El señor Bush va a Colombia

Marzo 2007

Bush va a Colombia básicamente a hablar con su aliado preferido en la región, Álvaro Uribe, con quien se entretendrá conversando sobre los ‘éxitos’ del Plan Colombia.

Bush va a Colombia básicamente a hablar con su aliado preferido en la región, Álvaro Uribe, con quien se entretendrá conversando sobre los ‘éxitos’ del Plan Colombia, razón por la cual se puso en marcha la Fase II de este famoso plan. La aventura antinarcóticos-antiterrorista impulsada por el gobierno de George Bush ha consumido inútilmente miles de millones de dólares. Por Amira Armenta

La visita del presidente Bush a América Latina ha hecho correr bastante tinta en los últimos días con las diversas interpretaciones hechas por los más diversos analistas del continente. Algunos la ven como una visita anti-Chávez, otros como una manera de la Casa Blanca de expresar que ‘no se ha olvidado’ de la región, otros como una de esas visitas inútiles que sólo sirven para sacarse fotos los presidentes y sus respectivas primeras damas, etc.

Fuera de esto, los analistas coinciden en que Bush va al Brasil a hablar de etanol, a Uruguay a promocionar el libre comercio (y hacer sentir su presencia en el Cono Sur), a Guatemala a hacer un poco de turismo, visitar ruinas mayas, y a México a hablar de inmigración. Pero ¿a qué va a Colombia? Los informes de prensa del Departamento de Estado en la parte de la gira que se refiere a Colombia, aclaran esta pregunta. Bush va a Colombia básicamente a hablar con su aliado preferido en la región, Álvaro Uribe. Como a estas alturas en materia de TLC, por ejemplo, la Casa Blanca ya no tiene nada que agregar -la decisión está ahora en manos del Congreso- lo más probable es que ambos presidentes se entretengan hablando sobre todo de los ‘éxitos’ del Plan Colombia, razón por la cual se puso en marcha la Fase II de este famoso plan con unos 650 millones de dólares para 2007. Y seguramente, con el fin de ilustrar este ‘éxito’, fue que se incluyó en la agenda un encuentro del presidente Bush con representantes de la comunidad afro colombiana para hablar de los progresos de cultivos alternativos a la coca.

Este encuentro no podría ser más paradójico. No solamente las comunidades rurales afro colombianas, junto con las indígenas, representan los grupos humanos más golpeados por la crisis colombiana relacionada con la violencia del conflicto, y los problemas asociados con los cultivos ilícitos y la producción y tráfico de drogas, sino que son también los grupos más afectados por la aplicación de una política de drogas y de seguridad auspiciada por Washington: la erradicación forzosa de cultivos, la fumigación indiscriminada, y la militarización de territorios tradicionales de estas comunidades. De modo que, tanto el problema como su solución han sido fatales para estos pueblos, han trastornado la vida, cultura, y estructura social de esas comunidades.

Así como se hace cada vez que un presidente de una nación importante está de visita, que las autoridades hacen recoger las basuras y ‘limpian’ las calles de mendigos, lo más seguro es que Bush no vea el cuadro real de estas comunidades, sino una versión endomingada. ¿O acaso han invitado a la reunión a los representantes de las comunidades chocoanas negras de Jiguamindó y el Curvaradó, o las de Cacarica y otros pueblos del Bajo Atrato? ¿Le contarán al presidente estadounidense que estas comunidades han sido desplazadas de sus tierras, que han sufrido constantes hostigamientos de las fuerzas militares, que han sido la triple víctima del estado y su ausencia como ente social, del paramilitarismo más vivo que nunca a pesar del ‘proceso de desmovilización’, y de los grupos guerrilleros en lucha por el territorio?

Probablemente no. En cambio el gobierno colombiano le presentará a Bush el programa conocido como Familia Guardabosques como otro de los ‘éxitos’ de las políticas antinarcóticos. Del mismo modo como le volverán a reiterar lo ‘exitosas’ que son las fumigaciones (a pesar de que no se ha reducido el área sembrada), o la aplicación de la seguridad democrática (a pesar de los millones de desplazados), o la desmovilización de las fuerzas paramilitares (a pesar de que están tan movilizados como siempre). Aunque la realidad se ha encargado de desmentir el supuesto éxito de todas las grandes políticas emprendidas por este gobierno, la información se transmite haciendo total caso omiso de los hechos reales. Después de todo, a eso es a lo que va Bush a Colombia, a escuchar buenas noticias. Tan buenas son que le han servido de modelo a su gobierno para aplicar las recetas en otro país emproblemado del mundo como Afganistán.

Irónicamente, si en algo ha fracasado también la política antinarcóticos dictada por Washington, es precisamente en la aplicación de programas de desarrollo alternativo propuestos, como este de las familias guardabosques, entre otros. En esto las comunidades afro colombianas, lamentablemente, ofrecen un buen ejemplo. Probablemente un número reducido de familias se haya beneficiado de manera temporal de este programa, pero qué representa esto al lado de las numerosas y constantes denuncias relacionadas con casos de corrupción y engaño a los campesinos con los dineros destinados a este programa. Además de que el programa mismo ha sido cuestionado ampliamente. Lo que parece un sano plan de reforestación tendiente a recuperar zonas de importancia ecológica obedece en realidad a una política agroindustrial exportadora en muchos casos impulsada por las grandes empresas de papel y madereras de muebles que tiene impactos ambientales nefastos, y ninguna consideración por los elementos sociales y culturales de la población implicada.

Una semana antes de la proyectada visita de George Bush a Colombia el 11 de marzo, estuvo en Bogotá Jim McGovern, representante demócrata a la Cámara de diputados de EEUU por el estado de Massachussets. Según una nota de prensa del periódico El Tiempo, el representante estuvo visitando un barrio de invasión en una zona marginada de Bogotá, uno de esos barrios de casuchas de plástico y láminas de zinc que han ido creciendo rápidamente en los últimos años con la llegada a la capital colombiana de población campesina desplazada huyendo del conflicto que se ha apoderado de sus regiones. El representante McGovern dijo que había estado en ese mismo barrio hacía cuatro años, y en todo este tiempo nada había cambiado.

La aventura antinarcóticos-antiterrorista impulsada por el gobierno de George Bush ha consumido inútilmente miles de millones de dólares. Barrios de invasión como el visitado por el diputado estadounidense son también un buen ejemplo del fracaso del Plan Colombia y de todos los proyectos antinarcóticos y de seguridad emprendidos con fondos estadounidenses. De haberse utilizado esos multimillonarios fondos en garantizar la presencia de un estado social en las zonas rurales, probablemente ese barrio no existiría, o al menos no en las mismas condiciones de hace cuatro años. Si en el mediano plazo Colombia va a continuar aplicando los dictados de Washington, por lo pronto lo único que queda esperar es que la próxima administración esté compuesta por gente como el diputado McGovern que se atreve a subir a las barriadas a ver y a escuchar la otra versión.

Mientras tanto el encuentro Bush-Uribe se desarrollará en el marco de un montaje en el que todo el mundo es feliz, los pobres estarán vestidos de domingo, la guerra a las drogas ya se ganó, ahora estamos ganando la guerra al terrorismo, en Colombia no quedan paramilitares y altos funcionarios del gobierno de Uribe y amigos personales suyos no están relacionados con el narcotráfico y el paramilitarismo. La Colombia de Uribe, a diferencia de la Venezuela de Chávez y pronto del Ecuador de Correa, y otros por el estilo, es un modelo para el mundo.

Asistente de investigación especializada en Colombia

Amira Armenta (Colombia/Países Bajos) está licenciada en Historia de América Latina por la Universidad de Jussieu (París).