“El cambio climático hará que aumente la sequía, las inundaciones y otros desastres naturales. La escasez de agua afectará a cientos de millones de personas.
“El cambio climático hará que aumente la sequía, las inundaciones y otros desastres naturales. La escasez de agua afectará a cientos de millones de personas. La desnutrición devastará a una gran parte de los países en desarrollo”.
- Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU
“Este cambiante clima global planteará grandes retos estratégicos a Estados Unidos en las décadas venideras, lo que aumentará la posibilidad de intervenciones militares para enfrentar los efectos de tormentas violentas, sequía, migraciones masivas y pandemias, dicen analistas militares y de inteligencia”,
-NY Times, 9 de agosto de 2009
A principios y mediados de agosto, el tifón Morakot causó la muerte de un número desconocido de chinos, taiwaneses y filipinos, desplazó a millones, provocó desprendimientos de tierra y entorpeció los esfuerzos de rescate. Las inundaciones destruyeron viviendas, edificios públicos y puentes; sepultó a aldeas enteras. Asia sufre el peor clima del último medio siglo.
Las cámaras de TV a bordo de helicópteros mostraron los techos de casa sobresaliendo de la avalancha de lodo, esa baba gris de mezcla oceánica y de tierra. Las autoridades ordenaron la evacuación de más de un millón de personas de las provincias amenazadas. En el Occidente de Japón, los ríos arrastraron viviendas y ahogaron a personas dentro de autos. (London Times, 11 de agosto.)
Para el 15 de agosto, al menos 500 personas habían muerto en Taiwán. Los daños a la propiedad eran muy superiores a los del huracán Katrina. The New York Times dio a la noticia unos pocos centímetros de espacio. La página del tiempo anunció que el huracán Bill está a punto de atacar en el Atlántico.
Lejos de allí, vi a los remolcadores llevar a enormes barcos de carga llenos de contenedores de “China Shipping” bajo el puente Golden Gate y hacia los muelles robóticos de descarga en Oakland, California. Desde la sección superior del estadio ATT, donde juegan béisbol los Gigantes de San Francisco, observé a enormes transportes marinos deslizándose con las colinas de Oakland de fondo --casi dos siglos después que el Pequod de Herman Melville.
¿Moby Dick y China Shipping? ¿Cómo se relaciona un libro que se estudia en las clases universitarias de Literatura con los tifones contemporáneos? ¿Cómo podría relacionarse con nuestros tiempos el Capitán Ahab, quien tenía que “ser todo lo que pudiera ser”?
Al igual que las armas que llevan los modernos militares norteamericanos, los arponeros de Ahab usaban los arpones más afilados para atrapar a grandes bestias. Pero Moby Dick, sermoneaba el profesor, representaba la voluntad inescrutable de Dios. El área que hasta los implacables Peregrinos consideraban más allá de todo escrutinio humano. Es más, la novela aún sirve como una declaración metafórica de las fronteras de Dios, las que separan a Su mundo del que los humanos pueden explorar para su divino comercio. La violación de la frontera prohibida, nos enseña el libro, provoca un terrible castigo.
La tripulación del Pequod, al igual que muchos de los ejecutivos corporativos actuales, carecía de la visión mesiánica de su líder, Ahab. Starbuck, el primer oficial, un ferviente cristiano contenido, usaba las escrituras para guiarlo y analizar los hechos. El gregario y corajudo Stubb, a quien la caza de ballenas lo emborracha de adrenalina, se parece al soldado adicto al peligro y a la muerte --antes con la caza de ballenas y ahora con la guerra. A Flask le encanta la excitación, la persecución y el ritual de la matanza de la ballena, despojado de sentimientos poéticos por el gran animal.
Ahab, un poderoso y malvado rey bíblico, levantó un altar a Baal (1 Reyes 16:30-33) e “hizo más por provocar la ira del Señor Dios de Israel que todos los reyes de Israel anteriores a él”. (1 Reyes 16:31.)
La fascinación patológica de Ahab por una ballena lo distancia del espectro humano “normal” de personalidades. Se ve a sí mismo como un hombre que debe probarse en la acción, encontrar y derrotar a la gran ballena blanca, guardiana del océano, dominio de Dios.
En un primer encuentro, la enorme criatura le arrancó una pierna de un mordisco. ¿Una advertencia? Al perseguirla implacablemente de nuevo, el instrumento blanco (símbolo de pureza) de Dios le dio una lección más dura. Después de destruir el barco ballenero y a toda la tripulación menos a uno, Ismael, Él regresa a sus profundidades. Ismael se convierte en el mensajero de la advertencia eterna de Dios en contra de los cruzados obsedidos por fantasías de dominación.
Trasládese la épica a los tiempos modernos. Los viejos propietarios de barcos y sus capitanes buscaban la ganancia de la esperma. Los monstruosos barcos de hoy trasladan millones de toneladas de aparatos electrónicos fabricados en China. Utilizan al mar para obtener ganancias, como hicieron los religiosos propietarios del Pequod. Ese es su papel en el orden económico mientras Ahab buscaba la venganza, prueba de que él podía controlar a la criatura, prueba de hombría --¿cómo correr tras los toros, borracho en Pamplona?
Los arponeros de Ahab no pudieron someter a la ballena al igual que sus contemporáneos fracasan en Afganistán. La ciencia aún no ha creado una tecnología para evitar los “desastres naturales” provocados por siglos de emisiones hostiles provenientes de sus creaciones.
Los caminos de la producción y el consumo se han burlado de las leyes medioambientales y aparentemente han desatado monstruosas ballenas metafóricas: huracanes, sequías, terremotos y tsunamis. Calentamiento global, incremento de la temperatura de los océanos en medio de guerras perpetuas.
Desde el sereno sector superior del estadio de béisbol, veo a barcos que vienen de China, mientras los jugadores recorren las bases. En los edificios de oficinas del cercano San Francisco las luces permanecen encendidas. Algunos agentes de bolsa, contadores, abogados y publicitarios ganan dinero --los edificios necesitan calefacción y aire acondicionado, como los de casi todas las ciudades-- mientras que los modernos Ahab persiguen a grandes bestias blancas de ganancias, olvidándose de la destrucción del tifón.