“Jesús Vive”, gritaba la gigantesca valla en I-80, unas 20 millas al este de Lovelock, Nevada. En la parte inferior de la valla aparece el anunciante: adsforGod.org, una “organización cuyo único propósito es anunciar al Único Dios Vivo y Verdadero, cuyo único Hijo engendrado es Jesús El Cristo”.
Desde el auto, conduciendo por un impresionante paisaje montañoso de Wyoming y hacia Nevada, vi las montañas cubiertas de nieve, arbustos de artemisa y nubes. Ninguna persona, autos, camiones o casas se veían en el horizonte. Tan pronto como llegué a un lugar poblado donde abundan las máquinas tragamonedas en cualquier bar de mala muerte y en los casinos elegantes, aeropuertos y restaurantes, supongo que podría tratar de encontrar exactamente dónde vive Jesús. Como en Nevada no hay Belén, ¿podrá él residir en el Rancho Mustang en las afueras de Winnemucca, el burdel más famoso del mundo?
En las afueras de Carlin, Nevada (2 161 habitantes) veo un parque de remolques y letreros de varias cadenas de comida rápida. Para abrirme aún más el apetito, un cartel me dice que Carlin es la sede de una prisión llamada eufemísticamente “Centro Carlin de Conservación”. La próxima valla me advierte: “No recoger a autostopistas”. ¿Y si el individuo que me hace señas es Jesús?
¿Vivirá quizás Jesús cerca de los guardas de la prisión, en las comunidades de modestas casas? ¿O en las cabañas y remolques de los que trabajan en las minas de oro y otros minerales --ya no en las de plata por las que el estado fue nombrado? Se puede ver cómo los modernos émulos de Judas aún venden su alma por las antiguas 30 piezas de plata --agreguen unos pocos millones--,
mientras refinerías y fundiciones lanzan su humo contaminante hacia el limpio cielo. El soborno por tales pecados ha aumentado. El proceso para obtener plata en tiempos bíblicos era mucho menos contaminante. John Prine brindaba una apropiada pista sonora en el CD del auto.
“La compañía carbonera llegó con la mayor pala del mundo
Y torturaron a los árboles y desnudaron la tierra
Cavaron por su carbón hasta que la tierra fue olvidada
Y entonces dijeron que era el progreso del hombre” (“Paraíso”)
A través de los miles de millas del desierto paisaje de Wyoming y Nevada se veía la perfección de Dios --excepto por las vallas y una carretera de cuatro sendas prácticamente vacía. Después que pasaran quince minutos sin que viera otro vehículo, finalmente me acerqué al auto que iba delante de mí. Las pegatinas del parachoques decían: “Jesús Te Perdonará” y “McCain/Palin 2008.” Sonó otra canción de Prine:
“Padre, perdónanos por lo que debemos hacer
Tú nos perdonas y nosotros te perdonamos.
Nos perdonaremos uno al otro hasta que los dos nos cansemos
Y entonces silbaremos e iremos a pescar en el Cielo”. (“Pescar y Silbar”)
Para los no perdonados, Nevada brinda muchas prisiones. En las afueras de Lovelock, otra fortaleza aparece en el horizonte. Las torres de vigilancia se elevan sobre la estructura medieval tallada en la base de una amenazante montaña. “Institución correccional”, el eufemismo utilizado en todo el país para encerrar a los hombres por sus pecados, tiene un triste historial en lo que concierne a corregir su comportamiento anterior o su curso futuro. La mayoría de los reclusos, al igual que los que se encuentran en el resto de las prisiones y cárceles de todo el país, cometieron pecados como fumar, usar drogas prohibidas o cometer hurto. Algunos cometieron crímenes violentos, pero comparen sus pecados con los perpetrados por los bancos y los especuladores de valores, Bernie Madoff y los militares y mercenarios que han masacrado a civiles en Irak y Afganistán. Los ricos contratan al talento legal que encuentran lagunas legales y corredores que sobornan a los jueces. Los militares, bueno, ellos solo están cumpliendo órdenes.
Una valla nos da la “bienvenida” al pueblo de Lovelock (1 889 habitantes). En otro cartel en la carretera los grandes criminales anuncian su producto contaminante, los criminales menores se pudren en las penitenciarías. Los que visitan a familiares o amigos pueden alojarse en un cercano Holiday Inn o en el Motel Best Western. Tales instalaciones hospedarán a los que visiten a O. J.
Simpson, quien fue enviado al Centro Correccional de Lovelock (Prisión de Mediana Seguridad) con una condena de 9 a 33 años. Simpson, quien fue una estrella de USC y ganó el Trofeo Heisman en 1968, el 3 de octubre de 2008 fue declarado culpable de robo, secuestro y asalto con un arma mortífera, después de una confrontación en septiembre de 2007 con dos vendedores de suvenires en la habitación de un hotel en Las Vegas. Simpson dijo que solo estaba tratando de recuperar los trofeos que ganó en el football que otras personas habían adquirido en forma inapropiada. (Ya no podía pagar a los caros abogados que lograron ganar su juicio por asesinato.)
Entre los compañeros de celda de Simpson habrá un gran número de delincuentes sexuales. Al igual que otros reclusos, Simpson recibirá tres comidas al día, acceso al correo, limitadas llamadas telefónicas y hasta una hora de ejercicios al día. También podrá trabajar en la limpieza de patios y en la cocina. (Melissa Arseniuk y Cy Ryan, Las Vegas Sun, 19 de diciembre de 2008.)
En 1994 yo pensaba que la policía de Los Ángeles había incriminado al hombre adecuado por el asesinato de su esposa y su amante. Le llevó 13 años a la fraternidad policíaca para atrapar a O.J. de nuevo --en lo que parecía en el mejor de los casos una infracción menor. Pero el tiempo hiere a todos los canallas. (*)
Simpson se merecía el castigo. Pero ¿cómo se equiparan sus actos asesinos con el comportamiento de Chevron en Ecuador o en Nigeria, donde no solo ensuciaron el medio ambiente, sino que colaboraron, según dos reclamaciones judiciales (presentadas por ciudadanos nigerianos representados por EarthRights International), con las fuerzas represivas nigerianas para matar a gente? El 4 de enero de 1999, una mujer y sus hijos fueron a pescar en Opia, una pequeña aldea nigeriana, cuando los soldados abrieron fuego y la mataron. Dos reclamaciones judiciales aseguran que Chevron pagó a los soldados y que ellos se trasladaron en camiones y helicópteros propiedad de Chevron en más de uno de esos “incidentes” sangrientos, incluyendo un ataque armado a manifestantes en una plataforma de perforación.
Tampoco el tiempo parece castigar la enorme corrupción del sector gubernamental-privado. Los “contratistas”, en contubernio con funcionarios militares de EEUU, se robaron miles de millones de dólares supuestamente destinados a la reconstrucción de Irak. Según el periodista Patrick Cockburn, se enviaron $57,8 millones en una paleta encima de otra repletas de billetes de cien dólares al contralor de EEUU en el centro-sur de Irak, Robert J. Stein Jr., quien se hizo tomar una fotografía junto al montón de dinero. Él es uno de los pocos funcionarios norteamericanos en Irak que han sido condenados por fraude y lavado de dinero.
Desde 2003, el Congreso ha destinado ciento de millones cada año para la reconstrucción, pero “no se han visto grúas en el horizonte de Bagdad, excepto las que se han usado para la construcción de la embajada de EEUU y otras que se están enmoheciendo junto a la gigantesca mezquita a medio construir que Saddam estaba levantando cuando fue derrocado. Una de las pocas señales visibles del trabajo gubernamental en la infraestructura de Bagdad es una atención incansable a la siembra de palmeras y flores en la franja central de las calles principales. Luego son sacadas y resembradas pocos meses después. Los líderes iraquíes están convencidos de que el robo o despilfarro de enormes sumas de dinero norteamericano e iraquí pudo haber sucedido solo si altos funcionarios norteamericanos estaban implicados en la corrupción”.
(Counterpunch.org, 16 de febrero de 2009.)
En vez de ver el símbolo de la corrupción --el casino--, cada asentamiento de Nevada, no importa su tamaño, muestra signos de virtud: torres de iglesias emergen del horizonte. Según adsforGod.org, “hay 9 000 ‘Religiones’ diferentes sobre la faz de la tierra”, pero solo “’una’… puede demostrar que es la ‘Palabra Inherente’ del ‘Único y Verdadero Dios Vivo’.”
Pero la certeza de las declaraciones religiosas debe existir junto al comercialismo escandaloso simbolizado por el elevado Golden Arches al que adorna una bandera norteamericana y carteles intermitentes de neón que gritan “Casino”. Estoy seguro que puedo encontrar, si buscara en el sitio Web de adsforGod.org, una explicación de cómo Dios quiso que el hombre creara centros comerciales que se fusionaran armónicamente con Su perfecta creación.
Mi viaje por carretera comenzó en Chicago y me ofreció una oportunidad de ver cómo un viajero puede adoptar un escudo de insensibilidad estética --más allá del crimen de contaminación del paisaje. En la radio, las noticias hablaban, como generalmente hacen, de actos de extrema violencia en Irak, Afganistán y Pakistán. Una información hablaba del conteo final de los muertos en Gaza, resúmenes informales de lo que la teórica política del siglo 20 Hannah Arendt llamaba “el fenómeno de acciones malvadas cometidas a escala gigantesca”, del tipo de las que no pueden ser “rastreadas a cualquier particularidad de superficialidad” debajo de esas acciones malvadas, del tipo que cultiva una sociedad de consumo masivo, acunada en la religión. La carretera de cuatro vías y la radio del auto se combinan para ofrecer a los conductores y pasajeros una manera de pensar solo en sus necesidades de consumo. Los mensajes impresos en vallas o que escandalizan en los comerciales de radio nos distraen. Desvían nuestro pensamiento del cielo, las montañas, la gente, las plantas y animales hacia “la libertad de elección” de marcas de jabón y marcas de representantes que harán la guerra.
Luego podemos culparlos por lo que nos han hecho a nosotros y a otros. Continuamos aceptando la palabra “libre” como el adjetivo definitorio de la vida norteamericana mientras la economía se hunde en el pantano de la estanflación. Es mucho más fácil seguir el dictado de adsforGod.org: “La Biblia Tiene Razón” --independientemente de lo que quiera decir.
Saul Landau es miembro del Institute for Policy Studies e investigador asociado del Transnational Institute. Es autor de Un mundo de Bush y de Botox y realizador deAquí no jugamos golf.