Los iraquíes muertos se unen a nosotros los optimistas para encomiar el éxito de la marea

Abril 2009

Los medios norteamericanos han atacado la historia de la guerra de Irak yendo directamente a la periferia.

Un hombre en una exhibición de caballos bailaba alegremente sobre un montón de estiércol.

“¿Por qué estás tan contento?”, preguntó otro asistente.

“Seguramente por aquí hay un poni”.

Los medios norteamericanos han atacado la historia de la guerra de Irak yendo directamente a la periferia. Por ejemplo, en vez de dedicar su atención a la devastación provocada por una injusta guerra imperial que ya dura más de seis años, los medios cambiaron el debate: “¿Ha tenido éxito o ha fracasado el envío de tropas adicionales --‘la marea’-- a Irak en 2007?”

“Ya no se trata de salvarse por un pelo”, escribió Peter Beinart (The Washington Post, 18 de enero de 2009). “El Presidente Bush tenía razón en cuanto a la marea”. Para Beinart, “tener razón” significa que el número de muertos iraquíes fue tan solo de 500 en noviembre de 2008, comparado con los 3 475 de noviembre de 2006. Y solamente 12 norteamericanos murieron en Irak durante el mismo período, en comparación con una cifra más alta en años anteriores. (Cifras del “Índice de la Guerra de Irak”, informe de la Institución Brookings por Michael O'Hanlon y Jason Campbell). Un realista hubiera agregado: “Doce más de los que debieron haber muerto”.

Los editores de la página Editorial/Opinión de The New York Times no parecieron tener reparo en imprimir artículos acerca del éxito de la marea, artículos firmados por los mismos expertos que tan solo recientemente afirmaban al público las más grandes mentiras del joven siglo 21: la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Saddam Hussein y sus vínculos con Al-Qaeda. Entre los proselitistas de la marea emergió Kenneth Pollack. En La tormenta amenazante: las razones para invadir Irak (2002), escribió: “El único curso de acción prudente y realista que queda para Estados Unidos es el lanzamiento de una invasión a gran escala en Irak para destrozar las fuerzas armadas iraquíes, deponer al régimen de Saddam y eliminar del país las armas de destrucción masiva”. Descartó a los flojos que “exageraban el peligro de bajas entre las tropas norteamericanas”.

Pollack incluso ayudó a persuadir al columnista del Times Bill Keller a que apoyara la guerra de Irak. “Kenneth Pollack, el experto en el Consejo de Seguridad Nacional de Clinton cuyo argumento a favor de invadir a Irak es con toda seguridad el libro más influyente de la temporada”, escribió Keller (8 de febrero de 2003), “ha brindado una cobertura intelectual para todos los liberales que se sienten inclinados por la guerra, pero que desconfían del Sr. Bush”.

Después de expresada su absoluta certeza acerca de las ADM de Saddam, Pollack promovió con todo entusiasmo la marea --sin pedir perdón por su papel en ayudar a perpetuar la destrucción y la muerte. Usando de nuevo el Times como su órgano de propaganda, Pollack ofreció un nuevo dogma. La marea había suministrado “el potencial para producir no necesariamente la ‘victoria’, sino una estabilidad sostenible con la cual pudiéramos vivir tanto nosotros como los iraquíes”. (“Una Guerra que Pudiéramos Ganar”, con Michael O’Hanlon, 30 de junio de 2007.)

Como el Polonio de Shakespeare, Pollack el Pomposo balbucea lugares comunes. Por suerte para él, no se buscó la muerte al esconderse en el dormitorio de Barbara Bush para espiar a W. Pero comparte con Polonio la característica de ser un pedante sin verdadero poder. Shakespeare utiliza a Polonio para burlarse de los ofuscadores que derraman “sabiduría” como si fuera sopa aguada --como la receta para Irak de Pollack y de sus colegas fanáticos de la marea.

Los “mareístas” se dedicaron a reducir la violencia en Bagdad, lo cual, si tenía éxito, serviría como modelo para ciudades más pequeñas. Para fines de 2007, casi un año después de su inicio, el Pentágono vendió la marea a los habituales engañados por los medios como el “gran éxito” de EEUU. El Pentágono aseguró que había reducido el 60 por ciento de la violencia de la guerra y había expulsado a Al Qaeda de Bagdad y también de casi toda la provincia de Anbar.

El incremento del número de soldados norteamericanos sí permitió que las fuerzas de EEUU desarmaran a algunos suníes en Bagdad. Luego los ocupantes invitaron a las milicias chiíes a que invadieran los barrios suníes e hicieran una limpieza étnica. A mediados de 2007 Bagdad, que una vez fue suní en un 65%, emergió como una ciudad predominantemente chií. Es más, el jefe de los ejércitos multinacionales en Irak, General David Petraeus, al frente en la actualidad del Comando Central, intencionalmente o no alentó a los chiíes a expulsar a los suníes de sus hogares. Muchos huyeron a Siria. (George Hunsinger, Common Dreams.org, 23 de octubre de 2008.)

Una excepción en los medios de la información acerca de la marea. Karen de Young, explicó a cuántos iraquíes les destruyeron su casa o “las casas que abandonaron ya no existen”. Los hogares habían sido saqueados, destruidos u ocupados. La mayor parte de los vecindarios de Bagdad, donde chiíes y suníes una vez convivieron en paz, han sido transformados en bastiones homogéneos desde el punto de vista religioso, y donde los miembros de otras sectas no se atreven a entrar”. (Washington Post, 16 de diciembre de 2007.)

De Young citó al Coronel William E. Rapp, uno de los ayudantes de Petraeus, quien admitió que la disminución de la violencia era “el resultado, en parte, de la segregación de la ciudad. Ahora hay muchos menos vecindarios mezclados donde las milicias religiosas pueden atacar a miembros de la otra secta”.

“En casi todo Bagdad”, escribió de Young, “el cambio de población ha sido a expensas de los suníes, ya que muchos de sus barrios están ahora habitados por inmigrante chiíes más pobres bajo protección de las milicias y a menudo bajo su control”.

Además de la limpieza, llegó también el soborno. Los militares norteamericanos pagaron a algunos grupos suníes para que dejaran de combatir a los ocupantes y lucharan contra los “extraños” --es decir, Al-Qaeda. Este soborno también redujo el número de ataques contra las tropas de EEUU.

La Casa Blanca, con la cooperación de los medios, usó la marea para cambiar el debate. En vez de discutir la justeza de una guerra injustificada ahora se habla de cómo salir de Irak con el sabor de la victoria. Sin embargo, nadie ha definido la “marea” como lo que es: la vieja táctica militar de sobornar al oponente.

Desde mediados de 2005 hasta noviembre de 2008, EEUU pagó a miles de iraquíes del “Consejo del Despertar” $300 dólares al mes para que no combatieran contra las fuerzas norteamericanas. Los analistas militares de Al Jazeera estiman que unos 100 000 combatientes del Consejo en Irak fueron responsables “de la marcada reducción de la violencia en el país”.

Para fines de 2008, gracias al aumento de las ventas de petróleo, reportó Al Jazeera, “El gobierno iraquí comenzó a pagar el lunes el salario de unos 54 000 combatientes del Despertar en 60 locaciones de Bagdad”.

En otras palabras, Bush estaba pagando a los iraquíes una cantidad desconocida del dinero de los contribuyentes norteamericanos para que no atacaran a las fuerzas de EEUU. Así que mientras el envío de más tropas norteamericanas desempeñó algún papel en la reducción de la violencia, no compitió con la parte desempeñada por los escuadrones de la muerte. En La muerte dentro (Simon & Schuster, 2008), Bob Woodward sugiere que con la creación de los “escuadrones de la muerte“ el Pentágono también ayudó a reducir los combates en Irak. Según Woodward, un memorando “Top Secret” implica que las fuerzas de EEUU seleccionaron a varios grupos suníes como blanco de asesinatos sistemáticos. Esta operación, al igual que el programa Phoenix de la CIA en Viet Nam, buscaba matar a los que se negaban a aceptar la razón de EEUU --el soborno.

Sin embargo, los fanáticos de la marea ignoraron tales pequeños detalles. Solo ven el lado positivo. Irak vende ahora 2 millones de barriles de petróleo al día. Únase ese hecho del mercado a que 2 millones de iraquíes han huido de sus hogares y permanecen desplazados dentro del país, o los más de 3 millones que se sintieron forzados a abandonar su desbalanceado país. ¿No están relacionados?

“Mareístas” como Pollack y Beinart dicen, al igual que Bush, que los $610 mil millones gastados en Irak han construido la “democracia” en la región, Es más, al derrocar a Saddam, Estados Unidos abrió el camino a la reforma democrática para todo el mundo árabe. ¡Y a las ranas les crecerá el pelo!

Hasta ahora, miles de profesores, científicos y médicos iraquíes han sido asesinados, el rescate de Irak por parte de Bush también ha costado la vida a unos 350 periodistas. Decenas de miles de prisioneros permanecen en campos de detención y, según un informe de la ONU, “la detención de niños en centros de detención de adultos viola las obligaciones de EEUU bajo la Convención de la ONU para los Derechos del Niño, así como las normas internacionales aceptadas de derechos humanos”. (AP, 19 de mayo de 2008.)

En septiembre de 2002 visité Bagdad y otras ciudades iraquíes. La mayor parte de los iraquíes disfrutaban de la electricidad, agua corriente y alcantarillado funcional --a pesar de que el impacto de las sanciones multilaterales y los continuos ataques aéreos durante toda la década de 1990 por parte de aviones de guerra norteamericanos y británicos destruyeron partes de la infraestructura ya destrozada por la guerra de 1991.

Después del éxito de la marea, los iraquíes tienen un promedio de 3 horas diarias de electricidad; muchos sistemas de agua y alcantarillado permanecen sin reparación. Para 2008, los iraquíes sufrían de unos10 000 casos de cólera --el promedio durante los últimos cinco años. Para agosto de 2007, los iraquíes aún eran víctimas de unos 25 carros bombas al mes. (Kevin Drum, Washington Monthly, 24 de agosto de 2007.)

La marea sí tuvo éxito en reducir la cobertura de la guerra de Irak en aproximadamente 60%, según The New York Times (“Con el Éxito de la Marea la Cobertura de la Guerra de Irak por el

NY Times Alcanza su Nivel Más Bajo”, 21 de octubre de 2008.) La reducción de la violencia equivale a la pérdida del interés por parte de los medios.

Si no fuera por Jon Stewart y Steven Colbert y artículos ocasionales de Seymour Hersh en la revista New Yorker, y un caso excepcional como Karen de Young y algunos otros, el público tendría poco acceso a los hechos de la guerra. Los medios dan mucho espacio a los guerreristas para que promuevan los mortíferos eventos en los que unos pocos de ellos luchan. Pero sí aclaman a las tropas --casi como fanáticos en un juego de béisbol.

Realizador, periodista y escritor

Saul Landau, investigador sénior y ex director del TNI (1976), es un renombrado realizador, periodista y escritor. Landau escribe una columna semanal sobre política nacional y exterior de los Estados Unidos y ha producido más de cuarenta película sobre cuestiones sociales, políticas, históricas y de derechos humanos.

Sauld ha escrito 14 libros; el último, se titula A Bush and Botox World (Counterpunch, 2007). Obtuvo el premio Edgar Allen Poe Award por Assassination on Embassy Row, un informe sobre sobre el asesinato en 1976 del embajador chileno Orlando Letelier y su compañera, Ronni Moffitt.

Es catedrático honorario en la Universidad Estatal de California en Pomona. Gore Vidal afirma que "Saul Landau es un hombre del que encanta robar ideas".