Amira Armenta (Colombia/Países Bajos) está licenciada en Historia de América Latina por la Universidad de Jussieu (París).
Las FARC
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Este texto es una versión más extensa de una presentación sobre las FARC y las posibilidades de paz en Colombia, hecha el 5 de marzo en la Universidad de Leiden, Holanda.
Introducción
I. Desarrollo de las FARC a partir de 1964
II. Algunos datos actuales de las FARC
III. Las FARC y el narcotráfico
IV. Cuál es la acogida de las FARC en Colombia
V. ¿Qué juega EEUU en todo esto?
VI. Posibilidades de paz bajo el gobierno de Uribe – El ‘Intercambio humanitario’
Conclusión
Las FARC no son el único grupo violento que ha existido y que existe en la historia reciente de Colombia. Ha habido y hay otros grupos insurgentes de izquierda, además de los grupos paramilitares de derecha. Todos estos contribuyen en el conflicto. Si el objetivo de esta charla hubiera sido el conflicto colombiano, tendríamos que hablar de ellos necesariamente, así como del rol del mismo ejército colombiano. Todo ello en el marco del problema agrario - Colombia es un país que no ha resuelto el problema de la tierra, la principal fuente del conflicto- de la extrema concentración de tierras en pocas manos, del crecimiento de los cultivos ilícitos y del florecimiento de una economía de la coca.. Pero como esta noche el objetivo es solamente las FARC, dejaremos todo lo demás a un lado.
A las FARC no se las puede entender si no se las enmarca en el contexto histórico, geográfico y político que precedió su surgimiento, la Colombia de los años 50. Es el período de lo que en Colombia se conoció como La Violencia. No abordaremos este período por razones de tiempo, sólo mencionaré que fueron años de intenso combate entre las dos fuerzas políticas dominantes, el partido Liberal y el partido Conservador.
De algún modo se podría decir que La Violencia fue una guerra de las élites dominantes entre ellas, pero como suele suceder en estos casos, mientras los políticos en las ciudades se enfrentan en debates, la guerra misma la hacen los campesinos pobres en el campo. Grupos de campesinos radicalizados formaron en esos años las primeras guerrillas, que eran liberales. Algunos de estos grupos se transformarían después en grupos de inspiración comunista. De modo que el origen de las FARC está ligado a esta pelea de los sectores fuertes por el poder.
Esa era la situación hasta que las dirigencias de los dos partidos tradicionales llegaron a un acuerdo para acabar la disputa. Ellos esperaban que con ese acuerdo se acabarían también los enfrentamientos armados en el campo, pero no fue así. Ese acuerdo es lo que se conoce como el Frente Nacional (1958-1974), una figura a través de la cual los dos partidos se turnaban el poder. Cuatro años para cada uno: gobierno, administración, burocracia, etc.
Lo bueno que tuvo esto fue que significó la paz entre los dos grandes sectores políticos, que venían haciéndose la guerra desde el siglo XIX. Pero, aunque muchas guerrillas liberales se desmovilizaron, los grupos más radicalizados no se mostraron muy dispuestos a hacerlo, con lo cual, quedaría el fuego encendido en sitios muy concretos del país. La Colombia urbana echó a andar bajo este esquema pacificador desde arriba, pero muchos de los elementos ligados al conflicto -como la lucha por el territorio- siguieron vivos. Esto, más la infuencia externa del auge de movimientos comunistas en el mundo –la Guerra Fría, la revolución cubana- más el abandono del gobierno central, la ausencia del Estado, la colonización de nuevas zonas en las que la gente no contó con recursos del Estado (en cambio sí con el apoyo de la guerrilla), etc, son elementos que ayudan a entender el surgimiento de una guerrilla de izquierda como las FARC a mediados de los años sesenta.
I. Desarrollo de las FARC a partir de 1964
Como ya he mencionado, detrás del conflicto armado colombiano hay una lucha tenaz por la tierra, por las mejores tierras del país.
Los sesenta fueron años de pleno funcionamiento del Frente Nacional y su paz, al menos en la mayor parte del país poblado, y en los núcleos urbanos. Los partidos se habían repartido el poder y habían olvidado que en ciertas regiones seguía predominando el descontento. Una de estas regiones está en las montañas del departamento del Tolima, localidad de Marquetalia. Allí había una fuerte presencia guerrillera de antiguos liberales que nunca entregaron las armas, y que ahora eran comunistas. En mayo de 1964, el ejército colombiano atacó la zona. Como respuesta a esto, los guerrilleros se proclamaron como insurgencia comunista, de inspiración soviética y castrista. Así nacen oficialmente las FARC. El objetivo era derrocar al gobierno e instaurar un régimen comunista al estilo de los otros existentes en el mundo.
Durante las dos décadas que siguieron, las FARC se mantuvieron activas como grupo rebelde, a veces más, a veces menos, pero jugando un rol no muy determinante en la vida nacional en materia de seguridad. Las FARC no alteraban la vida del país. Tenían un perfil relativamente bajo. Estaban concentradas en regiones muy específicas, y si sus acciones afectaban las zonas donde se movían, no tenían gran trascendencia a nivel nacional. Incluso en comparación con otros grupos guerrilleros de los setenta, como el ELN o el M19, sus acciones eran menos notorias. Aunque sí tenían una fuerte trascendencia a nivel local. Las FARC llegaron a conformar durante ese período pequeños estados dentro del Estado colombiano. Enclaves. Se habló incluso de ‘repúblicas independientes’. Pero siempre lejos de los focos importantes económicos y poblacionales. Según cálculos, las FARC tendrían a fines de los setenta, entre unos 1.000 y 1.500 hombres. Un grupo relativamente pequeño.
Pero a comienzos de los ochenta, las acciones de las FARC empiezan a tomar más preponderancia. Se inicia un período de expansión de las FARC, en número de efectivos y en control de territorios.
¿Por qué? En esto juega un rol clave un factor externo a la ideología o al desarrollo histórico: el auge de los cultivos ilícitos. Existen documentos que prueban que la dirección de las FARC -en esos años todavía marcada por los fuertes valores ideológicos revolucionarios- fue reacia lo más que pudo a involucrarse en el negocio de la droga. Pero la relevancia cada vez más fuerte de la coca -su creciente actividad- en zonas tradicionalmente de las FARC, hizo prácticamente imposible que un grupo irregular como éste se marginara del negocio. A propósito de esto, no son pocos los autores que han estudiado a las FARC que se han atrevido a especular que sin la coca, sin el negocio de la droga, probablemente las FARC habrían terminado por desaparecer a comienzos de los ochenta, como sucedió en las otras partes del continente en donde también habían surgido guerrillas. Este punto será ampliado más adelante.
Las FARC comenzaron entonces cobrando un impuesto (gramaje) a productores y a narcotraficantes como fuente de financiación. Lo trágico para las FARC fue que a medida que se fueron enriqueciendo, también se fueron desideologizando. Fue una época de mucho reclutamiento, pero buena parte de los campesinos que ingresaron a las filas, lo hicieron por razones de estómago más que de convencimiento. No todos, pues en esa época todavía entraba a las FARC gente procedente de las clases medias urbanas, estudiantes, intelectuales, auténticos convencidos. Pero el grueso era sobre todo el campesinado pobre.
A mediados de los ochenta, las FARC llegaron a ser tan fuertes y a extenderse en tantas partes del territorio que el conflicto se reanimó. En 1985, las FARC comienzan con el gobierno del entonces presidente Belisario Betancourt una negociación de paz. Esta negociación estuvo tan bien encaminada, y las FARC estuvieron tan dispuestas a acogerse, que de ella resultó la creación de un partido legal de izquierda, La Unión Patriótica. Y aunque el proceso fracasó, el hecho de que la UP siguiera adelante fue un factor importante resultante de esas conversaciones. Fue una señal de que un sector considerable de la guerrilla estaba dispuesto a participar en la vida política sin uso de la violencia.
Lástima que para esos momentos, el conflicto colombiano se encontrara ya tan enredado que hizo imposible la transición a la legalidad de gente que honestamente creyó que era posible cambiar el sistema por la vía electoral. En esos momentos los actores y factores que han complicado desde entonces la situación social y de seguridad en Colombia ya estaban presentes: el narcotráfico y el paramilitarismo. Sin estos dos factores, es muy posible que la negociación con el gobierno de Betancourt hubiera sido un éxito, y la UP sería hoy día un partido político respetable de izquierda. Es decir, las FARC habrían terminado disolviéndose en la legalidad política. No hay que olvidar que, a esas alturas, las guerrillas (rurales y urbanas) que también existían en otros países suramericanos se habían extinguido. Políticamente (históricamente) la existencia de una guerrilla armada como las FARC era ya un anacronismo.
Esto no sucedió, en cambio sucedió lo peor que podía pasar: los principales líderes de la UP fueron asesinados por el paramilitarismo en muchos casos en asocio con elementos del ejército colombiano, y los narcotraficantes. En menos de cinco años, la UP perdió cerca de cinco mil activistas en todo el país, entre los cuales, dos candidatos presidenciales y varios congresistas. Esta pérdida fue fatal.
La masacre de la UP le cerró las puertas a cualquier intención de paz en los próximos años. La sensación que quedó fue la de que el gobierno los había traicionado, y sólo sirvió para radicalizar más a los que quedaban. Mientras tanto las FARC continuaron su expansión como fuerza insurgente. A finales de los noventa, se decía que las FARC tenía unos 20 mil hombres. En los noventa, las FARC estaban en capacidad de lanzar, y lo hicieron, enormes ofensivas militares contra el ejército colombiano, como la de Miraflores, y Las Delicias, que fueron ataques a bases del ejército. Con lo que las FARC mostraron que habían pasado de hacer una guerra de guerrillas a hacer una guerra de movimientos. Una señal del poderío alcanzado.
En lo ideológico, los noventa fueron clave en el cambio del discurso ideológico de las FARC. Desde entonces, han ido reemplazando el concepto de ‘marxismo’ por el de ‘bolivarianismo’, más moderno, más a tono con la época Aunque, según se dice, la vieja generación de líderes de las FARC (Entre los cuales el líder Manuel Marulanda) mantiene su convencimiento marxista.
Durante los noventa hubo varios intentos de conversaciones con las FARC provenientes de diferentes iniciativas, pero ninguno conllevó realmente a nada, hasta 1999, cuando se dio inicio a otras importantes conversaciones de paz bajo el gobierno de Andrés Pastrana. Fueron unas negociaciones extremadamente mediatizadas. No sólo durante el tiempo que duraron las negociaciones, sino incluso antes, cuando se hablaba de que se iniciaría un proceso de paz, y las FARC llegaron a tener una enorme acogida internacional de alto nivel: a las selvas colombianas a entrevistarse con las FARC viajaban hombres de negocio de Wall Street, de la City de Londres, y altas figuras del gobierno y de los medios colombianos. Se puso de moda ir a la selva y todo el mundo quería ir a sacarse fotos con algún alto miembro del Secretariado, lo que después servía para alardear. De modo que se podría decir que hubo un momentum a favor de negociaciones con las FARC.
Para estas negociaciones, el gobierno de Pastrana cedió en una condición que exigían las FARC, y permitió la creación de una zona desmilitarizada –una superficie tan grande como Suiza- en medio de una región tradicionalmente de control de las FARC. El proceso duró de enero de 1999 a febrero de 2002, cuando se dio por concluido una vez más en medio del fracaso.
El último intento de paz volvía a fracasar. ¿Por qué? ¿Qué fue lo que salió mal esta vez? La respuesta es: todo. Los elementos del conflicto colombiano que estaban presentes en los ochenta, ahora, a finales de los noventa, no solamente eran más poderosos -los paramilitares y el narcotráfico asociado a ellos- sino que la llamada ‘guerra a las drogas’ del gobierno estadounidense tomó justamente en esos momentos un giro especial para Colombia. Si bien es cierto que la guerra a las drogas venía aplicándose desde hacía tiempo, ahora se intensificaba. El argumento era que los cultivos ilícitos habían crecido tanto y con ello el narcotráfico, que se necesitaba un ataque masivo al problema en el lugar de origen, es decir, en las zonas de los cultivos. Entonces comenzó el famoso Plan Colombia, que es, en pocas palabras, un plan antinarcótico y contrainsurgente al mismo tiempo. La idea -de EEUU- era eliminarle a las FARC una fuente importante de ingresos, la que ellos sacaban de los cultivos, para debilitarlas.
El Plan Col comenzó a aplicarse en octubre de 2000. Las conversaciones de paz habían comenzado un año antes, y en Colombia y el mundo había una enorme expectativa sobre los resultados. Si bien es verdad que el inicio de las conversaciones no significó una tregua en la guerra y que durante el tiempo que duró el proceso hubo bastantes dificultades, el Plan Colombia –que fue un ataque directo al corazón de las FARC- no pudo llegar en peor momento para la paz en Colombia. Las FARC lo interpretaron no sólo como un signo del aumento de la injerencia estadounidense en el país, sino como una traición del gobierno con el proceso. No obstante, eso no era todavía lo peor que podía pasar.
El golpe de gracia a un proceso que caminaba mal de algún modo fue el 11 de septiembre de 2001, cuando, como todo el mundo sabe, EEUU radicalizó su actitud hacia el terrorismo, es decir, hacia los grupos insurgentes en el mundo considerados terroristas.
En febrero de 2002, se dio oficialmente por concluida la mesa y el ejército retomó control de la zona. Poco después, en junio de ese mismo año, la Unión Europea incluyó a las FARC en la lista de organizaciones terroristas, y simbólicamente ésto tuvo bastante trascendencia porque contrarrestó la tradicional posición de la UE a favor de una solución negociada al conflicto.
En 2002, las FARC eran una organización militarmente fuerte, lo suficiente para lanzar una tremenda contraofensiva, atentados a la infraestructura, e incluso atentados urbanos en su interés por abrir frentes urbanos. Ese año ganó la presidencia Álvaro Uribe con una consigna de línea dura contra las FARC caracterizada por un cierre a la posibilidad de negociar, que tuvo gran apoyo popular. Cuatro años atrás, Pastrana había ganado la presidencia con un mensaje de paz. Uribe la ganaba ahora con un mensaje de guerra. El gobierno lanzó políticas de guerra como la de la Seguridad Democrática, y los diversos planes que la componen, cuyo objetivo era atacar a las FARC en sus propios cuarteles en la selva.
Estos planes han sido militarmente bastante efectivos. Para 2004, las FARC habían perdido corredores estratégicos, disminuido su capacidad de montar ofensivas, teniendo que volver a las tácticas de la guerra de guerrillas. El hecho de que con frecuencia los enfrentamientos con las FARC se produjeran en lugares más bien alejados del Chocó, Putumayo, Meta, entre otros, hacía deducir que las FARC se habían visto empujadas a sus zonas originales, que habían debido retroceder.
Pero al mismo tiempo este intenso ataque representó también una agudización de la situación humanitaria de las regiones en las que se desarrolla la guerra. La población civil es, como siempre en estos casos, la principal víctima del conflicto. La intensificación de la guerra se tradujo en más desplazamiento de población. Colombia es el segundo país del mundo, después de Sudán, con más desplazados internos, cerca de cuatro millones, según estadísticas de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES).
No obstante, las FARC no han perdido su capacidad de respuesta armada. Esto es algo que sucede por lo general con las guerrillas. Cuando no pueden atacar directamente –como parece estar sucediendo en los últimos años que no ha vuelto a haber un ataque de importancia a una base fija del ejército, sólo a unidades móviles- pasan a una actitud defensiva, de reliegue, y esperan hasta que la situación cambie, y mientras tanto se van recuperando. En este tipo de guerra, el territorio que se gana un día, se puede perder al mes siguiente, y recuperar de nuevo el año próximo.
Es decir, a pesar de la enorme ofensiva de Uribe, a pesar del gigantesco incremento del gasto militar del gobierno, de que han caído varios líderes importantes de la guerrilla –entre los cuales Raúl Reyes, considerado como la segunda cabeza de las FARC- de que las FARC han perdido a muchos combatientes, no sólo por muerte sino por deserción por desmoralización, el gobierno no ha logrado golpear esencialmente a las FARC. La estrategia de eliminación de líderes, que es un pilar importante de la política de Uribe, que puede jugar un rol simbólico de importancia en su momento (como se ha visto con la eliminación de Raúl Reyes) es cuestionable si se sabe que los líderes de las FARC son reemplazables.
II. Algunos datos actuales de las FARC
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Territorios Estas son las zonas más importantes en las que las FARC tiene presencia, o la ha tenido hasta fechas recientes: Arauca- Norte de Santander: zona petrolífera, que durante muchos años estuvo bajo control del ELN, que aplicó la política de cortar oleoductos con derramamiento de petróleo de graves consecuencias medioambientales. Esta zona, además fronteriza con Venezuela, se la disputan las FARC al ELN desde mediados de los noventa. Se sabe de fuertes enfrentamientos entre las dos organizaciones en la zona, con centenares de muertos, muchos de los cuales son de la población civil. Cuando las FARC identifican a campesinos por colaborar con el otro grupo, los declaran objetivo militar, desconociendo que los campesinos, por lo general, colaboran por necesidad. Cordillera Occidental - Valle del Cauca: es un corredor del narcotráfico por el contacto con el puerto de Buenaventura. Sur de Tolima y noroccidente de Huila: es la cuna de las FARC y zona de gran presencia guerrillera. Algunos especulan que el insistente interés de las FARC (en los últimos dos años) en despejar los municipios de Florida y Pradera que se encuentran en esta zona para realizar las negociaciones de intercambio, podría tener también un toque simbólico. Amazonas: las FARC iniciaron hacia finales de los noventa una penetración en la región amazónica para abrir un Frente amazónico. Con ellos llegaron colonos de todo tipo, mineros en busca de oro. Llegaron imponiendo la ley a la población (en su mayoría indígena) que encontraban, reclutaron indígenas e impulsaron la ampliación de los cultivos de coca. Caribe – Sierra Nevada de Santa Marta y Montes de María. Una de las zonas en las que más han sido golpeados después de 2005. Suroriente: Incluye los departamentos de Meta, Caquetá, Guaviare y Putumayo. Suroccidente: Cauca y Nariño Centro: Cundinamarca Noroccidente: Oriente Antioqueño y Atrato Medio. Frente internacional: Desde los noventa, las FARC intentan tener alguna forma de presencia en el exterior. A raíz del caso de la holandesa Tanja Nijmeijer, salió a la luz el tema de presuntas actividades de miembros de las FARC en algunos países de Europa, entre círculos de jóvenes y estudiantes. Como quedó recientemente verificado con el ataque al campamento de Raúl Reyes situado del lado ecuatoriano, los miembros de las FARC pasarían a un lado y otro de las fronteras con los países vecinos, Ecuador, Brasil, Panamá y Venezuela. Además, las FARC también han buscado abrir células en otros países latinoamericanos como Bolivia, Argentina, Paraguay, y han buscado acercamientos con sectores de la izquierda legal de varios países. Las FARC hacen parte de la Coordinadora Continental Bolivariana, que tiene oficinas en Venezuela, Guatemala, El Salvador, Ecuador, Perú, Brasil, Panamá y Honduras. Para las FARC es muy útil esta participación porque les permite estar en contacto con movimientos legales como los Sin Tierra (Brasil), o las Madres de la Plaza de Mayo (Argentina), entre otros. Las mencionadas arriba son las regiones en donde se está librando el conflicto armado en Colombia. Debe quedar claro que allí no sólo están las FARC enfrentadas al ejército. Si así fuera, todo sería más fácil. Allí se mueven las otras insurgencias, y los diferentes grupos paramilitares (menos desmovilizados de lo que oficialmente se dice), el ejército colombiano, el narcotráfico y los grupos con intereses económicos situados en los límites de la legalidad, como el negocio de los mega cultivos de palma en el Chocó. |
Las estimaciones actuales indican que habría entre 8.000 y 13.000 combatientes en las FARC, un 30 por ciento de los cuales serían mujeres. Las FARC están conformadas por un Secretariado (la dirección conformada por los jefes); el Estado Mayor (unas 25 personas); siete Bloques (Oriental, Occidental, Sur, Central, Magdalena Medio, Caribe, Noroeste) y un cierto número de Frentes adscritos a estos Bloques. Tanto los Bloques como los Frentes podrían operar de manera autónoma, debido básicamente a problemas de comunicación. Hay otras unidades más pequeñas como la compañía y el pelotón.
Esta ‘autonomía’ de los Bloques e incluso de los Frentes (a cargo de los mandos medios) es problemática. La dirección no controla, e incluso puede no estar de acuerdo con acciones de esos grupos, pero no tiene manera de impedirlas. Esto da una señal de incoherencia en la organización, que se ha traslucido en varias oportunidades en el pasado. Como fue el caso en 1999 del asesinato de tres activistas indigenistas estadounidenses, un hecho que después el Secretariado condenó. O las incoherencias notadas recientemente alrededor de algunos hechos del ‘intercambio humanitario’.
Sobre el reclutamiento: en un país como Colombia, con amplias regiones sin presencia del Estado, la población se ve en la necesidad de aliarse con unos u otros como manera de protegerse y de garantizar su sustento. En las regiones de control de las FARC, una parte de los campesinos se siente identificada con ellos a pesar de sus acciones y de su creciente reputación negativa. Hay que estar allí y ser un campesino pobre, sin tierra, sin atención del Estado para entender esta identificación, y que los colonizadores, cultivadores de coca, han encontrado en las FARC un protector contra las políticas de erradicación (manual y por fumigación) del gobierno central. Cuando el gobierno llega a las zonas, lo hace solo para aplicar la ley sin dar a cambio beneficios sociales. Esto explica también que algunas comunidades se radicalicen contra el gobierno. Tradicionalmente han sido estas poblaciones ‘abandonadas’ las mayores defensoras de las FARC.
Pero también esto ha cambiado bastante en la última década. Ahora es frecuente ver reacciones como la de la comunidad de San José de Apartadó. Cansada de sufrir en carne propia durante tantos años la pelea entre las diferentes facciones, esta comunidad se declaró como ‘comunidad de paz’, neutral, marginal a todos los actores del conflicto. A pesar de ello, los paramilitares (con el ejército) y las FARC la han seguido hostigando. Es el caso también de algunas comunidades indígenas que les han dicho claramente a las FARC que no los quieren en sus territorios. No obstante, las FARC insisten en reclutarlos.
Hay muchos estudios, no sólo de investigadores nacionales sino extranjeros, como el de Vanda Felbab-Brown del Brookings Institution, (citado en las Fuentes al final de este ensayo) que se refieren a los reclutamientos. Según ella, hoy día es poca la gente que se une a las FARC por convicción política, las razones más corrientes son personales, la necesidad de pertenecer a algo, identificación con un grupo, o por revancha, o por conexiones (un amigo, un familiar esta allí), o porque es una manera de defenderse de los conflictos locales.
Sobre si las FARC pagan o no salarios, no hay mucha claridad. He encontrado datos en ambos sentidos. Algunos dicen que los campesinos ingresan sólo por comida y refugio. Pero según otros analistas, las FARC pagarían unos 200 dólares al mes, que es menos de lo que pagan los paramilitares.
La vida del guerrillero es dura, no sólo por las condiciones materiales cotidianas, no hay acceso sanitario, duermen en tablas de madera, sino porque afrontan enfermedades tropicales mortales. Se dice que mueren más guerrilleros por leishmaniasis y otras enfermedades que en enfrentamientos. La vida es bastante simple, incluso para los jefes. Las ganancias, cualquiera sea la fuente, no es para usufructo personal. A este último respecto hay toda clase de rumores: se dice que los jefes tienen privilegios, que usan relojes de marca, que beben whisky, que comen mejor, e incluso que algunos tendrían fincas propias. De John 40, por ejemplo, se dice que se comporta como un típico mafioso, se desplaza en una 4X4, bebe whisky caro, anda con rolex y cadenas de oro, etc. Pero si es así, ésta sería más una excepción que la regla. Sobre esto hemos tenido recientemente una pequeña idea con los pasajes del diario de la holandesa Tanja Nijmeijer. También el libro del periodista Jorge Botero “Últimas noticias de la guerra” trae pasajes de aspectos humanos, lo que se siente cuando hay combates; el cansancio de moverse constantemente por la selva; el aburrimiento porque durante mucho tiempo no pasa nada; las dudas sobre si vale la pena lo que se hace y si de verdad alguna vez van a alcanzar el poder. Según este libro, la guerrilla es como cualquier otro grupo humano en donde se expresan relaciones jefe-subordinado. Hay subordinados aduladores, así como hay algunos jefes que tienden a abusar de su poder; las chicas buscan novios y quizás la posibilidad de una relación estable, etc.
En términos de dotación militar, a pesar de que se dice que las FARC son la insurgencia más rica del mundo (y probablemente lo sean) se sabe también que tienen problemas para el abastecimiento de armas. Las armas llegan obviamente de contrabando por todas las fronteras posibles, y no sólo la de Venezuela, como se quiere insistir últimamente. Además, con la modernización de las FFAA colombianas, la puesta en acción de un equipo de alta tecnología que comenzó con el Plan Colombia, las FARC están en franca desventaja. Las FARC (aún) no cuentan con misiles tierra-aire, capaces de jugar un rol clave en este tipo de lucha.
Por lo que se sabe, las FARC hoy día no tendrían capacidad de lanzar una ofensiva general que pusiera en jaque al gobierno colombiano, ni mucho menos. Pero sí se podría decir que pueden realizar importantes actos de sabotaje, voladura de puentes, de redes eléctricas, acciones que afectarían temporalmente a ciertas regiones e incluso centros urbanos. Esta es una posibilidad que subsiste.
III. Las FARC y el narcotráfico
Según expertos en el tema, como el francés Alain Labrousse y los colombianos Ricardo Vargas y Juan Guillermo Ferro, entre 1964 y 1979, las FARC no habrían tenido ningún contacto relevante con las drogas. Y cuando llegó el boom de la coca al Guaviare y al Caquetá, su primera reacción fue oponerse a los que veían como una degeneración del capitalismo, pero asumieron, no obstante, el rol de protector de los campesinos cuando les erradicaban sus cultivos. A cambio de lo cual, como hemos señalado antes, ellos les pagaban un impuesto. Todo esto fue aumentando prontamente, el negocio se fue ampliando hasta incluir a raspachines, el dueño de una ‘cocina’, el comprador de la hoja, comprador de la pasta, y a los pilotos y aviones que sacaban la mercancía. Todos pagaban un impuesto a las FARC a cambio de protección, y luego a cambio de que les dejaran hacer el negocio.
La expansión de la coca y su economía llegó a crecer tanto que las FARC temían que se les saliera de las manos. Se estaba involucrado cada vez más gente, la situación se estaba volviendo incontrolable. Entonces la guerrilla propuso un plan de sustitución de cultivos al gobierno, lo que era una manera de ponerle límites a la superficie en que se podía cultivar coca. Pero en esa época todavía no se hablaba realmente de ‘sustitución de cultivos’, y no se hizo nada.
En 1996 el gobierno colombiano pone en marcha una política de fumigaciones en la zona. Esto desencadena una reacción de las comunidades campesinas, que se movilizan masivamente en protesta. Las fumigaciones y acciones militares desestabilizaron la economía de la región. Mucha gente de esas zonas, al destruirse la poca organización social que había, se pasó a las FARC. Fueron años de crecimiento de la guerrilla. Pero al mismo tiempo esta apertura de territorio les convino a los paramilitares y a otros narcotraficantes que aprovecharon la coyuntura para meterse en la zona. Otra consecuencia funesta de la entrada del gobierno con sus fumigaciones en la región, fue que propició el desplazamiento de los cultivos a otros departamentos, y al mismo tiempo el desplazamiento de frentes de las FARC a otras zonas en las que antes no estaban.
La relación de las FARC con el narcotráfico cambia de región a región. Así ha sido desde el comienzo. Mientras que en Caquetá, el Guaviare, e incluso en el Putumayo el contacto de las FARC con el negocio de la coca todavía podría verse sobre todo como un apoyo al campesinado cocalero, no fue lo mismo en el Magdalena Medio y en otras zonas. La relación de las FARC -con la población y los cultivos- en el Magdalena Medio fue diferente, porque el contexto era otro. Allí, en los años 83-84, las FARC entraron en contacto con los Rodríguez Gacha, jefes del Cártel de Cali. Hay documentos que prueban esto (Labrousse), que revelan también que las FARC le jugaron sucio a los Rodríguez Gacha, robaron cocaína y no respetaron algunos acuerdos. Fue ahí entonces cuando la mafia organizó milicias paramilitares para expulsar del Magdalena Medio a las FARC. Los paramilitares justificaron después haber tomado las armas para pelear contra las FARC por justas razones. En realidad, desde el principio lo hicieron motivados por el negocio.
De modo que se puede decir que las FARC son insurgentes que caen en el narcotráfico, mientras que los paramilitares son narcos que caen en la contrainsurgencia.
Esa facilidad para obtener fondos hizo mella en los ideales. Desde entonces para las FARC cuenta más situarse en zonas que son fuentes productivas, zonas de riquezas como la coca, el oro, el petróleo, y la amapola, que fue en cierto momento una mina de oro. La heroína colombiana desplazó a la heroína birmana en los noventa en el mercado estadounidense.
En 2001 cayó preso el narcotraficante brasilero Fernandinho. Fue el primer caso en el que se evidenció que las FARC vendían cocaína a compradores exteriores, pero se trataba de compradores que entraban a Colombia a adquirirla. A raíz de esto, uno los líderes de las FARC, el Mono Jojoy, fue sindicado por el gobierno de EEUU y pedido en extradición. Ello a pesar de que de acuerdo a toda evidencia, las FARC no tenían en esos momentos redes internacionales de distribución ni controlaban puntos de salida de la droga. Y hasta 2006, todavía no hay evidencias de que las FARC organizaran o ejecutaran directamente el tráfico de cocaína hacia EEUU. Como sí existían desde hacía tiempo para los paramilitares. Sin embargo -ya desde antes, pero sobre todo a partir de esos años- todas las baterías antinarcóticos se enfilaron contra las FARC.
Ahora en cambio hay fuertes rumores sobre contactos de las FARC con el cártel de Sinaloa (uno de los grandes de México) aunque no hay pruebas. Este contacto pertenecía al cártel del Norte del Valle, un grupo que ha sido duramente golpeado. Recientemente encontraron muerto en Venezuela a uno de sus capos. Pero es posible que hoy las FARC tengan más control en las salidas de la droga por las fronteras de Ecuador, Perú y Venezuela. Como es posible que usen conocidos puntos de salida por Nariño y el puerto de Buenaventura. De ser así, esos puntos se los disputarían con los paramilitares y toda clase de narcotraficantes.
Últimamente se le viene dando bastante atención a Venezuela como país de tránsito de droga. Este es un buen ejemplo del manejo político que se le puede dar al tema de las drogas. Que Venezuela sea país de tránsito no es nuevo, este tráfico se realiza desde hace décadas. Pero ahora EEUU utiliza el tema como propaganda antichávez, desde que Venezuela suspendió la colaboración con la política antinarcóticos de EEUU a través de la DEA. Recientemente el diario El País de España publicó un extenso artículo diciendo que las actividades narcóticas de las FARC son protegidas en Venezuela. A este respecto hay bastantes especulaciones. Aunque nadie pone en duda que los niveles de corrupción en ese país sean altos, serían comparables a los que se dan en las aduanas de México y Colombia, países a los que EEUU prefiere no criticar.
Cifras de ingresos por drogas:
Las FARC no usan el negocio para beneficio personal sino para la causa. En esto se parecerían a los talibanes, y se diferenciarían de los paramilitares que son sobre todo narcos. Se dice que las FARC, igual que los talibanes, penalizan el consumo.
Es difícil obtener cifras confiables sobre la participación de las FARC en el negocio. Al respecto existen diversas fuentes que difieren enormemente, dándole a esta información en general una dimensión de especulación. (A este respecto se puede ver el trabajo del investigador colombiano Ricardo Vargas indicado en las Fuentes, en particular, el documento, “La Sierra de la Macarena – Drogas y conflicto armado en Colombia”, publicado por el TNI en septiembre de 2006)
Diversas entidades han ofrecido cifras, como la ONU, que en un estudio de 2003 dice que las FARC conseguirían 204 millones de dólares al año por drogas, de un ingreso total anual de 342 millones. Si estas cifras son reales, las FARC serían en efecto una de las insurgencias más ricas del mundo. Pero en contraposición, existe un estudio de 2005 de la Unidad de Información y Análisis Financiero del Ministerio de Hacienda colombiano. El estudio está dedicado a ver los ingresos y gastos de las FARC, y revela que el secuestro, robo de ganado y extorsión les deja a las FARC más ingresos que el narcotráfico. Según el estudio (que cubrió hasta finales de 2003), más del 70 por ciento del negocio de la droga en Colombia está en manos distintas a las FARC. Otros detalles interesante que reveló el estudio: en lo que más gastan las FARC es en médicos, por enfermedades tropicales. Hay más casos de enfermos que de heridos de guerra. Y en comunicación (teléfonos móviles prepagados). Después vienen los gastos de uniformes, alimentación, alojamiento, entrenamiento, preparación de eventos (conferencias), páginas web y emisoras de radio.
Se ataca a las FARC por narcos y se descuida a los otros
A finales de los noventa EEUU decía que las FARC ganaban un millardo de dólares al año por droga, lo que justificaba la implementación del Plan Colombia. La tendencia a inflar las cifras ha sido una clara actitud de parte de las autoridades antinarcóticos estadounidenses. La DEA ha montado también algunas cover actions para demostrar lo profundo de la participación de las FARC. Y si bien nadie cuestiona la participación, también es verdad que las FARC no son ni de lejos el principal grupo exportador de cocaína, como lo pretende el gobierno colombiano, que a pesar del mencionado estudio producido por una propia entidad, hace eco a la exageración de las cifras cuando se trata de atribuirles culpas a las FARC. Los grupos paramilitares y el narcotráfico corriente han sido a lo largo de las últimas dos décadas los principales responsables de los envíos de droga al exterior. Con el acento puesto en las FARC, esos grupos se están beneficiando. Es a esto a lo que conduce la politización de la guerra a las drogas.
Para cerrar esta sección, una frase del periodista colombiano, Alejandro Gaviria: “El debilitamiento (o la caída) de las FARC no significa la reducción (o la erradicación) del negocio de la droga. El narcotráfico es importante para las FARC. Pero las FARC son irrelevantes para el narcotráfico. Esa es la lógica del negocio”. Si arrestaran a todos los jefes de las FARC, esto no pararía el negocio de las drogas, que seguirían entrando en EEUU y Europa como si nada hubiera pasado.
IV. Cuál es la acogida de las FARC en Colombia
Una gran mayoría de la población colombiana rechaza categóricamente a las FARC y le gustaría oír la noticia de su desmovilización. Esto es así desde hace mucho, y quedó demostrado recientemente en las marchas del 4 de febrero. Hasta los sectores que objetaron la marcha (la izquierda y las familias de los secuestrados) porque consideraron que lo que había sido una iniciativa de la sociedad civil fue pronto cooptada por el gobierno de Uribe, estuvieron de acuerdo en su rechazo a la violencia de la FARC. Para la izquierda colombiana, además, la marcha debía expresar un rechazo a todo forma de violencia, no sólo la de las FARC sino también la violencia paramilitar, mayor incluso que la de la guerrilla.
Las razones del rechazo se pueden resumir en varios puntos:
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En un país con tantos años de enfrentamientos armados, el rechazo a la guerra es masivo. La gente ve a las FARC como un generador de violencia que se traduce en desplazamiento y más miseria para la población civil que se encuentra en medio del fuego.
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Las FARC no han desarrollado ninguna credibilidad ni rendición de cuentas mínimas para funcionar como una organización política moderna. Este es también un elemento clave de su falta de popularidad: su desconexión con la realidad actual. Viven en un contexto de comienzos del siglo XXI pero se comportan como si viviéramos en los años cincuenta. La gente ve que las FARC no hacen parte de una lucha popular por una sociedad más justa: sus logros cuando los han tenido son más logros militares -conquista de territorios- que logros sociales. Su existencia y su accionar no sirven para promover un cambio social. Su lucha no es más que una lucha de supervivencia de ellas mismas. Y cuando cuentan con la lealtad de los pobladores de las zonas que controlan, no es porque éstos tengan alguna convicción ideológica sino porque ven en ellas un cierto grado, aunque sea mínimo, de ley y orden.
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La población rural es, de manera deliberada o no, víctima de las acciones de la guerrilla. Hay que añadir que también es víctima de los paramilitares (responsables incluso de más casos de violencia contra la población que la guerrilla, según cifras de la ONU y de las organizaciones de DDHH) y de las acciones del ejército. Entre 2002 y 2006, el primer período del presidente Uribe, los grupos guerrilleros fueron responsables del 25% de homicidios (1.591 víctimas); los grupos paramilitares, en violación al cese al fuego, fueron responsables del 61% (3.907 víctimas) y la fuerza pública fue responsable directamente de un 14% (908 víctimas). Y según cifras oficiales del gobierno colombiano para 2007: sólo en masacres las guerrillas mataron 164 civiles, los paramilitares 507 civiles.
En una comparación de las FARC con los paramilitares por el número de masacres ganarían ampliamente en crueldad los paramilitares, pero esto no eximiría a las FARC, que no han dudado, en repetidas oportunidades, en masacrar indígenas, raspachines, campesinos pobres, afro-colombianos (en su lucha por territorio), y han contribuido al desplazamiento de población.
La realidad es que las acciones de la guerrilla afectan básicamente a los más pobres. Los grupos indígenas en particular han sufrido por la penetración de las FARC en sus territorios (aunque reiteramos que las FARC no son las únicas que penetran esos territorios). Al mismo tiempo, también es cierto que en ocasiones el gobierno colombiano, en su interés por enfatizar la maldad de las FARC, presenta como actos de las FARC hechos que no cometieron, o como masacre algo que fue un enfrentamiento con otro grupo. Esta es una actitud torpe del gobierno, porque las FARC no necesitan que se le exageren los crímenes. Estos pueden ser por sí solos lo bastante dicientes.
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Las FARC cargan la imagen del secuestro, con las condiciones infrahumanas como mantienen a los secuestrados, con frecuencia encadenados. Esto tiene un fuerte impacto mediático. Lo mismo podría decirse del tema de las minas antipersonales, cuando se sabe que buena parte de las víctimas son campesinos. Human Rights Watch publicó un informe titulado “Mutilando al pueblo. El uso de minas antipersonal y otras armas indiscriminadas por parte de la guerrilla en Colombia”. La misma organización publicó, en 2003, un informe acerca del reclutamiento de niños en Colombia y, en 2001, otro documento sobre el desconocimiento de las normas del derecho internacional humanitario por parte de las FARC.
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La percepción que se tiene de las FARC es que es una empresa delincuente que trata de sacar la mayor ganancia posible de los negocios en los que se meten, drogas, extorsión, secuestro, etc.
Este es un punto de gran debate. Muchos analistas dedicados a temas de ‘conflicto’ han encontrado una relación entre riqueza (recursos naturales y otros) y la existencia de grupos rebeldes, y cómo esto influye a la larga para que los ideales de los rebeldes se difuminen en el afán de la riqueza. En este sentido el caso de las FARC -desde los años ochenta- es bastante diciente. Siguiendo su trayectoria se revela que han buscado abrirse espacio en zona de riqueza y expansión económica, ya sea petróleo, o minas de oro, o tierras aptas.
Por otro lado, existe documentación sobre casos de colaboración entre las FARC y paramilitares pertenecientes a los grupos Rastrojos, y Águilas Negras, supuestamente sus enemigos. El International Crisis Group en un informe de 2005 documenta casos en donde ambos grupos se respetaban los sembrados de coca que controlaba cada uno, para sacar adelante el negocio de la droga. Esta colaboración en concreto, tan grave, es un indicativo de la debilidad ideológica de las FARC y de la relevancia del afán de enriquecimiento. La ganancia por encima de la ideología. Fuera de eso, actualmente las dos guerrillas colombianas, FARC y ELN están enfrentadas por el control del negocio en ciertas regiones. ¿Dónde está la ideología?
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Existe la percepción de que, indirectamente, las FARC han perjudicado el desarrollo y auge de un movimiento de izquierda en Colombia (como ha sucedido en muchos otros países de la región), porque la gente tiende a identificar a la izquierda con las FARC. Esto ha cambiado un poco en los últimos años, especialmente porque los sectores de izquierda (agrupados ahora en un partido, el Polo Democrático) han enfatizado su distancia de los métodos violentos de las FARC. Aún así, subsiste la tendencia a interpretar cualquier crítica al gobierno de Uribe –a su política de Seguridad- como un acercamiento a las FARC.
En Colombia, pues, prácticamente nadie se expresa a favor de las FARC, a excepción quizás de la población en sus zonas de control, motivados en la mayoría de los casos por la necesidad. Por fuera de Colombia, en cambio, hay pequeños brotes de entusiasmo hacia las FARC, entre grupos de jóvenes de izquierda en algunos países europeos y latinoamericanos que siguen viendo a las FARC como luchadores de las causas populares. Esto se explicaría tal vez en el hecho de que estos grupos tienen la tendencia a recibir la información casi exclusivamente de sitios web y medios de izquierda, los cuales denunciarían más los crímenes de los paramilitares, dejando sin mención los de las FARC. Y aunque estos grupos de jóvenes sin duda tienen las mejores intenciones, valdría la pena que ampliaran un poco más sus fuentes de información y no hicieran caso omiso de las denuncias documentadas por organismos nacionales e internacionales imparciales, como Amnesty International y Human Rights Watch, entre otros, sobre el comportamiento de las FARC. Las acciones de las FARC no representan un progreso social para el pueblo.
Además, las simpatías reveladas recientemente hacia las FARC por parte del gobierno de Hugo Chávez y de algunos sectores gubernamentales de otros países de la región. Tales simpatías podrían entenderse mejor como una reacción al juego político internacional que como una respuesta motivada por un auténtico convencimiento en las FARC como organización popular.
Las FARC parecen no estar muy conscientes de que el mundo ha cambiado en estas cuatro décadas y que hay acuerdos internacionales que obligan a las partes en conflicto a respetar a la población civil. No se dan cuenta de que, por los años que corren, no sería de extrañar que alguien en algún lugar del mundo en cualquier momento podría decidir abrirles un proceso por crímenes de lesa humanidad.
V. ¿Qué juega EEUU en todo esto?
Con una mentalidad de guerra fría que siguió caracterizando a EEUU después del derrumbe de la Unión Soviética, ese país ha insistido en ver a las FARC como un enemigo propio al que hay que combatir. Ello a pesar de que hasta la fecha no se conoce de ningún caso en el que las FARC hayan dirigido ataques contra los Estados Unidos. Ya en 1997, bajo el gobierno de Clinton, EEUU declaró a las FARC como grupo terrorista. En ese momento la Unión Europea se distanció de esa posición que percibieron como un potencial obstáculo para la paz.
Para EEUU, además de terroristas, las FARC son el cártel de droga más grande del mundo. El Plan Colombia se inscribe dentro de esa visión. EEUU ha pedido en extradición a 50 líderes de las FARC. Ricardo Palmera –también conocido como Simón Trinidad – un cuadro importante de la guerrilla, acaba de recibir una condena de 60 años en una corte estadounidense.
Estos argumentos le sirven a Estados Unidos para justificar:
- más presencia militar y de contratistas militares estadounidenses en Colombia; más ayuda y entrenamiento militar estadounidense a las fuerzas armadas colombianas.
- acciones del tipo de las que buscan a Al Qaeda en Afganistán y Pakistán.
- mayor consolidación de su presencia en Suramérica, que le permita controlar a gobiernos como el de Hugo Chávez, y en general la situación cambiante en Suramérica.
La estrategia de cacería a los jefes de las FARC –que es la que viene aplicando el gobierno de Uribe con el fuerte respaldo de la tecnología estadounidense, y de la que el pasado primero de marzo el mundo obtuvo un buen ejemplo- le garantiza a EEUU asentar su presencia en la región. Esto no suele reflejarse en las noticias relacionadas con el conflicto y con la paz que emiten los medios de comunicación, pero lo cierto es que la intervención sutil –y a veces menos sutil- de EEUU en Colombia ha sido contraproducente para la posibilidades de paz. En su interés por darle un uso más político y militar a la Guerra a las Drogas y a la Guerra contra el Terrorismo dirigidas contra las FARC, no sólo se están descuidando las otras organizaciones de narcotraficantes, sino que se están cegando las vías posible del diálogo y la moderación en el conflicto armado.
VI. Posibilidades de paz bajo el gobierno de Uribe – El ‘intercambio humanitario’
Luego del fracaso del Caguán, Uribe comenzó su gobierno en 2002 con una perspectiva clara de que a las FARC había que atacarlas militarmente porque no había negociación posible. Esto es, había que continuar aplicando duramente el Plan Colombia, y poner en marcha la política de Seguridad Democrática, y todos sus componentes. La lógica era la de debilitar a las FARC económicamente para debilitar con eso su capacidad militar. Con unas FARC débiles, el gobierno esperaba entrar a negociar en mejores condiciones. Vale la pena mencionar que si bien es verdad que la Seguridad Democrática ha servido para proteger a los sectores medios y altos de la población, sobre todo de la población urbana, no ha servido para proteger al campesinado pobre de las regiones en donde se desarrolla el conflicto.
Ésta era en 2002, y ésta sigue siendo la línea de Uribe. Una línea que ha recibido el apoyo desde entonces del colombiano medio, pues la popularidad de Uribe en el país sigue siendo alta. Desde el inicio del Plan Colombia, el gobierno colombiano viene incrementado enormemente su presupuesto para gastos militares -compras de armamentos, equipos- y lo ha aumentado particularmente para 2008. Este año el gasto militar es tan grande que los analistas económicos están temiendo las graves repercusiones que esto puede traerle a la economía del país.
Pero no todo el mundo en Colombia cree en una solución militarista. En este sentido hay una división entre los que creen que la cosa se resuelve a través de la guerra y los que creen en las negociaciones. Ello a pesar de que, en lo que respecta a la guerra, no hay un sólo análisis serio que considere honestamente que la guerra es ganable por esta vía. Por el lado del diálogo las opciones no son tampoco muy claras si se tienen en cuenta los siguientes aspectos:
-Uno de los problemas para negociar con las FARC es que éste podría ser un grupo menos unificado de lo que pretende. Esto quedó claro en las inconsistencias de los hechos de finales de 2007: la dirección de las FARC no sabía dónde estaba el niño Emmanuel, y daban por hecho que lo tenían, por eso hicieron un arreglo con Chávez. Después se dijo que las FARC le habían quedado mal a Chávez. En realidad, no le quedaron mal a propósito, el hecho reveló que las FARC es un grupo fracturado, incompetente e indisciplinado. Otro caso grave que revela esta incoherencia entre lo que quiere la dirección y lo que hacen los frentes, fue el del asesinato de los 11 diputados del Valle del Cauca. Al parecer un grupo cometió la masacre sin consultar a los superiores. Todo esto, repito, puede ser visto como una señal de fractura entre la dirección y las bases, que a la larga podría obstaculizar un diálogo de paz.
-Por otra parte, ¿tienen realmente interés las FARC en desmovilizarse? Si se parte de que el único poder que tienen las FARC es el que le concede la tenencia de las armas, ¿qué ganarían desmovilizándose? En qué condiciones se podrían desmovilizar las FARC que representara una ganancia para ellas y que fuera aceptable para el gobierno. ¿Qué posibilidades tienen las FARC de volverse un grupo político y participar en elecciones, teniendo en cuenta la experiencia de la UP?
De forma que, parece demasiado optimista pensar que las diferencias con las FARC se van a resolver bajo las actuales circunstancias. No obstante, sí ha existido bajo el gobierno de Uribe, y existe, la posibilidad de llegar a acuerdos concretos tendientes a obtener algunos resultados también concretos. En este marco fue que se comenzó a explorar las posibilidades de intercambiar secuestrados por prisioneros de las FARC.
Intercambio humanitario
En 2005 se produjo un intento de despejar una zona, bajo los auspicios de los ‘países amigos’ España, Francia y Suiza, y la Cruz Roja Internacional. El despeje de los municipios de Florida y Pradera (en el Valle del Cauca) sigue siendo una de las condiciones que tienen las FARC para negociar con el gobierno colombiano. Tal intento terminó en nada, entre otras cosas, una vez más por el flaco favor de la intervención estadounidense. Mientras los países europeos se esforzaban por facilitar el diálogo, EEUU pronunció su Indictment por narcotráfico contra la cúpula de las FARC. Un gesto que no pudo haber llegado en peor momento.
A mediados de 2006 se comenzó de nuevo a examinar la perspectiva de un diálogo a favor del intercambio. En esto jugó un rol importante la presión internacional -el lobby francés por Ingrid Betancourt- y las familias de los secuestrados. Uribe se vio obligado a comprometerse en el intercambio de un cierto número de miembros de las FARC en prisión a cambio de un número de secuestrados. Para las FARC, el intercambio representó también la posibilidad de pulir su –últimamente muy desgastada- imagen internacional. En estos términos se podría concluir que su interés por llevar a buen término el intercambio fue real y esto quedaría verificado en documentos suyos de esos días, como una carta abierta enviada a conocidos intelectuales de izquierda como James Petras y Noam Chomsky, y a estrellas de Hollywood como Michael Moore, Oliver Stone y Denzel Washington, pidiendo colaboración para mediar en el intercambio humanitario.
Aunque ha habido fuertes obstáculos para sacar adelante el intercambio debido a la intransigencia del gobierno –y a la intransigencia de las FARC- para ceder en determinados asuntos (los que ellos llaman los ‘inamovibles’), hasta fecha reciente, este tipo de acuerdos puntuales, como el del intercambio humanitario, era lo más objetivo que se podía esperar alcanzar entre el gobierno de Uribe y las FARC.
Enter Venezuela - Muchos países del mundo han estado alguna vez involucrados en mediaciones de paz con las FARC a lo largo de todos estos años. Los casos más recientes han sido los de los ‘países amigos’ citados y finalmente la incorporación de Venezuela. En un determinado momento, a finales de 2007 quedó claro que si alguien podía desempeñar un rol clave en un intercambio de prisioneros por secuestrados, era el presidente Chávez. De modo que se le invitó a participar. Todo parecía ir bien, hasta que una movida torpe de parte del gobierno –quien a lo largo de todo el proceso ha asumido una actitud frente a las negociaciones de ‘quiero y no quiero’- hizo abortar los planes. No hay mucha claridad sobre lo sucedido, pero todo hace suponer que la interceptación de los emisarios de las FARC que venían con las pruebas de supervivencia de los secuestrados, fue fatal en el proceso. A los emisarios les decomisaron las imágenes y cartas, que el gobierno difundió ampliamente, y utilizó para acentuar la mala imagen de las FARC en el mundo. Uribe dijo, y dado el impacto mediático del rostro delgado y triste de Ingrid Betancourt, todo el mundo estuvo de acuerdo: las FARC se burlan de nosotros, no vamos a seguir con este intercambio.
Al descalificar a continuación a Chávez como intermediario y suspender el proceso del intercambio, Uribe se echó de enemigos a los familiares de los secuestrados (que es un lobby fuerte). Pero además, hirió la susceptibilidad de Chávez, propiciando su reacción enfurecida. Chávez acababa de perder un importante referéndum en su país, y no estaba muy dispuesto a sufrir otro revés. Y, muy importante, le quitó protagonismo a su propio gobierno en los hechos que siguieron, pues el ‘intercambio’ continuó su curso ahora sólo como un acuerdo entre Chávez y las FARC. No obstante los hechos alrededor del niño -sobre el cual Chávez no hizo la menor mención, a pesar de que sin duda las FARC lo dejaron en ridículo- Chávez se llevó las palmas por el éxito de las operaciones que permitieron regresar a seis secuestrados. Pero su exclusión en estas operaciones de liberación tenían profundamente fastidiado al gobierno de Uribe que, para atraer nuevamente el protagonismo, no dudó en reaccionar de la única manera en que lo ha hecho en los últimos cinco años, a través de la fuerza de las armas.
Hasta ese momento del ‘intercambio’ y a pesar de los tropiezos mencionados, las cosas se veían bastante bien. Todo el mundo esperaba que poco a poco siguieran más liberaciones con la mediación de Chávez. El escenario cambió drásticamente con la declaración pública del gobierno venezolano de reconocimiento a la guerrilla de las FARC, como ‘hermanos bolivarianos’, etc. Más que el hecho de haber pedido que se declarara a las FARC como grupo beligerante y se les quitase el estatuto de terrorista, lo que causó más inquietud de las declaraciones de Chávez fue el gesto amistoso hacia las FARC, con el cual daba a entender que tomaba claramente partido del lado del principal enemigo del gobierno colombiano. Algo esencial se rompía en ese momento en el entendimiento entre los dos países.
Un detalle importante que no se puede perder de vista es que en Colombia, hasta la izquierda ha cuestionado este franco reconocimiento de Chávez a las FARC. El hecho de que Chávez siga insistiendo en sus discursos incendiarios contra Uribe y en sus alabanzas a las FARC va a conseguir que Uribe se lance de nuevo y salga reelegido para un tercer período en la presidencia, restándole a la izquierda el espacio ganado en los últimos años, y sus posibilidades en las próximas elecciones.
Luego de los hechos del primero de marzo en los que el ejército colombiano, violando el territorio nacional de un país vecino, atacó un campamento de las FARC situado en territorio ecuatoriano resultando muerto el segundo hombre de las FARC, Raúl Reyes, y de las consecuencias que esta acción ha tenido, a estas alturas es muy difícil predecir lo que va a seguir pasando con el intercambio humanitario. Dado el escalamiento de los hechos y de la crisis internacional que han generado, no hay demasiadas razones para sentirse optimista. Lo que comenzó como una mediación para la paz, podría terminar convirtiéndose en una confrontación de proporciones regionales en la que, no se necesita mucha imaginación para suponerlo, Estados Unidos terminaría interviniendo, transformando en un conflicto de grandes proporciones lo que no era más que un problema doméstico colombiano.
En caso de que se retome alguna forma de diálogo entre el gobierno y las FARC, es importante que la discusión no se centre en el tema sobre si las FARC son terroristas o no, porque eso a final de cuenta tiene menos importancia de los que parece. Las FARC son de hecho un actor político con el que se guerrea o se negocia. Se puede negociar con ‘terroristas’. Ha sucedido en otras partes del mundo. El IRA es un buen ejemplo. Ha sido justamente el avance en los diálogos lo que ha permitido que se les quite la etiqueta de terroristas a esas organizaciones.
A pesar de los extremos a los que se ha llegado, con los ejércitos de Venezuela y de Ecuador en estado de alerta en sus respectivas fronteras con Colombia, el presidente Chávez podría ser todavía la única posibilidad que tienen los secuestrados de volver a sus casas. Las circunstancias de la muerte de Raúl Reyes no cambian el hecho de que para las FARC, Chávez es el único interlocutor con quien están dispuestos a seguir tratando. Chávez podría –todavía hoy, pero esta situación puede cambiar en cualquier momento- convencer a las FARC no sólo de la liberación de los secuestrados sino de acogerse a las convenciones internacionales de derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario, y llevarlos a sentar las bases para la creación de consensos contra la violencia. Sólo eso sería ya un enorme avance del que se beneficiarían no sólo las familias de los secuestrados sino la sociedad colombiana en su conjunto, e incluso la reputación internacional del mismo presidente Chávez.
El conflicto colombiano no es de carácter religioso, ni cultural o étnico, como sucede en otras partes del mundo que los vuelve casi insolubles. Es un conflicto político y económico, cuyas causas se podrían corregir en el marco de una negociación siempre y cuando ésta represente efectivamente un compromiso del Estado colombiano con el desarrollo económico y social (educación, integración) de sus regiones.
¿Por qué los sucesivos gobiernos colombianos de las últimas cinco décadas no han podido hacerse presentes en todo el territorio habitado? Si las FARC desaparecieran hoy, no tardaría en aparecer otro grupo que las reemplazara, porque esos territorios seguirían existiendo al margen de la ley, en la pobreza, desprovistos de cualquier forma de presencia estatal. La necesidad de autoprotegerse es lo que los hace volcarse hacia cualquier grupo que les ofrezca alguna forma de orden y seguridad. En este sentido, lo más importante no es acabar, militarmente o por cualquier otro medio, con las FARC sino ser capaz de integrar a la población de las zonas derrelictas. Tal logro significará el debilitamiento y pérdida de relevancia de las FARC.
En este mismo sentido, no se puede pensar en una solución del conflicto sin una solución al problema de los cultivos ilícitos, dada la vinculación de las FARC con esta economía. Lo que quiere decir que no tiene mucho sentido pensar que el conflicto se resuelve o por la vía militar o por vía de una negociación. Como dice el investigador colombiano Gustavo Duncan, el fin del conflicto depende de “la capacidad del Estado de transformar los órdenes sociales en muchas partes del territorio que son dependientes de las economías de la droga... El día que el Estado sea capaz de incluir a la población cocalera en zonas donde primen las economías lícitas y las relaciones sociales propias de una sociedad moderna, las FARC se quedarán sin cimientos”.
Pero como muy seguramnete esto no va a suceder en el corto plazo, entonces mejor no hacerse ilusiones con que el conflicto se va a resolver por alguna vía. La solución no está a la vista. Sobre todo cuando todas las evidencias revelan que, en vez de buscar ganar los ‘corazones y mentes’ de los campesinos, el gobierno se ha dedicado a criminalizarlos. De ahí que sea importante –puesto que es lo máximo que se puede esperar por ahora- lograr una humanización del conflicto. Que los actores del conflicto respeten los acuerdos humanitarios: no más secuestros, respeto a los prisioneros, respeto a la población civil.
La disyuntiva entre guerra o negociación no es adecuada. La guerra nadie la gana. La voluntad de negociación está en cuestión. La superación del conflicto está en buena parte en manos del Estado colombiano. Lástima que por todas las evidencias que se tienen a este respecto, no se pueda concluir que el Estado está haciendo progresos en la buena diercción.
Termino con un ejemplo concreto sacado de los periódicos, una noticia de la agencia Associated Press: en julio de 2006, el ejército colombiano ocupó la zona de La Julia (Meta, zona tradicional de las FARC). Enseguida anunció que implementarían programas de desarrollo de la zona (electricidad, agua, un ferry para transporte), además de una base militar y estación de policía. Todo eso se hizo en medio de gran bombo puesto que La Julia se consideró como punto de recuperación del gobierno, un sitio en donde se había ganado la guerra, se invitó a miembros de la embajada estadounidense para que presenciaran el éxito, etc. Los periodistas de la AP visitaron La Julia de nuevo a mediados de diciembre de 2007 -año y medio más tarde- para ver qué había pasado con los planes. Lo que encontraron fue una población asustada, con un comercio casi inexistente. No hay ni electricidad, ni agua, ni ferry, y ni la menor señal de que se esté trabajando para crearlos. Ni siquiera se ha construido la casa que se anunció para alojar al comando del ejército. En el camino a La Julia, por una carretera destapada, los periodistas se encontraron con miembros de las FARC que siguen en la zona.
Fuentes
Además de una abundante información de prensa sobre las FARC aparecida en los últimos años, y de diversos reportes de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, destacamos los siguientes textos:
Behar, Olga, Las guerras de la paz, Editorial Planeta, 1985
Botero, Jorge Enrique, Últimas noticias de la guerra, Random House Mondadori
Collier, Paul, Doing well out of war: an economic perspective, en el libro, “Greed and Grievance, Economic Agenda in Civil Wars” Mats R Berdal, et al, International Peace Academy, 2000.
Felbab-Brown, Vanda. The Coca Connection: The Impact of the Production and Trafficking of Illicit Substances on Militarized Conflict, Septiembre de 2004.
Ferro, Juan Guillermo Ferro y Graciela Uribe, El orden de la guerra. Las FARC-EP: entre la organización y la política, Pontificia Universidad Javeriana, 2002
Labrousse, Alain y Michel Koutouzis, Géopolitique et Géoestratégies des Drogues, Economica, 1996
Pizarro, Eduardo, Insurgencia sin revolución: la guerrilla en Colombia en una perspectiva comparada, IEPRI, Tercer Mundo, Bogotá, 1996
Francisco Thoumi, El imperio de la droga: narcotráfico, economía y sociedad en los Andes, IEPRI y Editorial Planeta, 2002
Vargas, Ricardo, Drogas, máscaras y juegos - Narcotráfico y conflicto armado en Colombia, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1999.
Vargas, Ricardo, Narcotráfico, guerra y política antidrogas - Una perspectiva sobre las drogas en el conflicto armado colombiano, TNI, Acción Andina Colombia, junio de 2005.
Vargas, Ricardo, Drogas, conflicto armado y desarrollo alternativo - una perspectiva desde el Sur de Colombia, Acción Andina Colombia, Bogotá, 2003.
Vargas, Ricardo, La Sierra de la Macarena. Drogas y conflicto armado en Colombia, TNI Informe sobre políticas de drogas No.19, septiembre de 2006.
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