Escuchar la entrevista en Radio Nederland
En 1971, Daniel Ellsberg, un analista del Pentágono, fotocopió durante decenas de noches una larga serie de documentos que probaban que el gobierno de Lyndon B. Johnson mentía a los ciudadanos sobre la guerra de Vietnam y acerca de las razones para que Estados Unidos estuviese implicado en el sudeste asiático. El New York Times publicó los documentos, y esto fue un factor determinante para que Washington acelerara la salida de Vietnam. http://www.ellsberg.net/
La organización Wikileak (juego de palabras entre la enciclopedia virtual Wikipedia y leak, filtración, en inglés) http://wikileaks.org/ ha conseguido miles de documentos militares y de inteligencia, muchos de ellos crónicas oficiales de operaciones en el terreno desde 2004 a 2010, y los ha publicado al mismo tiempo que The New York Times, The Guardian y Der Spiegel sintetizaban la información.
Los documentos muestran un alto nivel de caos, falta de coordinación e ineficacia en la estrategia definida por los generales Stanley McChrystal (recientemente destituido por sus declaraciones críticas e irrespetuosas a la Administración Obama en la revista Rolling Stone) y David Petraeus para proteger a los civiles afganos y pakistaníes.
Sin control
Por otra parte, los documentos indican que un grupo de operaciones especiales (Task Force 373) estadounidense está actuando sin ningún tipo de control del Congreso, situándose en el terreno de la ilegalidad cuando se trata de asesinatos selectivos de líderes talibanes; que los aviones no tripulados (drones) que Washington utiliza para realizar ataques dentro de Pakistán están ocasionando más bajas civiles de las que se admiten, y que su manejo a larga distancia desde centros de mando en Estados Unidos no es siempre eficaz. También, que los talibanes tienen armas mucho más potentes que las que hasta ahora el gobierno de Obama y la OTAN admitían públicamente.
Especialmente relevante es la información sobre la ayuda que el poderoso servicio de inteligencia de Pakistán provee a los talibanes al mismo tiempo que el gobierno de Lahore acepta una ayuda de 3.000 millones de dólares anuales de Estados Unidos para combatir la insurgencia. Esta confirmación de algo que se ha denunciado constantemente pondrá al gobierno de Pakistán en una situación muy difícil. También en el campo de la inteligencia, la CIA utiliza al servicio de inteligencia afgano como una agencia subsidiaria.
Nada nuevo
Aparentemente, el presidente Barak Obama ha respondido que los documentos no dicen nada nuevo. En efecto, gran parte de la información era conocida de forma dispersa, pero 92.000 documentos escritos por los propios militares y analistas de inteligencia de Estados Unidos y la OTAN tienen un gran peso, y las consecuencias se verán en las semanas y meses venideros. De hecho en la próxima semana el Congreso en Washington debate un aumento de los fondos para la guerra.
Las filtraciones implícitamente muestran que Estados Unidos y la OTAN tienen una gran confusión entre estrategias para la construcción del Estado afgano (que Obama indicó en 2009 que no es su prioridad), combatir la insurgencia local (los talibanes) o impedir que una organización terrorista sin base estatal como Al Qaeda utilice a Afganistán como base. Según cuál de los tres objetivos se adopte, la estrategia y recursos militares que se deberían utilizar son diferentes. Pero los líderes de la OTAN no parecen clarificar las diferencias.
El impacto mayor de la filtración estará, posiblemente, en las respuestas de los ciudadanos de países de la OTAN que empezarán a preguntarse si las bajas crecientes de sus soldados, y la implicación en una guerra que tiene un alto nivel de bajas civiles locales, no se deben tanto a la eficacia de los talibanes como a la falta de estrategia y visión de los líderes políticos y militares.