Raúl reiteró disposición de discutir con EE.UU. acerca de cualquier tema

Octubre 2009

El 20 de septiembre, el Presidente Raúl Castro se apareció sin previo aviso a ver a un familiar que me había invitado a mí y a otros amigos norteamericanos a que lo visitáramos. Aprovechando la ocasión, nos brindó sus observaciones sobre la política de EE.UU. hacia Cuba.

El 20 de septiembre, el Presidente Raúl Castro se apareció sin previo aviso a ver a un familiar que me había invitado a mí y a otros amigos norteamericanos a que lo visitáramos. Vestido con una guayabera blanca y pantalones bien planchados de color beige, sus zapatos negros bien brillosos, Raúl beso y abrazó a sus familiares, chocó el puño con un par de norteamericanos y luego brindó sus observaciones acerca de la política de EE.UU. hacia Cuba.

Expresó su satisfacción con el curso de las actuales conversaciones relacionadas con asuntos migratorios y la renovación de los vuelos directos de correo entre los dos países, y reiteró su disposición de discutir con Estados Unidos acerca de cualquier tema --“el embargo, el futuro de la base norteamericana en Guantánamo o los derechos humanos, siempre y cuando las discusiones se realizaran en una base de igualdad y sin amenazas a las soberanía cubana”.

Luego habló acerca de las “excelentes relaciones” entre los mandos militares de EE.UU. y Cuba a ambos lados de la línea que separa la base de Guantánamo del territorio cubano. Desde 1994, dijo Raúl, “reuniones mensuales restringidas a temas básicos de seguridad” han provocado mejoras en las relaciones y “relajamiento de las tensiones”.

EE.UU. “arrendó” la base en 1903 “solamente con propósitos de reabastecimiento de carbón y navales”. Desde la revolución de 1959, Fidel Castro y ahora su hermano Raúl se han negado a cobrar los cheques norteamericanos del arriendo (menos de $10 000 al año) y han exigido la devolución de ese pedazo de territorio cubano. Cuba, el supuesto arrendador, podría expulsar a su inquilino si quisiera arriesgar la guerra.

“En el pasado, las tropas norteamericanas han hostigado a nuestros soldados. Les disparaban y mataron a uno de ellos. Lanzaban piedras y les enseñaban el trasero desde su lado de la cerca. Las actuales reuniones se filman y se graban”, dijo.

“Hay otra cosa que hemos acordado recientemente”, dijo. “EE.UU. solicitó el derecho a volar sobre territorio cubano desde la base de Guantánamo cuando necesitaran transportar enfermos graves a un hospital de EE.UU. Acordamos permitir esto siempre que se solicite caso por caso. Esto ahora hemos concedido todas las solicitudes. Ha habido varias.”. Al permitir estos sobrevuelos, los pacientes llegan antes a los hospitales en EE.UU. De otra manera, la ruta de los aviones tendría que ser hacia el Este y luego al Norte por el Paso de los Vientos antes de dirigirse al Oeste hacia territorio norteamericano. Raúl rió. El acuerdo tuvo que ser firmado por funcionarios de menor nivel en aeropuertos de Cuba y Miami, “lo cual indica el nivel de nuestra relación”.

¿Fue este acuerdo el acto de reciprocidad que la secretaria de Estado Hillary Clinton solicitó después de que el Presidente Obama eliminó este año las restricciones de viajes y los límites de las remesas, impuestos por Bush a los cubano-americanos?

Es difícil pensar en qué otra cosa podría ofrecer Cuba. Raúl podría jurar que Cuba no va a golpear a Estados Unidos en el puño con su cara, u ofrecer eliminar el embargo o abandonar la base militar de Cuba en territorio de EE.UU. Pero oigan, yo soy realista. Me siento optimista. Dos días más tarde, el 22 de septiembre, un funcionario de Aduanas de EE.UU. en Miami con una chapilla con su nombre, Martí, pero sin relación con el héroe cubano, me aseguró, colocó mi pasaporte en una carpeta azul. Él me había preguntado y yo le dije que había viajado a Cuba (también lo había escrito en mi d4eclaración de aduanas y de inmigración). Consultó en su computadora y le entregó la carpeta azul a otro funcionario.

“Sígame”.

Unas 50 yardas después, otro funcionario estado sentado a un buró frente a una corta fila de nerviosos pasajeros. Miró su computadora y gritó un apellido al hombre frente a él, seguido de un nombre propio, como si fuera un sargento instructor humillando a un recluta. Cinco minutos después gritó mi nombre, preguntó si yo trabajaba para el gobierno y qué había hecho en Cuba.

“Trabajar en un filme para la TV”.

“Vaya con él”. Entregó mi pasaporte a otro funcionario distinto. Salimos caminando.

“¿Y qué es lo que sucede?”

“¿Cómo describiría usted las relaciones entre EE.UU. y Cuba?”, preguntó con sorna.

“Quizás mejorando un poquito, pero todavía tensas”.

“¿Qué tiempo llevan así?”

“Más de 50 años”.

“Entonces ya sabe qué es lo que sucede”.

Después de esperar 40 minutos en una habitación encerrada en cristales, una joven agente, Dalrymple, me interrogó.

“¿Qué hizo usted en Cuba?” Examinó mi cámara, micrófono y baterías, y se aseguró de que yo no traían ron o habanos.

“Tenga un buen día”.

Salí de la Aduana y ciertamente mi día mejoró. Obama prometió el cambio, pero no mencionó a Cuba. Quizás el año próximo él podría informar a la Aduana e Inmigración en Miami que técnicamente aún es parte de Estados Unidos. Ellos podrían dejar de hostigar a los profesionales que visitan la isla bajo una licencia general. Un amigo me aseguró que Obama se enfrentaría al dominio de los exiliados cubanos de derecha. Después de todo, eliminar el embargo debe ser fácil después de haber eliminado el “Escudo Anti-Misil” de Europa.

Realizador, periodista y escritor

Saul Landau, investigador sénior y ex director del TNI (1976), es un renombrado realizador, periodista y escritor. Landau escribe una columna semanal sobre política nacional y exterior de los Estados Unidos y ha producido más de cuarenta película sobre cuestiones sociales, políticas, históricas y de derechos humanos.

Sauld ha escrito 14 libros; el último, se titula A Bush and Botox World (Counterpunch, 2007). Obtuvo el premio Edgar Allen Poe Award por Assassination on Embassy Row, un informe sobre sobre el asesinato en 1976 del embajador chileno Orlando Letelier y su compañera, Ronni Moffitt.

Es catedrático honorario en la Universidad Estatal de California en Pomona. Gore Vidal afirma que "Saul Landau es un hombre del que encanta robar ideas".