A las 8 AM el miércoles 30 de diciembre, ocupé mi asiento en el autobús que nos llevaría desde el centro de la ciudad de El Cairo hasta la Franja de Gaza.
La noche anterior, Medea Benjamin, co-fundadora de Code Pink, el organizador principal de la Marcha por la Libertad de Gaza (GFM por su sigla en inglés) me había pedido que encabezara la delegación de 100 personas, representativa de los 1362 manifestantes que habían convergido en el Cairo para ir hasta la Franja de Gaza. El motivo de esta “designación” era mi condición de miembro de la Cámara de Representantes de Filipinas.
El plan original había sido que todos los participantes de la GFM se integraran a una marcha organizada por grupos de la sociedad civil en la Franja de Gaza, a realizarse el 31 de diciembre. Unas semanas antes de la fecha programada, sin embargo, el gobierno egipcio no dio autorización para que la GFM ingresara a la Franja de Gaza a través del cruce de Rafah. Para impedir que los manifestantes ingresaran a El Cairo, canceló todos los permisos que había obtenido la GFM para reunirse en diferentes edificios de la ciudad. Los motivos del gobierno no estaban muy claros, pero la negativa tenía que ver aparentemente con la voluntad del gobierno de no provocar a Israel y con las malas relaciones de Egipto con la organización islámica Hamas que controla la Franja de Gaza.
La marcha fue víctima de la ‘realpolitik’ regional e internacional.
Solución de compromiso
Fuese como fuere, los organizadores no cancelaron la marcha, abrigando la esperanza de que con la llegada a El Cairo de manifestantes provenientes de 42 países, el gobierno egipcio cedería y le permitiría a la marcha ingresar a la Franja de Gaza. La vida les dio la razón. Dos días de presión que incluyeron una acampada frente a la Embajada de Francia, que fue tolerada, por no decir encubiertamente apoyada por el personal de la embajada, y una marcha al World Trade Center donde se encuentra la sede de las Naciones Unidas, fueron determinantes para que el gobierno egipcio buscara un arreglo a través de Susan Mubarak, la esposa del presidente del país. La solución: una delegación de 100 personas sería autorizada a cruzar la frontera e ingresar a la Franja de Gaza. En estas circunstancias, muchos, incluido yo mismo, consideramos que eso era lo máximo que íbamos a conseguir, y la gente asociada a Code Pink, el grupo que ofició de principal organizador de la marcha, empezó a seleccionar a 100 personas para componer la delegación, tomándose mucho trabajo para garantizar que la misma fuera equilibrada en términos de representación por país y organización.
Pero resultó demasiado bueno para ser cierto. El comité organizador de la GFM inicialmente aprobó el plan. Sin embargo, en una reunión que duró hasta las 4 AM, el 30 de diciembre, se rompió el consenso del comité. Una de las razones por las que esto pasó fue que el ministro de relaciones exteriores de Egipto hizo pública una declaración donde describía a las 100 personas que irían a la Franja de Gaza como los “buenos elementos” de la GFM, por contraposición a los “malos” que se quedarían en el Cairo. Para algunos, esto no era más que propaganda del gobierno que debía tomarse con calma y no permitir que perturbara el desarrollo de la misión a la Franja de Gaza. Para otros, eso ponía en duda la legitimidad de la caravana.
Confusión
Sin embargo, no hubo tiempo suficiente para comunicarles la falta de consenso a los 100 elegidos que ya habían comenzado a reunirse muy temprano, a las 6 AM cerca del Hotel Isis, junto con otros que mantenían la esperanza de poder subirse a los autobuses, al pie del puente 6 de octubre cerca de la Plaza Tahrir. A las 8 AM ya se había reunido un grupo en el punto de partida para gritar epítetos a los que estábamos en los autobuses, tildándonos de “divisionistas”, “traidores” y “colaboradores con el gobierno egipcio”. ¡Estos participantes de la Marcha por la Libertad de Gaza se manifestaban contra los que supuestamente íbamos a representarlos en Gaza! Que éramos una delegación de solidaridad que formaba parte de los esfuerzos por romper el cerco que mantiene Israel sobre la Franja de Gaza, fue algo que quedó totalmente en el olvido. De un momento a otro pasamos a ser calumniados como peones del gobierno egipcio.
Rara vez había sido testigo de un despliegue más absurdo de ingenuidad y desorientación política. Esas personas efectivamente pensaban que la nominación de una delegación de 100 personas como solución de compromiso había sido una capitulación, y que endureciendo la posición podrían lograr que el gobierno autoritario de Egipto nos permitiera a todos los 1362 presentes en El Cario ingresar marchando a la Franja de Gaza. ¿En qué planeta creían que estaban?
En ese momento se dio el colapso del liderazgo. Algunos organizadores que la noche anterior habían estado reclutándonos para integrar la delegación, nos instaban ahora a que nos bajáramos de la caravana de autobuses porque la misma “no representaba” a la Marcha por la Libertad de Gaza. Todo se hizo aún más surrealista cuando importantes líderes de dos organizaciones con sede en la Franja de Gaza y Cisjordania pertenecientes al Movimiento por el Boicot, la Desinversión y Sanciones (BDS por su sigla en inglés) y PENGON, el Colectivo de la Sociedad Civil Palestina, llamaron para disuadirnos de cruzar hacia la Franja de Gaza porque eso “dividiría al movimiento”.
Hasta ese momento, yo había estado discutiendo con los exaltados que presionaban para que nos bajáramos de los autobuses, diciéndoles que iba a la Franja de Gaza como un acto de solidaridad entre el pueblo de Filipinas y el pueblo de la Franja de Gaza y Palestina. Pero cuando los líderes de la GFM en El Cairo y sus contrapartes en la Franja de Gaza nos dieron la espalda, decidí que seguir el viaje en el autobús ya no era viable. La caravana quedó huérfana, había sido denunciada por la GFM y quedó desautorizada por algunos de sus organizadores, y los 65 que continuaron el viaje a la postre no representaban a nadie más que a sí mismos y se enfrentaban a una recepción incierta en la Franja de Gaza.
Lecciones
El 31 de diciembre, el día que se suponía marcharíamos en Gaza, las muy reducidas fuerzas de los manifestantes de la marcha valientemente realizaron acciones en diferentes puntos de El Cairo, que fueron fácilmente contenidas por las fuerzas de seguridad egipcias. De todas formas, estas manifestaciones que incluyeron una animada marcha de varios centenares de personas al mediodía en la Plaza Tahrir y una ceremonia con velas encendidas a media noche, captaron la atención de los medios internacionales y demostraron que el pueblo de la Franja de Gaza no había sido olvidado por el resto del mundo. La verdad es que gracias a la realización de diversas marchas ese mismo día en la propia Franja de Gaza, en Israel y en distintas ciudades del mundo, la convocatoria al “día de romper el cerco de la Franja de Gaza” fue en general muy exitosa, a pesar del fracaso de la acción principal en Egipto, dejando en evidencia la preocupación mundial por la terrible situación que vive la población en la Franja de Gaza.
La GFM fue una idea que inspiró a mucha gente en la Franja de Gaza y en todas partes del mundo. Gente con las mejores intenciones y con gran dedicación hizo su camino hasta El Cairo con la esperanza de poder llegar a la Franja de Gaza. Organizaciones como Code Pink realizaron hercúleos esfuerzos para hacer realidad la marcha. Sin duda, reunir 1362 personas de todo el mundo en un único lugar para un evento de solidaridad con Palestina fue todo un logro en sí mismo. Y muchos de los manifestantes que llegaron a El Cairo no sintieron que su esfuerzo había sido en vano ya que sus acciones de masas, incluidas la acampada frente a la Embajada de Francia y una muy publicitada huelga de hambre, si contribuyeron efectivamente a llamar la atención de la opinión pública mundial sobre la terrible situación que vive la población de la Franja de Gaza.
A pesar de todo lo dicho y hecho, sin embargo, la realidad es que ni los manifestantes internacionales ni sus representantes pudieron ingresar a la Franja de Gaza. Cualesquiera fueran sus intenciones, el gobierno egipcio tuvo una conducta terrible y, si bien argumentó que buscaba proteger los intereses del Estado egipcio, lo cierto es que terminó poniendo en evidencia su carácter autoritario, y no fue para nada lindo. Pero uno también debe culpar a muchos de los líderes clave de la marcha por no haber educado a los manifestantes respecto de los límites de la presión de la sociedad civil en un Estado autoritario, por no haberles enseñado que una delegación de 100 personas como solución de compromiso no constituía una capitulación, sino el mejor acuerdo posible dadas las circunstancias. En lugar de asumir su compleja tarea con valentía, la mayoría de los líderes lamentablemente se dieron por vencidos en un momento crítico.
La GFM, a la que tanto habíamos apostado muchos de nosotros, no logró su objetivo. No obstante, este resultado puede generar otros eventos exitosos de solidaridad con el pueblo palestino en el futuro, en la medida en que seamos capaces de incorporar las lecciones de El Cairo. Una de las lecciones clave es que debemos dejar de lado rápidamente la ingenuidad política y aprender a equilibrar la adhesión a los principios con el pragmatismo, algo que estuvo amargamente ausente en esta ocasión. Debemos liberarnos del “todo o nada, una mentalidad que a menudo se confunde como una postura política principista y progresista pero que no lleva más que a la parálisis política.