoyo a los gigantescos proyectos hidroeléctricos, un resultado que
como veremos más adelante, fue el mismo que se obtuvo en las luchas contra la represa de
Narmada en la India. Las luchas contra las industrias asociadas en parte con firmas extranjeras
que buscaban evadir las reglamentaciones estrictas de sus países de origen, representó la
apertura de un nuevo frente en las luchas en curso en pos de salvar el medio ambiente.

Quizá incluso más que en el noreste asiático, en el sureste asiático la cuestión ambiental
involucró a las masas y se transformó en un tema que no sólo interesó a las clases medias. En
las luchas contra Chico, la oposición estuvo a cargo de los pueblos indígenas, en tanto que en la
de la represa Pak Mun, fueron los pequeños agricultores y los pescadores los que las llevaron
adelante. El tema ambiental también estuvo más integrado a una concepción crítica de mayor
alcance. En el caso de Filipinas, por ejemplo, la deforestación se consideró una consecuencia
inevitable de la estrategia de crecimiento orientado a la exportación impuesta por los programas
de ajuste estructural del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, en su pretensión de
que el país pagara su gigantesca deuda externa con divisas obtenidas de las exportaciones de
madera y otros recursos naturales y productos manufacturados con mano de obra barata. La
clase media, los trabajadores, la población urbana pobre y los ambientalistas fueron arrastrados
a una alianza natural. Entre tanto, el capital transnacional, el capital monopólico local y el
gobierno central quedaron representados como el eje antiambiental.

Los movimientos ecologistas en el sureste asiático jugaron un papel vital no sólo en la lucha que
hizo naufragar proyectos como el de la planta nuclear de Bataan, sino además en derrotar las
dictaduras que rigieron la región en los años setenta y ochenta. Por cierto, en la medida en que
los regímenes autoritarios no consideraban al medio ambiente como algo “político” en sus inicios,
las organizaciones que se nuclearon en torno a temas ambientales y de salud pública no fueron
proscritas. De esta forma, las luchas ecologistas se transformaron en un ámbito en torno al cual
se pudo organizar el movimiento antidictatorial y sumar nuevas personas a la lucha. La
destrucción del medio ambiente se transformó en un ejemplo gráfico más de la irresponsabilidad
de estos regímenes. En Indonesia por ejemplo, la organización ecologista WALHI llegó incluso a
iniciar juicio por contaminación y destrucción ambiental contra seis organismos estatales, entre
ellos el Ministerio de Medio Ambiente y Población (5). En general, cuando las dictaduras se
dieron cuenta de lo que estaba sucediendo, ya era demasiado tarde: el movimiento ecologista y
el movimiento antifascista se potenciaban mutuamente.

Hoy el movimiento ecologista atraviesa una etapa de reflujo en la región, pero ya hay una
conciencia generalizada de las amenazas que asechan al medio ambiente y la salud pública, que
puede traducirse en una nueva ola de activismo si se dan las circunstancias adecuadas.

Protestas ambientales en China

El movimiento ecologista en China muestra muchos aspectos de la misma dinámica observada
en los “nuevos países industriales” y en el sureste asiático.

La crisis ambiental en China es muy grave. La napa freática de la planicie del Norte de China, por
ejemplo, está descendiendo a un ritmo de 1,5 metros (5 pies) por año. Esta región produce el 40
por ciento del grano del país. En palabras del ambientalista Dale Wen, “uno no puede dejar de
preguntarse cómo se alimentará China cuando el acuífero se agote”. (6) La contaminación y la
escasez de agua; la contaminación de los suelos, la degradación de los suelos y la
desertificación; el calentamiento global y la crisis energética que se avecina –son todos
subproductos de la industrialización acelerada del país y de la ampliación enorme del consumo.
La mayor parte de los desequilibrios ambientales en China son producto de las empresas locales
y de los enormes proyectos estatales como la Represa de las Tres Gargantas, pero la
contribución de los inversionistas extranjeros no es de despreciar. Aprovechando la
implementación muy laxa de las leyes ambientales del país, muchas transnacionales
occidentales han trasladado sus fábricas más contaminantes a China y han agravado los
problemas ambientales, o incluso creado algunos nuevos. Wen destaca que el delta del río Pearl
y el delta del río Yangtze, las dos Zonas Económicas Especiales donde se encuentran la mayoría
de las filiales de transnacionales, son las regiones más gravemente afectadas por la
contaminación con metales pesados y contaminantes orgánicos persistentes (COP). (7)

El calentamiento global no es un riesgo lejano. El primer estudio amplio sobre los impactos del
ascenso del nivel del mar a raíz del calentamiento global que realizaron Gordon McGranaham,
Deborah Balk y Bridget Anderson, afirma que China es el país de Asia más amenazado por un
ascenso del nivel del mar de hasta 10 metros durante el próximo siglo. (8) En China, 144 millones
de personas habitan en zonas costeras bajas, y esta cifra probablemente crezca debido a las
estrategias de industrialización orientada a la exportación que aplica el gobierno, que han llevado
a la creación de numerosas zonas económicas especiales justamente en esas regiones. “Desde
el punto de vista ambiental” advierte el estudio “existe una doble desventaja para un desarrollo
costero excesivo (y potencialmente rápido). En primer lugar, un desarrollo costero incontrolado
probablemente dañe ecosistemas importantes y sensibles y otros recursos. En segundo lugar, el
establecimiento de asentamientos costeros, en particular en las tierras bajas, probablemente
exponga a los residentes a peligros relacionados con el mar, tales como el ascenso del nivel del
mar y las tormentas tropicales, que en ambos casos serán agravados por el cambio climático”.
(9) La serie de super tifones que recientemente afectaron el continente asiático provenientes del
Pacífico oriental ponen de relieve la gravedad de esta observación.

En términos de salud pública, la infraestructura de la salud en las zonas rurales prácticamente ha
colapsado, según Wen. El sistema ha sido privatizado, introduciendo un sistema de pago por
servicio, que es uno de los componentes del programa de reformas neoliberales. Uno de los
resultados es el resurgimiento de enfermedades que antes estaban controladas, como la
tuberculosis y la esquistosomiasis. Cuba, por el contrario ha sido aplaudida por su sistema de
asistencia de salud rural, algo que resulta bastante irónico, comenta Wen, ya que el sistema
cubano está basado en el sistema de los “médicos descalzos” de la era maoísta. (10)
Otro gran problema de salud pública ha sido la inocuidad de los alimentos. Hay serias sospechas
de que la combinación de la producción industrial de alimentos y el alargamiento de la cadena
alimenticia que va desde la producción hasta el consumo haya sido la causa de la gripe aviar que
emigró desde China a otros países. El gobierno se ha convertido en un actor poco confiable en el
manejo de las nuevas enfermedades como la gripe aviar y el SARS, ya que es proclive a
minimizar los riesgos e incluso a fomentar su ocultamiento, como efectivamente hizo en el caso
del SARS.

Como en Taiwán y Corea 15 años antes, vemos como la industrialización descontrolada y
orientada a la exportación empuja a la unión de los trabajadores inmigrantes superexplotados, las
comunidades campesinas a las que les arrebatan las tierras o se las arruinan desde el punto de
vista ecológico, los ambientalistas, y los partidarios de un cambio radical en la economía política
conocidos como la “nueva izquierda”. Las confrontaciones públicas, manifestaciones de protesta
y disputas relacionadas con el medio ambiente en China aumentaron en un 30 por ciento en
2005 y sumaron en total más de 50.000, en la medida que el descontento provocado por la
contaminación ambiental se ha transformado en una “fuente contagiosa de inestabilidad en el
país”, según reza un informe. En realidad, gran parte de las protestas registradas fusionan
problemas políticos, de ingresos, de pérdida de tierras y ambientales. Según el ministerio de
seguridad pública los llamados “incidentes de masas” se multiplicaron de 8.700 en 1995 a 87.000
en 2005, la mayoría de ellos en zonas rurales. Por otra parte, también creció el promedio de los
participantes en estos incidentes, que a mediados de la década de 1990 tenían una participación
promedio de 10 personas o menos y pasaron a 52 personas por incidente en 2004.(11) Resultan
particularmente destacables las manifestaciones de abril de 2005 en Huashui, donde un
contingente policial estimado en 10.000 efectivos chocó con los pobladores locales desesperados
que lograron repeler los poderosos intereses que estaban contaminando sus tierras.

Como en Taiwán, la población rural china ha descubierto la efectividad de la acción directa. “Si
no hubiera habido confrontación y disturbios nada habría cambiado” declaró Wang Xiofang, un
campesino de 43 años. “A la gente aquí finalmente se le acabó la paciencia”.(12) Como en el
sudeste asiático, las luchas por el medio ambiente y la salud pública pueden ser el punto de
partida para una conciencia política más amplia.

No hay que exagerar la fortaleza del movimiento ecologista chino. En realidad, sus fracasos a
menudo superan sus éxitos. Las alianzas suelen ser espontáneas y no van más allá del ámbito
local. Lo que Dale Wen llama la coalición “rojiverde” por el cambio, por ahora no es más que una
fuerza en potencia que hay que construir. Sin embargo, el movimiento ecologista ya no es un
actor marginal, y el Estado y el gran capital definitivamente están obligados a lidiar con él. De
hecho, la situación fermental del campo es un factor clave, que según se dice, ha hecho que la
dirigencia china actual se muestre más abierta a las sugerencias de la llamada “Nueva Izquierda”
que propone introducir cambios de rumbo en la política económica para pasar del crecimiento
rápido orientado a la exportación a un crecimiento más lento impulsado por la demanda interna.

El movimiento ecologista en India

Como en China, también en la India el medio ambiente y la salud pública han sido ámbitos de
lucha. A lo largo de los últimos 25 años ha habido una explosión del movimiento por el medio
ambiente y la salud pública en el país. En realidad, se podría decir que este movimiento se ha
transformado en una de las fuerzas que impulsan la profundización de la democracia india.
Las luchas por el medio ambiente y la salud pública se remontan mucho más atrás en el tiempo,
pero quizá el acontecimiento más importante que dio un impulso definitivo al movimiento para
que éste adquiriera proporciones de masas fue la fuga de gas en Bhopal el 3 de diciembre de
1984. Este desastre representó la liberación de 40 toneladas de isocianato de metilo en el medio
ambiente, 3.000 muertos directos y un saldo final de entre 15.000 y 20.000 muertos por las
secuelas.(13) La lucha por una indemnización justa para las víctimas de Bhopal todavía continúa
hasta el día de hoy.

Hoy existe una gran proliferación de luchas en este enorme país.

Hay una campaña nacional contra las fábricas de Coca Cola y Pepsi Cola porque extraen aguas
subterráneas y contaminan lo campos con sus vertidos. Existen luchas locales contra la industria
de acuicultura intensiva en Tamil Nadu, Orissa y otros estados costeros. Hay una campaña
pacífica pero muy firme de los campesinos contra los transgénicos, que involucra acciones de
quema y arranque de plantas en campos plantados con arroz transgénico. Y por supuesto hay
movimientos de lucha contra las grandes represas, como el de Narmada Bachao Andolan. De
estas luchas han surgido líderes destacados, algunos de los cuales se han transformado en
figuras claves del movimiento ecologista internacional.

En salud pública, el tema central ha sido la enorme presión de las empresas farmacéuticas
extranjeras para que India adopte una legislación de patentes armonizable con el acuerdo de la
OMC sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio
(ADPIC). El gran temor es que esto afectaría la capacidad de la industria farmacéutica india de
producir medicamentos genéricos baratos, tanto para el mercado interno como para la
exportación. Con una población de entre 2 y 3,6 millones de portadores del VIH –lo que coloca a
India detrás de Sudáfrica y Nigeria en el número de personas que conviven con el virusy
Con tantos países africanos que tienen una parte muy importante de su población afectada por el VIH y dependen de la importación de los medicamentos indios, cumplir o no cumplir con las
disposiciones de los ADPIC se ha transformado en una cuestión de vida o muerte.

Hace dos años se incorporaron a la Ley de Patentes del país varias modificaciones clave
introducidas por las fuerzas progresistas, que llevaron a que un influyente diario dijera que se
trata de “un régimen de patentes relativamente laxo por ahora”.(14) Una de estas modificaciones
fue que las compañías indias podrían seguir produciendo y comercializando los medicamentos
que ya estuvieran produciendo con anterioridad al 1 de enero de 2005, luego de pagar una
“licencia razonable” al titular de la patente. En el régimen anterior esto estaba prohibido. Otra
enmienda importante fue la modificación del procedimiento de exportación de los medicamentos
a otros países, a partir de la cual el trámite pasó a ser menos complejo al eliminarse la
obligatoriedad de una licencia de parte del país importador.(15) Algunos han dicho que estas
modificaciones ayudan poco a compensar la ofensiva de las transnacionales para privatizar el
conocimiento en perjuicio de la salud pública. Otros destacan sin embargo, que si bien parecen
menores, en el mundo bizantino de los ADPIC, lo que hace la diferencia se encuentra en los
detalles.

Creo que vale la pena, en este punto, a nalizar más detenidamente al que se ha convertido en el
movimiento ecologista de masas más influyente de la India: el movimiento antirepresas.
Las represas representaron a menudo la visión modernista que guiaba a muchos gobiernos del
Tercer Mundo en su lucha por salir del subdesarrollo y alcanzar a Occidente en el período de
posguerra. La matriz tecnológica para el desarrollo energético del período posSegunda
Guerra Mundial era crear un determinado número de grandes usinas de generación eléctrica –represas hidroeléctricas gigantes, usinas alimentadas con carbón vegetal o derivados del petróleo, o usinas nuclearesen puntos estratégicos, desde donde se generaría la electricidad que luego se
distribuiría a todos los rincones del país. Las fuentes de energía locales o tradicionales que
permitían cierto grado de autosuficiencia fueron consideradas un atraso. El que no estaba
colgado a la red de distribución central era un atrasado.

La electrificación centralizada con las grandes represas, las grandes usinas a carbón y las
plantas nucleares se transformó en la última moda. Por cierto, hubo un fervor casi religioso en
esta visión entre los dirigentes políticos y los tecnócratas que definieron su obra en la vida como
la “electrificación misionera” o la conexión del poblado más lejano a la red central. Jawaharlal
Nehru, la figura dominante de la India posSegunda Guerra Mundial, llamó a las represas los
“templos de la India moderna” –una declaración que, como señalara la escritora india Arundhati
Roy, fue incluida en los libros de texto de primaria en todas las lenguas del país. Las grandes
represas se transformaron en un artículo de fe, inextricablemente unido al nacionalismo.
“Cuestionar su utilidad equivale prácticamente a sedición”. (16)

De todos modos, en nombre de la electrificación misionera, los tecnócratas indios, observa Roy
en su brillante ensayo titulado “The Cost of Living” (el costo de vivir), no sólo construyeron
“nuevas represas y sistemas de riego [sino que también] ... tomaron el control de los pequeños
sistemas de riego tradicionales utilizados durante miles de años, y dejaron que se atrofiaran”.
(17) Aquí Roy expresa una verdad esencial: la electrificación centralizada tuvo prioridad frente al
desarrollo de sistemas de energía alternativos que pudieran haber sido más descentralizados,
más orientados a la gente, más benignos para el medio ambiente, y menos intensivos en la
inversión de capital.

Las fuerzas claves que impulsaron la electrificación central fueron las poderosas coaliciones
locales de tecnócratas de la energía, las grandes empresas y las elites industriales urbanas. A
pesar de la retórica sobre la “electrificación rural”, la electrificación centralizada fue sesgada
esencialmente hacia la ciudad y la industria. En especial en el caso de las represas, implicaba
esencialmente gastar el capital natural del campo y los bosques para subsidiar el crecimiento de
la industria con sede en las ciudades. La industria era el futuro. La industria era lo que realmente
producía valor agregado. La industria era sinónimo de poder nacional. La agricultura era el
pasado.

Mientras estos intereses se beneficiaron, otros pagaron los costos. Específicamente, fueron las
zonas rurales y el medio ambiente los que absorbieron los costos de la electrificación rural. Se
cometieron crímenes terribles en nombre de la generación de electricidad y el riego, dice Roy,
pero permanecen ocultos porque los gobiernos nunca registraron esos costos. En India, según
los cálculos de Roy, las grandes represas desplazaron alrededor de 33 millones de personas en
los últimos 50 años, cerca del 60 por ciento de las cuales son pueblos indígenas o de la categoría
social conocida como “intocables”.

En realidad, India no tiene una política de reasentamiento para los desplazados por las represas.
Los costos ambientales han sido tremendos. Según señala Roy, “las evidencias contra las
grandes represas son cada vez mayores y alarmantes – desastres asociados al riego,
inundaciones inducidas por las represas, el hecho que haya zonas más proclives a las sequías y
a las inundaciones que en 1947. El hecho es que no hay un solo río en las planicies cuya agua
sea hoy potable”. (18)

Las cosas cambiaron cuando el gobierno anunció que tenía planes de construir una represa en el
gran río Narmada a fines de los setenta. En vez de aceptar tranquilamente el emprendimiento
respaldado por el Banco Mundial, los afectados opusieron una resistencia que sigue en pie hasta
hoy. El movimiento de Narmada Bachao Andolan liderado por Medha Patkar en la represa Sardar
Sarovar y por Alok Aggarwal y Silvi en la represa Maheshwar recibió apoyo de toda India y a
nivel internacional. La resistencia de la gente, la mayoría de ellos adivasis o pueblos indígenas,
logró que el Banco Mundial detuviera la financiación del proyecto y que éste se empantanara con
demoras, transformando en incierta la finalización de la obra. La Suprema Corte, por ejemplo,
ordenó resarcir a todos los afectados por la construcción de la represa Sardar Sarovar, y en
marzo de 2005 la sentencia ordenó detener la construcción de la represa hasta que esto
sucediera. Ahora la construcción está detenida en 110,6 metros, una cifra mucho mayor que los
88 metros propuestos por los activistas, y menor que los 130 metros de altura que se supone
alcanzará eventualmente la represa. En este momento no se sabe con claridad cuál será el
resultado final del proyecto ni cuándo se completará, aunque la finalización del conjunto de las
obras está prevista para 2025.(19) La suerte de la represa Maheshwar es igualmente incierta.
Igual importancia tuvo el impacto político más amplio de la lucha de Narmada. Demostró ser la
avanzada de los movimientos sociales que han transformado la escena política y profundizado la
democracia en el país. Los partidos políticos y la burocracia estatal están obligados hoy a
escuchar a estos movimientos, a riesgo de tener que soportar su oposición si no lo hacen, o en el
caso de los partidos, a ser derrocados del poder. Los movimientos sociales en las zonas rurales
tuvieron un papel importantísimo en haber atizado la conciencia de las masas que luego permitió
la derrota en las urnas de la coalición liberal liderada por el partido chauvinista hindú BJP
(Bharatiya Janata Party) en 2004. El BJP había hecho campaña a favor de la globalización bajo
la consigna “Brilla India”. Su sucesor en el gobierno, la coalición liderada por el Partido del
Congreso, por su parte, le ha dado ahora la espalda a las protestas rurales que la llevaron a
ganar la elección, y ha seguido las mismas políticas antiagricultura y proglobalización del BJP,
pero corre el riesgo de provocar una reacción contraria aún más fuerte en el futuro próximo.

El movimiento ecologista enfrenta hoy su mayor desafío: el calentamiento global. Como en
China, no se trata de una amenaza distante ni en el espacio ni en el tiempo. El diluvio de 2005 en
Bombay tuvo lugar en un año de precipitaciones excesivas que normalmente ocurriría una vez
cada doscientos años.(20) Los glaciares del Himalaya están en retroceso, y uno de los más
grandes, el Gangotri, retrocede, al decir de un diario, a “una velocidad alarmante”, incidiendo en
la reducción del caudal de los ríos himalayos.(21) El seis por ciento de la población de la India,
equivalente a 63,2 millones de personas, vive hoy en zonas costeras bajas que son vulnerables
al ascenso del nivel del mar.(23) En la costa de Gujarat, el ascenso del nivel del mar está
obligando al desplazamiento de poblados, al igual que en muchos otros lugares a lo largo de los
7.500 km que ocupa la línea costera del país. Según un informe, en “Sunderbans, dos islas ya
fueron borradas del mapa, desplazando a 7.000 personas. Es probable que otras doce islas
queden sumergidas debido a un ascenso anual del nivel del mar equivalente a 3,14 cm,
generando unos 70.000 refugiados. Cinco poblados en el Parque Nacional Bhitarkanika de
Orissa –famoso como lugar de anidamiento masivo de las tortugas de mar Olive Ridley—han
quedado sumergidos, y hay otros 18 que corren riesgo de sufrir la misma suerte”. (23)
Al igual que en China, el desafío es construir un movimiento de masas que podría ser impopular
no sólo para las elites, sino también para parte de los sectores de la clase media urbana que han
sido los principales beneficiarios de la estrategia de alto crecimiento que se ha venido aplicando
desde comienzos de la década de 1990.

Elites nacionales y tercermundismo

La razón por la cual he rastreado la evolución del movimiento ecologista de masas en Asia
Oriental e India es contrarrestar la imagen de que las masas asiáticas son elementos inertes, que
aceptan en forma acrítica los modelos de alto crecimiento e industrialización orientada a la
exportación que promueven las elites gobernantes y que tanto afectan al medio ambiente. Está
cada vez más claro para la gente común en toda Asia, que este modelo ha arruinado y
destrozado la agricultura, ha aumentado las desigualdades y ha traído un incremento de la
pobreza después de la crisis financiera asiática, además de generar graves daños ambientales
en todas partes.

Son las elites nacionales las que vociferan la línea ultratercermundista que sostiene que el Sur
todavía tiene que cumplir con su cuota de contaminación del mundo, y que el Norte ya excedió la
suya. Son ellos los que proponen que a los grandes países que están en rápido proceso de
industrialización se los exonere de los límites obligatorios a las emisiones de gases de efecto
invernadero bajo un nuevo Protocolo de Kioto. Cuando la administración Bush dice que no
respetará el Protocolo de Kioto porque éste no obliga a China y a India, y los gobiernos de China
e India dicen que no tolerarán que se les impongan límites a sus emisiones de gases de efecto
invernadero debido a que Estados Unidos no ratificó Kioto, en realidad están poniendo en escena
una alianza nonsanta para permitir que sus elites económicas sigan evadiendo sus responsabilidades ambientales y sigan derrochando a costa del resto del mundo.

Esta alianza se ha formalizado ahora en la llamada “Asociación AsiaPacífico” creada el año
pasado entre EE.UU., China, India, Japón y Corea en oposición al Protocolo de Kioto negociado
en Naciones Unidas. Este agrupamiento –al que se sumó recientemente Canadá, ahora dirigida
por Stephen Harper, un clon de Bush—propone reducciones voluntarias de las emisiones de
gases de efecto invernadero, en oposición a las reducciones obligatorias de Kioto. Se trata de
una peligrosa banda de gobernantes cuya agenda no es otra cosa que vomitar carbono a su
antojo, que es exactamente lo que significan las metas de reducción voluntarias.

La necesidad de un ajuste mundial

No hay duda que la carga del ajuste y la adaptación al calentamiento global deberá recaer
esencialmente en el Norte, y que este ajuste deberá hacerse en los próximos 10 a 15 años, y que
para realizarlo podría ser necesaria una reducción mucho mayor que la del 50 por ciento
propuesta por el G8 para el 2050 respecto de los niveles de 1990. A los ojos de algunos
expertos, podrían ser necesarias reducciones de entre 90 y 100 por ciento respecto de los
niveles actuales –lo que significa emisiones cero.(24) Sea cual fuere la cifra, no hay forma de
eludir que el Sur también tendrá que ajustarse, proporcionalmente menos que el Norte, pero en
todo caso de manera bastante restrictiva.

El ajuste del Sur no tendrá lugar si el Norte no da el ejemplo. Pero tampoco tendrá lugar, a
menos que sus líderes desechen el paradigma de alto crecimiento orientado a la exportación que
promueven el Banco Mundial y la mayor parte de los economistas a los que son adictos las elites
y las capas medias.

Los pueblos del Sur están abiertos a una alternativa a este modelo de crecimiento que le ha
fallado tanto al medio ambiente como a la sociedad. En Tailandia por ejemplo, un país devastado
por la crisis financiera asiática y plagado de problemas ambientales, el crecimiento orientado a la
exportación y la globalización son hoy malas palabras. Para consternación de The Economist, los
tailandeses son más receptivos a la “economía de suficiencia” que promueve el Rey Bhumibol,
que representa una estrategia que mira al interior de la nación y refuerza la autodependencia de
los grupos de base y la creación de lazos fuertes entre las redes económicas nacionales,
conjuntamente con un “trabajo moderado con la naturaleza”. (25)

Tailandia puede ser una excepción en términos del papel de liderazgo de la elite a favor de un
camino más sustentable, pero incluso allí, el compromiso real de esa elite de cara a un camino
alternativo es cuestionado por muchos. Lo que queda claro es que en muchos otros lugares del
Sur, uno no puede confiarse de las elites y algunos sectores de la clase media para producir
cambios de rumbo decisivos. En el mejor de los casos, tratarán de dilatar la situación. La lucha
contra el calentamiento global tendrá que ser impulsada principalmente por una alianza entre la
sociedad civil progresista del Norte y los movimientos ciudadanos de masas del Sur.

Como en el Norte, los movimientos ecologistas del Sur han tenido momentos de apogeo y de
reflujo. Al parecer, como en todos los movimientos sociales, es necesaria una intersección de
circunstancias particulares para que emerja un movimiento ecologista después de algún tiempo
de quietud, o para transformar luchas locales diversas en un movimiento de carácter nacional. En
el caso del calentamiento global, el desafío que enfrentan los activistas del Norte y el Sur es aún
mayor: conformar un movimiento de masas mundial que confronte decididamente la mayor
amenaza de nuestro tiempo.

* Agradezco especialmente la ayuda de mis colegas Afsar Jafri y Dale Wen en la preparación de este artículo. Deseo aclarar no obstante, que no son responsables por ningún posible error en los hechos o en la interpretación.

Notas

1. Mohamad Mahathir, Discurso ante la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente
y Desarrollo, Río de Janeiro, Junio 13, 1992.

2. La crisis ambiental de Corea se trata con profundidad en la obra de Walden Bello y Stephanie
Rosenfeld “Dragons in Distress: Asia’s Miracle Economies in Crisis (San Francisco: Food First,
1990), pp. 95118.

3. Ver ibid., p. 195214.

4. Ibid, p. 213.

5. Frieda Sinanu, “Coming of Age: Indonesia’s Environmental Network Faces Dilemmas as it
Turns 25,” Inside Indonesia, 2007; http://insideindonesia.org/content/view/72/29/

6. Entrevista con Dale Wen, sitio web de Focus on the Global South,
http://www.focusweb.org/interviewwithdalewen

7. Ibid.

8. Citado en R. Ramachandran, “Coming Storms,” Frontline, Vol. 24, No. 7
(Abril 720,
2007); http://www.frontlineonnet.com/fl2407/stories/2007042001609000.htm

9. Citado en ibid.

10. Comunicación por correo electrónico, septiembre 25, 2007.

11. Fred Bergsten et al., China: What the World Needs to Know now about the Emerging
Superpower (Washington: Center for Strategic and International Studies e Institute for
International Economics, 2006), pp. 4041.

12. “Increase in Environmental Unrest Causes Instability in China,” Green Clippings,
http://www.greenclippings.co.za/gc_main/article.php?story=20060906170952367

13. “”Bhopal Disaster,” Wikipedia; http://en.wikipedia.org/wiki/Bhopal_Disaster

14. V. Sridhar Siddharth Narrain, “A Tempered Patents Regime,” Frontline, Vol. 22, No. 8 (2005);
http://www.flonnet.com/fl2208/stories/20050422004602800.htm

15. Ibid.

16. Arundhati Roy, The Cost of Living (Londres: Flamingo, 1999)

17. Ibid.

18. Ibid

19. “Narmada River,”Wikipedia; http://en.wikipedia.org/wiki/Narmada_River

20. R. Ramachandran, “Himalayan Concerns,” Frontline, Vol. 24, No. 4 (2007);
http://www.flonnet.com/fl2404/stories/20070309006201000.htm

21. Ibid.

22. R. Ramachandran, “Coming Storms…”

23. Dionne Busha, “Gone with the Waves,” Frontline, Vol. 24, No. 14
(2007); http://www.fllonnet.com/fl2414/stories/20070727000206600.htm

24. Catherine Brahic, “Zero Emissions Needed to Avert ‘Dangerous’ Warming,” New Scientist,
http://environment.newscientist.com/article.ns?id=dn12775&print=true.

25. Thailand Human Development Report 2007: Sufficiency Economy and Hum


Walden Bello es Profesor visitante distinguido de Estudios de Desarrollo Internacional en la
Universidad de St. Mary, Halifax, Canadá; Profesor de Sociología en la Universidad de Filipinas
(Diliman) y analista principal y ex director ejecutivo de Focus on the Global South,
Bangkok, Tailandia.

Sobre los autores

Walden Bello

Autor de más de 14 libros, Bello fue galardonado en 2003 con el Right Livelihood Award (también conocido como el premio Nobel alternativo) por “sus destacados esfuerzos para educar a la sociedad civil sobre las repercusiones de la globalización encabezada por las grandes empresas y sobre cómo poner en práctica alternativas”. La revista The Economist aludió en una ocasión a Bello como el hombre “que popularizó un nuevo término: desglobalización”.

Walden predijo la crisis financiera muchos años antes del actual derrumbe del sistema y es una figura muy respetada del movimiento altermundialista. La escritora canadiense Naomi Klein dice de él que es “el más destacado revolucionario de la falta de insensatez”.