Querido Jorgito:
Quería pasar revista a tus logros y agradecerte tu persistencia en ayudar a nuestro régimen revolucionario cubano. Específicamente por brindarnos la necesaria asistencia que nos ayudó a mejorar la economía, impulsar nuestras relaciones comerciales y hacer nuestra sucesión un hecho pacífico. Por supuesto, que no era tu intención hacerlo así.
Los que minimizan tus esfuerzos olvidan que en 2004 tú redefiniste en un discurso qué constituye una familia cubano-americana, la cual solo incluye a los familiares más cercanos y que por lo tanto pueden viajar a Cuba y con qué frecuencia –no más de una vez cada tres años. Puede que hayas molestado a muchos cubano-americanos con esto. Mario, Lincoln e Ileana, cuyas familias abandonaron la isla, te aconsejaron. Gracias a esa fijación, los demócratas puede que ganen curules en el Congreso por el Sur de la Florida. La pérdida de dos hermanos idiotas como los Díaz-Balart y de una histérica como Ros-Lehtinen destruiría el sostén del recalcitrante establishment cubano-americano. Vamos a extrañar sus estupideces televisivas. Tú, como líder de la guerra al terror, recordarás que en 2006 Ileana pidió el asesinato de mi herma… digo, de Fidel.
En 2004, esos morones políticos te dijeron que redujeras la cifra de académicos de EE.UU. que viajaban a la isla. Esto fue beneficioso para nosotros, `porque si los académicos norteamericanos saben menos de Cuba, cualquier política anti-Cuba será menos eficaz. En otras palabras, si la gente no comprende la realidad cubana, ¿de qué manera, si no es con la guerra, nos van a hacer daño? Con tus tropas atadas en Irak y Afganistán --¿quizás en Irán y hasta en Rusia?— hemos dejado de preocuparnos.
Admiramos especialmente la ineptitud de tus servicios de inteligencia. A pesar de la avanzada tecnología de espionaje, ninguno de ellos supo qué estaba sucediendo en la isla. Nos reímos mucho cuando leímos la aseveración de tu Espía en Jefe Negroponte –hace casi dos años—de que Fidel tenía cáncer terminal y que no iba a durar un mes. ¡Qué divertido es “filtrar” información a la CIA y después demostrar que se equivocaron!
Tuvimos que fingir ignorancia cuando los embajadores extranjeros en La Habana nos suplicaban que les habláramos acerca de la salud de nuestro Comandante. Algunos de nuestros espías disfrutan que Chávez (el presidente venezolano, ¿te acuerdas?) telefonee a Fidel. Luego te suministramos desinformación. En el viejo juego de espía vs. espía siempre pierdes.
Un complot inesperado provino de agentes en la Universidad de Miami que te aconsejaron que restringieras fuertemente las remesas a Cuba. Así que redujiste la cantidad legal de dólares que entran a nuestro país. Al hacerlo, ayudaste a solucionar serios problemas. Las remesas habían reducido el valor del peso hasta casi nada. Por tanto, el recorte de remesas significó que algunos cubanos dejaron de recibir estipendios regulares de sus familiares en la Florida, y tuvieron que trabajar para vivir. También significó que el valor de compra de nuestra moneda mejoró. Jorgito, el dinero que fluye desde la Florida había provocado presiones inflacionarias. Apenas podíamos mantener la disciplina laboral. Te estamos muy agradecidos.
En medio de nuestro debate para reducir el acceso a los dólares del extranjero, tú impusiste multas a bancos extranjeros que manejaban cuentas cubanas: una multa de $100 millones de dólares a la UBS suiza. Nos salvaste la vida. Desde 1993 estábamos tratando de enderezar nuestra política con el dólar norteamericano después que legalizamos su uso. Al castigar a los bancos no norteamericanos, nos obligaste a deshacernos del dólar, poniéndoles un impuesto de 20%, de manera que los cubanos sacaron los dólares que tenían debajo del colchón y los llevaron a nuestro banco central antes de que se desvalorizaran más. Recibimos el equivalente de un préstamo de mil millones de dólares –gracias a ti.
En 2004 Cuba hizo el cambio a monedas más estables, particularmente el euro, mientras que tú devaluabas el dólar de manera constante. Sabemos que tú necesitas hacer competitivas tus exportaciones, pero gracias a Dios (y a ti), la economía cubana escapó del impacto de la devaluación constante. El cambio al euro hasta nos permite comprar productos norteamericanos a un costo menor.
Tú hablaste enérgicamente acerca de mantener el embargo. Eso también nos ayudó. Durante años no pudimos modernizar nuestras plantas generadoras de electricidad porque las regulaciones de EE.UU. prohibían a las compañías que nos vendieran piezas esenciales. Así que tuvimos que usar una tecnología diferente, con menos impacto en el medio ambiente, pequeñas y más eficientes, y diversificamos nuestros suministradores. Ahora, gracias a tu “decidida posición” –eres un gran actor, Jorgito--, cuando la producción de electricidad desciende en un municipio ya no se afecta el resto del país. Tú nos ayudaste a descentralizar nuestra operación, y en el proceso de solucionar nuestro problema de generación de electricidad, comenzamos a usar métodos alternativos; nos hemos hecho bien verdes.
También te alabo por la aparentemente insensible presión diplomática y económica para aislarnos en Naciones Unidas y en la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, aplicada por tus fervorosos funcionarios que trataron de persuadir a tus aliados y estados clientes. Debes haber sabido que iban a tomar en serio tu retórica. Nunca soñamos que el deprimente ritual de enfrentarnos a EE.UU. en Ginebra cada primavera terminaría algún día. Pero voilá, como dirían los compañeros franceses, un nuevo Consejo de los Derechos Humanos reemplazó a la vieja Comisión y nosotros desempeñamos un papel dominante en ella. Es más, el Consejo Asesor eligió a Miguel Alfonso, un prestigioso diplomático cubano, como su presidente. Así que en vez de EE.UU. aislarnos a nosotros, tú retórica aisló a tu propio país. ¡Gracias!
¡Guantánamo! Jorgito, tú podías haber capturado a “terroristas” y torturarlos en una isla del Pacífico. En su lugar, los enviaste a Cuba y simultáneamente externalizaste la tortura. Una pequeña broma, ¿verdad? Nos acusaste de torturar –tú sabes que no lo hacemos— y después convertiste a la base naval norteamericana en nuestro territorio en el centro de “submarino” más publicitado del mundo.
Te denuncian desde Amnistía Internacional hasta America’s Watch y el Centro para los Derechos Constitucionales, e incluso el Consejo de Derechos Humanos. Casi se han olvidado de nosotros. Los monitores de esos grupos hasta nos piden visas para poder ver tu campo de concentración desde nuestro lado de la cerca.
Uno de tus grandes favores tuvo que ver con el terrorista exiliado cubano Luis Posada Carriles. En 2006 aseguraste que desconocías su paradero. Pero nosotros te dijimos dónde estaba. Los medios masivos se rieron de ti. ¿Cómo con tan pocos recursos los cubanos podían saber más que tú, el líder de la lucha mundial contra el terrorismo, con tus agencias multimillonarias y los más sofisticados equipos de espionaje? Pero nos diste la oportunidad de demostrar que la pequeña Cuba tiene mejor inteligencia. Es más, los periodistas norteamericanos comparan a nuestros espías con los afamados israelíes en materia de inteligencia. Entre tú y yo, Jorgito, después de la debacle de la invasión a Líbano en 2006, creo que están sobrevalorados.
Luego permitiste que Posada Carriles entrara a EE.UU. y se quedara allí. ¡Vaya! Actuaste como hubiéramos querido que hicieras No lo agarramos en Honduras después que lo localizamos y tampoco… bueno, tú sabes. Luego nos ayudaste a convertir a Posada en un ejemplo de la hipocresía de EE.UU. en el tema del terrorismo. Imagínate que el más notorio terrorista del Hemisferio Occidental aparece en la Florida, donde el hermano Jeb pretendió gobernar (democráticamente) en una oportunidad. ¡Y tú acusas a Posada de fraude migratorio!
También agradecemos tus esfuerzos por ayudar a generar ilegibles documentos de “transición”, incluso después de que termináramos nuestra sucesión. Debo decir que la vieja Enmienda Platt al menos era corta y legible, a diferencia del “plan” que adoptaste entregado por las universidades de elite de la Florida y pagado por los contribuyentes norteamericanos –un asombroso uso de doctores y toneladas de papel para imprimirlos. Estos documentos de la “transición democrática en Cuba” se los suministramos a los miembros del Comité Central que padecen de insomnio.
Cuando anunciaste que aprobabas el envío de teléfonos celulares a Cuba, sonreímos. ¡Fabuloso! Tu discurso acerca de los teléfonos celulares indica que habías encontrado el arma secreta contra nuestro gobierno, porque los teléfonos móviles de alguna manera transforman a la gente en contrarrevolucionarios. Esa es buena, tú que eres un viejo determinista tecnológico.
Probablemente la CIA no hizo público el hecho de que los teléfonos celulares norteamericanos no pueden operar en Cuba, porque chismes como el protocolo y el transponder son diferentes. Dan Fisk, quien sí entiende y maneja el portafolio cubano de la Casa Blanca, dijo que el gobierno norteamericano permitiría a los cubanos pagar a ETECSA, nuestra compañía telefónica, por el servicio. Gracias una vez más. Subsidiar a nuestra compañía telefónica es algo que no esperábamos, pero que agradecemos de todo corazón.
Los medios ni siquiera mencionaron la contradicción entre prohibir a los cubano-americanos visitar a sus familiares, pero permitir a esos familiares pagar a una compañía cubana por el uso de los teléfonos celulares. Apreciamos lo que tú llamas el enfoque del “barril de cerdo”. (i) Por cierto, podrías hacer que los pagos a la compañía telefónica cubana fueran deducibles de los impuestos, de manera que se beneficiaran los cubano-americanos. A 1,50 (moneda convertible cubana) el minuto, bueno, “que vengan esos celulares”.
Mientras te preparas para abandonar el cargo, tenemos una sensación de tristeza. Tus políticas han ayudado a mantener en el poder al gobierno revolucionario de Cuba. Esperamos que tu sucesor mantenga ese espíritu de cooperación, quizás no enmascarado en lenguaje hostil.
Con afecto,
Raulito
PD - Después de haber terminado esta carta el Huracán Ike golpeo a Cuba. Después del paso de Gustav usted ofreció 100 000 dólares avaros con condiciones. Nosotros, claro, los rechazamos. Yo se que los floridanos pesaos Lincoln y Mario Diaz-Balart con Ileana Ros-Lehtinen lo demandaron. Usted sabe que la oferta fue insultante. Pero usted es rico y se llama cristiano. Así que mande una contribución. Escriba su cheque a MEDICC Hurricane Fund, 1902 Clairmont Road, Suite 250, Decatur, GA 30033.
NOTA: Nelson P. Valdés y Saul Landau obtuvieron esta carta que fue encontrada por una empleada de limpieza de la Casa Blanca. Analistas de la NSA sospechan que el autor de la carta es un muy alto funcionario cubano.
Nelson P. Valdés Profesor Emérito de Sociología en la Universidad de Nuevo México. Su Carta Abierta a George W Bush acerca de la Política hacia Cuba apareció en CounterPunch el 9 de agosto de 2002.
Saul Landau es miembro del Institute for Policy Studies e investigador asociado del Transnational Institute. Es autor de Un mundo de Bush y de Botox y realizador deAquí no jugamos golf.