Ahora que cualquiera puede ganar la gran contienda, Obama y Clinton forcejean con el tema de la retirada inmediata de tropas de Irak. Barack "dejaría algunas tropas en Irak para proteger a nuestra embajada y diplomáticos; si Al Qaeda intenta construir una base dentro de Irak, él mantendrá tropas en Irak o en algún otro lugar de la región para realizar golpes precisos a Al Qaeda". (BarackObama.com)
Después de las elecciones iraquíes del 15 de diciembre, dijo la Sra. Clinton, "Tenemos que decir al nuevo gobierno que no vamos a quedarnos allí para siempre, que vamos a retirar a nuestros jóvenes y que esperamos que ustedes comiencen a lograr la estabilidad". Pero, agregó, "La retirada inmediata de Irak sería un gran error". (Votehillary.org)
Tales declaraciones hacen que a mí y a millones en todo el mundo nos asalte un sentimiento de creciente temor. ¿Por qué no puede retirarse el imperio? Ike lo hizo de Corea en 1953 y… bueno, eso es todo.
Los funcionarios del imperio parecen no ser capaces de admitir la verdad --al menos en público-- acerca del lugar de EEUU en el mundo. La economía se hunde cada vez más en la recesión mientras Bush y el Congreso derrochan miles de millones cada semana en las guerras "inganables" de Afganistán e Irak. Para volvernos más ansiosos, Bush y Cheney periódicamente amenazan con la guerra contra Irán y ocasionalmente también contra Siria.
Prominentes miembros del Congreso no se ponen de pie para preguntar: ¿Qué ganancia o protección obtiene el público norteamericano de tener bases y soldados en todo el mundo? ¿Y de que los soldados mueran y sean heridos? ¿Se siente el público norteamericano más seguro por poseer miles de armas nucleares y aviones inigualados por ninguna otra potencia? Bush insiste en que los iraquíes (supongo que quiere decir los que aún quedan vivos y no han huido al extranjero) están encantados con el derrocamiento de Saddam y se enorgullecen de vivir en un Irak libre. No están tan libres de una fuerza de ocupación norteamericana de varios cientos de miles (160 000 soldados y más de ese número en contratistas o mercenarios). Puede que Bush piense secretamente que Irak es una nación de masoquistas.
Hace cinco años y medio estuve filmando en Irak junto con una delegación congresional que incluía al ex senador James Abouzrek (Dakota del Sur) y al Representante Mick Rahall (Virginia Occidental) --y muchas otras personas razonables--, quienes tuvieron éxito al suplicar a Saddam Hussein que readmitiera al equipo de inspección de armas de la ONU. Pensé que la aceptación de Saddam a ser inspeccionado respondía a las exigencias cada vez mayores por parte de Bush: los inspectores harían su trabajo y evidentemente no encontrarían armas de destrucción masiva --de lo contrario Saddam no hubiera permitido su ingreso al país. Bush y la mayoría de los medios del mundo ignoraron lo evidente. Bush simplemente pretendió que Saddam no había cumplido. Los inspectores no tuvieron la oportunidad siquiera de investigar la fraudulenta presentación ante la ONU del Secretario de Estado Colin Powell, en la que él nombró la ubicación de las mortíferas armas. Nada de eso, por supuesto, resultó ser cierto. Powell describió su discurso del 23 de febrero de 2003 como una "mancha" permanente en su historial. Se quedó corto.
Cinco años después de llevar las tropas de EEUU a la guerra, Bush aún se enorgullece de su monumental estupidez. Se ufana del progreso, olvidando convenientemente su alarde de "Misión Cumplida" del 1 de mayo de 2003.
El 17 de mayo Dick Cheney visitó Irak y declaró que la invasión de 2003 era un "empeño exitoso". "Poco después de que hablara Cheney", reportó Reuters, "una mujer que llevaba un chaleco suicida se hizo estallar en un café de la sureña ciudad santa chií de Kerbala, con lo que mató a 25 personas e hirió a 50". Otras bombas explotaron en Bagdad con el resultado de más muertos y heridos iraquíes.
En una conferencia de prensa después de reunirse con los títeres de EEUU que gobiernan en Irak, Cheney sacó en conclusión que el empeño "bien ha valido la pena". Al comenzar su sexto año, la guerra de Bush y Cheney ha costado más de $500 mil millones de dólares, casi 4 000 soldados norteamericanos han muerto y cálculos conservadores calculan los muertos iraquíes en cientos de miles.
Además, 4 millones de iraquíes están desplazados, según el Comité de la Cruz Roja Internacional. Millones carecen de agua potable y atención médica. Las tasas de desempleo son astronómicas. El aspirante republicano John McCain alabó el progreso durante su visita a Irak: "La marea está funcionando", dijo, en referencia al reforzamiento de tropas por Bush. (CNN, 17 de marzo.)
Tal optimismo acerca de que Irak se está haciendo menos peligroso contradice el reporte en vivo de Patrick Cockburn de cómo "Soldados que enarbolaban sus fusiles primero eliminaron todo el tráfico de las calles. Luego cuatro vehículos blindados negros, cada uno con tres tiradores de ametralladora en el techo, emergieron a alta velocidad de una salida fuertemente fortificada de la Zona Verde, seguidos de Humvees norteamericanos color arena y más carros blindados. Finalmente, en medio de un convoy, vimos seis idénticos vehículos blindados con cristales negros, uno de los cuales debe haber transportado al Sr. Maliki."
Otras informaciones periodísticas ofrecen amplias pruebas del reportaje de Cockburn. Recuerdo antes de la invasión, cuando fui en auto desde Bagdad hasta Najaf, Kerbalah y Babilonia, así como a los suburbios cercanos --sin una escolta armada.
Si, por supuesto, Saddam era un tirano. Pero Irak permaneció como una nación integral a pesar de su tiranía. No recuerdo a ningún iraquí que se presentara como sunní, chií, kurdo o cristiano. El agua fluía y el alcantarillado funcionaba. Los negocios se desarrollaban sin problemas. Sí, nadie se atrevía a criticar a Saddam, pero fuera de cámara, un ingeniero iraquí me rogó que dijera a las autoridades norteamericanas que no lanzaran la invasión. "Saddam está viejo. Sus hijos son idiotas e incapaces de hacerse cargo. Tengan paciencia. Somos una civilización de 6 000 años. Lograremos la transición".
Ningún argumento hubiera hecho desistir a Bush y a Cheney de la guerra. Cinco sangrientos años más tarde, el poderío y la tecnología de EEUU no han provocado la transición. Según Cockburn: "Cinco años de ocupación han destruido a Irak como país. Bagdad es en la actualidad una colección de guetos sunníes y chiíes hostiles, divididos por altos muros de concreto. Diferentes distritos tienen distintas banderas nacionales. Las áreas sunníes usan la vieja bandera iraquí de las tres estrellas del Partido Ba'ath y las chiíes agitan una versión más nueva, adoptada por el gobierno chií-kurdo. Los kurdos tienen su propia bandera".
En Irak solo existe un camuflaje de normalidad. Sí, los informes oficiales dicen que las bajas civiles han disminuido de 65 muertes al día en el pasado agosto a 28 cadáveres diarios en febrero. Cockburn señala que la "limpieza étnica Bagdad ya ha hecho su triste trabajo y no quedan áreas mixtas".
Al derrocar a Saddam y forzar las elecciones, las autoridades norteamericanas garantizaron que los chiíes y los kurdos ganaran (también los suníes). Después de estas victorias predecibles, vaya, al igual que el bombillo de una caricatura, los bushistas descubrieron que el líder chií Muqtada al-Sadr y el Presidente Maliki tenían gran afecto por los líderes religiosos iraníes. Los odiados y temidos iraníes a los que Bush acusa de fabricar bombas que matan a norteamericanos y de armar a las milicias iraquíes tenían ahora una gran influencia dentro del mismo gobierno iraquí que EEUU había llevado al poder. Maliki et al dieron una cálida bienvenida al presidente iraní Ahmadinejad cuando este visitó Bagdad a principios de marzo.
¿No tenían idea Bush ni Cheney del problema en que se estaban metiendo? ¿Es que senadores supuestamente inteligentes como Clinton, Obama y McCain no pueden entender lo elemental de la laberíntica política contemporánea del Medio Oriente?
En vez de ganar y marcharse, Bush y su Vice Presidente decidieron ocupar un país y realizar su agenda de privatización. Se deshizo de la vieja burocracia y de las fuerzas represivas, dejando un vacío. Como la mayoría de los iraquíes se alegró de sacarse a Saddam de encima, Bush supuso que la ocupación norteamericana les parecería un regalo del cielo. Pero las fuerzas de EEUU no protegieron a los iraquíes de los ladrones, secuestradores y asesinos. Las tropas norteamericanas se cruzaron de brazos mientras se realizaba el pillaje. El resentimiento ante la presencia de EEUU no ha hecho más que aumentar.
Cockburn reportó que él se presentó "en cuanto lugar hubo un soldado norteamericano muerto o herido en Bagdad" y "encontró a muchedumbres que gritaban entusiasmadas junto a los restos humeantes de un Humvee o a una oscura mancha de sangre en el camino".
El carácter antinorteamericano se perdió en las batallas entre sunníes y chiíes que provocaron que algunos sunníes se aliaran temporalmente a las fuerzas de EEUU, lo que dramatizó aún más la fragmentación de Irak. ¡Qué lío! Refugiados, hambre, enfermedades, desesperación en medio del interminable derramamiento de sangre.
En la política norteamericana, estos temas se convierten en vagas declaraciones de "finalizar la guerra" en algún momento en el futuro (Clinton y Obama) o mantener para siempre el rumbo (McCain). Mientras que cada candidato se esfuerza para convencer al público que él o ella tiene la combinación única de cualidades para dirigir la nación --ninguno se atreve a decir imperio--, todos evitan el asunto más peliagudo al que tendrá que enfrentarse el próximo presidente: salir del enfermizo pantano en que Bush ha metido al país.
Saul Landau es miembro del Institute for Policy Studies e investigador asociado del Transnational Institute. Es autor de Un mundo de Bush y de Botox y realizador deAquí no jugamos golf.