Tensiones en el balance de poder global
El reciente acuerdo iraní para enriquecer uranio con Brasil y Turquía revela profundas divisiones en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Turquía y Brasil, que ocupan actualmente dos puestos no permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU, alcanzaron con el gobierno de Teherán un acuerdo para que parte del uranio enriquecido que sus laboratorios están procesando sea transferido a Turquía. Desde ahí pasaría a Francia y Rusia que lo procesarían para fines pacíficos, especialmente médicos, y luego el material volvería a Irán. Los tres partes indicaron que la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) verificaría el proceso.
Si bien el acuerdo no prevé que todo el uranio enriquecido iraní sea sometido a este proceso, sí abre la puerta para alcanzar otro acuerdo formal con el Consejo de Seguridad de la ONU.
Tensiones en el balance de poder global
La respuesta inmediata de Washington fue acelerar las negociaciones con los miembros permanentes y no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU para tratar de aprobar en los próximos meses una resolución con fuertes sanciones hacia Irán que incluyan el derecho a inspeccionar las barcos cargueros que salen y entran, la movilidad diplomática, la congelación de fondos de funcionarios del Estado iraní en el extranjero, y restringir las ventas de armas pesadas hacia ese país.
No es todavía claro que los diez miembros permanentes del Consejo de Seguridad apoyen esta resolución, empezando por Turquía y Brasil, que la rechazarán. La resolución, además, sería difícilmente aprobada antes de dos meses debido a que en junio el Consejo de Seguridad está presidido por Líbano, que no se enfrentará a Irán en la ONU.
La secretaria de Estado desechó con pocas palabras el acuerdo de Brasilia y Ankara con Teherán, pese a que hace pocos meses atrás Washington trató de alcanzar un pacto muy similar con los gobiernos iraní, francés y ruso. El gobierno turco ha mostrado su profundo malestar indicando que Estados Unidos le pidió que ayudara a negociar con Irán.
Pero el acuerdo alcanzado por Brasil y Turquía ha mostrado que, en realidad, lo que Estados Unidos quiere es que Irán cierre su programa nuclear y deje de procesar uranio, un objetivo estratégico también para Israel. Teherán argumenta que el desarrollo de energía nuclear para fines pacíficos no le puede ser prohibido ya que es una actividad prevista dentro del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP).
Ley de supremos y poderosos
Ante la actitud de Washington, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, declaró que “este es el momento de discutir si creemos en la supremacía de la ley o en la ley de los supremos y poderosos”, añadiendo que “mientras que ellos todavía tienen armas nucleares, de dónde proviene la credibilidad para decir a otros que nos las deben tener.” El TNP, que se está renegociando en estos momentos en Nueva York, prevé que las potencias nucleares deben negociar el desarme mientras se previene que otros países no desarrollen este tipo de armas. En la realidad no se han cumplido ninguno de los dos objetivos, aunque países como Brasil, Argentina y Sudáfrica han renunciado explícitamente a contar con este tipo de armamento.
La aparente posición de fuerza de Estados Unidos al rechazar el paso de la diplomacia brasileña y turca está, sin embargo, en cuestión. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, expresó el viernes en Estambul que ésta es una importante iniciativa y dio la bienvenida al papel que Turquía y Brasil han desempeñado, esperando que “esta y otras Iniciativas abran para la puerta a un acuerdo negociado” con la participación de la AIEA. De esta forma, el Secretario General desechó la posibilidad de sanciones que busca Estados Unidos.
Tensiones en el balance de poder global
Por su parte, el Financial Times y Le Monde indicaron, respectivamente, que este es un paso diplomático positivo ya que para Irán será difícil dejar en mala situación a Brasilia y Ankara, y que los países del Sur han pasado a un primer plano en cuestiones como la proliferación nuclear que hasta ahora estaba reservada a las potencias del Consejo de Seguridad de la ONU.
Para Turquía este acuerdo es una muestra de su creciente poder como potencia regional en Oriente Medio y parte de Asia, y una reafirmación su influencia. En los últimos tiempos se han abierto 30 embajadas turcas en África y América Latina. Mientras que la Unión Europea bloquea su entrada, Ankara desarrolla una activa diplomacia no coercitiva, por ejemplo ayudando al diálogo entre Israel y Siria. La tensión de Turquía con Estados Unidos no es algo sencillo ni para Washington ni para Londres y París, ya que se trata de un aliado de la OTAN geopolíticamente clave en las guerras en Iraq y Afganistán.
En el caso de Brasil, el gobierno de Lula da Silva tiene un serio interés en que Naciones Unidas no prohíba a ningún país desarrollar su tecnología nuclear para fines pacíficos. Por otro lado, Brasilia pugna por convertirse en un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Brasil ha pasado a ser una potencia emergente reconocida mundialmente y es también clave para las relaciones de Washington con América Latina.
Tensiones en el balance de poder global
La secretaria de Estado Hillary Clinton dijo de forma triunfalista que frente al acuerdo de Brasil y Turquía, Estados Unidos cuenta con el apoyo de Rusia, China, Francia y Gran Bretaña para la resolución sobre sanciones. Pero China ha indicado que pese a estar de acuerdo con las sanciones, ve con interés el acuerdo entre los emergentes, y junto con Moscú se negó a que en el borrador de resolución se incluya el comercio de gas y petróleo.
En el caso ruso la credibilidad de Washington y Moscú quedó en cuestión al publicar el Washington Post el sábado 22, que en la propuesta de resolución sobre sanciones a irán se eximen una serie de sistemas de armas que Rusia venderá a Irán. De hecho, Washington levantó otras restricciones que pendían sobre empresas o instituciones oficiales rusas sobre armas que podría vender a Irán y Siria.
Aunque el pacto entre Irán, Brasil y Turquía no logre solucionar la tensión con Irán, éste es un paso decisivo en la configuración del nuevo mundo multipolar.
Sobre los autores
Mariano Aguirre
Mariano Aguirre es director ejecutivo del Centro Noruego para la Construcción de la Paz (Noref). Periodista y analista especializado en Oriente Medio, política exterior estadounidense, conflictos internacionales, y consolidación y mantenimiento de la paz, ha escrito y editado numerosos volúmenes y artículos, entre los cuales cabría destacar La ideología neoimperial: La crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP 2003), co-escrito con Phyllis Bennis, e ‘Intervención humanitaria y hegemonía estadounidense: una nueva conceptualización’, en Casus belli: cómo los Estados Unidos venden la guerra (Transnational Institute, 2011).
Mariano tiene un máster en Estudios sobre Paz y Conflictos del Trinity College, Dublín, y trabajó como coordinador de programas en la Fundación Ford de Nueva York. También es profesor de posgrado en la Universidad Autónoma de Lisboa, el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Deusto en Bilbao, y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.
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