Reflexiones acerca de los viajes aéreos rutinarios

Marzo 2010

Pocos comentaristas se atreven a vincular la pobreza y la corrupción con el extremismo en los países musulmanes.

Estaba haciendo cola en el aeropuerto de Phoenix y pensaba en qué forma un nigeriano, Umar Farouk Abdulmutallab, evadió la seguridad. Mientras tanto, una mujer en uniforme de TSA me pasaba una pequeña vara diseñada para detectar explosivos. –si llevaba alguno alrededor de mis axilas, nalgas y otras partes del cuerpo.

Después de que Umar saliera en los titulares, ¿quién iba a entrar en un aeropuerto con “boomzy woomzy” en sus calzoncillos, como un ingenioso británico describió el extravagante plan para hacer explotar el avión que lo llevaba a Estados Unidos?

Una vez que el joven nigeriano fracasó en su intento por incinerarse, gracias a la intervención de otro pasajero del avión, el presidente Obama amenazó con tomar represalias en cualquier lugar. (¿quiso decir Yemen?) Seguramente que esa amenaza impediría un futuro ataque terrorista.

Ya tenemos a varios cientos de miles de soldados y más mercen… --digo, contratistas—recorriendo varios países a la caza de musulmanes anti-Occidente, potencialmente violentos. Desafortunadamente, este violento proceso ha provocado aún más enemigos.

Pero no yo. La mujer con la vara de detección me permitió pasar por la “seguridad”.  Me puse otra vez el cinto, los zapatos y pensé la forma en que habían cambiado mi vida, y la de todos, los 19 saudíes secuestradores de aviones armados con cuchillas para cartón. Después de su horrible fechoría, un jamaicano idiota trató de encender sus zapatos lleno de explosivos en un vuelo Londres-EE.UU. Nuevamente una rápida reacción de una asistente de vuelo impidió la inminente tragedia.

¿Habrá contratado Al Qaeda a diseñadores neoyorquinos desempleados para que hagan zapatos y ropa interior como parte de su plan para desorganizar la programación de los vuelos? La reacción norteamericana a las peripecias de bin Laden ha tomado una experiencia de pastel de manzana, los viajes aéreos –vean el filme Up in the Air, de George Clooney-- y la han convertido en algo repulsivo.

OK, Umar no encendió la mecha en sus calzoncillos. Sus partes y el avión quedaron intactos. Pero debido a su conocido fracaso, la Administración gastó más dinero luchando en las guerras de aeropuerto supuestamente contra personas como él.  Al Qaeda ha provocado que el gobierno instituya entidades permanente no productivas –como TSA, Miles en Cola o Me Quitaron el Champú. Se alimentan del presupuesto  y ayudan a que cada viaje comience con el ceño fruncido. ¿Quién se beneficia? Hay un boom de las compañías que fabrican tecnología de detección. ¿Pueden sus varas detectar la diferencia entre el C4 y el talco? ¿Cuántos asquerosos están dispuestos a sacrificarse por una causa que pocos norteamericanos pueden entender? ¿Cientos? ¿Miles? Vaya.

Un tipo que guarda rencor en contra de pagar impuestos piloteo su avión en contra el edificio del Servicio de Ingresos Internos (IRS) en Austin, Texas. Es la manera norteamericana, no un payaso que esconde explosivos en su prótesis dental. ¿Vendrá de Uruguay, vía los Emiratos,  el próximo Al Qaeda? ¿Invadirá EE.UU. otro país –como Yemen— si un futuro suicida intenta un ataque? Eso obligaría a los instructores de Al Qaeda a mudarse a otro país. Umar se entrenó en Yemen, reportaron los medios, esa misteriosa tierra del Mar Rojo en la punta de la Península Arábiga.

Un momento: durante casi dos décadas, musulmanes norteamericanos, británicos, alemanes y españoles han respondido al llamado de Al Qaeda a la violencia –pequeños 11/9—en embajadas norteamericanas y otros lugares. Umar, el nigeriano cuyos padres alertaron a las autoridades, aprendió de los mismos textos que atrajeron a miembros de la Hermandad Musulmana y ahora de Al Qaeda.

¿Por qué no estudiamos nosotros esos textos? La exportación de la cultura norteamericana, según creía Sayyid Qutb, un estudioso egipcio, podría traer la muerte al espíritu humano. Si se impusiera la cultura norteamericana, él imaginaba un mundo cuyos valores espirituales serían ir de compras, podar el césped y lavar el auto –junto con andar tomados de la mano, bailar y cuchi-cuchi intersexuales.

Qutb se convirtió en el padre ideológico de la Hermandad Musulmana, adoptó la ley Sharia y un estado religioso y repudió las “elecciones” de Occidente, esos procesos que practican la imposición en las sociedades tribales de dictadores corruptos pro-occidentales. Después de pasar un tiempo en Colorado, observó: “Nadie va a la iglesia con tanta frecuencia como los norteamericanos, pero nadie está tan distante como ellos del aspecto espiritual de la religión”. http://dscriber.com/denver/402.html

Qutb vislumbró “un momento de crisis insoportable” en el que la gente había perdido el contacto con su propia naturaleza. Inspiración, inteligencia, y moralidad habían degenerado junto con las relaciones sexuales “hasta un nivel más bajo que las bestias”. Se horrorizaba por el nivel de ansiedad, crimen, adicción y existencialismo en la vida de EE.UU. También vio que los países más ricos eran “los más infelices de todos”.  ¿Y cuál era la causa de esta infelicidad –“esa desdichada escisión entre la naturaleza más verdadera del hombre y la vida moderna?” (Paul Berman The New York Times Magazine, 23 de marzo de 2003.)

Europa Occidental “civilizó” (¿colonizó?) lo que ahora es el Tercer Mundo. Este proceso implicó la captura de esclavos africanos y el saqueo de los territorios que civilizaban. Luego “concedieron” la “independencia” al mundo musulmán moderno, lo cual significa sociedades caracterizadas por la pobreza extrema y corrupción política institucionalizada.

Pocos comentaristas se atreven a vincular la pobreza y la corrupción con el extremismo en los países musulmanes. En su lugar, Washington y Londres reaccionan como el perro de Pavlov al estímulo de la violencia en contra de ellos. Una respuesta militar vicia la discusión de las políticas israelíes y el apoyo a los opresivos y complacientes regímenes árabes. Al igual que millones de pasajeros, sufro el efecto de desborde de este extraño desarrollo. Bueno, hacia el vuelo de conexión.

Realizador, periodista y escritor

Saul Landau, investigador sénior y ex director del TNI (1976), es un renombrado realizador, periodista y escritor. Landau escribe una columna semanal sobre política nacional y exterior de los Estados Unidos y ha producido más de cuarenta película sobre cuestiones sociales, políticas, históricas y de derechos humanos.

Sauld ha escrito 14 libros; el último, se titula A Bush and Botox World (Counterpunch, 2007). Obtuvo el premio Edgar Allen Poe Award por Assassination on Embassy Row, un informe sobre sobre el asesinato en 1976 del embajador chileno Orlando Letelier y su compañera, Ronni Moffitt.

Es catedrático honorario en la Universidad Estatal de California en Pomona. Gore Vidal afirma que "Saul Landau es un hombre del que encanta robar ideas".